En el tiempo de los antiguos los escritores nuevos se revelaban o daban a conocer recitando coplillas de su invención en los entierros de otros escritores. La pintura más conocida del romanticismo español representa la escena en la que Zorrilla se reveló ante un puñado de intelectuales locales leyendo unas coplillas en el entierro extramuros de Mariano José de
Larra, que se había suicidao pegándose un tiro en la sien, según algunos tras un desengaño amoroso, según otros apesadumbrao por los males de la patria de manera parecida a como ahora se suicidan los inversores de capitales bancarios tras un batacazo de la Bolsa que les cuesta la vida. El propio Zorrilla que se revelaba huyó poco después de la trágica existencia que España ha reservao a sus escritores a México donde quizás por su audacia entró al servicio del tirano local. Quiso la fortuna que en un viaje que hizo de incógnito a la patria se produjera el magnicidio de su protector mexicano pasado a su vez por las armas de forma que Zorrilla que por momentos se había sentido a salvo se tuvo que quedar entre nosotros pa soportar la bohemia y la tunda de desprecio de sus contemporáneos hasta que murió en la indigencia y el desprestigio hasta el punto de consagrarse tras su muerte que así es, así parece la cosa en esta tierra tradicionalmente regada por la sangre de los escritores.
En otro acto no se sabe si de homenaje o de protesta por el asesinato a tiros de otra escritora rusa celebrao en Barcelona otro escritor de éxito alemán o francés que escribe en inglés y vive de incógnito en Barcelona, todas las precauciones son pocas, se declaró sobrecogido por la candidez de quienes ordenaron ejecutar un atentado gasteril con el reguero de sangre que dejan los asesinatos y de una mujer escritora además cuando la palabra, especialmente la escrita que hay que descifrar leyendo parece haber perdido to valor. Más realista o más moderno el topoderoso Javier Solana que en una reencarnación anterior ya fue ministro de educación y de cultura, citado como autoridad incluso por el mismísimo Fidel que con motivo de una visita a Turquía celebraba el tacto de las autoridades turcas en sus aspiraciones europeístas por haber presentao como héroe abanderao al delincuente que mató a tiros en una concurrida calle a otro escritor. Bienvenidos los turcos a la Europa de las subvenciones a la agricultura y los premios rurales a los desconocidos que exigen controles ferreos, cuando no a tiros sobre lo que escriban los demás, a ellos que los registren mientras que los embajadores culturales son los que se cortan o les toman el pelo los que les manejan como productos en la sombra a beneficio de los niños pistoleros al tiempo que exigen a gritos o gruñidos que se recorten las
libertades ajenas, especialmente la de expresión a sus paisanos con el pretexto que es demasiao, sobre to la de l@s que hilan las palabras cuando lo que ha molao siempre es pegar saltos común energúmeno y gritar como si se estuviera reuniendo una piara de cabras en pleno monte.
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