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Mientras que Grace Murray Hooper programaba en este PC, se produjo un error. Tras investigar las posibles causas descubrió que el causante de tal contratiempo era un pequeño insecto, bug en inglés. En su cuaderno de trabajo anotó el problema con la frase: "Relay 70 Panel F (moth) in relay", y junto con ella pegó con adhesivo el bicho que había encontrado. A partir de ese momento se acuñó el término bug para describir los errores o fallos internos en los sistemas operativos, aplicaciones y programas. Su uso se ha extendido, empleándose actualmente para referirse a cualquier error relacionado con el software e incluso con el hardware. Años después la misma programadora presentaría el primer compilador y posteriormente, la primera versión del lenguaje COBOL (Common Business Oriented Language) | Carpocoris fuscispinus, chinche de las semillas | Episyrphus balteatus, mosca cernidora o de las flores | Ala de libélula | Lucila sericata, mosca de la botella | Mantis religiosa | butterfly mariposas papilio papillon | a pesar de la propensión por parte de Hollywood a representar a los extraterrestres como hombrecillos verdes, tanto los astrobiólogos como los entusiastas científicos coincidían en que, dada la inmensa cantidad y capacidad de adaptación de los insectos de la Tierra, la vida extraterrestre probablemente sería muy semejante a alguna forma de insecto si algún día llegaba a descubrirse. Los insectos pertenecían al género de los phylum Arthropoda, criaturas con esqueletos externos duros y patas articuladas. Con más de 1,25 millones de especies conocidas y unas 500.000 todavía por clasificar, los "insectos" terrestres superaban en número al resto de animales juntos. Constituían el 95% de las especies del planeta y un increíble 40 % de su biomasa. Lo que más impresionaba no era tanto la abundancia de insectos, sino su resistencia. Desde el escarabajo del hielo del Antártico al escorpión del valle de la Muerte, los insectos habitan felizmente a niveles mortales de temperatura, de sequía e incluso de presión. También han logrado dominar la exposición a la fuerza más mortal que se conoce en el universo: la radiación. Cuando, tras una prueba nuclear llevada a cabo en 1945, los oficiales de las fuerzas aéreas se enfundaron sus trajes antirradiación y examinaron el nivel de suelo 0, encontraron escarabajos y hormigas que seguían felizmente con sus vidas como si nada hubiera ocurrido. Los astrónomos se dieron cuenta de que el exoesqueleto protector de un artrópodo lo convertía en el candidato perfecto para habitar los innumerables planetas saturados de radiación en los que nada más podía sobrevivir.
Rachel asintió, perpleja, mientras se imaginaba piojos del tamaño de una barra de pan deambulando por ahí, en algún planeta lejano.