Las leyes del pensamiento no explican por qué 4 pronunciaciones españolas, lo que equivale a 4 significantes de la palabra
bollo se captan como expresiones de un mismo significado "panecillo de harina amasada con huevos, leche, etc...", ya sean pronunciados dichos significantes como palatal lateral sonora por un vallisoletano, con vibrante uvular sonora por un toledano, con prepalatal fricativa sonora por un andaluz o con prepalatal africada sonora por un madrileño de los suburbios. Estos 4 sonidos son 4 variantes del mismo fonema porque no sirven para asegurar la comunicación distinta de 4 significados diferentes cuyos significantes únicamente difirieran de ese sonido. Por el contrario, el 2º y el 3º de estos sonidos son 2 fonemas del francés porque su diferencia articulatoria y auditiva, que no cumple una función distintiva en español, distingue en francés parejas de vocablos que de otro modo resultarían semejantes, como
yole y
geôle; el 1º y el 4º de los sonidos mencionados son así mismo fonemas en italiano, ya que aseguran la comunicación distinta de parejas como
maglione y
magione. Tampoco son las leyes del pensamiento, sino las leyes fonológicas de la comunicación, quienes explican diacrónicamente que el latín
mansionem haya dado
maison en francés,
mohon en valón,
moisson e incluso
mon en picardo,
maihon en berrichón. Para pronunciar correctamente la -d final relajada de Madrid, libertad, igualdad, solidaridad pronúnciese parecida a la 2ª -d- de dedo o si no mejor no pronunciarla en vez de decirlo como se acostumbra pues son ganas de confundir más que otra cosa.
Bibliografía:
Georges Mounin,
Lingüística y filosofia, editorial Gredos, 1975.
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