Cenicienta en la reunión
Se hacen tan cansinas las tareas repetitivas de las
oficinas que se piensa a cada instante que han durao siempre y además no se van a acabar nunca, ni siquiera o muy especialmente las jornadas en curso pa l@s que las disfrutan, tal cual las demás que hasta el mismo Noé del Arca fue 1 burócrata de animales un poco atrasao en la siempre ingrata y poco remunerada tarea oficinesca de juntar parejas, sobre to con las que se presentan sexys a las reuniones de trabajo, camisetas sin mangas escotadas, ceñidas de colores teal, ni flores ni topos estampaos porque hay mucho miope o por buen gusto.
- ¿Éso es de A gatas o como se diga?
- ¡Y 1 M que te comas! Na de palabrotas, apenas unos movimientos bruscos que descubran las puntas del sujetador transparente, casi invisible, con los pezones apuntando al aire acondicionao como misiles balísticos, pantalones ajustaos por la raja del culo o faldas que se plieguen por el mismo sitio cuando se levantan pa ir a la reunión con los jefes, tacones largos y afilaos que dejen al descuido los pies descubiertos con las uñas pintadas hotpink que desearíamos lamer con lenguas algodonosas de la acetona con la que nos envenenan en los instantes fugaces, tan raras de ver como la
mariposa más maravillosa por efímera. De hecho
oficina u
officina, palabra de origen romano clásico o latín señala desde siempre el lugar o zona anexa a las fábricas, talleres o comercios donde se hace, se ordena, se trabaja o se dispone algo no material, otro invento clásico señalao además con una palabra apenas evolucionada en la forma, lo que demuestra que también ha sido persistente su significao a través de los siglos y es el colmo de los colmos que algunos pretendan apuntarse como invento lo que todavía se sigue nombrando con otra palabra de una
lengua presuntamente muerta y que además no es un resto arcaico del pasao recuperao sino que dura y dura y dura.
Cenicientas en sus puestos
La externalización, segregación o escisión de las
oficinas respecto de sus respectivas matrices productivas puede documentarse a partir del 24 de octubre de 1929, cuando estalló la crisis económica más celebrada de la historia con millones de parados deambulando por las calles, bancarrotas de empresas, índices de suicidios disparaos, relanzamiento del socialismo o de los socialismos como el comunismo o el anarquismo si aceptamos a esos pulpos como animales de compañía en su caldo de cultivo más propicio, anticipo de más guerras civiles, continentales, intercontinentales y mundiales, incluso se señaló el origen de los fascismos característicos del siglo XX como resultao del empobrecimiento de las clases medias y el consiguiente enfado de los comerciantes y burgueses cuando vieron disminuir sus ingresos cotidianos al mismo tiempo que aumentaban los deudores a cuenta entre su clientela. En 1932 entró en la pugna por el gobierno del estado de California, Estados Unidos el escritor
Upton Sinclair, autor entre otras novelas de
La jungla, denuncia de las prácticamas mafiosas de los carniceros de Chicago y
La ficha de bronce contra el amarillismo de la prensa americana, recordado como personaje abstemio y socialista original, candidato político aparentemente perjudicao y condenao a perder que llamó poderosamente la atención de la prensa y de los caricaturistas del momento prometiendo con excelente prosa trabajo pa los desempleados a base de promover y llevar a cabo construcciones públicas faraónicas financiadas con el por en entonces nuevo y de momento único impuesto sobre la gasolina nunca planteao hasta entonces siquiera nada ni parecido. En 1931 el Médico Francis Townsend proyectó pagar 200 $ mensuales a los mayores de 60 años financiados con un impuesto del 2 % sobre las ventas. Sinclair reunió los entonces novedosos proyectos de promover grandes obras públicas pa acabar con el desempleo así como garantizar pensiones pa los mayores y arrasó en las encuestas y resultados previos hasta erigirse como candidato del Partido Demócrata en las elecciones pa gobernador de California. Y guarderías infantiles y clínicas de salud mental y programas educativos pa adultos hasta el punto que al ser acusado de socialista Sinclair respondió límpiamente:
- Ya no soy socialista, ahora soy tecnócrata, es decir, técnico o especialista en alguna materia de economía, administración o similar que ejerce su cargo con tendencia a hallar soluciones eficaces por encima de otras consideraciones ideológicas o políticas. Los datos hasta ahora expuestos sobre Sinclair, Townsend, el origen de las
oficinas emancipadas y por primera vez en su larga historia separadas físicamente de las fábricas y los talleres, de las pensiones de jubilación, de los inicios de la Seguridad Social y de la tecnocracia entre otros los he obtenido de la lectura atenta de "Cómo empezó la tecnocracia" de Thayer Waldo, testimonio del que me reservo el medio de publicación desaparecido y la fecha también olvidada a posta pero del que reproduzco íntegro y enmarcado el fragmento apasionante por su actualidad que se sigue:
A cara de perro
Fue una campaña a cara de perro, inusual hasta entonces. Con lamentable olvido de la dudosa valía de su propio candidato los republicanos invirtieron 8.000.000,00 $, cantidad 10 veces por encima del coste medio de las campañas estatales de la época, en un esfuerzo por apartar a los ciudadanos del buen sentido. Se presentó a Sinclair como un siniestro maniaco, un perverso monstruo que se proponía acabar con la religión, la empresa privada y el modo de vida americano. Desprovista esta técnica de cualquier sutileza, las acusaciones más fieras y atrabiliarias se mezclaban con injuriosas patrañas. Se editó un sedicente semanario de 4 páginas que distribuyó por to el estado 1.000.000 ejemplares. En él, aventurando cifras de 1960, se auguraba lo que sería California tras 25 años de programa Sinclair: un desierto sin industria por cuyas carreteras circularían unos pocos coches desvencijados que consumían gasolina importada al precio de 1 $ el galón y donde bandas de parados famélicos atracarían y asesinarían sin miedo a la moral, ya que ésta había sido abolida por los marxistas. La publicación estaba bien hecho porque los republicanos se gastaron lo suyo en comprar a los más hábiles periodistas, también lo fue un documental en color de 10 minutos de duración en el que uno de los secuaces más conservadores de Roosevelt dimitido poco después ponía en guardia a la población contra el peligro de experimentar exóticas innovaciones en un momento de grave crisis nacional. La película convirtió la campaña en un enfrentamiento de clase: exhibida en cines de estreno con las entradas al astronómico precio de 35 a 40 centavos de $ suscitaba fervorosos aplausos pero proyectada en cines de barrio con las entradas entre 10 y 15 centavos de $ promovía algaradas y en algunos casos se suspendía la proyección. Tras un incidente de este tipo entrevisté al gerente de un local.
- ¿Por qué se arriesga a exhibirla -pregunté-, hay dinero por medio?
El hombre me miró indignado.
- ¿Usted cree que me gusta exhibir eso? ¿Piensa que me pagan? Demonio, chico, lo que hay es muchas presiones. No puedo arriesgarme a perder mi licencia.
En los gigantescos estudios de la Metro Goldwyn Mayer, en Hollywood, fueron convocados los trabajadores la tarde previa al día de las elecciones. Desde una plataforma sobre ruedas, un sonriente Louis B. Mayer, el más poderoso magnate de la industria cinematográfica, exclamaba:
- Gracias a Dios esto es América, la tierra de la libertad. Mañana cada uno de los hombres y mujeres aquí presentes votarán conforme les dicte su conciencia.
Pausa. Con cara enrojecida el manipulador de las conciencias de medio mundo se inclinó hacia delante aferrándose al pasamanos de la plataforma. Su sonrisa había desaparecido.
- Sólo que si Upton Sinclair resulta elegido gobernador no vengáis aquí el miércoles porque no habrá trabajo.
Parece innecesario informar que Sinclair fue derrotado por más de 100.000 votos. Con enorme calma tornó a su oficio de escritor y en los días de la segunda guerra mundial alcanzó gran popularidad con una serie de novelas de asunto político. Murió en 1971 a sus 93 años pero gracias a la manipulación que los republicanos infirieron a su programa político pasaría mucho tiempo antes de que nadie pudiera referirse a la tecnocracia como algo más que un mal chiste.
Las guerras más que las crisis periódicas agudizan el ingenio de los científicos, se consiguen avances de siglos en medicina y en comunicaciones sobre to. Los cohetes V6 que lanzados por los nazis desde el Norte de Alemania impactaron en el centro de
London durante la segunda guerra mundial exigieron cálculos matemáticos imposibles para la época so pena de que estallaran sobre las cabezas de los que los lanzaban. Es la misma paradoja de las bombas nucleares que son tan importantes como los cohetes pa lanzarlas lejos de los propios países que las poseen, hasta los traslados rutinarios de armamento atómico dentro de los propios países conlleva que se tomen decisiones arriesgadas y en ocasiones polémicas. Los cálculos complejos de los cohetes V6 se hicieron en fábricas llenas de circuitos de bombillas como las de feria que se encendían o no al paso de 1 impulso eléctrico, el principio de los Personal computers basados en el lenguaje binario o álgebra de Boole que ya se aplicó con éxito en el telégrafo, un cable recubierto de aislante que se encendía o se apagaba con un interruptor. Von Braun, el inventor de los cohetes V6 y sus secuelas necesarias pa lanzarlos a ser posible con acierto a gran distancia fue condenado varias veces a muerte en Gran Bretaña pero el ejército de Estados Unidos llegó antes a su base de operaciones y junto con sus colaboradores fueron trasladados a Houston pa desarrollar el programa de viajes espaciales, entre otros los cohetes Apollo que llegaron a la Luna.
- Veo la Tierra desde aquí, dijo el astronauta Neil Armstrong el 21 de julio de 1969 a las 3:56:20 UTC desde allí y aunque algunos lo siguen dudando no pueden dudar de los cálculos necesarios pa conseguirlo. Los Personal computers desarrollados a la vez pa aumentar su capacidad y reducir su tamaño tanto como pa meterlos dentro de 1 cohete preparao pa hacer 1 largo viaje también estuvieron en el origen o hicieron posibles los
hipermercaos cada vez más grandes, los almacenes, los transportes, la logística relacionada con los anteriores, los presupuestos especulativos y un montón de
posibilidades aún incipientes o en mantillas que no tienen tanto que ver con la lógica fría de las al fin y al cabo máquinas como con la de l@s que las manejan en las
oficinas definitivamente separadas de las actividades complejas con las que se relacionan. Se dice que desde una
oficina aséptica como una clínica privada con el derecho de admisión reservado en Nuevo México, en Wyoming, en Colorado, como el puente de mando de otra nave de películas y series de ciencia ficción, como las cocinas en los anuncios nacionales 1 oficinista a la moda elige 1 objetivo en Bagdad, en Belgrado, en Kabul y lanza 1 misil teledirigido desde 1 portaviones que navega en mar abierto por el Golfo Pérsico en instantes.

De mi cosecha y del más claro al más oscuro lista de
colores que reconocen los navegadores de Internet: white, lemonchiffon, cornsilk, lavender, chartreuse, aqua, yellow, burlywood, greenyellow, gold, hotpink, salmon, lightsalmon, orange, coral, lightcoral, skyblue, lightskyblue, silver, lightsteelblue, cyan, magenta, green, olive, red, blue, mediumaquamarine, purple, orchid, mediumorchid, mediumseagreen, gray, violet, blueviolet, teal, maroon, darkcyan, indigo y black. Y quien dice pa Internet dice pa las
oficinas, por lo general los más cercanos entre sí en la lista combinan mal por su falta de contraste, si se utiliza 1 elemento o complemento fijo de 1
color, normarmente muy claro o muy oscuro los
colores intermedios como el rojo, el verde y el azul mas alguno sorprendente como el verde fluorescente o teal son muy útiles pa destacar los enlaces y otros elementos llamativos, aunque pa gustos
colores.
También de mi cosecha y nunca mejor dicho apunto otra lista tan hueca de significados e incompleta como cualquier otra taxonomía o clasificación por muy útil que resulte repasar listas 1 y otra vez:
Althaea o malvavisco,
Asparagus o espárrago,
Betonica,
Borago o borraja,
Calendula o caléndula,
Cinchona,
Cochlearia o coclearia,
Corallina,
Euphrasia o eufrasia,
Fumaria,
Hyssopus o hisopo,
Hollyhock,
Lavandula o espliego,
Levisticum o levístico,
Lithospermum o mijo,
Melilotus,
Melissa o melisa,
Paeonia o peonia,
Parietaria o parietaria,
Primula o primavera,
Pulmonaria o pulmonaria,
Rheum o ruibarbo,
Rosa Gallica,
Rosmarinus o romero,
Salvia o salvia,
Sepia,
Sisymbrium o erísimo,
Stachys o betónica,
Symphytum o consuelda,
Taraxacum, diente de león,
Valeriana,
Verbena o verbena,
Veronica o
verónica, especies de
yerbas que tienen una rama o familia
officinalis,
officinale o de
oficina pero que nadie se engañe, las clasificaciones o taxonomías de especies naturales de Karolus Linnaeus, nacido en 1707 se hacen por tanto a partir del siglo XVIII. Si bien es verdad que las
yerbas officinalis u
officinale pueden ser caracterizadas como relativamente pequeñas, decorativas, vistosas, útiles como alimentos en la gama de los condimientos, pa los cosméticos, terapéuticas o medicinales y por supuesto olorosas son apreciaciones contemporáneas de los últimos 200 años por lo que no tuvieron que ser necesariamente las mismas de las
oficinas de los romanos de hace 2.000 años sino las de los burócratas de la revolución industrial hasta nuestros días. Aún a riesgo de cargarme mi propia exclusiva pues estaba esperando que se extinguiera cualquier posibilidad de toparme con alguna flor cuando me acabe dando un garbeo por el Jardín Botánico viene to esto a colación metafórica sólo pa decir que las
yerbas officinalis u
officinale nos gustan tanto a los oficinistas que no asistimos a las reuniones de mando y orden porque tos hemos soñao con reencarnarnos en sus tallos, sus hojas, algunos en sus flores, vale e incluso en sus jardineras y tiestos pa pasar desapercibidos a los
ojos aviesos de los jefes en sus centinelas rutinarias por los pasillos entre reunión y reunión y al mismo tiempo nuestras admiradas Women
typewriter puedan acariciarnos, prodigarnos sus mimos y hasta regarnos si quieren cuando acaben sus interminables reuniones con los jefes y hasta nos recuerden y nos echen un poquito de menos cuando apaguen la luz y se vayan de las
oficinas al final de sus duras jornadas de reuniones.

Bibliografía: Arthur C. Clarke,
El mundo es 1, del telégrafo a los satélites, traducción de
How the World was One, ediciones B, 1992.
Alvin W. Gouldner,
El futuro de los intelectuales y el ascenso de la nueva clase, Alianza Editorial, 1979.
Carlos Rojas,
Hierbas y plantas medicinales, Colección Cosmos, Edimat, 1998.
María Treben,
Alimentación sana mediante las plantas, Colección Plantas pa la Salud, Tikal 1971.
Thayer Waldo, "Cómo empezó la tecnocracia", testimonio en memoria de Upton Sinclair.
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