Escrito realizado por el miembro instructor, Don Juan Antonio Romero Fernández

 

ARTES MARCIALES,…ARTES COMERCIALES

Darle este título a lo que deseo reflejar aquí en forma de comentario personal, me ha parecido ideal, sobre todo después de ver la gran variedad de comerciantes o comerciales que actualmente intentan ganarse la vida ofreciendo…, o quizás mejor dicho, vendiendo la idea del mejor estilo o Arte, a cual más eficaz, contundente o útil, a la hora de enfocar la supuesta confrontación callejera.

Gracias a Dios, y no lo digo como coletilla de entrada, es que de verdad doy gracias, a los verdaderos y puristas Artistas Marciales, a los que al final solemos asentir con nuestra cabeza, como los verdaderos Maestros de dichas Artes.

Como veis no me he referido a ellos como “profesionales”, sino como verdaderos Maestros, porque la maestría supone, a mi entender, una gran capacidad de dar a conocer y saber transmitir la definición implicada, en las Artes Marciales, de Defensa Personal.

Resulta que los verdaderos profesionales de la venta, los comerciales, deben de ofrecer sus productos como algo necesario para nuestra vida; deben de hacer sentir la necesidad de que necesitamos ese producto, hasta llegar al punto de convencernos de que “eso” es lo que estábamos buscando. Y por otro lado, convencernos de que ese producto es el mejor del mercado, es lo último o lo de siempre pero mejorado.

Ya me imagino la siguiente secuencia, donde la persona pide permiso para asistir a una clase de prueba. Suele resultar adecuado, para captar la atención de esta persona, hacer alguna técnica bonita, de esas en las que hay de todo un poco, o de esas que aunque sencilla, se ve contundente ( cuanto me gusta esta palabra ); a veces la contundencia mostrada viene opuesta a un puño de prueba a la cara, que no lleva ni la mitad de potencia ni la mala intención que llevaría en la “calle”. La cuestión es dar una idea de lo que podría pasar en la calle y como poder evitar la agresión, vinculando la definición de defensa personal al hecho de dar patadas y puñetazos contra el que nos quiera atacar con el fin de defendernos.

Y aquí también quería llegar. Vamos a ver, resulta que cuando yo voy por la calle no voy pensando en que me van a atacar, mirando a todas partes como psicoseado por la idea de que alguien me va a salir de cualquier esquina con una navaja o pistola, para hacerme daño, y entonces pienso en que debería aprender a defenderme y que mejor forma que practicar un Arte Marcial, que por supuesto debe ser el más adecuado para defenderme en la calle.

Nos ponemos a mirar en internet, en las revistas, y observamos que hay una gran afinidad a la palabra “eficacia”, pues eso le gusta al público en general; también están los estilos que “solo” se limitan a técnicas y conceptos útiles en la calle; después los que intentan practicar las técnicas con el mayor realismo posible; también, deben ser clases cañeras, donde se sude la gota gorda, porque en la calle hay que estar preparado, mira que si en vez de un atracador me salen 2 ó 3. Entonces, aquí es donde siento real necesidad de aprender a defenderme de forma efectiva, simple y rápida, pero tengo el gran dilema de escoger entre tanto repertorio de actividades enfocadas a la “eficaz defensa personal”. Y ahí es donde es crucial una buena publicidad, enfocada a saber ofrecer lo que uno hace, para ser el escogido.

Hay estudios de criminología-victimología que implican tanto al agresor como al agredido en alguna situación, lugar, actividad, actitud o acción, donde es probable que pueda darse una situación de riesgo o peligro para la integridad física de la persona en concreto. Cierto tipo de “violencia”, como pueden ser agresiones físicas o los robos con amenaza, suelen ser comunes, pero también tienen comunes denominadores, donde por mala suerte o por falta de prevención, nos podemos ver involucrados; pero también pueden tener carácter fortuito, o sea, se ha dado en un contexto donde no podemos explicar los posibles porques de lo ocurrido.

Otro punto muy importante, en la prevención de riesgos para nuestra vida o la de los demás es, sencillamente, la de aprender y saber evitar esas situaciones de riesgo para nuestra integridad física. Algo tan sencillo como respetar las normas de circulación, puede evitarnos sustos o disgustos innecesarios en nuestra vida; y eso, también se puede considerar defensa personal. Otro ejemplo, que seguro alguno traerá a la memoria, es el poder elegir entre pasar caminando por una calle a oscuras o hacerlo por una que este iluminada, y mucho más a sabiendas de que podamos estar en una zona desconocida; el sentido común nos pondría en alerta y nos haría pasar por la calle iluminada.

Cuando hablamos de situaciones de riesgo, también podríamos decir lugares de riesgo. Cuantas veces oímos o vemos en la televisión que ha habido una pelea, una disputa, riña, entre tales personas; o que han atracado, asaltado, linchado a cierta persona.

Esto es a diario, o ¿ no?

A lo largo de nuestra vida vamos aprendiendo, sobretodo de nuestros padres que suelen actuar de asesores y consejeros en muchos temas relacionados con nuestro crecimiento y formación; entre ellos, consejos por ejemplo,  de lugares por donde “no deberíamos pasar o estar”, o el hecho de intentar mantenernos alejados de personas y/o actividades no muy gratas, a fin de evitarnos sorpresas o disgustos.

La verdadera defensa personal va mas allá de aprenderse unas técnicas y unas formas; enseñarla y transmitirla, va mas allá de saber explicar los cómos y los porqués de esas técnicas, y eso, para mí, es lo que realmente debe importar a un kenpoista sea cual sea el estilo, método o escuela que represente. El saber evitar una pelea, nos puede hacer más fuertes y crecer como personas. Y saber estar preparados para evitarla, en ocasiones, puede ser más difícil que estarlo para el enfrentamiento, o por lo menos creer que lo estamos, por muchas técnicas y teoría que sepamos.

Por otra parte, debo nombrar un tema al parecer de actualidad, el maltrato a la mujer. He visto como muchas escuelas o instructores, venden, perdón ofrecen, cursos de “defensa personal femenina” de fin de semana, como una buena alternativa para aprender a defenderse rápido de cualquier agresión; vamos que se da tal publicidad que hasta el ama de casa más feliz del mundo se apuntaría, por si las moscas.

También deseo hacer un pequeño comentario sobre la moda de los DVD´s, porque por supuesto todo es comercio y en muchas ocasiones creo que sin ver la repercusión futura en algunos aspectos sobre la verdadera práctica del Arte Marcial.

Sobre este asunto tendría mucho que decir, por experiencia propia, y lo que si os adelanto es que he quedado muy decepcionado e incluso me he sentido engañado por personas que por teléfono te ofrecen toda la ayuda y apoyo, pero que lejos de la realidad, son meros disfraces de buena voluntad, fe, o como queráis llamarlos.

Te ofrecen cursos de kenpo en la distancia y, esto para quien viva alejado de alguna escuela, como es mi caso y el de otros, es llamativo e interesante. Uno se pone en contacto, dispuesto a lo que sea necesario para comenzar y ves que realmente, al final, hay otras intenciones ocultas en todo esto de los cursos o programas de cinturones en DVD´s. Pues creo que primero intentan saber si puedes ser un representante en potencia de la escuela, porque si no, ese gran apoyo o ayuda en la distancia, no lo es tanto. Te hablan de que puedes complementar tu escuela, estilo, método, técnica, etc, con estos audiovisuales, pero lejos de la verdad, es una forma de captación de miembros para la organización, de licencias, de formar instructores, de ofrecer la posibilidad de dar clases en un futuro, de ser representante de la escuela, etc,etc,…pero solo si estas al 100% en el “tema”; que, por cierto, es un tema que sale caro.

Sin perder el hilo del título de este comentario, me gustaría comentar algo sobre las actividades afines y complementarias a la práctica de las Artes Marciales. Actividades tales como cursos o seminarios, campeonatos, clases para instructores,…

Todo ello me parece perfecto, y lo digo de corazón, aunque se debería de tener cuidado en relacionar excesivamente la calidad de una persona que práctica de forma normal un Arte Marcial con la cantidad de veces que asista a todo este tipo de eventos.

Cuando digo practicar de forma normal, me refiero a las 2 o 3 horas semanales que, para alguien que trabaje y/o estudie, suele ser suficiente.

Por ejemplo, hay gimnasios o clubs deportivos, que separan las clases cotidianas de las clases específicas para competidores, y eso es adecuado y aconsejable; por una parte las personas que comienzan la práctica necesitan un tiempo de adaptación a la nueva actividad, una toma de contacto para poder asimilar, poco a poco, las técnicas desde cero en adelante; y por otra parte, la competición necesita de mayor rendimiento, debiendo complementarse con un entrenamiento adecuado, justo y específico para poder obtener los resultados deseados a los parámetros que cada disciplina deportiva necesite. Por ello la competición es un complemento, voluntario, al entrenamiento cotidiano, y así debería de tratarse. Cuando veo que hay disciplinas, organizaciones, maestros que te exigen participar en campeonatos, competir, antes de examinarte del “preciado” cinturón negro, pues, sencillamente, no comparto esa idea o propósito condicionado.

Incluso creo que la obtención del “cinturón negro” debería estar regida por condicionantes más afines a la “condición humana” y haber un consejo regulador que, a parte de exigir un mínimo de conocimientos también exigiese un mínimo de aptitudes personales, encuadradas en un marco moral y ético, de saber a quién y porque se le otorga el cinturón negro.

A mi entender, un “cinturón negro” es algo más que saber dar patadas acrobáticas, típicas de los exhibicionistas; es algo más que poder realizar 200 flexiones, 1000 abdominales sin rechistar; es algo más que sentirse orgulloso de estar en primera fila en la clase y de querer entrenar solo con los cinturones altos; es algo más que saber 300 técnicas de defensa personal, 40 formas o katas y otras tantas combinaciones multiples de combate o kumite; es algo más que tener una estantería llena de trofeos y medallas; es algo más que sentir que uno ha triunfado y que otros han quedado en el Camino.

Como veis solo digo que es algo más que todo eso, y que cada uno saque la conclusión final de cuál debería ser el verdadero sentido y sentimiento al alcanzar el cinturón negro. La respuesta, al fin y al cabo, estará en el interior de cada uno.

Cabe decir que si necesitamos vender nuestro Arte, estilo, método, escuela, incluso vendernos a nosotros mismos, por ser alumnos de tal o representantes de pascual creo, sinceramente, que algo está fallando, porque ante todo, seguro que estaremos utilizando la típica crítica destructiva hacia otras Artes, estilos, métodos, escuelas, maestros, instructores,… a favor de nosotros mismos, del egoísmo por implantar lo nuestro como la mejor alternativa; y eso, es puro y duro, comercio.

Gran parte de la desunión que hay respecto a diferentes grupos u organizaciones de kenpo, creo que es por ese afán de querer ser los principales protagonistas de la película. Incluso podríamos decir, que gran parte del problema apunta a una especie de competición por ver quien lleva razón en decir cual es la principal línea de trabajo del maestro al cual sigue, cuando sabemos que hay diferentes líneas y que cada día se crean nuevas líneas o estilos.

Por otra parte también están los que a raíz de crear sus propias asociaciones o grupos, vinculados a alguna federación, crean otra nueva ramificación, otra nueva escuela o método, de seguro, por no estar de acuerdo con algunas directrices o políticas de donde se encontraban, buscando otras alternativas más beneficiosas, tanto para ellos como para las personas que entrenen con ellos; y aquí podríamos ver mucha lógica si escudriñásemos los porques o las razones que han originado esa decisión de separación.

Un buen amigo practicante de Kenpo Parker ( al que el Gran Maestro Parker le otorgo el cinturón negro; actualmente, es 6º Dan ), me dijo en una ocasión ( después de entrenar varias horas) que había visto en mi a un buen alumno, con buena técnica y que debía de seguir adelante con mi ilusión de aprender Kenpo, y añadió que seguramente sería un buen representante del Kenpo, porque el Kenpo no solo necesita grandes organizaciones, o buenas escuelas, sino que también necesita buenas personas, buenos kenpoistas que sepan transmitir los valores que todo practicante de Kenpo debe aprender y asimilar con el tiempo, a parte del programa de cinturones, pues eso es solo cuestión de tiempo, dedicación y constancia.

Esas palabras, a parte de una amena conversación ( con el diccionario de inglés en la mano ), me llenaron de una mayor ilusión por seguir adelante con lo que me había propuesto tiempo atrás, algo tan sencillo, como aprender Kenpo, dejando de lado políticas y temas absurdos, intentando contribuir en la continuación del puro y verdadero Arte del Kenpo.

Es posible que hayan quedado muchos temas en el aire, pero por eso es solo un comentario personal. En otros comentarios, sobre otros temas, proseguiré con las palabras, las cuales son solo una forma de expresarnos, como lo es el Kenpo.

Dedico este comentario, a todos los Maestros e Instructores que están “ahí”, que nos enseñan el verdadero valor de la amistad y el respeto hacia los demás; que entrenan en su Dojo, sin necesidad de meterse o plantear cuestiones sobre nadie; que nos enseñan que lo suyo no lo es todo; que nos invitan a pertenecer a su grupo, o a entrenar con ellos sin condiciones ni pretensión alguna; que no buscan una mera cuota, o una licencia o un potencial futuro instructor más de su escuela en cada alumno, porque lo que realmente desean es compartir lo que han aprendido, pues es bonito compartir, y ante todo, vivir en Paz y Armonía con nuestros semejantes.

“En cada practicante de Kenpo hay un potencial instructor, profesor o Maestro; muchos llegaran a la cima de la montaña y creerán, en ese momento, saberlo todo; pero solo unos pocos continuaran y seguirán aprendiendo y creciendo, aunque solo sea en su interior”.