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Ya era hora
Juan J. Moreno
Valencia, 10 de mayo de 2008
Sí, por fin un organismo internacional como la ONU reconoce los derechos de las personas con discapacidad.
La Declaración Universal de los Derechos del Hombre emanada de la Revolución Francesa en 1789 no incluía a las personas con discapacidad. Los entonces llamados tullidos no tenían más opción que pedir limosna en la puerta de las iglesias.
Sin embargo, tan sólo una veintena de Estados han firmado esta Convención de las Naciones Unidas y sólo en la Unión Europea ya somos esa veintena. En el resto del mundo las personas con discapacidad tal vez sigan siendo algo así como animales u hombrecitos verdes venidos de allende las galaxias.
Tampoco sé el poder coercitivo que pueda tener esta norma. La misma ONU vemos en los informativos televisivos que, realmente, pinta bien poco.
Pero aunque sea así, los derechos de las personas con discapacidad alcanzan ahora rango internacional al entrar en la historia de la jurisprudencia emanada de esta rama del derecho. Creo es una razón más que suficiente para felicitarnos.
Vale que se lo debemos a una guerra, la de Vietnam pero, bueno, no hay mal que por bien no venga.
Ahora, no queda más que esperar que el resto de Estados de este planeta nuestro vayan sumándose a la iniciativa y que el colectivo vea reconocidos sus derechos en todos los confines. Quizá debe recordar que, por ejemplo, en esclerosis múltiple, tan sólo los esquimales están fuera de peligro y que son las mismas Naciones Unidas las que hablan de un 10 % de población mundial con algún tipo de discapacidad. O sea, la escasa cantidad de 400 o 500 millones de personas.
Y, por supuesto, esperar también lo que se espera de cualquier normativa legal sea del rango que: que se cumpla. Aunque siempre se ha dicho: hecha la ley, hecha la trampa.
El comunicado de prensa del Ministerio de Educación, Política Social y Deporte pondera la norma incidiendo en que era una iniciativa impulsada desde el primer momento por España y la ministra, Mercedes Cabrera, hablaba del 7 % de los empleados públicos como personas con discapacidad y las leyes sobre Autonomía Personal, Igualdad de Oportunidades o el Plan Nacional de Accesibilidad, etc. En fin, lo dicho, esperar que se cumpla para alcanzar, al menos y dentro de lo malo, lo menos malo.
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