Porque sus diálogos y situaciones son siempre divertidos y frecuentemente imprevisibles.
Porque su sentido del humor suele huir de la vulgaridad y tiende más a la ironía, a la réplica inteligente, al comentario agudo.
Porque sus argumentos no son tan trillados como en otras series, y la típica moralina se ofrece en dosis pequeñas.
Porque sus personajes caen bien a pesar de sus debilidades. Con sus miserias y sus grandezas, todos son irremplazables, no desearíamos deshacernos de ninguno de ellos. En cuanto a ese par de hermanos... podrían resultar odiosos, pero la mayoría de las veces nos dan pena. Hay ocasiones en que, incluso, nos sentimos identificados con esos arrogantes que acaban siempre mal parados.
Porque se aprovecha cada episodio de principio a fin. Nada de musiquitas y repartos estelares, sino una breve presentación de pocos segundos y al grano. Eso sí, cada capítulo empieza con un detalle distinto adornando el cielo de Seattle. Al final hay títulos de crédito, como no, pero siempre acompañados por esa escena final que es la propina para el espectador.
Porque es una serie brillante, elegante y original.
Por el contraste entre personajes. Por la rivalidad entre los hermanos. Por esas frasecillas que dan paso a cada nueva escena. Por esa historia de amor que parece no llegar nunca a buen puerto ...
¿ Hacen falta más razones ?


| Por cierto, eres el adicto nº |
|
No sólo de Frasier viven los adictos ... Webs recomendadas |
|
|
Cine y TV |
Cultura y Ocio |