 |
|
 |
| |
|
La colección de neuronas que
revolotean sin rumbo en mi cerebro ha recibido un
interesante estímulo: "vuelve Frasier Crane", una
frase que encierra en su brevedad la intensidad de
abrirme la puerta a un mundo nuevo, a una esperanza
de vida donde la mediocridad y la vulgaridad han sido
abolidas. Decir "vuelve Frasier Crane" es algo así
como decir "vuelve el hombre", sólo que, en este caso,
tenemos ante nosotros a un verdadero maestro de la
ironía, amante de la cultura y practicante de esa
rareza de nuestros días llamada buenos modales. Se
preguntarán por qué cosas tan aparentemente
corrientes me producen tal desenfreno, por qué la
presencia de este tipo extravagante es suficiente razón
para adornar mi vida. Muy sencillo: su coherente
incoherencia sostiene mi fe en el espíritu
humano.
Sí, ya sé que algunos de ustedes lo
conocen y me dirán que es un arrogante, un egoísta y
un pretencioso… Puede que sea cierto, pero ¿no lo es
más su ingenio, su agudeza verbal, su diagnóstico
certero?… ¿Es que estos valores ya no se cotizan?
Frasier Crane nos da la oportunidad de reencontrarnos
con el pensamiento en un universo catódico inmerso en el
vacío. Su casa, su programa de radio, sus amigos y,
sobre todo, su familia son el soporte de esa
sabiduría personal que destila en cada palabra.
Sin ellos —Niles, Martin, Roz, Daphne y el fiel Eddie—
Frasier no estaría completo. Es a través de ellos como
este decálogo viviente del elitismo y de la
educación expresa sus verdaderos
sentimientos.
Si ir más lejos, ¿entenderíamos a
Frasier sin la constante presencia y rivalidad de su
hermano pequeño, el también doctor Crane? Niles no
le va a la zaga en lo que a refinamiento se refiere. Los
años de matrimonio junto a la etérea e invisible
Maris lo han dotado de un sentido único por el lujo,
reflejado en sus costumbres, en sus trajes de
seda y, sobre todo, en su nueva casa de soltero, el
edificio Montana, uno de los bloques de apartamentos con
más solera de Seattle, desde donde reta a la
sofisticación de su hermano Frasier. ¿Qué le puede
envidiar? Aparentemente nada, ni siquiera la
presencia del raído sillón de Martin en medio del salón.
Pero Frasier tiene en casa algo por lo que el bueno
del pequeño doctor Crane daría la vida: la dulce y
sensual Daphne Moon, la inglesita romántica por la
que Niles bebe los vientos desde hace varias temporadas.
¿Conseguirá por fin su amor? Ése es uno de los retos que
nos depararán las nuevas peripecias de estos dos
esnobs, pedantes, insolentes, y… deliciosamente
divertidos hermanos.
Estamos de enhorabuena.
Frasier Crane y su troupe reinan entre nosotros.
La inteligencia ha vuelto. Que sea por mucho
tiempo y para bien. | |
|
|
| |