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UN ESPECIAL FAVOR DE DIOS Estando recogida antes de Misa y preparándome, vi una luz muy clara y dulce: comprendía que era el Señor que bajo aquella forma se dejaba ver, y me trastorné toda, y comprendo ahora que esto lo hace Dios para mejor unirse con el alma e imprimir en ella sus hablas e inspiraciones: porque el cuerpo entero, duro y frío del amor de Dios, no recibe, antes rechaza lo espiritual, ya porque no siente, ya porque la razón se opone a lo que no está a su altura y natural alcance.
…Es un consuelo decir: esto lo sufro yo por Dios y en defensa de los pobres.
Anoche sufrí nuevas reconvenciones, amargas, duras, pero infundadas e injustas, delante de Dios, porque los hombres creen justo todo lo que no entienden… Te aseguro que me desmenuzan mis acciones de un modo que es una suerte viva yo desde que estoy en el Colegio, como si fueran de cristal las paredes. ¡Qué gente tan tonta! No conocen que yo no temo más juez que Dios: por Él hago y deshago, con acierto o sin él. Sólo a Él temo, y me consuela mucho tenerlo por testigo… Hoy, si te dijera algo del Amado, me perdía, pues siento fuego en el corazón.
Ama a Dios, porque yo sufro y me abraso, sin duda, porque no puedo amar a Dios. No te duela nada, ni ceses de trabajar por su gloria, porque la vida es corta para alcanzar su amor. ¡Si yo le amara hoy, era feliz según lo deseo! ¡Cómo se olvida! No lo hagas tú, no, hija mía ni un momento. Tenle siempre presente. ¡Oh, qué bueno es, aturde! Yo no sé que hacer por Él. Pierdo el juicio si me hace más favores.
Llevo días de prueba y aún diré, de pruebas; pero como es Dios quien las manda, no me puedo quejar. Me quejo de mí, que si lo miro bien no tengo de qué quejarme. En lo espiritual, Dios me trata como a una niña mimada y flojilla. En la tierra, Su Santidad me llama amada hija muy predilecta, y prueba que nada niega a su Desamparada con un buleto muy especial y poco usual. Los Reyes me llaman su amiga íntima, y no pasan ocho días sin llamarme para verme. El público me designa de confidente y favorita. Pues ¿qué quiere esta mujer que no es feliz? Que necesito dos cosas: amor de Dios y soledad… De nueve a doce de la noche vivo un poco más contenta, sola con mi celoso esposo.¡Y se pasa tan pronto!
Es un consuelo sobrehumano el que se halla en su servicio, de modo que la gente y el mundo se hacen cruz muy pesada, y no hablo yo
Amadle hijas, que es muy bueno, amadle un poquito por mí. ¡Cuánto las querría si me alcanzaran que yo le amara! Y no me contento
¡El vacío que hace no tener en la Casa y cerca el Santísimo, no se explica; es preciso notar esta gran novedad para experimentar lo que se siente. Es un placer grande tenerlo en las Casas de sus Esclavas, y que no se escape; lo tenemos esclavo a Él y preso con cadenas de amor puro y fino Oro. Es una locura amar nada, ni desear nada. Yo te aseguro no deseo ya nada, no tengo afán por nada si le miro a Él.
Todas las cosas, hoy día, se publican y comentan sin respetos humanos y ¿sólo para decir lo que es Dios ha de haber miras y respetos, por temor de que algún tonto, o necio, o malo, se lo achaque a la persona y no a Dios?
¡Dichosa pobreza e ignorancia que hace agotar a mi Dios sus tesoros para enriquecer… Debía decirse lo que es Dios para los que a Él sólo buscan! Y qué costoso es, aturde verlo. No sólo se queja de un olvido, o una mirada o desvarío; se queja de un pensamiento extraño, de una duda de Él.
¿Temer yo a mi mejor amigo, que jamás separo de mí, le llevo en mi corazón, le tengo siempre a la vista, nada hago sin su permiso, antes con Él no temo nada de lo que el mundo halla temible? Ud. quiere ser mártir…; yo lo soy de que haya aún lo que se llama vida, que me separa de Él.
¡Bendito sea Dios mil veces! El año pasado al leer Soy de Dios, se grabó en mi corazón, y tengo el consuelo de que no se ha borrado en el año esta memoria. Este año, de un modo no común, me llamó la atención: Dios quiere que le Sirva como Él quiere ser servido, y sí que lo haré, con ayuda, pues quiero servirle, y como Él quiere, sin miedo ni temores. Pero, qué he de hacer si tengo una fe tan grande que no confío más que en Él, y llena de penas y cruces; pero espero contra
¿Quién, hijas mías, se atreverá a quejarse de la pobreza, que así amó el Niño Jesús? El portal de Belén, el pesebre, las pajas, los pañales que envolvieron al Hijo de Dios, que viste a los pajarillos del aire y a los lirios del campo, me confunden y avergüenzan. ¡Qué tendrá la pobreza que así la amó el Señor! ¡Qué ricas somos las pobres por amor de Dios! El mundo huye del pobre y de la pobreza, y yo les busco, y soy avara, como a mi mejor tesoro.
Veo con gran complacencia que los tres os conducís cual cumple a buenos cristianos. La enseña de los hijos de Cristo es la virtud. Ella os abrirá paso en la senda de los estudios, porque el hombre virtuoso tiene que aprender cuáles son sus deberes para con Dios, para consigo mismo y para con sus semejantes. Por eso me agrada saber que rendís el debido homenaje a la aplicación: además de los frutos que produce cultivando el talento, es un freno para las costumbres. Ya sabéis que está escrito que la ociosidad es madre de todos los vicios. Así que el holgazán se halla siempre a punto de perder sus virtudes y de borrar su inteligencia.
¡Qué fiel es Dios en sus promesas! Pero mucha vigilancia propia, mucha fidelidad en todo, mucha oración, y por fin, mucho amor a Jesús Sacramentado.
Cuando me llamaste, ¿no dejé todo como te prometí, bodas de lustre y convivencia? ¿No dejé mi familia y sufrí cuatro luchas más duras que la primera separación? ¿No te he sacrificado honra, fortuna, vida en mil poquitos, más penosos que si la diera de una vez? ¿No me deja todo el mundo, buenos y malos, y aún te sigo porque Tú me alientas? ¿Y no he de fiar de Ti hoy?
Cada día más y más me es violento lo que no es Dios y su obra, ya que el Señor nos quiere y nos ayuda con dos manos a la par; una de cruces variadas y otra de consuelos y de amor sin límites.
El ser santa no me mueve a mí ni a sufrir ni a trabajar. Me mueve el deseo que tengo impreso en mi corazón de amar a Dios por haberse quedado con nosotros toda la vida en el Sacramento.
No somos felices porque no queremos serlo, o mejor dicho, queremos serlo sin trabajo nuestro. El orgullo es el que nos impide ser felices las más de las veces. Nos ofende que nos humillen porque creemos valer algo.
A mis hijas del alma, las colegialas, que, sin mentir, les aseguro que las amo de un modo inexplicable, y que sin ellas no vivo; son ya una necesidad para mi corazón, y si son buenas me harán llorar de gozo, pues nada deseo en el mundo más que el que sean buenas.
El día del Espíritu Santo sentí un trastorno muy grande, y una luz interior que obró en mí efectos muy marcados: una especial devoción a esta fiesta en la que siempre desde entonces recibo del Señor algún favor especial; una luz muy clara de esta misteriosa venida y los efectos que produce en el alma, que con fe y amor se prepara para ella.
No, nada quiero que el mundo me pague: Dios, y enseñar pobres de caridad, y más que nada salvar almas que amen y adoren al Santísimo.
Una noche en la oración me dio a entender el Señor de un modo muy claro: “A ti quiero yo en mi obra”. Yo, después que pasó esto, me quise persuadir era una ilusión mía, y no dije nada al Padre, porque yo ni tenia valor, ni me sentía inclinada a variar de vida, ni menos en cosa que me ocupara el tiempo que yo tenía destinado a la salvación de mi alma, único negocio para mí de más importancia.
En 1850 me vine al Colegio a dirigirlo yo misma, pero me perecía no había de poder hacer el gran sacrificio que me proponía. Me hallaba tan sola, tan triste y despreciada por todos, incluso de mi familia, que no querían saber de mí ni verme… pero de la oración sacaba fuerzas y una gran confianza en Dios que aún tengo hoy. Y, a no dudar, sin esta gran fe que Dios puso en mi corazón, yo no hubiera podido sufrir tantas contras y amenazas de todo género, y privaciones y apuros. |
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