Barranco d'Arrious | Apenas dejado el aparcamiento, la senda se sumerge en el bosque. Es temprano y a esta hora está sombrío. Hay alguna zarza, abundan los helechos y los cánticos de los pajarillos van superando a cada paso el lejano ronroneo de algún que otro coche, que transita por la carretera que hemos dejado atrás.
De pronto, las ramas altas de los árboles se encienden y mil rayos luminosos empiezan a juguetear con las sombras. El sol inicia su andadura. No sospechamos ahora, entre el frescor del bosque, de qué manera puede calentar poco después, más arriba.
El rumor del agua comienza a elevarse hasta nosotros, a nuestra izquierda. Hemos ascendido unos 125 m. y estamos ya próximos al puente sobre el barranco d'Arrious que marca el final del bosque.
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