Por fín llegamos a la Pleta de la Bal, lugar solitario que conserva toda su pureza. No dudo que si has sido capaz de realizar el esfuerzo de llegar hasta él sabrás cómo respetarlo.
Unos troncos arrancados por los aludes y arrastrados por las aguas han formado una sencilla barrera que origina este remanso de singular belleza.