Empezó en sus ratos libres, como un pasatiempo. Algo después no tenía ratos libres
porque los ocupaba con su nueva afición. Luego dejó el antiguo trabajo y le dedicó
casi todas las horas del día a esa actividad, las profesionales y las de ocio, y en
ocasiones alguna del sueño.
Con el sistema operativo venía un pequeño programa con el que se podían hacer dibujos:
elipses, rectángulos, rayas, manchas... Resultaba entretenido cuando no se sabía qué
hacer con el tiempo ni con las manos, bastaba con arrastrar el ratón y pulsar de vez en
cuando sus botones e iban apareciendo figuras definidas o con aspecto de sensaciones,
que unas veces guardaba en el disco duro y otras dejaba escapar por la olvidadiza memoria
del ordenador.
Lo que más le gustaba era hacer fondos para páginas web y algún que otro icono, y pronto
se decidió por otro programa, varios en realidad, que permitían una combinación de
posibilidades insospechadas hasta entonces: invertir colores, hacer animaciones, reducir
el tamaño de los ficheros... Su familia, y también sus amigos, no sólo alababan sus
trabajos sino que la animaban a continuar, y la convencieron para que consiguiese una
página gratuita en algún lugar de la red y montara una exposición de sus mejores logros.
Casi por casualidad le ofrecieron comprarle uno y aunque fue poco el dinero que recibió
le pareció una buena idea y se dedicó a vender fondos originales. No pagaban mucho por
ellos pero como su producción era abundante al final del mes reunía unos ingresos que le
permitían la suficiente independencia como para sentirse compensada por su tarea, tardaba
poco en hacerlos y le resultaba rentable, la economía de escala debe ser esto -pensó-
pues nunca había llegado a entender plenamente qué significaba ese concepto económico.
Un día llegó a la conclusión de que el camino se debía recorrer en sentido inverso: no
hacer primero los fondos y que después otros eligiesen para decorar sus páginas sino que
antes debía conocer la página y entonces crear aquello que fuera más adecuado a sus
características, a su contenido, algo así como la banda sonora de las buenas películas
-dijo a su madre, que no terminaba de entender muy bien todo aquel mundo. Entonces fue
cuando comenzó su auténtico esplendor.
Nos veíamos menos que antes porque apenas si salía de su casa, bien porque tenía muchos
encargos pendientes o bien porque no acababa de dar con la forma o con el color del fondo,
y entonces comenzamos a mandarnos correos electrónicos, unas veces para saber el uno del
otro y en otras ocasiones para indicarme una dirección que debía visitar para luego decir
si creía que el fondo de esa página debía tener una preponderancia de azules o de verdes.
En poco tiempo casi todas las páginas del país tenían sus fondos, sus iconos, su
ornamentación. Todos iban firmados y dedicados por ella, ninguno se parecía a otro
anterior, su diversidad era sorprendente, y nadie los capturaba porque todo el mundo
quería tener un original especialmente diseñado, y los compraban a través de Internet
en una página especial que ella hizo para esos menesteres.
Mi página era anterior a esa actividad suya y no recuerdo de dónde saqué aquel icono
animado, desde luego el fondo no era sino un poco de color para diferenciarlo de la hoja
blanca de papel. Llegó el día de mi cumpleaños y recibí un correo suyo en el que me
felicitaba y me decía que últimamente había estado visitando mi página y que no le
gustaba la decoración, así es que había decidido hacerme un regalo especial, un icono
para que quitase, según ella, "ese tan horrible que tenía", y otro para que lo pusiera
de fondo -"ya sabes"- había escrito con sorna, -"para ponerlo en background =". Y venían
como ficheros adjuntos que abrí con una doble sensación, por una parte me apetecía verlos
porque debían ser preciosos como todos los que ella hacía, pero por otra parte me vería
obligado a ponerlo aunque no me gustara, además de la pereza que me daba andar retocando
la página. Parecía no venir firmado pero en la posdata de su mensaje había escrito: "A
ver si encuentras la firma y la dedicatoria". A ella siempre le habían gustado los juegos
de adivinanzas, pero a mí me aburrían un poco y no tardé mucho en desistir y dejarlo para
otro momento.
El fondo que había mandado era precioso, tanto que no quise darle las gracias ni decirle
cuánto me había gustado por nuestra vía habitual de comunicación y cogí el teléfono para
llamarla y decírselo, para escuchar en su silencio el eco de mis palabras. Se puso su
hermana y dijo que no estaba, que debía haber salido, que no había nadie. No quise dejar
ningún recado porque prefería llamarla yo, prefería ser yo quien eligiera el momento de
dar las gracias. "Llamaré más tarde", dije, y añadí "no le digas que he llamado porque
quiero que sea una sorpresa". Se escuchó levemente la sonrisa de la hermana y tuve la
duda de si significaba su complicidad o si quería decir que se lo contaría en cuanto
llegara. Llamé más tarde, algo tarde ya, esta vez cogió el teléfono su madre y me contó
que estaba de viaje, que le había dicho que estaba cansada y que se iba a tomar unos
días de vacaciones, "está muy delgada, de dormir poco" -me dijo como una queja-, no sabía
dónde había ido porque ni ella misma lo sabía, había cogido el coche con la intención de
ir hacia donde le dictara el instinto, quizás hacia el mar -había dicho mientras hacía
la maleta- porque quería que por sus ojos entraran fondos nuevos, que cuando llegara al
lugar definitivo la llamaría, y pensé que a mí o a cualquier otro amigo nos pondría un
correo porque siempre que cambiaba de paisaje tenía que contárselo a alguien como si
fuera un requisito imprescindible para que aquel cambio fuera definitivamente real,
incluso cuando pintaron su habitación.
Algo después supe que había escrito una carta a su familia en la que decía que no se
preocuparan, que estaba bien, que seguía buscando un fondo, un fondo para ella misma,
su propio fondo, para su propia página, el fondo definitivo, toda una teoría virtual,
y que cuando lo consiguiera volvería.
Ha pasado algún tiempo y sigue sin aparecer, sólo sé que está buscando un fondo, sé que
está en el fondo, que se ha convertido en un fondo. Si la ves por alguna calle, en algún
lugar, avísame, por favor, ¿Cómo es físicamente? Si tu navegador admite gráficos visita
mi página, el fondo es su perfil, la firma y la dedicatoria
fueron ella misma.
© Rafael Fernández-Delgado
alotropia@ya.com