PELAEZ
Este apellido es un patronímico derivado del nombre propio Pelayo, que viene del tiempo de los godos con el caudillo D. Pelayo, en su refugio de las montañas de Covadonga, difundiéndolo por Castilla, León, Asturias y Galicia. Pero hubo otras ramas asturianas de este linaje, una familia, estuvo en el lugar de Santiago, junto a Tudela de Veguín, en el partido judicial de Oviedo, con líneas en Castilla la Vieja, Toledo y Andalucía.
Es muy antiguo y principalmente se encuentra en Asturias, puesto que con tal patronímico, aparecen nombrados muchos de los caballeros que tomaron parte desde sus comienzos, en la Reconquista de aquel Principado. Se le atribuye origen godo. Eran varias las familias que ya lo usaban en el siglo VIII y muchas y distintas las que continuaron difundiéndole por Asturias, Galicia, León y Castilla, siendo punto menos que imposible pretender historiarlas o recogerlas en un breve estudio.
Acontece, además, con el apellido Peláez, lo mismo que con los restantes apellidos patronímicos, es que lo han llevado y lo llevan familias de muy distinta cuna, sin vínculos de sangre ni parentesco. Tratar de esclarecer o conocer la ascendencia, solar y tronco, no ya de cada una, sino de un corto numero de ellas, impondría investigaciones extremadamente largas y difíciles, sin probabilidades de éxito. Hemos de concretar este estudio, por lo tanto, a recoger algunos datos históricos, genealógicos y heráldicos, relacionados con los antiguos varones y casas solares de este patronímico, que con mayor relieve se destacan en crónicas, historias, documentos, probanzas, etc.
Se tiene por el mas antiguo solar de Peláez, el que radicó en un lugar llamado Villademoros, del concejo de Valdés y partido judicial de Luarca (Asturias). Era una torre fuerte, alta y cuadrada, con troneras y saeteras, puente levadizo y plataforma almenada con foso y contrafoso, que después fueron cegados. Junto a ella hubo un nogal secular que la familia conservaba como tradición, preocupándose de plantar a su lado otro nuevo, para que no se extinguiese en aquel lugar esa clase de árbol.
El Padre Carballo, en su libro (Linajes y Casas de Asturias), hace memoria de los servicios prestados por los dueños de dicha Torre, afirmando que el caballero que la poseía en los comienzos de la Reconquista, se llamaba Pelayo Peláez y que con cuatrocientos hombres vasallos de los campos de Luarca, acudió en ayuda del Rey D. Pelayo. Al llegar a Cornellana se encontró, con tres mil moros que huían hacia Galicia y sostuvo con ellos un duro combate, derrotándolos. Por tales hechos fue muy honrado de aquel Monarca, que le llevó consigo y con alguno de sus parientes.
Y es antigua tradición, conservada en los lugares vecinos del Solar y Torre de Peláez, que el caballero que la poseía en tiempos del intruso Rey Mauregato, siguió el partido de los legítimos reyes asturianos. Se llamaba Diego Peláez y se opuso con sus gentes a los moros, defendiendo el paso llamado Ricavo, entre los concejos de Valdés y Pravia. Luego tuvo que pasar a Galicia y durante su forzada ausencia, le despojó de su Torre, Mauregato, entregándola a sus leales. Enterado de ello Diego Peláez, volvió a tomarla por la fuerza, haciendo prisionero al Capitán y gente que la defendían. Ese mismo caballero confirmó privilegio en tiempos de los Reyes Silo, Mauregato y Alfonso II "el Casto", según escribe Salazar de Mendoza. Su descendiente, Pelayo Gutiérrez, fue Armigero del Rey D. Ramiro I y confirmó el voto de Santiago.
En esos tiempos, y según refiere el Obispo Sebastiano, vinieron los normandos a las costas de España y con su incursión, sufrió ruina la Torre de Peláez y la iglesia de Santa Eufemia, que estaba junto a ella, próxima al puerto de Candanedo. Años después, fue reedificada, morando en ella Munio Peláez. De este descendieron: Orduño Peláez, paje de lanza; Pelayo Peláez y Pedro Peláez, que en el año 1063, confirmaban privilegios. De Orduño Peláez, fueron descendientes los hermanos Munio y Gonzalo Peláez, que confirmaron la donación que la Reina Dña. Urraca hizó al Monasterio del Poyo, en Galicia, en la era de 1154.
El Conde Gonzalo Peláez (?-+ Portugal 1138), hijo de Pelayo Peláez (uno de los Infantes de Carrión) y de Mayor González (Munia Dona). Se casó con la hija de Pedro González, Señor de Cisneros. Su hijo fue D. Rodrigo González. Según la "Chronica Adefonsi Imperatoris", llegó a ser en la primera mitad del siglo XII el Señor más poderoso de Asturias y se reveló varias veces contra el rey Alfonso VII.
Durante el reinado de Alfonso VI fue nombrado con grandes títulos y honores para mantener su lealtad. Los dominios de Gonzalo Peláez comprendían Astorga, Bierzo, Laciana, Babia, Luna, Gauzón y del río Eo hasta Cabruñana. Fue Señor de Cisneros y de los castillos de Buenga, Bozón, Pajares y Alba de Quirós.
La Crónica de Alfonso VII cuenta que en 1132 Gonzalo Peláez y otros nobles poderosos intentaron levantarse contra el Rey. Al conocer Alfonso VII la conspiración, consigue prender a estos nobles, salvo al propio Gonzalo Peláez que se refugia en sus dominios de Asturias. Es capturado cuando se hallaba en el Castillo de Gauzón. El Rey, ocupado en la guerra contra los almorávides, pacta con el conde una tregua de dos años y la entrega por parte de Gonzalo Peláez del estratégico Castillo de Tudela. Al cabo de estos dos años Alfonso VII viaja en persona a Asturias con su ejército para tratar de reducirlo. El Rey exige su rendición, pero Gonzalo Peláez se refugia en su castillo de Proaza. Alfonso VII al internar tomar este castillo estuvo a punto morir en la batalla, al ser alcanzado su caballo. El Rey deja a dos de sus condes, D. Suero y a D. Pedro Alfonso, a cargo de la lucha contra Gonzalo Peláez mientras que él se vuelve a León. Tras dos años de lucha y una dura represión contra los rebeldes por parte de los condes, el Obispo de León, D. Arias, consigue mediar en 1135 entre Alfonso VII y Gonzalo Peláez. Gonzalo Peláez consigue el perdón del Rey a cambio de que no volviese a Asturias y de la entrega de los castillos de Alba, Quirós, Proaza y Buango. Sin embargo, rompe su pacto y organiza otra rebelión. Cuando estaba fortificando sus castillos en Asturias es capturado por Pedro Alfonso, que lo presenta ante Alfonso VII encadenado. El Rey lo envía prisionero al castillo de Aguilar desde donde, después de algunos días, se marcha desterrado a Portugal a la corte de Alfonso Enríquez. Murió en Portugal, hacia marzo de 1138 por unas fiebres, cuando preparaba un nuevo ejército para retomar la lucha. Sus restos fueron llevados por sus caballeros a Oviedo.También fue de esa familia el famoso Fruela Peláez, cuyo sepulcro se halla en la iglesia vieja del convento de San Juan de Corias, a ocho leguas de la repetida Torre de Peláez. Tenía su hacienda en el concejo de Valdés, y en su Monasterio hubo un monje de la familia, llamado Pedro Peláez.
Munio Peláez, por la era de 1175, estaba casado con Dña. Enderquina Pérez, pariente del Conde D. Suero de Salas, y entre sus sucesores, en el año 1290, figura García Peláez, de quien se conserva memoria en Luarca.
Diego Peláez fue un Obispo medieval de Santiago de Compostela. Una de las grandes figuras medievales de la nobleza eclesiástica gallega. Contribuyó a la grandeza de la diócesis y su señorío territorial durante los siglos centrales de la Edad Media. Fue nombrado Obispo al poco tiempo de ser hecho prisionero el rey de Galicia García por su hermano Alfonso VI de León. Sin embargo, siempre fue sospechoso de apoyar a aquél. Acometió la reorganización de la gran Tierra de Santiago desde el río Iso hasta el Atlántico. Mejoró su justicia, administración y defensa militar frente a los ataques normandos o frente a conflictos bélicos interiores. Acuñó moneda e impulsó el intercambio comercial. Aplicó medidas contra la relajación del clero, llegó a acuerdos con los monasterios de Antealtares y limitó la expansión del de San Martín Pinario. Inició, en torno a 1075, las obras de la gran catedral románica de Santiago que catalizaría aún más, a través de la escuela catedralicia, lo más granado de la cultura europea. Puso al frente de dichas obras al maestro Bernardo. Impulsó las peregrinaciones hasta hacer de ellas un fenómeno continental. Está considerado como uno de los impulsores de la reforma gregoriana en los reinos hispánicos. Desde su vertiente de figura política, destaca su enfrentamiento con el rey de León Alfonso VI. Al reconquistar este monarca la taifa de Toledo (1085), Peláez quiso neutralizar la pretensión de hacer de la antigua capital visigótica la nueva cabecera eclesiástica y política de los reinos cristianos hispánicos. Santiago aspiraba a ocupar ese lugar como sede apostólica y centro de la cristiandad jacobea. Pero ni la gallega sede de Braga, ni la castellana de Toledo admitían que una diócesis de nuevo cuño violentase sus derechos históricos. Parece ser que se vio envuelto en el levantamiento del líder de la nobleza gallega Rodrigo Ovéquiz. Un conflicto violento que el rey leonés tardó dos años en sofocar y que pretendió solventar con el reparto del reino de Galicia en dos tenencias feudales. Una, al mando del conde Raimundo de Borgoña y su hija Urraca (totia Gallecie Imperatrix) al norte del Miño. Otra, bajo el dominio de Enrique de Borgoña y su hija ilegítima Teresa en las tierras portuguesas. En este clima de inestabilidad política, Diego Peláez sufre la acusación de traición. Dicen que conspiró para restaurar la independencia del reino de Galicia con la alianza del caudillo normando Guillermo el Conquistador. Depuesto en el Concilio de Husillos (1088) fue encarcelado y vejado por el rey Alfonso. El papa Urbano II reaccionó desautorizando al monarca y confirmando su condición de obispo de Compostela. Las presiones de la corte castellano-leonesa y del arzobispo Bernardo de Toledo consiguieron que Peláez fuera finalmente despojado de su diócesis. El Papa, no obstante, dispuso que podía ejercer el Ministerio Episcopal en caso de que otra diócesis le llamase. Puesto en libertad, acabó sus días en el destierro. Diego Gelmírez reconocería sus méritos.
ESCUDO DE ARMAS
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