Presentación.
Desde hace algún tiempo comenzó a interesarme el siglo XVIII español, una época que se me antojaba como
un "quiero y no puedo" que pervivía de una rancia tradición imperial. Para mí el concepto
clave de la época sería la extenuación y la regeneración. Extenuación de un sistema que había
llegado a sus límites, tanto morales como espirituales, sociales y económicos. Pero también, y sobre
todo, se había llegado a los límites del esfuerzo humano de los habitantes del imperio español. Se necesitaba
una regeneración, un verdadero cambio que de la mano de los reformistas de la nueva dinastía
se irá moldeando en la España Ilustrada.
En este panorama la Marina de guerra, la Armada Real
de la época, se convertirá en una eficaz herramienta de reforma. Con ella y en ella se depositan
las esperanzas de transformar el comercio ultramarino en un verdadero circuito de enriquecimiento
nacional. Por este motivo los ministros de la época, Patiño, Campillo o Ensenada, entre otros, diseñarán
y ejecutarán políticas de reforma de la Marina para equipararla a la de Inglaterra, sin descuidar a su
"aliada" la francesa. El suministro de jarcia y lona se convertía en un eje importantísimo, junto a la
madera y los metales, para asegurar la construcción naval. Para asegurarlo se recurrirá al espionaje,
al soborno, robo e incluso a la contratación de extranjeros. El fin sería asegurar una cantidad estable
de productos que garantizaran las nuevas construcciones, el repuesto en alta mar y las reparaciones de
los géneros dañados en combate o accidentes naturales.
Sevilla, 30.1.2001