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Este mes traemos múltiples cosas. Hablaremos y daremos la palabra a tres artistas gráficos: Álvaro Peña, Gaspar Poveda y nuestro ya colaborador Pedro Díaz. Que lo disfrutéis tanto como nosotros. LA
PERSONALIDAD POLIFACÉTICA DE ÁLVARO PEÑA Álvaro Peña (Murcia, 1968) es hombre cordial que acoge en su blog personal un largo listado de páginas amigas que encuentran allí generosa demostración de hospitalidad exenta de rivalidades y envidias. No es más feliz quien más zancadillas pone para hacerse con el primer lugar en esta absurda carrera de popularidad que para algunos parece ser el mundillo del arte en cualquiera de sus variedades y rostros, sino quien a través del arte adquiere para sí afectos sinceros, nacidos de una común pasión por cultivar lo que de más humano tenemos, lo que nos engrandece y nos dota de un cálido círculo de simpatías desinteresadas. Así me parece a mí que es Álvaro Peña, y creo que no me equivoco, basta constatar los comentarios que a cada una de sus entradas en el blog hacen multitud de amigos y la cordialidad con que él corresponde casi de inmediato. Álvaro Peña es Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología, pero sus caminos personales transitan por el mundo de la ilustración y la pintura. Precursor de la historieta murciana, suele presentarse a sí mismo como humorista gráfico, lo cual es acertado y exacto, porque sus viñetas son exponente de un humor agudo que satiriza con amable ironía la actualidad de la región murciana y a veces se amplía en su campo a la actualidad de rango nacional en lo político y en lo socioeconómico, no en vano cursó su especialidad universitaria. En cuanto a sus personajes, el señor Mindundi es un hallazgo humorístico genial. Peña colabora en varias publicaciones de Murcia y Valencia. Personalidad poliédrica, en lo que se refiere a lo artístico - que es la faceta que lo trae a las procelosas páginas de ARTHISTORIA- Álvaro Peña se decanta en su trayectoria reciente por la acuarela, modalidad pictórica que considera limpia y elegante. Por este medio, difícil donde los haya (quienes pintamos a la acuarela lo sabemos bien) trata de robar a la realidad el momento fugaz que plasma en tonos suaves que invitan al ensueño. Ha realizado ya varias exposiciones de acuarelas, consideremos, pues, que la que ahora presentamos desde ARTHISTORIA, es otra más en ese listado. Y tras este preámbulo de presentación de la persona, pasemos a la presentación de la prometida muestra de su arte pictórico. EL BAILE
Las figuras del fondo, alrededor de la mesa camilla, cuyas faldas de tono rojo constituyen la mancha cromática central, se dedican a su juego de cartas, bajo la mancha cromática azul del amplio ventanal que se abre a un sugerido paisaje urbano de altos edificios, En primer término la pareja se abraza so pretexto del baile y casi oímos la música de un lento bolero que envuelve la escena. El pintor concede todo el protagonismo a la figura femenina, de curvilínea silueta, vencida en insinuante inclinación hacia su galante compañero de baile, y adivinamos el arrobo de los enamorados, ajenos a los integrantes de la tertulia que ni los mira, amablemente comprensivos con el ardor juvenil y romántico del hombre y la hermosa mujer. La paleta de tonos pastel, en reducida gama de primarios, dota de rasgos poéticos la estampa que alienta la fantasía del que en ella detiene su mirada. BODEGÓN Un tarro de porcelana china, una figura blanca de gusto oriental, elementos decorativos vivificados por la belleza sencilla y paradójicamente majestuosa de las dos rosas rojas que destacan en el conjunto, en un vaso de agua clara. No necesitan las flores más aditamento estético que su propia belleza. El BAÑO Tema de amplia tradición artística que ha inspirado a muchos pintores desde siempre. El desnudo femenino, sugerido con delicadeza, en tonos igualmente suaves. RAMÓN GAYA EN EL VALLE DE RICOTE Con su caja de pinturas al lado y su caballete provisto de lienzo, aparece el pintor murciano Ramón Gaya en un escenario natural de verde arbolado que pone su nota bucólica en un cuadro que es, sobre todo y ante todo, sincero homenaje al artista desaparecido. El celaje fluctúa del azul central a los tonos lila de los ángulos, sugiriendo un ambiente intimista de media luz incluso en una escena al aire libre. ACEQUIA Azul el agua casta y rumorosa, transcurre por su estrecho cauce, flanqueada de matas silvestres que la cortejan enamoradas de su fresca hermosura. Una cerca de cañas, juncos a la derecha del encuadre, al otro lado la senda sugerida por el pincel, pero dominándolo todo, el serpenteante caudal de agua, tesoro para el murciano, heredero del trazado árabe de acequias, auténticas venas de huerta antigua. Cielo azul, pero a la izquierda no olvida el pintor poner un atisbo de gris de nube, que incita a la esperanza de la deseada lluvia. CATEDRAL La torre como un vigía… dice el himno, la más alta torre de entre las de las catedrales españolas, apenas entrevista en trazos ocres y rosados, de tierra murciana, santos de piedra adelantándose como heraldos de la maravilla barroca, Plateresca y gótica de la catedral. Y la campana. No es auténtico pintor murciano quien no plasma esta estampa del corazón de la ciudad, Álvaro Peña lo hace y da testimonio de su buen hacer en esta acuarela.
EL ARTE FOTOGRÁFICO DE GASPAR POVEDA Gaspar Poveda posee el don innato de ver las cosas encuadradas ya en una imagen fotográfica que a los demás les pasa desapercibida. Le pasa exactamente lo mismo que al pintor que no acierta a mirar sin imaginar el lienzo o la acuarela. Gaspar Poveda camina cámara en ristre, porque nunca se sabe en qué lugar del camino va a saltar la liebre de la belleza efímera del gesto, de la nube huidiza y pasajera o de la banderola agitada por el viento. Como fotógrafo se deja seducir por el paisaje natural o urbano, y todavía más por la monumentalidad de Orihuela, cuyas nobles piedras, testigos de la Historia, ama y sabe mimar en sus obras, porque Poveda no deja quietas y dormidas sus imágenes, sino que las dota de una renovada vida a través de su técnica artística que nos deja sencillamente admirados, absortos. Sabe traducir a colores lo apagado y delinear los contornos desdibujados. Hay una poderosa fuerza en las creaciones de este fotógrafo que vive con pasión la fotografía.
Hace muy poco ha ganado el primer premio de fotografía, del XIII Certamen “Orihuela en su Semana Santa” que concede la Junta Mayor de Cofradías oriolana, por su fotografía titulada “Marcelino”. Y es que a Gaspar Poveda no se le escapan estas joyas visuales, que apenas duran unos segundos, pero que gracias al objetivo de su cámara fotográfica quedan fijados para gozo y admiración de propios y extraños. Y este es el caso que sirve a las mil maravillas para demostrar ese estado de alerta ante lo estético o lo conmovedor en que vive el artista, hombre de humanidad acogedora y trato amable, que ejerce su labor profesional y la hace compatible con su faceta artística, simplemente llevando consigo una cámara, casi como parte de su mismo ser, además de su sensibilidad y su buen ojo para el encuadre y el hallazgo visual. En Marcelino, los ojos infantiles que miran, compasivos e inocentes, los pies clavados del Cristo, nos recuerdan la hermosa historia escrita por Sánchez Mazas y llevada al cine en dos ocasiones y también nos hacen añorar ese candor de niños que la Humanidad necesita y necesitará siempre para seguir siendo, precisamente, humana. Nota: Estamos a la espera de recibir la foto del autor para publicarla con la suficiente resolución. ROSA CÁCERES.
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