NOVEDADES DE ARTHISTORIA

 Comentamos en este número The Other Boleyn girl, machada interpretativa de Scarlett Johannsson y Natalie Portman. Miramos todo el desarrollo de esta tragedia con mirada femenina, la de Shavatska, que regresa así a la revista tras una larga ausencia. Esperemos que no cueste dinero que se anime a seguir escribiendo. 

Los otros Bolena

 

La famosa siempre había sido Ana, Ana Bolena, la ramera (especialmente en el imaginario de los países latinos) por la que el déspota Enrique VIII, por sus balls,  separó para siempre a Inglaterra de la Iglesia de Roma. Pero la última película sobre este episodio folletinesco de la historia inglesa que tanta repercusión ha tenido en la Historia con mayúsculas,  pretende iluminar otros aspectos que han pasado desapercibidos en la configuración de nuestro imaginario colectivo. La película que en España ha sido titulada como Las hermanas Bolena, pero cuyo título original es The other Boleyn girl (La otra Bolena), revela su interés en hacernos ver que Ana no fue una  figura aislada que emergió sin más de la corte, sino que es la cúspide de una familia ambiciosa que intentó aprovechar los puntos débiles de un rey en un contexto que favorecía las ambiciones: la corte de Windsor.

 

 

La película está al servicio del duelo interpretativo de dos de las actrices con más proyección del panorama actual: la Johanson y la Portman. En el cartel de la peli hay mucho de reclamo: pechos apresados en corpiños a punto de explotar formando un triángulo pasional con un Eric Bana sexual y seductor, como dicen que había sido el verdadero Enrique VIII antes de convertirse en el pelirrojo gordo y déspota que ha pasado a la posteridad.

Sin embargo, no nos dejemos engañar por el cartel: la historia de los escarceos sexuales de Enrique VIII no puede ser recreada para nada como las relaciones peligrosas de Valmont, la marquesa de Mertueil y la Presidenta Tourvel ; ni era Francia, ni estamos en el libertino XVIII . Aquí lo de “peligrosas” implicaba algo más que perder el corazón o la reputación. Una pena, pues los líos de faldones aquí eran cuestiones de estado y perder los favores de alguien podía significar acabar con los huesos en la Torre de Londres y/o con la hermosa cabeza rodando escaleras abajo del patíbulo. Ése fue quizá el fallo de Ana Bolena, que cual antecedente histórico de Sabrina, fue de la corte francesa de donde vino convertida en toda una séductrice , lo que le valió para ser diferente a todas las demás en la sosa y fría corte inglesa, pero no para sucumbir ante la volubilidad  de un seductor sauvage.

En esta cinta la imagen de Enrique VIII no aparece bajo una nueva luz (también Richard Burton encarnó a un rey poderoso y seductor). En esta película es, además, un personaje bastante plano en el que se ahonda muy poco  psicológicamente. No creo que sea culpa de Eric Bana, sino que este personaje nunca estuvo, realmente, en la mente del director. Su papel es el de un simple contrapunto para que Scarlett Johanson y, en especial,  Natalie Portman desplieguen sus dotes interpretativas en dos personajes que se estiman y se enfrentan a la vez , representando dos prototipos de mujer.

 

María y Ana (hay diversidad de opiniones entre los historiadores acerca de quién era la mayor, pero parece ser que los datos indican que lo era María, a diferencia de lo que refleja esta película ), aparecen al inicio del relato como dos hermosas yeguas con las que su padre y su tío, el duque de Norfolk, quieren conseguir los favores de un rey-semental, cuyas cuitas para conseguir descendencia masculina son conocidas por toda la corte.

A instancias del padre y del tío, la primera en ser amante del rey es María Bolena (Scarlett Johanson): rubia, dulce, discreta, tierna y convencionalmente bella y complaciente. No es ambiciosa y tiene muy claro el papel que desempeña. Pero, claro, no había sido la primera en tener todas esas cualidades y rápidamente pierde los favores del rey, a pesar de darle lo que tanto ansiaba: un hijo varón. 

Pero ahí estaba su hermana Ana Bolena, no especialmente bella, pero carismática y lo suficientemente audaz y ambiciosa para darse cuenta de que no es sólo un hijo lo que el rey ansiaba realmente, sino que lo que parecía buscar eran los desafíos en los que pudiera jugar y ganar. No era casualidad que de joven, el rey aparezca en las crónicas como un ávido apostador y jugador de dados. Cómo si no, María iba a ganar, momentáneamente al menos, la partida con un recurso tan simple, pero tan audaz:  hacerse la difícil, negándole todo favor sexual al rey si no era con matrimonio por medio. 

 

 

En definitiva,  el título original de la película hace hincapié en la otra chica Bolena, pero, cabe preguntarse si esa otra chica es María o se trata , más bien, de otra manera de contemplar a Ana, como una mujer que pagó con  ambición la ambición  de los padres y maridos que jugaban para conseguir prebendas y poder. A su alrededor, otras mujeres tuvieron más dignidad y más consistencia moral (su madre, la reina Catalina de Aragón, su hermana...), pero se limitaron a aceptar el destino que otros habían labrado. Ana jugó y perdió la cabeza literalmente, pero ganó la partida de la Historia en su hija Isabel, otra mujer que  no se doblegó hasta conseguir que la suya propia fuese la mayor, no sólo de  Inglaterra, sino de toda una nueva iglesia  que plantaba cara a la sombra romana de San Pedro.

 Shavatska

     

 

 

       En definitiva, léanse/véanse o no, según a uno le apetezca entretenerse o no, que es lo que siempre decimos.

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