Ya desde la infancia, y de la mano de mi padre, descubrí la fascinación por la naturaleza en nuestros largos paseos por los caminos de la montaña de"Collserola", en Barcelona.
Verderones, petirojos, pardillos, jilgueros, mirlos...todos aparecían ante mis ojos y con gran interés seguía sus pasos hasta el nido con la ayuda de unos prismáticos y la emoción de descubrir algún polluelo en lo alto de aquellos macizos de pinos y abetos.
Hoy conservo el mismo entusiasmo al comprobar año tras año el nacimiento de nuevos ejemplares. Los que conocemos un poco esta afición sabemos lo mucho que entrama, las alegrías y los sinsabores, pero es cierto si afirmo en nombre de todos los aficionados a la Canaricultura y a la cría de aves en general, que es difícil de abandonar una vez has entrado a formar parte de esta gran familia. |