DE NUEVO TOPAMOS CON LA IGLESIA
“Tienes que desconfiar del caballo por detrás de él; del toro, cuando estés de frente; y de los clérigos, de todos lados.” /Cervantes)
“Dios está en todas partes… Y, a fin de cuentas, está siempre con los que tienen mucho dinero y multitud de armas” (Jean Anouilh)
Que la religión es el opio de los pueblos, es algo que se pone de manifiesto a poco que se observe. Y la Iglesia, con su Estado y su Jefe de Estado, pues eso es el Papa, son lógicamente los principales introductores de ese opio que causa más víctimas moralmente que cualquier droga de diseño o natural. El combatir la religión y sus portadores (todas las religiones, pues todas son igualmente nefastas), es tarea que los comunistas no podemos dejar de abordar.
Mas la cuestión no es sencilla, requiere mucha cautela, mucha “mano izquierda”, léase habilidad. Hace falta esa “mano izquierda” para que al luchar contra el opio del pueblo, contra los prejuicios religiosos, fuertemente anclados en algunos sectores populares, y hábilmente manejados por el capitalismo, no herir los sentimientos de personas honestas, pero que no logran desembarazarse de ese fardo, o no lo ven con claridad.
Es cierto, que la ignorancia y la miseria, son el principal caldo de cultivo de la religión, por ello debemos combatir la ignorancia. No es por casualidad que la Iglesia siempre ha combatido el progreso, preconiza el oscurantismo, persigue a todo aquel que descubre la falsía de sus dogmas (léase, Galileo, Giordano Bruno, y un larguísimo etc.).
Nosotros debemos ser rigorosos al respecto, rigorosos según la definición de Marx, de ir a la raíz de las cosas, analizarlas en profundidad, rigorosos hasta el fin. El “radicalismo” verbal de tanto oportunista como pulula por doquier, y España es un paraíso para ellos, no sólo no logra convencer a nadie, sino que pone en contra a personas, gente del pueblo, a la que hay que ganar para la lucha..
Engels fustigaba a los que se pretendían “más revolucionarios” que nadie (los blanquistas, anarquistas) y querían introducir en el programa del partido obrero el reconocimiento categórico del ateismo como una declaración de guerra a la religión. Y añadía que esa actitud era “ser más bismarckista que Bismarck”, e insistía (refutando a Dühring), que lo que el partido necesitaba era trabajar con paciencia para organizar e ilustrar al proletariado, lucha que de ninguna manera puede ser llevada a cabo al margen de la lucha de clases. Y conviene recordar lo que afirmaba Lenin: "No hay libros ni prédicas capaces de ilustrar al proletariado si no se ilustra con su propia lucha contra las tenebrosas fuerzas del capitalismo”.
Dicho lo anterior, también hay que insistir en que para los comunistas, la concepción del mundo, materialista, rigurosamente científica, nos obliga a luchar decididamente, con toda la habilidad necesaria, contra la religión, y particularmente contra sus jerifaltes, esos cardenales y obispos, encabezados por el papa de turno, como el actual “Nazinger”, que con su última encíclica parece llamar a activar la Inquisición.
O sea, ni somos neutrales ni podemos permanecer inactivos. Es más, nos parece francamente lamentable, incluso vergonzoso por lo que significa de acatamiento del poder terrenal del Vaticano, las cesiones que el Gobierno hace continuamente a esos cuervos. Tanto en las subvenciones millonarias, como con el problema de los profesores de religión que son pagados por el Estado, pero contratados y despedidos por la curia violando descaradamente la legislación vigente, es decir, aplican en España lo que decide un Estado extranjero. Y nuestros gobernantes ceden una y otra vez mientras la Iglesia merma el erario (que siempre es público).
Esos cardenales y obispos que participan en las manifestaciones reaccionarias y fascistas, como las organizadas por el PP con falsos pretextos y viles argumentos. Esos obispos y cardenales que llaman a la “rebelión cívica” para imponer Su enseñanza en las escuelas públicas, pues en las privadas ya lo hacen. O ese mandamás (no sé si obispo o cardenal) de Huesca que llama abiertamente a la insumisión contra el gobierno que, nos guste o no, tiene más legitimidad que ellos mismos. Esas proclamas que nos recuerdan las del 36, que nos trae a la memoria aquellos cardenales, brazo en alto a lo fascista junto al renegado Franco , al que paseaban bajo palio, y cuya última “hazaña”, después de designar al Borbón heredero, no de su padre, sino del mismo Franco, fue los fusilamientos de los cinco del 27 de septiembre.
Una vez más, se impone seguir peleando por lograr la total separación de la Iglesia y el Estado. Que la
Iglesia viva por sus propios medios económicos, que son muchos, muchísimos, y no a costa del pueblo. Pelear duro para que la religión, su enseñanza, quede limitada a las iglesias y catequesis y no entre en las escuelas. Respetamos el derecho que tienen ellos a enseñar su…”ciencia”, en sus centro, a tratar de lograr creyentes; y exigimos el derecho de no aceptar la religión, de combatirla y desenmascararla. Respeto a las personas que creen, sí; y el mismo respeto para los que no somos creyentes, para los que somos ateos y nos negamos a aceptar como un mal inevitable la negrura de la ignorancia, el fetichismo, el gregarismo, que tanto y tan bien sirven al capital.
“El Partido del proletariado exige del Estado que declare la religión un asunto privado; pero no considera ni mucho menos, "asunto privado" la lucha contra el opio del pueblo, la lucha contra las supersticiones religiosas” (V.I.Lenin)
R. Marco