Otra  Navidad  en  Palestina  

                                              

En el encuentro casi casual

de una sonrisa triste y suplicante,

te vemos en el rostro de un niño

que ruega un trozo de pan,

frente a la opulencia insensible

de quienes vivimos apresurados

entre vidrieras y mostradores,

en medio de fiestas  y derroches.

 

No queremos reconocerte,

estamos ocupados en  compras,

en la pretensión de sentirnos felices,

ignorando los rostros entristecidos

de quienes sufren nuestra indolencia.

 

Te ignoramos en el rostro sin sonrisa,

en las manos tendidas sin respuestas.

 

No queremos verte en los niños y niñas

que ofrecen limpiar nuestros zapatos,

no nos fijamos que andan descalzos.

 

Tus pies desnudos pisan el suelo

de la patria que te vio nacer pobre,

que te verá quizás morir abandonado.

 

Te hemos  visto sufriendo soledades,

en pesebres callejeros improvisados

en  callejones oscuros e inseguros,

de una ciudad indolente que te ignora.

 

Te hemos visto durmiendo en el suelo,

arropado con cartones y periódicos.

 

Te vemos extender tu mano suplicante,

rogando  un pedazo de pan sobrante

de las mesas  que vestimos de fiesta,

ignorando tu hambre y tu soledad.

 

Te vemos a diario en las esquinas,

vendiendo tu esfuerzo y tu existencia,

en el regateo diario de mercancías,

compra - venta de cuerpos y deseos.

 

Te hemos visto Jesús,

por las calles de ciudades y pueblos,

mostrando tu miseria y  abandono.

 

Te vemos crucificado sin celebraciones.

Hemos visto a Herodes sanguinario,

hambrientos de sangre y sufrimiento.

Perseguirte  por nuestras calles,

queriendo esconder tú presencia.

 

Oye Jesús,

quiero que vengas a mi corazón,

que te sientas en confianza en mi mesa,

y hagas de mi corazón un pesebre

bien abrigado y siempre calido.

 

Quiero acompañar tu soledad,

ser uno contigo en los que sufren,

en aquellos que la sociedad rechaza.

 

Obed Juan Vizcaíno Nájera.

07 de Diciembre 2006.