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Tenerife: Fin al
secreto del sumario del “Caso Las Teresitas”
Miguel Zerolo, devoto de S. Pankracio, tuvo el decoro de encenderle una
vela y le tocó la lotería de
Navidad y la del Niño en 2001, en 15 días se embolsó el dinero de
145 décimos premiados; con dicha fortuna
se compró una finca. Lo que no entendemos, es que ahora ha sido elegido
Senador por la Co.Ca. para acogerse a la inmunidad parlamentaria.
LA IMPUNIDAD
DE LOS CANALLAS
El otro día estaba oyendo por radio una
conferencia que daba Hugo Chávez en el marco de la CELAC, no puede dejar
de sorprenderme la brillantez de la misma. El mandatario venezolano
alejándose de los modos y maneras populistas de las que hace gala a
veces, entonaba un discurso de fuste sobre la historia y el porvenir de
América Latina. De entre sus palabras hubo algunas en concreto que
quedaron atrapadas en mi memoria: “No hay grandes impunemente”. Es
cierto, es terriblemente cierto. A cuántos grandes han acallado con
mortífera violencia. A muchos.
En cambio, aquí, en Tenerife, un canalla, varios canallas que han robado
dinero a su pueblo de manera bochornosa, que se han burlado con descaro
de todos nosotros, a éstos les vamos a permitir que no reciban castigo
alguno, que queden impunes a la acción de la justicia. Y también vamos a
perdonar a buena parte de los medios de comunicación que apenas hayan
informado de esto como corresponde, a unos medios que les importamos un
carajo, y es que hay que hablar de esa manera de una prensa, radio y
televisión, muchas de ellas públicas, que hurtan algo básico en la
existencia de un pueblo: el derecho a la información, el derecho a saber
lo que pasa. Que no salga a la clara luz que unos políticos, entre ellos
un alcalde, afamados empresarios y periodistas no se comporten como tal,
sino como una cuadrilla de maleantes, es despreciarnos, es una prueba
inequívoca de que muchos medios lejos de querer informar ansían dominar
y controlar las conciencias. El delito social es doblemente inaceptable,
uno por delito y otro porque la víctima es la propia sociedad. Y el
silencio de los que saben y no informan los convierte en cómplices.
Si toleramos todo esto habremos firmado el acta de defunción de nuestro
pueblo. Tenemos derecho a saber la repugnante catadura moral de algunos
que se hacen llamar “honorables”, “excelentísimos”, “nuestros
representantes” “honestos hombres de negocios” y más falacias. Qué gran
fraude representan los que nos quieren ocultar esto.
A todos estos, a aquellos y a los otros, nada les importa los graves
problemas que estamos pasando en Canarias; nada que haya tanta gente que
muera en la calle, claro ellos tienen buenas y lujosas casas; nada la
calamitosa situación de la sanidad pública, claro ellos van a sus
clínicas privadas; nada la cantidad de jóvenes que abandonan sus
estudios, claro ellos procuran a sus hijos las mejores escuelas
privadas; nada que haya familias que tengan que racionar a los suyos la
comida, claro ellos van a banquetes y festines que encima pagan con
nuestro dinero, etc., etc.
Me hago una pregunta ¿Cuánta cantidad de
injusticia puede soportar un pueblo? Al parecer, el pueblo canario
mucha, demasiada. Nos falta conciencia, como personas y como pueblo, y
desde mi punto de vista es más grave la ausencia de conciencia personal.
De una conciencia que no le de miedo a pensar por su propia cuenta, que
evite caer en el conformismo, en las distracciones fabricadas por el
poder. Saber pensar puede ser dinamita para el poder, que necesita de
legos e ignorantes. El verdadero pensamiento es universal, no sabe de
racismos, abomina el privilegio, cuestiona y detecta como nadie la
injusticia, es inconformista. Estoy hablando de un racionalismo
humanista, un racionalismo que tenga por objeto el hombre. Es por ahí
por donde tenemos que caminar. ¿Cómo lo conseguiremos? ahondando en
nuestra propia humanidad, esa que este vil sistema nos ha mutilado.
Manuel Fresnadillo
10-12-2011
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