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¿QUÉ TEORÍA?,
¿QUÉ CRISIS?, Y ¿QUÉ PODER?
Hoy vamos a debatir en esta Venezuela tan
vibrante algunas ponencias sobre el contexto mundial. Debido al poco
tiempo disponible voy a hablar casi telegráficamente para poder explicar
que no podemos realizar un buen análisis del contexto si no utilizamos
el método marxista, si no utilizamos la teoría marxista de la crisis y
si no fijamos el objetivo de la toma del poder, según lo explica la
teoría marxista de la revolución.
1-. Un comentario generalizado dentro de las organizaciones
internacionales del capital, de la gran banca, de los Estados
imperialistas, de la prensa burguesa especializada, es que apenas se
sabe nada seguro sobre qué está ocurriendo en la actualidad, sobre sus
causas, su duración y su desenlace. Recordemos que cuando estalló la
crisis financiero-inmobiliaria en el Japón de 1990 se nos dijo desde
la pomposa “ciencia económica capitalista” que aquello pasaría
pronto, que era un simple “catarro” de la entonces segunda economía del
mundo. Recordemos que la crisis de los “tigres asiáticos” de 1997 fue
negada como tal por el FMI. Recordemos que el argentinazo de 2001
sorprendió hasta a dios, y que la crisis actual crisis iniciada en
2007 ha sido negada como tal hasta prácticamente 2009 o 2010.
Hemos recurrido sólo a unos muy pocos y
recientes ejemplos del estrepitoso fracaso de la “ciencia económica”.
Ahora mismo, aparte de constatar la gravedad de la situación, la
intelectualidad burguesa no sabe realmente qué es lo que sucede.
Pero no creamos que lo sabe el reformismo, de hecho el fracaso teórico y
político del reformismo es aun mayor, si cabe, que el del imperialismo.
Recordemos que fue el reformismo el que elaboró o ayudó a elaborar las
famosas “nueva economía”, “economía inmaterial”, “economía de la
inteligencia” y otras que venían a decir que el capitalismo había
superado las crisis para siempre, que eran cosa del pasado, que nunca
volverían a producirse.
Por tanto, no estamos sólo ante una crisis sistémica, también
estamos ante una crisis de la “ciencia económica” burguesa, que
es una ideología destinada a ocultar la realidad objetiva de la
explotación asalariada. Este punto es central para definir el contexto
mundial ya que no debemos abordarlo exclusivamente desde un economicismo
mecanicista, sino a la vez desde el fracaso histórico del pensamiento
burgués. Tomar conciencia de este hecho nos vacuna contra la
superficialidad y la unilateralidad ya que nos pone ante una lección
histórica: las clases propietarias de las fuerzas productivas son
tanto más inhumanas y salvajes cuanto más ignorantes y ciegas son,
porque entonces ni siquiera prestan oídos a las propuestas reformistas
que siempre quieren ayudarles, sino que más temprano que tarde terminan
recurriendo a la violencia reaccionaria más atroz.
Si ha fracasado la “ciencia económica” ¿a qué teoría explicativa debemos
recurrir? El marxismo se enfrenta a la ideología burguesa en todo,
pero especialmente en cuatro puntos irreconciliables: uno, la teoría de
la explotación asalariada y de la economía en general; dos, la teoría
del Estado, de la democracia y de la violencia en general; tres, la
teoría del conocimiento, la dialéctica materialista; y, cuatro, la
teoría ética y moral. Se trata de un choque frontal, inevitable y
obligado, sobre todo en los períodos de crisis sistémica como el actual.
Hasta no hace mucho, la casta intelectual había jurado que el
marxismo era un cadáver putrefacto. Ahora incluso sectores de esta casta
empiezan a citar a Marx descontextualizándolo, pero no al marxismo como
corriente rica y compleja, crítica y creativa, para no perder audiencia.
En realidad el marxismo no ha “vuelto” porque nunca se fue. Siempre que
exista explotación económica, opresión estatal, dominación cultural y
miseria ético-moral, además de otras injusticias, el marxismo estará
activo porque es la teoría-matriz que explica por qué todas las
opresiones por pequeñas que sean, por aisladas que parezcan estar,
todas, sin embargo están relacionadas entre sí mediante una dinámica
interna, un hilo rojo que las recorre y conecta por debajo de la
apariencia inmediatamente visible, y eso que las une no es otra cosa que
la propiedad capitalista de las fuerzas productivas. Por eso el marxismo
afirma contundentemente que las crisis resurgirán una y otra vez
siempre que siga existiendo el capitalismo, como sucede ahora mismo.
El contexto actual vuelve a certificar la validez científico-crítica del
marxismo. Pero el marxismo es la única concepción del mundo, la única
praxis, que reafirma y asume que su destino es desaparecer, extinguirse
a la vez que se extingue y desaparece el capitalismo, que es su causa.
Después, con el avance del socialismo al comunismo surgirá una nueva
forma de ser humano, con un pensamiento que ahora no podemos ni
imaginar.
2-. Las primeras interpretaciones de la crisis, entre 2007 y 2009,
echaban la culpa a los préstamos de “mala calidad”, a la insolvencia de
la gente pobre, explotada, que se había dejado llevar por su afán
consumista sin disponer de recursos para devolver la deuda. Más tarde,
bajo la presión de los hechos, se añadió la responsabilidad de los
banqueros “irresponsables” y hasta corruptos, y, por último y en
general, a la “mala gestión” financiera. Verdades a medias destinadas a
ocultar la responsabilidad última, la del capitalismo en cuanto tal.
No se podía ni debía criticar la raíz del mal: la propiedad privada,
y por ello había que recargar la culpa en diversas expresiones de la
personalidad humana tal cual la entiende la burguesía, o sea, una
interpretación psicologicista, biologicista, esotérica e idealista. De
la misma forma en que se habla de la “mano invisible del mercado”
-negando el puño de acero del Estado- se recurre también a los
“instintos consumistas” y a la “naturaleza humana” cegada por el afán
de lucro.
Lenin decía que la realidad es tozuda. Los hechos terminaron
imponiéndose y se supo que poco antes de otoño de 2007 la CEOE había
reconocido que los beneficios mundiales estaban a la baja, pero esta
verdad cruda no convenía airearla porque surgirían las preguntas: ¿no
confirma eso una de las críticas marxistas al capitalismo, que la tasa
media de beneficio tiende a la baja? Era una verdad tan incómoda que la
misma burguesía la negó incluso aunque ya la habían descubierto sus dos
fundamentales economistas, Smith y Ricardo. La verdad es
revolucionaria, decía con razón Gramsci, y por eso el capital
necesitaba negarla. Pero la avalancha de verdades rompió todos los
diques de censura: la burguesía estaba invirtiendo en masa capitales
sobrantes, excedentarios e improductivos en la corrupta ingeniería
financiera de alta rentabilidad inmediata y decreciente soporte
material; invertía también en masa en el ladrillo, en el cemento, en las
armas y menos en industria. La razón es que esta rama productiva daba
poco beneficio en comparación con las otras. Y el beneficio máximo en el
menor tiempo posible es el dios de la civilización del capital.
A la vez fueron conociéndose más en detalles otras contradicciones que
también forzaban a la financiarización y a la baja del beneficio por los
sobrecostos y gastos improductivos que generaban a la larga. La
crisis energética, ecologista y alimentaria sobrecarga los costos
totales y anima a la burguesía a refugiarse en la “economía del cemento”
y en el capital ficticio. La crisis de hegemonía política del
imperialismo le obliga a multiplicar sus gastos militares para
asegurarse los recursos energéticos cada día más escasos, y la crisis de
legitimidad del imperialismo occidental en el mundo merma su poder.
Estas tres grandes subcrisis, o crisis parciales, venían de antes pero
se agudizan con el tiempo e interactúan con la crisis estrictamente
económica produciendo una sinergia demoledora. Más aún, estas cuatro
subcrisis tienen todas ellas la misma raíz profunda: la lógica del
máximo beneficio, aunque se han gestado cada una de ellas con ritmos y
en áreas diferentes, pero siempre dentro de la unicidad del capitalismo.
El contexto actual no es sino la síntesis política de la dialéctica de
estas cuatro crisis parciales que crean una crisis global superior, más
grave que ninguna otra en la historia humana. Hasta ahora, las
anteriores crisis estructurales o civilizacionales han provocado
revoluciones, contrarrevoluciones y devastadoras guerras mundiales. Las
teorías marxistas de la crisis y del imperialismo aportan las
herramientas teóricas necesarias para conocer e intervenir en las
tendencias que fuerzan el choque mortal entre las contradicciones
irreconciliables del capitalismo, aprendiendo que la tendencia a la
sobreproducción, al subconsumo, a la desproporción entre el sector I y
el sector II, más la presión de la caída tendencial del beneficio medio,
hacen que se vaya cuarteando el sistema desde sus bases profundas. Allí
donde además este resquebrajamiento se acelera por la debilidad
sociopolítica del Estado burgués, allí tiende a reproducirse lo que se
define como eslabón débil de la cadena imperialista, aumentando las
posibilidades de salto revolucionario.
3-. Hablamos siempre de tendencias y de posibilidades, y es que la
dialéctica, el materialismo histórico, insisten en el papel crucial de
la acción humana, de la lucha de clases y de emancipación nacional en
las salidas que puedan tener las crisis sistémicas. La importancia clave
de la acción humana, siempre dentro de los encuadres objetivos dados, es
la que explica la función del poder de clase, del Estado como
centralizador estratégico de las violencias del capital contra el
trabajo y de las decisiones socioeconómicas. El marxismo no oculta sus
objetivos: acabar con la propiedad burguesa mediante la revolución
social que instaure un poder popular y un Estado obrero, defendido por
el pueblo en armas. Estado que debe buscar conscientemente su
autoextinción en la medida en que se avanza al socialismo.
Pues bien, la tercera característica del contexto mundial es que ha
puesto a la orden del día el problema radical del poder. Ninguna de las
cuatro subcrisis aisladas, ni menos aún la crisis civilizacional en sí
misma, tienen solución democrático-socialista si la humanidad
trabajadora no instaura su poder, del mismo modo, pero a la inversa, de
que no tienen salida para la burguesía si no refuerza brutalmente su
criminal poder, terrorista en última instancia. La lucha de poderes
irreconciliables va a adquirir cada vez más rango decisorio porque cada
día se va a pudrir más la civilización del capital. La
democracia-burguesa, ya muy debilitada desde la anterior gran crisis, la
que desembocó en la guerra mundial de 1939-1945, es desahuciada
por la clase dominante que gira ostensiblemente a la derecha, a la
tecnocracia burocrática, al bonapartismo, al caudillismo, al poder
oculto de la alianza financiero-industrial militarizada, con el apoyo
descarado y desesperado del fundamentalismo cristiano.
La democracia en abstracto existe sólo en los delirios de algún
intelectual idiota y en las mentiras propagandísticas. Sí existe la
dictadura encubierta del capital, su sorda coerción que estalla
estrepitosamente cuando recurre a la violencia injusta. Frente a esto se
yergue el proceso que va del contrapoder popular y obrero a la
democracia-socialista y a su Estado, pasando por el doble poder y el
poder popular. El contexto actual actualiza la cuestión del poder, de
saber qué clase social es propietaria de las fuerzas productivas, la
burguesía o el proletariado, porque la irracionalidad capitalista está
llevando a la humanidad al borde del desastre. La democracia-socialista,
el poder popular y obrero son la única fuerza consciente que puede
detener esta marcha desquiciada que mediante una escabechina sangrienta
reactive una nueva fase capitalista, hasta su siguiente e inevitable
gran crisis. En este contexto nos encontramos luchando a muerte
por el socialismo como primera etapa
hacía el comunismo.
Iñaki Gil de San Vicente
20-01-12
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