Golpe de las FARC-EP a los títeres de  Wall Street

 

 

El 10 de febrero pasado fue destituido el General Héctor Jaime Fandiño, Comandante de la XVII Brigada del Ejército con sede en Carepa, Municipio del Departamento de Antioquia, Colombia. Motivo: La acción de las FARC que dejó 16 infantes de Marina muertos ese día en el Cañón de la Llorona. Perdieron la vida un subteniente 2 cabos y 13 soldados.
 
El Comandante del Ejército de entonces, general Carlos Alberto Ospina Valle culpó al general Fandiño de no mandar refuerzos a tiempo y que el motivo fueron las comunicaciones entre la Base Militar y el Helicóptero artillado que debía apoyar la patrulla. Esto, según los medios de comunicación. También publicaron que del 1° al 9 de febrero murieron 40 miembros del Ejército, entre oficiales y soldados y otros tantos quedaron heridos.

Surgen preguntas. Por ejemplo, ¿por qué no destituyeron al Comandante del Ejercito por estas 40 bajas, o al Comandante de las Fuerzas Militares y al Ministro de Defensa por los 1.825 militares muertos y 2.301 heridos durante el año 2004 en combates solo con el Bloque Oriental de las FARC?, incluso por qué no renuncia Uribe Vélez dado que son miles los muertos del Ejército y la Policía durante su gobierno?. Otra cosa, ¿por qué los medios de comunicación no informan sobre la verdadera magnitud de los combates diarios en el Sur del país en desarrollo del mal llamado Plan Patriota cuyos resultados no se ven? ¿por qué insisten una y otra vez en decir que en Colombia no hay conflicto social y armado sino bandas de delincuentes? El lenguaraje es que van ganando la guerra.

La respuesta es fácil. El Gobierno, la oligarquía, los Medios de Comunicación, gran parte de la jerarquía de la Iglesia Católica, los dirigentes políticos de los partidos tradicionales, piensan, dicen y hacen lo que EE.UU. les ordena pensar, hacer y decir. Ahí está el origen de la cascada de mentiras que repiten como loros todos los días sabiendo perfectamente que están mintiéndose a sí mismos, al país y al mundo.

El conflicto social y armado colombiano lo generó y sigue generando el Imperialismo Norteamericano a través de su Representación Diplomática, la CIA y el Pentágono. Lo inició con el magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán en 1948. Hay que decir que es grande la responsabilidad que tienen en el conflicto dirigentes políticos de los partidos tradicionales, santanderistas carentes de dignidad y de sentido de Patria. Veamos algunos: Laureano Gómez y Ospina Pérez, conservadores; Lleras Camargo, Lleras Restrepo, Virgilio Barco, Cesar Gaviria y Ernesto Samper, liberales. Le dio continuidad Andrés Pastrana, conservador, y hoy sigue esa misma política de guerra contra el Pueblo el narcoparamilitar y secuestrador Álvaro Uribe Vélez, del partido Liberal.
 
Los medios de comunicación siempre han mentido para ocultar las causas del conflicto constituidas entre otras, por la violencia oficial, la falta de empleo, salud, educación, tierra, vivienda y de democracia; han mantenido desinformado al pueblo, primero diciéndole que era el comunismo, después el narcotráfico y ahora el terrorismo.

El resultado: La muerte de miles y miles de soldados y paramilitares jóvenes, también de guerrilleros aunque en número mucho menor. Igualmente miles de campesinos, indígenas y obreros, todos colombianos. Es deber constitucional de todo gobierno velar por la vida de cada ciudadano pero no lo hace. Al contrario, convierte el Estado en una maquina de guerra, violencia, secuestro y asesinato de todos los que tienen el valor de manifestar su inconformidad por la situación del país y se levantan en lucha para transformarla, siendo que cada día se torna más insoportable.
 
A los dueños del Poder no les importa la vida ni la muerte de jóvenes llevados de manera forzada al Ejército, porque son campesinos, obreros, o estudiantes. Los hijos de la oligarquía no van al Ejército y menos al campo de batalla. Tampoco son de su clase los que ingresan a la guerrilla, a quienes el sistema persigue a muerte por sus ideas revolucionarias que mantienen en alto junto con sus armas libertarias. No les importa la vida de un dirigente sindical, religioso, comunal o popular, mucho menos la de un líder negro o indígena. Les importan solamente sus intereses de clase.

Por eso El Tiempo en su editorial del 10 de febrero aunque reconoce que el conflicto es viejo llama a su clase (la oligarquía colombiana) a reflexionar sobre la “desmovilización” de los paras.

“El combate de La Llorona tuvo lugar en el estratégico acceso al Urabá antioqueño, en una zona donde las FARC no hacían un ataque de envergadura hace tiempo y que, hasta la desmovilización del Bloque Bananero de las Auc, estaba taponada por los paramilitares. Además, fue cerca de una retaguardia profunda de los 'paras', en el sur de Córdoba. En otras acciones recientes, poco publicitadas, las FARC han copado la carretera Popayán-Pasto y quemado varias fincas en Sucre, en Montes de María, donde se prepara una nueva desmovilización. Lo cual añade el delicado interrogante de hasta dónde el Gobierno está en capacidad de copar las zonas que van abandonando los paramilitares”.

Este periódico no está preocupado por los 40 soldados que han muerto en nueve días. Le preocupa saber si el gobierno puede reemplazar a los paramilitares “desmovilizados”.

Señores de la Oligarquía, basta de tanta sangre del pueblo colombiano, injusta e innecesariamente derramada. Es hora de asumir como decisión política de alcance nacional la búsqueda de aquello que las FARC han dicho siempre: Que las partes enfrentadas se sienten a formular la solución política al conflicto social y armado que Ustedes no han podido resolver por la vía militar en 40 años. Todo lo contrario, cada día cobra más vidas de jóvenes colombianos que con un sistema más justo podrían haber llegado a ser médicos, ingenieros, abogados o trabajadores que bastante huberan podido contribuir al progreso del país. Y es más, estarían vivos!!


13.03.2005 [Juan Leonel Castañeda y Luís Pedro Buriticá]