"Que  le  den  candela  al  mundo"

 

 

Teodoro Santana

No es que uno vaya a justificar que se quemen coches, escuelas, oficinas de correos. Entre otras cosas porque las víctimas son tan pobres como los incendiarios. Muchachos que pasan de tener una mala escuela a no tener ninguna. Pero es un buen ejercicio ponerse en el lugar del otro.

 
Imagínese que lleva usted una larga temporada en el paro. O que, trabajando, no le llega el sueldo para comprar una casa. O que no se la alquilan porque es usted canario. Que, por lo mismo, no le dan ningún puesto de responsabilidad, por muy capacitado que esté. O, simplemente, no le den trabajo por hablar como hablamos. Imagínese que no tiene futuro. Que la desesperación le alcanza. Que en su barrio, un polígono dormitorio en los suburbios, la mitad de la gente esté sin trabajo. Que no le llega para sobrevivir. Que los presupuestos sociales se reducen cada año.


Que dos pibes de su barrio, de 15 y 17 años, se escondan en una central eléctrica para escapar de uno de los cotidianos controles de la policía. Y que mueran electrocutados. Que las protestas consiguientes sean respondidas con brutales intervenciones de los antidisturbios. Que el ministro del interior diga que somos "gentuza". Que la policía se dedique a detener a los jóvenes indiscriminadamente. O a los familiares que van a interesarse por ellos a comisaría. Ahora imagine que sus colegas, sus vecinos y amigos, van a armar la marimorena. Es fácil,  ¿verdad? Que le den candela al mundo.

 
Lo malo de estas revueltas espontáneas es que no tienen futuro.  Que no están  sustentadas  en una organización, en un proyecto. Que igual que surgen, se deshacen en la nada.  Que el poder las absorbe rápidamente.  Que quienes salen  beneficiadas son  las  fuerzas de  la  reacción,  apoyadas en  el  miedo de  los  acomodados.  Y que el sufrimiento  de los desposeídos  se prolonga.  ¿Y  la  izquierda  francesa,  europea?  Pues eso,  en  Belén  con los pastores. Y sin embargo, el ejército de choque del cambio social permanece acampado en  los  arrabales.  Allons enfants de la patrie.