La sardina que quiso ser tiburón, decadencia de un hombrecillo "infinito"
A pesar de la capacidad de multiplicación que le atribuye su "delfín" Rajoy, el Aznar "infinito" no acaba de encontrar acomodo en la vida terrenal.
Belén Meneses
No corren buenos tiempos para José María Aznar López. El que fuera estadista de
talla mundial, aliado privilegiado del Señor del universo y honorable presidente
de todas las España, es hoy un pobre aprendiz de Nostradamus, que pasea su
resentimiento por el planeta, previniendo al mundo de la llegada inminente de
terribles plagas y preconizando males inimaginables para su patria rota y
desgarrada, ante el desinterés y el aburrimiento de la humanidad. Que lejos
queda aquel dignatario brillante que acaparaba portadas en diarios y
monopolizaba los informativos de la televisión de Urdaci.
El pobre Josemari no levanta cabeza. Los españoles vivimos desolados desde que
nuestro presidente favorito quedó compuesto y sin la merecida medalla que el
Congreso estadounidense iba a concederle por su apoyo incondicional a la guerra
de Irak. “La iniciativa ha caducado”, publicaba la prensa hostil en editoriales
de tendencia maliciosa. Qué triste, ¿verdad?, la anhelada condecoración dorada
tenía fecha de caducidad, lo mismito que un yogur o un besugo. Qué desconsuelo.
Cuánta desolación. Cuánto tiempo malgastado inútilmente. Cuántas llamadas
infructuosas contactando congresistas, pasillos pateados persiguiendo senadores,
dinero del contribuyente despilfarrado…. Cuántas súplicas derrochadas y
lágrimas derramadas por la pérdida de un justo galardón que el conquistador de
corazones yanquis tenía al alcance de la mano.
Pero las desgracias nunca vienen solas, y cuando aún nos estamos recuperando del
inesperado disgusto por la medalla perdida, un nuevo revés viene a perturbar la
plácida jubilación de nuestro héroe internacional. En una de sus evangélicas
conferencias pronunciada allende los mares, cuando el gran ídolo de masas se
disponía a ilustrar con su dilatada sapiencia a un entregado auditorio de
nativos ecuatorianos, dos holgazanes socialistas autóctonos (seguramente
inspirados por el maléfico ZP), se bajan bruscamente los pantalones y plantan
sus traseros en las narices del ilustre conferenciante, mientras en la sala se
alzaban voces acusadoras al grito de
“racista, fascista y asesino”. El lastimero Josemari, con su mirada
aturdida y su cara de póker, estupefacto y perdida toda capacidad de reacción,
se vio súbitamente despojado de su habitual don de palabra y escenificó su
desconcierto quedándose con la boca abierta, petrificado en medio de la sala,
mientras los agentes del orden desalojaban a los amantes de la vida naturista y
a los eufóricos valedores de la libertad de expresión.
Quien lo diría. Este incidente que en otros tiempos hubiera sido noticia de
portadas y reportaje de apertura en telediarios de todas las cadenas, ha pasado
prácticamente desapercibido en nuestro país, con apenas alguna reseña en algún
medio digital. Aquellos tiempos de omnipresencia mediática ya son historia. Hoy,
las andanzas del hombre infinito, sólo interesan a sus nostálgicos
incondicionales que si bien no se resignan al abandono de su carismático líder,
sobrellevan como pueden tan irreparable pérdida y sufren su ausencia en
silencio, igual que se sufren las hemorroides. Actualmente sus bufonadas y sus
grotescas declaraciones únicamente producen indiferencia y apenas encuentran eco
en los medios de comunicación, salvo en el gremio de los profesionales del
humor, para quienes la figura del ex presidente español representa su mayor
estímulo y fuente de inspiración.
Dicen que el tiempo pone a cada uno en su lugar, o quizás resulta que en verdad
existe la justicia divina y se está consumando la maldición de la foto de las
Azores, pero la cuestión es que el británico Tony Blair es boicoteado por sus
propios compañeros de partido que trabajan con ahínco por quitarlo de en medio,
el genocida George Bush, implicado en escándalos de espionajes y acosado por la
catastrófica situación de Irak, comienza a perder el apoyo de sus
incondicionales compatriotas y el presidente honorario del Partido Popular ha
sido recluido en ese laboratorio del pensamiento profundo que han denominado
fundación FAES. Enfrascado entre probetas, matraces y pipetas, este original
profesor Bacterio se aplica en la producción de doctrinas incuestionables que,
una vez patentadas, constituirán la esencia ideológica de su partido. Con
nuestro eminente científico convertido en ideólogo de multitudes, la máxima
prioridad será entonces inventar efectivas fórmulas de controversia y
desestabilización, destinadas a su divulgación dentro y fuera de nuestras
fronteras, patrocinadas por el carisma y la gracia de su propio creador.
Así, en futuras ediciones de juegos de química para niños y adultos, podremos
elaborar extraordinarias pócimas que combinando la justa medida de resentimiento
con falsedades y exageraciones, mezclado todo con una buena dosis de mala leche,
sin olvidarnos de la proporción indispensable de fantasía y eliminando cualquier
posible molécula de sentido del ridículo, conseguiremos obtener espectaculares
conspiraciones y contubernios, intrigas y traiciones a mansalva e incluso un
Estatuto de autonomía que abre la puerta a lo poligamia. ¿Hay quien de más?