un líder continental que funciona como movilizados colectivo
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por Miguel Urbano Rodríguez Nov. 25, 2005
Ya no son solamente los cerebros de Casa Blanca y del Pentágono que se esfuerzan en comprender las causas del creciente prestigio internacional del presidente de Venezuela. Científicos sociales de las grandes universidades de los EUA están dedicando una atención especial al estudio de aquello que en los medios académicos es llamado "el fenómeno Chávez".
El
fulgurante ascenso del líder caribeño como personalidad mundial perturba sobre
todo a los intelectuales del establishment. No encuentran para ello explicación
satisfactoria.
En los últimos meses, Hugo Chávez ha adquirido una proyección que trasciende
ampliamente el cuadro de la revolución bolivariana. Sus tomas de posición lo
proyectaron como un líder aclamado por las grandes mayorías de América Latina,
respetado y admirado en todo el Tercer Mundo y por las fuerzas progresistas de
los países desarrollados.
El escritor australiano John Pilger, en un
lúcido artículo
divulgado por
resistir.info,
atribuye la influencia y la fascinación ejercida por Chávez al coraje e
imaginación con que ha asumido la defensa de grandes causas humanistas. Expone
una evidencia.
En un mundo caótico sometido a un sistema de poder imperial que promueve la
violencia y el terrorismo de Estado en la tentativa desesperada de encontrar
solución para la crisis estructural del capitalismo, Hugo Chávez, como
presidente de un país rico en petróleo, pero cuyo pueblo ha vivido sumergido en
la pobreza, emerge como un revolucionario puro, desafiador y de una autenticidad
que conmueve y sorprende.
Su carisma desconcierta a los enemigos. No consiguen incluir aquel ex oficial
paracaidista en cualquier modelo tradicional. Por su personalidad, formación,
estilo de actuar e ideario, Chávez es un líder atípico. De origen social
modesto, muy religioso, preconiza la transformación de la sociedad en el ámbito
del funcionamiento y riguroso respeto de las instituciones existentes. Como
arma, exhibe en sus mítines la Constitución bolivariana. Al asumir la
Presidencia alababa a Cristo y Bolívar, su héroe tutelar.
Para frustración del imperio y de la oligarquía criolla, las maniobras y
intentonas contrarevolucionarias, en vez de llevarlo hacer concesiones,
contribuyeron para hacerlas avanzar. De él se puede decir que caminó con La
Historia.
Gran orador- desde el joven Fidel Castro, América Latina no había producido otro
comparable – Chávez radicalizó el programa y el discurso después de cada derrota
infligida a las fuerzas de la derecha que a todo recurrieron – desde el golpe
militar al lock out petrolífero – en la tentativa del derrumbarlo, incluyendo el
referendo revocatorio cuyo resultado confirmó un apoyo popular sin precedentes.
Como Bolívar, Hugo Chávez proclama que el Ejercito debe ser el pueblo en armas y
que estas jamás deben ser usadas contra el pueblo pero sí en defensa de sus
derechos.
Fue sin sorpresa que a finales del último año, cristiano pero bolivariano,
siempre muy cauteloso cuando esbozaba los objetivos de la revolución, imprimió
una dimensión continental a su discurso. De pronto, lanzó un puente entre las
banderas de la unidad latinoamericana y objetivos concretos que la pudieran
concretizar. Fue así que surgieron Petrocaribe y Telesur y adquirió forma y
resonancia el proyecto del Alba como alternativa al Alca, anexionista e
imperial.
Como era ineludible, la campaña anti Chávez adquirió mayor agresividad y
amplitud. El dirigente venezolano, satanizado, recibe de Washington el
tratamiento de enemigo numero 1 en América Latina y sobre él llueven calumnias y
amenazas.
No funciona esa artillería intimidatoria
Mar del Plata configuró una humillante derrota imperial. Bush llegó con aires de
cónsul romano preparando el triunfo. Contaba imponer allí el Alca. El desenlace
fue para él una decepción. Regresó con las manos vacías. No consiguió siquiera
que el tema fuera incluido en la Agenda.
En la Cumbre de los pueblos latinoamericanos, paralela al de las Américas,
Chávez, con su galopante y desafiadora intervención destruyó el sueño imperial.
Los gobiernos del Mercosur, sintiendo la presión de los pueblos, dijeron No a
Bush. El argentino Kirchner, consiguió que un Lula, siempre gris y
contradictorio, el uruguayo Tabaré y el paraguayo Duarte se alinearan con la
posición de Chávez.
En Washington la inquietud aumenta.
La hipótesis de una intervención militar parece remota, no obstante el Pentágono
haber elaborado planes ya denunciados por Chávez en su programa semanal "Aló
Presidente!". Los EUA están demasiado enredados en guerras perdidas en Irak y
Afganistán para que se lancen a una agresión contra Venezuela que levantaría
contra ellos los pueblos de América Latina.
El hecho de Chávez haber comenzado a levantar la bandera del socialismo como
alternativa a la globalización capitalista refuerza los temores de Washington.
La Casa Blanca y el Departamento de Estado llegaron a la conclusión de que el
venezolano es imprevisible.
Chávez no es marxista. En él son movedizos los puentes entre el discurso, la
ideología y la praxis. Mezcla concepciones idealistas con citas de Marx, Lenin,
Mao y Trotski. Admira a Fidel Castro a quién le une una sólida amistad. Pero es
transparente que su proyecto de transformación de la sociedad no se inspira en
el cubano.
Lo que define bien la excepcionalidad de la revolución bolivariana es
precisamente su originalidad. No hay precedente para un proceso de cambio social
como el venezolano que desafía la lógica de la historia.
Lenin afirmaba que no hay revolución
victoriosa sin partido revolucionario preparado para llevarlo adelante.
Pero, en Venezuela, se desarrolla hace media docena de años un proceso que,
habiendo comenzado con la elección para la Presidencia de un militar cristiano y
el aplastamiento de los partidos de la burguesía, se encaminó hacia una
confrontación explosiva con el imperialismo.
Con la peculiaridad de que no
existía partido de masas revolucionario no ha sido posible hasta hoy
estructurarlo a pesar de los esfuerzos emprendidos en ese sentido. La persona
del líder ha funcionado como el factor decisivo para la concretización de las
medidas revolucionarias y su defensa.
Esa es la fragilidad mayor de la revolución bolivariana: la dependencia de un
dirigente carismático. Como movilizados de las masas oprimidas por el sistema
capitalista, él cumple la función del partido revolucionario inexistente. Ni el
Movimiento V Republica, ni los Círculos Bolivarianos, ni las misiones pudieron
en la sociedad venezolana asumir armoniosamente las tareas de la organización
revolucionaria. El movilizados colectivo es Hugo Chávez.
(Que
no deja de ser una situación peligrosa para el proceso bolivariano)
Las condiciones objetivas para una ruptura con el sistema existían hace
mucho. El Presidente hace todo para crear las subjetivas, sustituyéndose
a la inexistente organización revolucionaria.
Hugo Chávez no emerge como los tradicionales líderes mesiánicos. Su falta de
codicia contribuyó para alcanzar la proyección continental. En una América
Latina efervescente, en la cual los pueblos rechazan el neoliberalismo, el
discípulo de Bolívar, empuñando el estandarte de la unidad de las naciones
conquista la confianza de las masas, se identifica con sus aspiraciones y
angustias y consigue lo más difícil. Al enfrentar el imperialismo como solamente
– en otro contexto – Fidel lo hizo, demuestra, que con palabras y acciones se
puede avanzar con dignidad un camino propio, resistiendo las amenazas y
conspiraciones del gigante norteamericano.
Hugo Chávez tiene conciencia de que ha caminado mucho desde que entró en el
Palacio Miraflores. Asume los errores cometidos y sabe que incidirá en otros.
Ya lo oí criticar entre compañeros por
haber declarado ser amigo del emir de Qatar y afirmado que Gorbatchov fue
sincero al decir que pretendía con la perestroika hacer regresar la URSS a los
orígenes del leninismo.
Estos desplantes insólitos son inseparables de su personalidad fascinante pero
contradictoria y de lagunas transparentes en su formación ideológica. Habrá ido,
por ejemplo, demasiado lejos al calificar al presidente Fox (ex presidente de la
Coca cola) como "perro del imperialismo" al presentarse en Mar del Plata como
defensor y portavoz del Alca.
Pero los errores de Chávez no pueden tapar la realidad: este soldado venezolano,
desconocido antes su primer alzamiento que lo llevó a las prisiones de Carlos
Andrés Pérez, aparece hoy en el gran escenario de la historia como el
revolucionario que cautiva y moviliza millones de latinoamericanos contra el
imperialismo. Con palabras y acciones él señala el camino de la lucha y de la
resistencia.