El 18 de marzo de 1871 se proclamó la
Comuna de París
InSurGente.- Por La Comuna de París se entiende originalmente el gobierno de París durante la Revolución Francesa. Sin embargo, en la actualidad el término comúnmente se refiere al gobierno revolucionario que dominó brevemente en París desde el 18 de marzo de 1871 hasta el 28 de mayo del mismo año. En el sentido estricto, la Comuna de París de 1871 fue simplemente la autoridad local («commune» en francés es un consejo de un pueblo o distrito) que ejerció el poder en París durante dos meses en la primavera de 1871. Sin embargo, las condiciones en la que fue formada, sus controvertidos decretos y su cruento final la hacen uno de los más importantes episodios políticos de la Historia. Hagan clic en "Leer más" para conocer mejor este histórico episodio revolucionario del que hoy se cumplen 136 años. (En la fotografía, la destrucción de la Columna de Vendôme durante la Comuna).
La comuna fue posible gracias a un levantamiento popular de todas las tendencias revolucionarias dentro de París después de que la Guerra Franco-Prusiana terminase con Francia derrotada. La guerra con Prusia, comenzada por Napoleón III («Louis Bonaparte») en julio de 1870, terminó desastrosamente para Francia, y en septiembre del mismo año París quedó bajo el asedio del ejército enemigo. La brecha entre ricos y pobres en la capital se había ampliado enormemente en los últimos años y con la escasez de comida, sumado al constante bombardeo prusiano, llevó a un descontento general. Los trabajadores se estaban volviendo más receptivos a ideas más radicales. Una demanda específica fue la de que París debía poseer un gobierno autónomo, con una comuna elegida por la propia población, algo que ya disfrutaban la mayor parte de las ciudades francesas, pero que era negado a París por un gobierno temeroso de la indócil población de la capital. Un deseo más vago pero también relacionado fue el de un sistema de gestión de la economía más justo, si no necesariamente un sistema socialista, resumido en el grito popular de "la république démocratique et sociale!"
En enero de 1871, cuando ya habían transcurrido cuatro meses de asedio, Louis-Adolphe Thiers, futuro jefe ejecutivo (más tarde presidente) de la Tercera República Francesa, buscó un armisticio. Los prusianos incluyeron la ocupación de París dentro de los términos de la paz. A pesar de las penalidades del asedio muchos parisinos estaban amargamente resentidos y particularmente enojados de que permitir a los prusianos una breve ocupación ceremonial de su ciudad.
Por aquel tiempo varias decenas de miles de
parisinos eran miembros armados de una milicia de ciudadanos conocida como la
«Guardia Nacional», la cual se había expandido mucho para ayudar a defender la
ciudad. Algunos batallones en los distritos más pobres elegían a sus propios
oficiales y poseían algunos cañones que habían sido creados en París y pagados
por suscripción pública. La ciudad y su Guardia Nacional habían resistido el
ataque de las tropas prusianas durante seis meses. La población de París fue
desafiante al enfrentar la ocupación y limitaron la presencia prusiana a una
pequeña área de la ciudad, vigilando además los límites de ésta.
Comenzaron movimientos para formar un «Comité Central» de la Guardia Nacional. Louis-Adolphe Thiers, presidente del Gobierno francés, la nueva Tercera República, se dio cuenta de que en aquella inestable situación cabía la posibilidad de que este comité se constituyera en un centro alternativo de poder al del gobierno oficial. Además, estaba preocupado porque los trabajadores se armaran con las armas de la Guardia Nacional y combatieran a los prusianos.
Los eventos en esta etapa son confusos, pero lo
que está claro es que antes de que los prusianos entraran a París, la Guardias
Nacional, ayudada por civiles, se las arregló para alejar del camino de los
prusianos los cañones (que consideraban de su propiedad) y almacenarlos en
«distritos seguros». Uno de los principales «parques de cañones» estaba en las
alturas de Montmartre.
El alzamiento y la naturaleza de la Comuna
Los prusianos entraron en París brevemente y la abandonaron de nuevo sin ningún
incidente. Pero París continuó cercada mientras el problema de las
indemnizaciones de las guerras seguía afectando.
Al mismo tiempo que el Comité Central de la
Guardia Nacional estaba adoptando una posición cada vez más radical y ganando
firmemente autoridad, el gobierno no podía permitirle indefinidamente tener 400
cañones a su disposición. Y así, como primer paso, el 18 de marzo Thiers ordenó
a sus tropas coger los cañones almacenados en las cimas del Montmartre. En vez
de seguir las instrucciones, los soldados, que no tenían la moral muy alta,
fraternizaron con la Guardia Nacional y los residentes locales. Cuando su
general, Claude Martin Lecomte``, les ordenó disparar a una muchedumbre
desarmada, le apearon de su caballo. Más tarde fue fusilado, junto con el
General Thomas, un odiado comandante anterior de la Guardia que fue recogido por
una muchedumbre en «Outer Boulevards».
Otras unidades armadas se unieron a la rebelión, que se esparció tan rápidamente que el Presidente Thiers ordenó la evacuación inmediata de París de las fuerzas regulares que aún le seguían siendo leales, tales como la policía y administradores. Él mismo huyó, a la cabeza de sus hombres, a Versalles. El Comité Central de la guardia nacional era ahora el único gobierno efectivo en París: casi inmediatamente renunció a su autoridad y organizó elecciones para una comuna, propuestas para el 26 de marzo.
Los 92 miembros de la Comuna (o, mejor dicho, del "Concilio Comunal") incluía habilidosos trabajadores, algunos «profesionales» (tales como doctores y periodistas), y un gran número de activistas políticos, desde reformistas republicanos, además de varios tipos de socialistas, hasta jacobinos que tendían a mirar nostálgicamente la Revolución Francesa. El carismático socialista Louis Auguste Blanqui fue elegido presidente del Concilio, pero esto ocurrió en su ausencia ya que había sido arrestado el 17 de marzo y estuvo retenido en una prisión secreta durante la vida de la Comuna. La Comuna de París fue proclamada el 28 de marzo, aunque los distritos locales con frecuencia retuvieron las organizaciones por el asedio.
A pesar de las diferencias internas, el Concilio
tuvo un buen comienzo al mantener los servicios públicos esenciales para una
ciudad de dos millones de habitantes; también fue capaz de alcanzar un consenso
sobre ciertas políticas que tendían hacia un democracia social progresista más
que a una revolución social. Debido a la falta de tiempo (la Comuna pudo
reunirse menos de 60 días en total) sólo unos pocos decretos fueron
implementados. Éstos incluían: remisión de las rentas, que habían sido
aumentadas considerablemente por caseros, hasta que se terminase el asedio; la
abolición del trabajo nocturno en los cientos de panaderías de París; la
abolición de la guillotina; la concesión de pensiones para las viudas de los
miembros de la Guardia Nacional muertos en servicio, así también como para sus
hijos; la devolución gratuita, a través de las casas de empeño estatales, de
todas las herramientas de los trabajadores; se pospusieron las obligaciones de
deudas y se abolieron los intereses en las deudas; y, alejándose de los
estrictos principios "reformistas", el derecho de los empleados a tomar el
control de una empresa si fuese abandonada por su dueño.
El Concilio terminó con el alistamiento y
reemplazó el ejército convencional con una Guardia Nacional de todos los
ciudadanos que podían portar armas. La legislación propuesta separaba la iglesia
del estado, hacía que todas las propiedades de la iglesia pasaran a ser
propiedad estatal, y excluía la religión de las escuelas. Se les permitió a las
iglesias seguir con su actividad religiosa sólo si mantenían sus puertas
abiertas al público por la tarde para que se realizasen reuniones políticas.
Esto hizo de las iglesias el principal centro político participativo de la
Comuna. Otra legislación proyectada trataba de reformas educativas que
permitirían la educación y la práctica técnica fueran disponibles para todo el
mundo.
La Comuna adoptó durante su breve existencia el
anteriormente descartado Calendario de la I República Francesa, así como la
bandera roja en vez de la tricolor.
La carga de trabajo fue facilitada por varios
factores, aunque se esperaba de los miembros del concilio (que no eran
«representantes» sino «delegados» y podían ser inmediatamente cambiados por sus
electores) que realizasen algunas funciones ejecutivas aparte de las
legislativas. Las numerosas organizaciones ad hoc establecidas durante el asedio
en las localidades («quartires») para satisfacer las necesidades sociales
(cantinas, estaciones de primeros auxilios, etc.) continuaron creciendo y
cooperando con la Comuna.
Al mismo tiempo, estas asambleas locales
perseguían sus propias metas, normalmente bajo la dirección de trabajadores
locales. A pesar del reformismo formal del Concilio de la Comuna, en conjunto la
composición Comuna era mucho más revolucionaria. Las tendencias revolucionarias
incluían anarquistas y socialistas, Blanquistas y republicanos liberales. La
Comuna de París ha sido celebrada por anarquistas y socialistas marxistas
continuamente hasta la actualidad, en parte debido a la variedad de tendencias,
el alto grado de control por parte de los trabajadores y la notable cooperación
entre los diferentes bandos revolucionarios.
En el IIIe arrondissement, por ejemplo,
se proporcionó material escolar gratuitamente, tres escuelas se transformaron en
entidades laicas se estableció un orfanato. En el XXe arrondissement,
se proporcionó a los escolares ropa y comida gratuita. Existieron muchos casos
más de este tipo. Pero un ingrediente vital en el relativo éxito de la Comuna en
su etapa fue la iniciativa mostrada por trabajadores sencillos en el dominio
público, que se las arreglaron para tomar las responsabilidades de los
administradores y especialistas removidos por Thiers.
Friedrich Engels, el más cercano colaborador de
Marx mantendría después que la ausencia de un ejército fijo, las políticas
autónomas de los "quartiers" y otras características tuvieron como consecuencia
que la Comuna no fuese como un estado en el sentido represivo del término: era
una forma de transición en dirección de la abolición del estado como tal. Su
posible desarrollo futuro, sin embargo, seguiría siendo una pregunta teórica:
después de sólo una semana fue atacada por elementos del nuevo ejército (que
incluía antiguos prisioneros de guerra liberados por los prusianos) creado
rápidamente en Versalles.
El asalto
La Comuna fue asaltada desde el 2 de abril por las fuerzas del gobierno del
ejército de Versalles y la ciudad fue bombardeada constantemente. La ventaja del
gobierno era tal que desde mediados de abril negaron la posibilidad de
negociaciones.
La zona exterior de Courbevoie fue capturada, y en
un intento retrasado de las fuerzas de la Comuna para marchar sobre Versalles
fracasó ignominiosamente. La defensa y la supervivencia se transformaron en las
principales consideraciones. Las mujeres de la clase trabajadora de París ahora
tenían un firme e importante papel. Servían en la Guardia Nacional e incluso
formaron su propio batallón, con el que más tarde pelearon heroicamente para
defender el Palacio Blanche, pieza fundamental para Montmartre. (Es importante
también señalar que incluso bajo el gobierno de la Comuna las mujeres aún no
tenían derecho a voto, ni tampoco existían miembros femeninos en el Concilio.)
Una gran ayuda también vino desde la comunidad
extranjera de refugiados y exiliados políticos en París: uno de ellos, el polaco
ex-oficial y nacionalista Jaroslaw Dombrowski, se convirtió en el mejor general
de la Comuna. El Concilio estaba fuertemente influenciado por el
internacionalismo, por lo que la Columna Vendôme, que celebraba las victorias de
Napoleón I y era considerada por la Comuna como un monumento al chovinismo, fue
derribada (ver imagen superior).
En el extranjero, había muchas reuniones y
mensajes de buena voluntad enviados por sindicatos y organizaciones socialistas,
incluyendo algunos en Alemania. Pero las esperanzas de obtener ayuda concreta de
otras ciudades de Francia fueron pronto abandonadas. Thiers y sus ministros en
Versalles se las arreglaron para evitar que saliera de París casi toda la
información; y en los sectores provinciales y rurales de Francia había siempre
existido una actitud escéptica hacia las actividades de la metrópolis. Los
movimientos en Narbonne, Limoges y Marsella fueron rápidamente aplastados.
Mientras la situación se deterioraba, una sección
del Concilio ganó una votación (a la que se oponía Eugène Varlin —un
corresponsal de Carlos Marx— y otros moderados) para crear un «Comité de
Salvación Pública», modelado a imagen del órgano jacobino del mismo nombre
formado en 1792. Sus poderes eran extensos y despiadados. Pero ya casi había
pasado la hora en la que una autoridad central fuerte podía haber ayudado.
El 21 de mayo una puerta en la parte occidental de
las murallas de París fue forzada (o, más probablemente, traicionada) y comenzó
la reconquista de la ciudad por parte de las tropas de Versalles, primero
ocupando los prósperos distritos occidentales donde fueron bien recibidos por
los vecinos que no habían dejado París tras el armisticio.
Las fuertes lealtades locales que habían sido una
característica positiva de la Comuna se convirtieron en una cierta desventaja:
en lugar de una defensa planeada globalmente, cada «quartier» luchó
desesperadamente por su supervivencia y fue derrotado cuando llegó su turno. Las
redes de calles estrechas que hicieron inexpugnables distritos enteros en
revoluciones anteriores habían sido en gran parte reemplazadas con anchos
bulevares. Los de Versalles disfrutaban de un mando central y disponían de
artillería moderna.
Durante el asalto, las tropas del gobierno fueron
responsables de la matanza de ciudadanos desarmados: se disparó a los
prisioneros que estaban fuera de control y las ejecuciones múltiples fueron algo
común. El 27 de mayo, en un gesto fútil de desafío, una multitud asedió y
asesinó a 50 rehenes, varios de ellos sacerdotes, que habían sido retenidos por
la Comuna. En total, las pérdidas del gobierno rondaron los 900 hombres. Estas
muertes iban a ser vengadas varias veces.
La resistencia más acérrima llegó en los distritos
más de clase trabajadora del este, donde la lucha continuó durante ocho días de
fuertes luchas callejeras (La Semaine sanglante, la semana sangrienta). El 27 de
mayo sólo quedaban unos pocos focos de resistencia, los más notables los de los
más pobres distritos del este de Belleville y Ménilmontant.
A las cuatro de la tarde del día siguiente cayó la
última barricada, en la rue Ramponeau de Belleville, y Marshall MacMahon lanzó
una proclama: «A los habitantes de París. El ejército francés ha venido a
salvaros. ¡París está liberada! A las cuatro en punto nuestros soldados tomaron
la última posición insurgente. Hoy se ha acabado la lucha. El orden, el trabajo
y la seguridad volverán a nacer».
Las represalias comenzaron en serio. Se declaró un
crimen haber apoyado a la Comuna en cualquier modo, de lo que se podía acusar —y
se acusó— a miles de personas. Algunos de los comuneros fueron fusilados en lo
que ahora se llama «El Muro de los Comuneros» en el Cementerio de Père-Lachaise
mientras que otros miles de personas fueron llevados a Versalles para ser
juzgados. Pocos communeros escaparon, principalmente a través de las líneas
prusianas hacia el norte. Durante muchos días columnas de hombres, mujeres y
niños hicieron, escoltados por militares, un doloroso camino hacia barrios de
Versalles convertidos en prisiones temporales. Más tarde fueron juzgados; unos
pocos fueron ejecutados; muchos fueron condenados a trabajos forzados; muchos
más fueron deportados por largas temporadas o de por vida a islas francesas del
Pacífico prácticamente deshabitadas. Nunca se ha podido establecer de manera
segura el número de asesinados durante la Semaine sanglante, pero las mejores
estimaciones son 30.000 muertos, muchos más heridos, y tal vez hasta 50.000
ejecutados más tarde o hechos prisioneros; 7.000 personas fueron desterradas a
Nueva Caledonia. Para los presos hubo una amnistía general en 1889.
París estuvo bajo la ley marcial durante cinco años.
Retrospectiva de la Comuna
La clase acomodada de París, y la mayoría de los antiguos historiadores de la
Comuna, vieron aquel hecho como un clásico ejemplo del «dominio de la
muchedumbre», terrorífico y al mismo tiempo inexplicable. La mayoría de los
actuales historiadores, incluso aquellos de derechas, han reconocido el valor de
alguna de las reformas de la Comuna y han deplorado el salvajismo con el que fue
reprimida. Sin embargo, han encontrado difícil de explicar el odio sin
precedentes que la Comuna despertó en las clases medias y altas de la sociedad.
En las izquierdas, hay quienes han criticado a la
Comuna por mostrarse demasiado moderada, especialmente dada la situación en la
que se encontraban. Karl Marx encontró agravante que los miembros de la Comuna
«perdieran valiosísimos momentos» organizando elecciones democráticas en vez de
terminar de una vez por todas con Versalles. El banco nacional de Francia,
ubicado en París con la reserva de millones de francos, fue dejado intacto y
desprotegido por los miembros de la Comuna. Tímidamente pidieron prestado dinero
del banco (que, obviamente, obtuvieron sin ninguna vacilación). Los miembros de
la Comuna optaron por no coger los recursos del banco por miedo a que el mundo
entero los condenara. De esta manera, se movieron grandes sumas de dinero desde
París a Versalles, dinero que terminó por financiar el ejército que dio fin a la
Comuna.
Algunos comunistas, izquierdistas, anarquistas y otros simpatizantes han visto a
la Comuna como un modelo para, o como base de, una sociedad liberal, con un
sistema político basado en la democracia participativa como eje de la
administración. Marx y Engels, Bakunin y posteriormente Lenin y Trotsky
intentaron sacar lecciones teóricas (en particular en lo que concierne a «la
marchitación del estado») desde la limitada experiencia vivida por la Comuna. El
crítico Edmond de Goncourt obtuvo una lección más pragmática: tres días después
de La Semaine sanglante escribió «... El derramamiento de sangre ha sido total,
y un derramamiento de sangre como éste, al asesinar la parte rebelde de la
población, sólo pospone la siguiente revolución... La vieja sociedad tiene por
delante 20 años de paz...».
La Comuna de París ha sido parte de las citas de muchos líderes comunistas. Mao se refería a ella con bastante frecuencia. Lenin, junto a Marx, consideraban la Comuna un ejemplo real de la dictadura del proletariado. En su funeral su cuerpo fue envuelto en los restos de una bandera roja preservada desde la Comuna. La nave espacial Voskhod 1 portaba parte de un estandarte de la Comuna de París. También, los Bolcheviques renombraron la nave de combate Sevastopol a "Parizhskaya Kommuna" en honor a la Comuna.
Otras comunas
Simultáneamente con la Comuna de París, surgieron los alzamientos de Lyon,
Grenoble, y otras ciudades, las cuales al igual que la Comuna de París, gozaron
de una breve vida.
Fuente: Wikipedia