Respuesta al comunicado de Corriente Roja sobre
la manifestación
17 de Marzo en Madrid
El sábado 17 de marzo se celebraron en diversas ciudades de España y del mundo
manifestaciones contra la invasión de Irak, de cuyo inicio se cumplen ahora
cuatro años, y por la paz, respondiendo a una convocatoria internacional. La de
Madrid, con la participación de unas cuatrocientas mil personas, fue una de las
más numerosas. Ese mismo día, Corriente Roja junto a unas pocas organizaciones
convocaba a las 19 h. otra manifestación con distinto recorrido que agrupó,
según su propio cálculo, a unas mil quinientas personas.
Aunque
en esta nota valoraremos los objetivos y el alcance de la multitudinaria
manifestación unitaria que nuestra organización, junto con varias decenas más,
había convocado, queremos sobre todo tratar sobre un comunicado publicado el día
antes de la cita, por la organización Corriente Roja; comunicado que por su
dureza y su sinsentido consideramos que merece una respuesta.
En él, tras valorar precipitadamente como “divisionista y de espíritu
conmemorativo” la otra convocatoria, señalan que “…sólo la movilización
convocada a las 19 horas, y con recorrido Sol-Opera, se puede definir de un modo
legítimo como una manifestación contra la guerra”. Para Corriente Roja, que se
presenta de esta forma, a sí misma, como demiurgo de la lucha popular y
poseedora en exclusiva del don infalible de la “legitimidad”, nuestro Partido y
las demás organizaciones que no cumplimos sus parámetros de medida, convocamos
la manifestación unitaria del día 17 en Madrid, porque hemos decidido que “era
más rentable la sumisión a los poderosos que mantener unas posiciones
independientes y combativas”.
Tanta prepotencia y pedantería sectaria, califica por si sola a los autores del
comunicado, pero Corriente Roja, rotos los límites de la prudencia, se despacha
con esta otra diatriba: “La actuación del PSOE y toda su estela demuestra lo
poco que les interesa el fomento de la autonomía y la potencia de los
movimientos sociales, a los que considera como meras correas de transmisión que
puedan servirle en momentos en los que sea necesario vestirse de una cierta
legitimidad de izquierdas”. Corriente Roja, paladín de la legitimidad; los
demás, indignos comparsas de la socialdemocracia de derecha en su mezquina
estratagema electoralista…
Si así hubiese sido, si la manifestación del día 17 hubiese sido una falsa
convocatoria unitaria para mayor gloria del Gobierno, sorprende que ninguno de
los líderes más significados de éste, acudiera a ella; pero sorprende aún más
que los grandes medios de manipulación de masas, al menos los de la órbita
socialdemócrata, que debieran haber sido los encargados de ensalzar la
manifestación como una muestra de apoyo al Gobierno, hayan ignorado una
convocatoria en la que participaron, insistimos en ello, más de cuatrocientas
mil personas (más, desde luego que las
reunidas en las recientes demostraciones de la derecha franquista
y una de las más numerosas de los últimos tiempos). En lugar de eso, “El
País”, por ejemplo, reservó la portada para la manifestación convocada por el PP
en Pamplona el mismo día y relegó la de Madrid a páginas escondidas.
En definitiva, mientras la socialdemocracia y sus órganos de prensa pasaban de
puntillas sobre una demostración multitudinaria como la de Madrid, Corriente
Roja acusaba de “ilegítima” la convocatoria por ser “correa de transmisión” de
la socialdemocracia- En la crónica de “El País” se deslizaban tres detalles
importantes que pueden explicar la razón por la que la misma prensa que lleva
meses abriendo portadas con las fotos de las movilizaciones de la derecha y
dando titulares al exabrupto de turno de la clase política monárquica,
silenciara una manifestación que reunió a un número tan grande de personas;
estos tres detalles son: la abundancia de banderas republicanas, las numerosas
pancartas exigiendo la retirada de tropas también de Afganistán y otros países y
los gritos mayoritarios contra la derecha cavernícola agrupada y dirigida por el
PP.
A la vista de estos datos, podemos resumir que acudieron miles de manifestantes
contra la guerra y por la paz, sí; pero en el ambiente se respiraba un objetivo
común: contarse, medir la fuerza del movimiento popular tras meses de ofensiva
de la derecha; comprobar si, las grandes movilizaciones de los últimos años eran
un mero recuerdo ahogado por la ineficacia y pusilaminidad del Gobierno Zapatero
frente a la reacción.
Por eso, contra lo que afirmaba Corriente Roja en su comunicado, el PSOE no se
sentía cómodo con una convocatoria que amenazaba con superar, como así fue, su
capacidad de control político. Enfrentada al PP, la dirección del PSOE teme
también la posible radicalización del movimiento popular, porque sabe que dar
satisfacción a las demandas de éste le enfrenta directamente con el sistema y
puede poner en peligro la delicada red de consensos que mantiene en pie el
régimen monárquico.
Y tras la manifestación del 17 de Marzo se ha podido comprobar que sigue
latiendo, a pesar de todo, un importante malestar político... a pesar de todo,
también de la torpeza, prepotencia y sectarismo de una parte de la izquierda que
con su radicalismo oportunista permanece ciega a la realidad.
Esto lo intuyeron los miles de personas que acudieron a la manifestación. No lo
ha entendido ni creemos que lo haga Corriente Roja, y una fuerza política que no
es capaz de ver este matiz cualitativo en una movilización tan importante en la
coyuntura actual, no está, desde luego, en condiciones de dar lecciones a nadie.
Hoy, cuando más necesitados estamos de hallar entre todos el mínimo común
múltiplo que nos permita avanzar, algunos oportunistas que sostuvieron con su
“oposición razonable” el engaño de la transición durante años, parecen empeñados
en calcular el máximo común divisor de nuestras fuerzas, precisamente cuando la
crisis del régimen monárquico está haciendo salir a la luz todas sus
contradicciones y cuando las fuerzas que han colaborado en su perpetuación a lo
largo de todos estos años se ven obligadas a mostrar sus apoyos sin caretas.
En un magnífico libro, “Guerra y Revolución en Cataluña”, Manuel Domínguez
Benavides trata sobre el papel de determinadas corrientes oportunistas que
llevadas por un purismo infantil debilitaron a la República cuando más
necesitada estaba de unidad y de fuerza para vencer al fascismo.
En aquellos días los verdaderos revolucionarios peleaban contra el fascismo y
estos oportunistas “puros”, que terminaron barridos por la historia, les
reprochaban que no hicieran la revolución; el dirigente comunista catalán, Joan
Comorera, les respondía: “...luchamos, pues, por un programa que une, que no
conduce a la eliminación recíproca, por un programa de victoria”.
No entramos en otros matices, igualmente importantes en el orden político, como,
por ejemplo, que alguna de las fuerzas convocantes de la manifestación
“legítima” en la que participaba Corriente Roja, apoyasen en su día
implícitamente (y no tan implícitamente) los bombardeos de la OTAN sobre
Yugoslavia, pues, cada fuerza encuentra la dignidad donde quiere y establece sus
alianzas con quien quiere. Ni decimos que las circunstancias sean las mismas que
tuvo que afrontar Comorera. Al fin y al cabo, ya lo dijo C. Marx: la historia no
se repite y cuando lo hace, en general, hace de tragedia comedia.
Comité de Madrid del PCE (m-l), 2 de .Marzo 2007
http://www.pceml.info/Documentos/db/index.php?documento=doc_109.htm