EL aviador, o un tonto del culo ???
Sr.
“comandante”
Petraeus, un militar que tenga un mínimo de honor y dignidad se debería
sentir ofendido hasta la medula, al ser nombrado por un tonto del culo,
para hacer un trabajo tan sucio… En la Roma antigua a los personajes como
usted le llamaban bufones.
Los comandantes del ejército bolivariano de Venezuela voltearon los fusiles al sentirse insultados por una chusma de políticos podridos y degenerados, que pretendían convertir a los militares en carniceros de su propio pueblo. Mientras Usted Sr. Petraeus lleva a miles de jóvenes aun matadero; jóvenes a los que se chantajea negándoles el pan y la sal en su propio país por los poderosos, para que se enrolen en un ejército de asesinos, que masacra a gente indefensa. ¿Por qué no pelean contra los rusos o contra los chinos, que están a su nivel?
En España ocurre otro tanto
de lo mismo; miles de trabajadores han sido sacados de las fábricas, de las
minas y de los campos dándoles palos con la policía, a causa de una política
nefasta y de unas leyes macabras, impuestas por el hampa.
¿Y que ha ocurrido? Pues los hijos
de esos trabajadores salvajemente reprimidos, a causa de su analfabetismo
político,
han terminado enrolándose en un ejército de mercenarios y
defendiendo a los opresores de sus padres.
Honor si que demostraron tener aquellos heroicos combatientes de la Brigada Lincoln, que vinieron a España en 1936 a defender una república democrática, frente a los golpistas hitlerianos.
José R. Moreno…
El Comandante imperial de las Fuerzas Multinacionales en Iraq sí tiene quien le escriba.
James Petras
Leo en el Manchester Guardian, el New York Times, el Wall Street Journal y el Washington Post que tiene usted impecables credenciales académicas y militares. Bush lo ha nombrado Comandante de las Fuerzas Multinacionales en Iraq y esto lo capacita para poner en práctica sus muy publicitadas teorías contrainsurgentes. Es usted casi mi tocayo: su apellido (Petraeus) es la versión latinizada de mi apellido griego (Petras). Cuentan que es usted un “guerrero” o un “intelectual de la contrainsurgencia”. Por mi parte, yo tengo credenciales de “intelectual de la insurgencia” o, como dice Alex Cockburn, “cincuenta años de participación en la lucha de clases”. (En la foto: soldados de Petraeus).
Sus publicistas lo acaban de etiquetar como “la última y mejor esperanza
usamericana para la salvación (del imperio) en Iraq”. Tal como era de
prever, los demócratas en el Congreso, liderados por la senadora Clinton, se
deshicieron en elogios ante su profesionalismo y su hoja de servicios en el
norte de Iraq. Así que reconozcamos que parte usted con ventaja: el apoyo de
ambos partidos, de la Casa Blanca, del Congreso y de los medios. Pero como
soy un intelectual de la insurgencia, no estoy convencido de que logre
salvar Iraq para el imperio. No sólo eso: creo sin la menor duda que va a
fracasar, porque sus postulados y estrategias marciales se basan en análisis
políticos imperfectos, que acarrean profundas consecuencias militares.
Empecemos por sus muy alabados éxitos castrenses en el norte de Iraq, en
especial en la provincia de Nínive. El norte de Iraq, particularmente Nínive,
está dominado por jefes milicianos, tribales y del partido kurdo. La
relativa estabilidad de la región tiene poco o nada que ver con su destreza
contrainsurgente y sí mucho con el alto grado de “independencia" o
“separatismo” en la región. Para decirlo con franqueza, el apoyo militar y
económico usamericano e israelí al separatismo kurdo ha creado un Estado
kurdo independiente de facto, tras brutales purgas étnicas de un gran número
de turcos y árabes. General Petraeus, al dar carta blanca a las irredentas
aspiraciones kurdas a un Gran Kurdistán étnicamente puro, que se adentraría
en Turquía, Irán y Siria, se aseguró usted la lealtad de las milicias kurdas
y, sobre todo, de las funestas “fuerzas especiales” de los peshmerga para
eliminar la resistencia a la ocupación usamericana en Nínive. Además, los
peshmerga han puesto unidades especiales a la disposición de USA para
infiltrarlas en los grupos de la resistencia iraquí y provocar conflictos
intracomunales por medio de incidentes terroristas contra la población
civil. En otras palabras, el “éxito” del general Petreaus en el norte de
Iraq no es reproducible en el resto del país. De hecho, el éxito que usted
ha obtenido de un Iraq dominado por los kurdos ha agudizado las hostilidades
en el resto del país.
Su teoría de “controlar y mantener” territorio presupone una fuerza militar
muy motivada y fiable, capaz de soportar la hostilidad de al menos el
ochenta por ciento de la población colonizada. Pero lo cierto es que la
moral de los soldados usamericanos en Iraq y de los que están ya a punto de
ser enviados allí es muy baja. Las filas de los que ahora andan buscando una
salida rápida del servicio militar incluyen a oficiales y suboficiales de
carrera, que son la columna vertebral de cualquier ejército (Financial
Times, 3-4 de marzo de 2007, pág. 2). Las ausencias sin permiso se han
disparado: 14.000 entre 2000 y 2005 (Financial Times, ibid). En marzo, más
de mil soldados en activo, reservistas y marines presentaron una petición en
el Congreso para que USA se retire de Iraq. La oposición de generales
retirados y en servicio activo a la escalada de tropas de Bush se filtra de
manera descendente hasta las filas de soldados rasos, sobre todo entre
reservistas cuyas misiones forzosas en Iraq han aumentado repetidamente (el
denominado “reclutamiento encubierto”). Las largas y desmoralizadoras
estancias o la rotación acelerada socavan cualquier esfuerzo por “consolidar
los lazos” entre oficiales usamericanos e iraquíes y, sin duda,
imposibilitan que se pueda ganar la confianza de la población local. Si los
soldados de USA están hartos de la guerra en Iraq y cada vez son más los que
optan por la deserción y la desmoralización, todavía menos fiable es el
ejército mercenario iraquí. Los iraquíes que se alistan porque tienen hambre
y no hay trabajo (ambas cosas causadas por la ocupación), todos ellos con
lazos étnicos, nacionales y de parentesco con la lucha por un Iraq libre e
independiente, no merecen demasiada confianza. Cualquier experto serio ha
llegado ya a la conclusión de que las divisiones en la sociedad iraquí son
la imagen especular de las lealtades de los soldados.
General Petraeus, pase lista a sus soldados todos los días, porque algunos
más desaparecerán y puede que en el futuro tenga que hacer frente a un campo
de instrucción vacío o, peor aún, a un barracón en rebeldía. El incesante
número de bajas entre los soldados usamericanos y los civiles iraquíes
durante su primer mes en funciones de comandante sugiere que el hecho de
“controlar y mantener” Bagdad no logró alterar la situación en el país.
Petraeus, su manual de reglamento da prioridad “a la seguridad y a compartir
tareas como medio de otorgar poderes a la población civil e incitar a la
reconciliación nacional”. La seguridad es difícil de alcanzar, porque lo que
el comandante imperial considera seguridad es el libre movimiento de los
soldados de USA y de sus colaboradores sobre la base de la inseguridad de la
mayoría iraquí colonizada, que vive sujeta a registros arbitrarios de casa
en casa, a robos, a búsquedas humillantes y detenciones. “Compartir tareas”
con un general de USA y sus unidades militares es un eufemismo que en
realidad describe la colaboración iraquí para “administrar” sus órdenes.
“Compartir” obliga a una relación muy asimétrica del poder: USA ordena y los
iraquíes obedecen. USA define la “tarea”, que consiste en delatar a miembros
de la resistencia, y supone que la población aceptará proporcionar
“información” sobre sus familias, amigos y compatriotas, es decir, que
traicionará a su propio pueblo. Sobre el papel parece mucho más fácil de lo
que es sobre el terreno.
“Otorgar poderes a la población civil”, como usted dice, supone que quienes
“otorgan poderes” ceden poder a los “otros”. En otras palabras, el ejército
usamericano cede el territorio, la seguridad, la gestión económica y la
distribución de los recursos a un pueblo colonizado. Pero es precisamente
ese pueblo quien protege y respalda a los resistentes y se opone a la
ocupación de USA y a su régimen de marionetas. Por lo demás, comandante, lo
que usted realmente quiere decir es “otorgar poderes” a una escasa minoría
de civiles que son colaboradores voluntarios de un ejército de ocupación. La
minoría civil a la que usted le “otorgue poderes” necesitará la omnipotente
protección militar de USA para evitar las represalias. Hasta ahora nada de
eso ha ocurrido: a ningún colaborador civil del entorno se le ha otorgado un
auténtico poder y, si acaso lo recibió, ahora está muerto, escondido o
fugado.
Petraeus, su objetivo de “reconciliación nacional” presupone que Iraq existe
como nación libre y soberana. Ésa es una condición previa para toda
reconciliación entre adversarios. Pero la colonización usamericana de Iraq
es una negación flagrante de las condiciones para la reconciliación. Sólo
cuando Iraq se libere de usted, comandante Petraeus, de su ejército y de los
mandatos de la Casa Blanca, los adversarios podrán negociar y reconciliarse.
Únicamente los grupos políticos que se basen en la soberanía popular iraquí
podrán tomar parte en ese proceso. De no ser así, a lo que usted se está
refiriendo de verdad es a la imposición militar de la “reconciliación” entre
grupos colaboracionistas opuestos sin legitimidad alguna ante el electorado
iraquí.
La antigua clintonista Sarah Sewall (ex subsecretaria de Defensa y “experta
en relaciones internacionales” de la Universidad de Harvard) se ha quedado
extasiada ante su nombramiento al puesto de comandante. Dice Sewall que la
“desequilibrada relación entre las tropas y la tarea que se les encomienda”
puede arruinar su estrategia (Guardian, 6 de marzo de 2007). La crítica que
los senadores demócratas Hilary Clinton y Charles Schumers le oponen a la
política de Bush en Iraq se basa por completo en que no existe una “relación
equilibrada entre las tropas y la tarea que se les encomienda”. La solución
que se ofrece consiste en enviar más tropas. La explicación de dicho
razonamiento es evidente: el inadecuado número de soldados refleja la
enormidad de la oposición popular a la ocupación. La necesidad de mejorar la
“proporción” (un número más elevado de tropas) es atribuible al grado de
oposición popular y está directamente relacionada con el apoyo cada vez
mayor de los iraquíes a la resistencia. Si la mayoría de la población y la
resistencia no estuviesen enfrentándose a los ejércitos imperiales,
cualquier proporción sería suficiente: bastaría con unos cuantos centenares
de soldados para matar el tiempo en la Zona Verde, en la embajada de USA o
en los burdeles locales.
Las recetas de su manual se basan excesivamente en la época de la Guerra de
Vietnam, sobre todo en la doctrina contrainsurgente Limpiar y mantener, del
general Creighton Abrams, quien ordenó una vasta campaña de guerra química
que roció miles de hectáreas con el mortífero Agente Naranja para “limpiar”
el terreno en disputa. Aprobó el Plan Phoenix, el asesinato sistemático de
25.000 líderes campesinos para “limpiar” a los insurgentes locales. Abrams
puso en marcha el programa de “aldeas estratégicas”, el traslado forzoso de
millones de campesinos vietnamitas a campos de concentración. Al final, los
planes de Abrams para “limpiar y mantener” fracasaron, porque cada medida
que tomaba amplificaba, hacía más profunda la hostilidad popular e
incrementó el número de reclutas en el ejército vietnamita de liberación
nacional.
Petraeus, está usted siguiendo la doctrina de Abrams: bombardeos a gran
escala de vecindarios suníes densamente poblados entre los días 5 y 7 marzo
(2007); detenciones masivas de líderes locales sospechosos acompañadas de un
estrecho cerco militar de barrios enteros, mientras que los registros
arbitrarios y abusivos casa a casa convierten Bagdad en un gran campo de
concentración. Al igual que su predecesor el general Creighton Abrams, usted
quiere destruir Bagdad para salvarlo. De hecho, su política está simplemente
castigando a la población civil y haciendo más profunda la hostilidad de los
bagdadíes, mientras que la resistencia se diluye entre la población o en las
provincias circundantes de al-Anbar, Diyala y Saladín. Petraeus, se olvida
usted de que es posible “mantener como rehén” a un pueblo con vehículos
blindados, pero no gobernarlo por la fuerza de las armas. El fracaso del
general Creighton Abrams no se debió a la falta de “voluntad política” en
USA, como él amargamente pretendió, sino a que el hecho de “limpiar” una
región es sólo un triunfo pasajero, porque la resistencia se basa en su
capacidad de entremezclarse con el pueblo.
Sus premisas fundamentales (y erróneas) son que el “pueblo” y la
“resistencia” son dos grupos distintos y opuestos, que las fuerzas de
ocupación y los mercenarios iraquíes pueden distinguir y explotar esta
divergencia, “limpiar” la resistencia y “controlar” al pueblo. Los cuatro
años de invasión, ocupación y guerra imperial ofrecen pruebas suficientes de
lo contrario. Con 140.000 soldados usamericanos, cerca de 200.000 iraquíes y
más de 50.000 mercenarios extranjeros incapaces de derrotar a la resistencia
durante cuatro años de guerra colonial, todo hace pensar en un apoyo popular
profundo, amplio y sostenido a la resistencia. La desproporción existente
entre el número de personas asesinadas por el ejército usamericano y los
mercenarios entre la población civil y entre los miembros de la resistencia
indica que sus propios soldados, general, no son capaces de distinguir (ni
están interesados en hacerlo) entre población civil y resistentes. La
resistencia suscita un profundo apoyo a través de lazos de parentesco, de
amistades vecinales, de líderes religiosos, nacionalistas y patriotas: esos
lazos primarios, secundarios y terciarios vinculan a la resistencia con la
población de una manera que ni el ejército de USA ni sus políticos
marionetas podrán nunca reproducir.
General, al cabo solamente de un mes en el puesto de comandante ya ha
reconocido usted que su plan de “proteger y salvaguardar a la población
civil” está fracasando. Al mismo tiempo que inunda las calles de Bagdad con
carros blindados, reconoce que “las fuerzas contrarias al gobierno... se
están reagrupando al norte de la capital”. Está usted condenado a repetir
eso que el teniente general Robert Gaid, con una ausencia total de poesía,
denominó “tentetieso”: derribar la resistencia en una zona sólo para ver que
se pone de pie en la zona de al lado.
Es absurdo que piense, general, que la población civil iraquí no está al
corriente de que las fuerzas operativas especiales de la ocupación, con
quien usted está íntimamente conectado, son responsables de gran parte del
conflicto étnico-religioso. El periodista de investigación Max Fuller, en su
detallado examen de documentos, hace hincapié en que la mayor parte de las
atrocidades... atribuidas a milicias suníes o chiíes descontroladas en
realidad “son obra de comandos de fuerzas especiales controlados por el
gobierno, entrenados y asesorados por usamericanos y dirigidos en gran parte
por ex agentes de la CIA” (Chris Floyd, Ulster on the Euphrates: The
Anglo-American Dirty War
http://www.truthout.org/docs_2006/021307J.shtml
Su intento de jugar al “policía bueno/ policía malo” para “dividir y
vencer” no le ha salido bien y no dará resultado.
¡Ya ha reconocido usted el contexto político más amplio de la guerra!: “No
existe una solución militar para un problema como el de Iraq, para la
resistencia... En Iraq, la acción militar es necesaria para ayudar a mejorar
la seguridad... Pero es insuficiente. Tiene que haber un aspecto político”
(BBC, 8 de marzo de 2007). Pero el “aspecto político” fundamental, como
usted lo llama, es la reducción de los efectivos, no la escalada, el final
de las interminables agresiones en barrios civiles, el cese de las
operaciones especiales y de los asesinatos destinados a fomentar un
conflicto étnico-religioso y, sobre todo, un calendario de retirada de las
tropas y el desmantelamiento de la cadena de bases militares usamericanas.
General Petraeus, usted no busca desencadenar o establecer el contexto político para terminar el conflicto ni está en condiciones de hacerlo. Su referencia a la “necesidad de iniciar conversaciones con algunos grupos de la resistencia” caerá en oídos sordos o será considerada como una continuación de las tácticas del divide y vencerás (también denominadas tácticas en “lonchas de salami” en la jerga militar), que hasta ahora no han seducido a ningún sector de la resistencia. Contrariamente a sus impecables credenciales académicas en contrainsurgencia en Princeton/West Point, es usted sobre todo un estratega, ducho en técnica, pero bastante mediocre a la hora de ponerla en práctica en el marco político de la “descolonización”.
Comandante Petraeus, ha comprendido usted rápidamente la dificultad de su
misión colonial. Sólo un mes después de tomar el mando, ya está inmerso en
la misma sofistería y el mismo doble discurso de cualquier coronelucho. Con
vistas a mantener el flujo de fondos y de tropas desde Washington habla de
“reducción de los asesinatos y del descontento en Bagdad”, omitiendo así el
aumento de las muertes entre la población civil y las tropas de USA en los
demás sitios del país. Menciona “algunas señales esperanzadoras”, pero
también admite que es “demasiado pronto para percibir tendencias
importantes” (Al-Jazeera, 8 de marzo de 2007). ¡En otras palabras, las
“señales esperanzadoras” carecen de importancia!
Ya se ha dado a sí mismo una misión sin final preciso al prolongar el tiempo
necesario para imponer sus medidas de seguridad en Bagdad, que de días y
semanas ha pasado a “meses” (¿o quizás a años?). ¿Acaso no se trata de una
tímida manera de preparar a los políticos de USA para una larga guerra...
con pocos resultados positivos? No hay nada malo en que un guerrero filósofo
se cubra el culo en previsión de su fracaso.
General, estoy seguro de que como militar intelectual ha leído 1984, de
George Orwell, porque es usted un experto en doble lenguaje. En un suspiro
dice que “no existe una necesidad inmediata de pedir que se envíen más
tropas usamericanas a Iraq” (aparte de las 21.500 que ya están en camino) y,
en el siguiente, pide 2.200 policías militares adicionales para que se hagan
cargo de los próximos encarcelamientos masivos de sospechosos civiles en
Bagdad.
Mientras habla “con franqueza” en presente de indicativo sobre el número de
soldados en su guerra, prepara el terreno para una escalada más grande en el
futuro: “En este momento no vemos la necesidad de más tropas. Pero eso no
quiere decir que no hagan falta para alguna misión que se presente o alguna
tarea que aparezca y, si es así, las pediremos” (Al-Jazeera, 8 de marzo de
2006, la cursiva es mía). Primero se presentará algo, luego hará falta una
“misión” y, antes de que nos demos cuenta, habrá otros cincuenta mil
soldados sobre el terreno en ese molinillo de carne que es Iraq.
Sí, general, es usted un maestro del doble lenguaje, pero por encima de todo
eso, está condenado a transitar, junto con sus colegas de la Casa Blanca y
del Congreso, por la misma cuesta abajo de la derrota politicomilitar de sus
predecesores en Indochina. Su policía militar encarcelará a miles de civiles
y quizá a muchos más. Serán interrogados, torturados y es posible que alguno
“se raje”. Pero muchos más ocuparán su lugar. Su política de la seguridad a
través de la intimidación sólo “podrá mantenerse” mientras los carros
blindados apunten con sus cañones a cada edificio en cada vecindario. Pero
¿cuánto tiempo podrá mantener esa situación? Tan pronto como se desplace,
los miembros de la resistencia regresarán: pueden aguantar meses y años,
porque viven y trabajan allí. Usted no puede, general. Usted dirige un
costoso ejército colonial, que sufre bajas interminables. Tarde o temprano,
el pueblo usamericano lo obligará a marcharse.
Su ambición, general Petraeus, es mayor que su capacidad. Más le valdría
empezar a preparar su adiós a las armas y a otear un puesto de mayor
importancia en Washington. Recuerde que sus oportunidades son escasas:
únicamente los generales vencedores o quienes se escaquean del servicio
militar llegan a presidentes. Aunque siempre habrá un puesto de profesor en
la Kennedy School de Harvard para el “guerrero intelectual” que es bueno con
los libros pero un desastre en el campo de batalla.