Casería de brujas en Polonia:
Intelectuales polacos en “revolución” por ley sobre pasado “comunista”
Clia Chauffour / Le Monde
Unos 700 mil intelectuales y funcionarios tendrán que declarar si colaboraron o
no con la policía política comunista, so pena de despidos inmediatos y
cancelación de licencias para trabajar. Para algunos esta nueva norma tiene
cierto agrio sabor a la era comunista.
“No voy a llenar mi declaración, aunque pierda mi empleo. Yo no pensaba que en
la Polonia democrática, la que milagrosamente recuperó la libertad en 1989, los
legisladores pudieran formular una ley tan humillante”, dice enojado Ireneusz
Krzeminski, profesor de sociología en la Universidad de Varsovia desde 1971. “Yo
estoy a favor de que se levante el velo sobre el pasado comunista -ésa es una
necesidad moral-, pero no de esta manera”.
La aplicación de la nueva ley sobre el pasado comunista,
elaborada por la derecha fascista,
sigue causando problemas en Polonia. El texto entró en vigor el 15 de marzo y
obliga a las categorías profesionales intelectuales -universitarios,
periodistas, abogados, directores de escuela, titulares de puestos de elección,
ministros y magistrados- a declarar si colaboraron o no con la policía política
comunista. Esta medida podría afectar hasta a 700 mil intelectuales y
funcionarios.
Sacudido, el medio universitario responde con una salva de declaraciones
incisivas en contra de las autoridades. Fue en la muy respetable Universidad de
Varsovia, el establecimiento de estudios superiores más grande de Polonia, donde
tuvo su origen la revuelta.
El 21 de marzo, el plantel llamó a suspender la aplicación de la ley hasta que
se verificara que el texto está conforme con la Constitución polaca. Fue una
batalla final librada a nombre de los valores democráticos, de respeto al estado
de derecho y a la autonomía de la enseñanza superior.
El 23 de marzo, fue el turno de la conferencia de rectores de universidades
polacas de expresar sus reservas sobre la ley y los problemas éticos que
plantea. Los rectores de universidad y los directores de facultad tienen hasta
el 15 de abril para notificar el procedimiento a seguir y distribuir las famosas
declaraciones a sus colegas nacidos antes del 1 de agosto de 1972. Estos tendrán
entonces un mes para llenarlas y entregarlas.
Para aquellos que trataran de hacer trampa acerca de su pasado, pero también
para los “revoltosos”
que se nieguen a responder, las sanciones anunciadas son brutales: despido
inmediato y prohibición de ejercer sus funciones durante diez años.
Al rigor de la nueva legislación ha respondido la conmoción de una sociedad que
todavía lleva las cicatrices de su pasado comunista.
Diecisiete años después de la política de “pintar la raya con el pasado” del
Primer Ministro de la transición democrática Tadeusz Mazowiecki, en 1989, la
política de depuración de los ultra
fascistas y nazionalistas hermanos Kaczynski (Lech, Presidente, y
Jaroslaw, Premier) choca incluso a las personas que fueron activistas en contra
del régimen comunista en los años ochenta, especialmente en las universidades.
Para ellos, esta nueva ley, paradójicamente, tiene un resabio del “comunismo”.
Indignado, el profesor Krzeminski, señala que la declaración recuerda el
ejercicio forzado de la “lojalka”, firmado para asegurar su lealtad hacia el
régimen comunista.
No obstante, no todos están dispuestos a reaccionar. “No tengo nada qué
ocultar”, confía Jacek Cybis, arquitecto y encargado del curso en el Politécnico
de Varsovia. Algunos no quieren correr el riesgo pero otros ven en esta ley la
posibilidad de hacer la luz sobre las carreras obscuras y las promociones
demasiado rápidas logradas en la época comunista. Acusados en la época comunista
de llevar los fermentos de la oposición democrática, muchas veces en contacto
con Occidente, los medios universitarios también fueron objeto de la
infiltración de la policía política, así como lo fue la Iglesia Católica.
Algunos se opusieron, otros no. Pero ahora, todos deben rendir cuentas.
*Un
“comunismo” que no tenia nada que ver con los trabajadores,
¿Cuantos polacos fueron a Angola a luchar contra la invasión racista de
Pretoria? ¡Ninguno! Pero si fueron corriendo como
perritos falderos a, ayudarle a los gringos de masacrar la población irakí…