ROLANDO PÉREZ BETANCOURT
La historia grabada en sangre hace setenta años se repetiría al paso del tiempo y hoy la tenemos a la vuelta de las olas: en Gernika, población vasca, no había ni cuarteles, ni concentración de armas, ni siquiera un centro de comunicaciones. Solo tirapiedras con los que los muchachos cazaban arañas y pajaritos a la salida de la escuela. Pero la Segunda Guerra mundial ya estaba diseñada en la cabeza de un maniático que necesitaba probar en fuego real los nuevos aviones Junker alemanes de la Luftwaffe.
Bombardeo alfombra, se le denomina al asunto en términos militares y eso fue lo que se realizó sobre la población de Gernika, el 26 de abril de 1937. Cuatro días más tarde, Pablo Picasso comenzaría a trabajar en su gran cuadro, esa alegoría en blanco y negro acerca de lo horrores de la guerra que ahora cumple 70 años y a la que ni fechó ni firmó en aras de otorgarle un carácter tan universal como atemporal.
Para ser una pintura grande (349 ´ 776,6 cm.), son pocos los objetos y figuras que resaltan en ella. El pintor no necesitó más para representar el dolor de los inocentes, muchos de ellos muertos sin saber qué era lo que realmente les llegaba desde el cielo (se asegura que Gernika fue el primer pueblo totalmente bombardeado y ametrallado, algo que luego se haría un hábito durante la Segunda Guerra).
Ocho figuras: una mujer llevando un niño agonizante entre los brazos, un toro, un guerrero caído, un caballo moribundo atravesado por una lanza, una mujer asomándose por una ventana con una vela en la mano, otra corriendo y una más intentando huir del fuego que incendia una casa. Los asesinos no aparecen y cada una de las imágenes humanas expresa la agonía y el miedo mediante la gestualidad de sus rostros y cuerpos. Hay cubismo, pero también expresionismo en esas cabezas de ojos y bocas muy abiertas y una pureza y definición de líneas que hace recordar el neoclasicismo.
Numerosos bocetos realizó Picasso antes de acometer la pintura al óleo. Ya el 8 de mayo comienza a mover los pinceles sobre el lienzo y lo termina el 4 de junio. Hoy se le considera uno de los cuadros de más rápida identificación en el mundo y acaso el mayor alegato pictórico en contra de las injusticias y espantos de la guerra.
Una obra para reverenciar y máxime al cumplir sus setenta. En Guipúzcoa, País Vasco, se reunirán treinta pintores de diversas tendencias para reinterpretar diversos fragmentos del famoso cuadro y confeccionar un gran mural, que sería considerado "un segundo Gernika", pletórico de acontecimientos en contra de la humanidad "florecidos" al toque de tambor de las últimas siete décadas.
Es una de las muchas reverencias que tendrá el suceso artístico.
Es conocido que Picasso se negó en rotundo a ofrecer claves para interpretar su cuadro y aunque se han escrito numerosos estudios acerca de las significaciones de sus símbolos, siempre sostuvo que para él un caballo era un caballo y un toro un toro. "El público podrá encontrar sus propios sentidos sin necesidad de explicaciones", repitió en más de una ocasión.
Lo que si no se cansó de asegurar es que Gernika era un alerta mundial sin tiempo ni espacio, válido para todos los días en que la vida humana nada valiera bajo el fragor de la guerra.
Estos eran momentos en los que el Pueblo Canario perdía miles de sus hijos en la guerra de Cuba...
Textos centenarios escritos por mujeres en la prensa obrera de canarias...
" ¡ Volvamos a decir, una y otra vez,
lo que ya hemos dicho mil veces,
para que no lo hayamos dicho una vez de menos !
¡ Renovemos las advertencias,
aunque ya sean como ceniza en nuestra boca !
Pues a la humanidad la amenazan guerras,
comparadas con la cuales, las pasadas,
resultan pobres intentos;
y vendrán sin duda alguna...
a menos que se destrocen las manos
de quienes las preparan en forma totalmente pública
"
Bertolt Brecht