PRESENTACION DEL LIBRO "SIMON TRINIDAD, EL HOMBRE
DE HIERRO", DE JORGE ENRIQUE BOTERO, A CARGO DE LA SENADORA PIEDAD CORDOBA
Bogotá DC., abril 29 de 2008, Feria Internacional del Libro
Agradezco la oportunidad que se me brinda, en este evento internacional, de
hacer la presentación del trabajo, a mi juicio trascendental, que el insomne
reportero y escritor que es Jorge Enrique Botero acaba de someter al análisis de
los colombianos y colombianas de este tiempo y del porvenir.
Se trata de una obra que, sin lugar a dudas, va a generar una gran discusión
nacional por su visión independiente y transgresora en torno a uno de los
factores que con mayor impacto está perturbando el desarrollo de nuestro proceso
socio-político, como es el conflicto interno armado, político y social que hemos
padecido durante sesenta años.
Jorge Enrique Botero, desde hace varios lustros, armado sólo de su valentía sin
orillas y de una libreta de apuntes y, en ocasiones, de un equipo de televisión,
ha logrado impactantes registros de nuestra más cruda realidad, extraídos con
ingenio y agudeza de las reflexiones que los actores menos aceptados confiesan
en relación con el eterno drama humanitario del país.
Pero Botero no lo ha hecho de cualquier manera, ni motivado por la ilusoria
expectativa de figurar -que bien merecido lo tiene- en los anales de la
literatura de investigación, ni amparado en fáciles recursos o en muelles
oportunidades logísticas.
Por el contrario, ha asumido su oficio de reportero de la vida y de la rebeldía
con valentía y con coraje. Incluso con una dosis de buen humor que lo protege de
los aludes depresivos, muy corrientes en una atmósfera eléctrica como la que la
actual situación nacional nos depara.
Desafiando preconceptos y riesgos que pocos de sus colegas se atreverían a
enfrentar, situados ellos y ellas en el dorado refugio de las comodidades
capitalinas, conque los grandes grupos económicos les encadenan, para pisotear
la dignidad del pueblo colombiano.
Botero marca distancia con el convencionalismo de los lugares comunes y con la
genuflexa conciencia del paraperiodismo sumiso, que hace la guerra simbólica en
beneficio de los intereses creados y
crea matrices de opinión adversas a la realidad para congraciarse con el
régimen mafioso.
Con "Espérame en el cielo, capitán" y "Últimas noticias de la guerra", en su
nuevo libro "Simón Trinidad, el hombre de hierro", Botero articula una saga
extraordinaria de miradas profundas a la naturaleza de nuestros conflictos
sociales y políticos. Y se aparta de los estereotipos vocingleros que
estigmatizan a la "contraparte" y transmiten sus boletines desde los aviones de
las brigadas militares o de rodillas ante los escritorios del ministro de turno.
En sus contenidos el autor logra hacer visible esa Colombia oculta, marginada y
combativa que tantas vidas ha entregado buscando las posibilidades de un cambio
real de la sociedad que les permita superar las dolamas causadas por la
irritante concentración de la riqueza y por el malevaje de una oligarquía de
corazón pequeño y unas mafias sin alma.
Sin embargo, éste nuevo trabajo, difiere de sus anteriores en que está dedicado
a trazar los rasgos humanos y humanistas de un hombre nada común, es decir, el
perfil de Simón Trinidad, guerrero por la paz, contradicción en los términos que
sólo la resuelve la voluntad de un intelectual a quien las condiciones
infrahumanas de sus compatriotas llevaron a empuñar las armas de la insurgencia
contra la antipatriótica explotación de unos pocos.
En este excepcional trabajo, Jorge Enrique Botero se vuelca con todo un mar de
recursos estéticos, en el que imbrica diversos géneros que van desde la
reportería, la
petit histoire y la narrativa policroma, hasta el ensayo
biográfico, que trabaja con esmero de artesano en el oficio de escribir.
De un momento a otro el lector se siente atrapado por la plástica narración que
Botero va tejiendo en segmentos aparentemente inconexos, que luego entrecruza
como si tuviera cuatro o más cámaras de filmación a la vez, en las que la figura
central aparece ambientada, soberbiamente escoltada por contextos naturales,
culturales y humanos de diversa procedencia, en cuyas geopolítica y rostros se
concreta la tragedia nacional.
Todos ellos, personajes y espacios, aparecen silueteados por la luna campesina
en las noches de la selva, dibujados con el aura de su ética alumbrando sus
sospechas; o con el vehemente sol arrebatando sus sangres o el viento vegetal
excitando la vida.
Qué bello libro el que ha producido Jorge Enrique Botero. Por que no sólo son
las excelentes metáforas y las construcciones impecables de su estilo narrativo
las que lo hacen atractivo, sino que en el curso de su escritura tiene la virtud
de bosquejar los matices sociales y culturales de la guerra que el sectarismo
hegemónico y derechista de las roscas no deja ver.
La figura humana de ese economista pequeño burgués que fue en su época de
vallenato Ricardo Palmera, crece al compás de la historia en su contacto
con los problemas sociales, con sus expectativas de democracia y hasta en su
valentía para enfrentar las armas de la república, o asumir sin autocompasión
alguna el encierro en un cuarto estrecho del cual sólo sale su imaginación
creadora y sus utopías revolucionarias.
Por Jorge Enrique Botero, por su exquisita prosa, sabemos que Simón Trinidad es
un hombre de profundas, de radicales convicciones democráticas y de
sensibilidades nacionalistas motivadas en múltiples lecturas derivadas de los
pensamientos bolivarianos, esos que hoy vuelven con gran ímpetu a estimular los
cambios en nuestra América.
Distinto, muy distinto al ser abominable y sectario que los panfletos del
retardatario régimen nos ofrece por los medios masivos de comunicación.
Alrededor de Trinidad, hay amores, desamores, ciudades, aldeas, bosques,
caminos, selva, ríos, pero sobre todo gente, ideas y conceptos políticos que
Botero se encarga de plasmar con rigurosa fidelidad.
Militante del Nuevo Liberalismo y de la Unión patriótica, Trinidad vio caer
asesinados a miles de sus compañeros y debió refugiarse y exiliar su familia en
México. Trasegar por los caminos de la clandestinidad, evadiendo la persecución
de la extrema derecha empotrada en el gobierno que llegó a amenazar desde
nuestro Nóbel García Márquez hasta al querido poeta Luís Vidales de ochenta y
dos años, a quien sacaron de su tibio lecho una madrugada para interrogarlo sin
pausas durante dos días en las caballerizas de Usaquén, supuestamente por ser
una amenaza para la estabilidad democrática de la nación.
Posiblemente creían que sus versos rebeldes eran misiles subversivos o su prosa
irónica basukas emplazadas contra el orden establecido.
Cuando se preparaba para realizar un contacto con James Lemoyne en la ciudad de
Quito para impulsar el acuerdo humanitario, Trinidad fue aprehendido por la
policía internacional, iba armado de su fe y escoltado por su compañera y por
pequeña hija, y un tiempo después fue extraditado por el actual presidente del
"corazón grande" a los Estados Unidos.
No hay, no puede haber una explicación distinta para la decisión de este hombre
de enrolarse en las fuerzas insurgentes de las FARC, que el modelo de desarrollo
injusto y excluyente sustentado en el fundamentalismo neoliberal que ha
predominado en nuestro país en las últimas décadas.
La rebeldía de tantos Simón Trinidad como hay en Colombia, se sustenta
principalmente en la reconfiguración forzada del modelo productivo colombiano,
en el comportamiento político de las élites dominantes y en la forma como se
crea, se distribuye y se acumula la riqueza y la pobreza en la sociedad
colombiana.
Como bien se ha dicho, el conflicto interno se alimenta con causas ancladas en
una sociedad profundamente excluyente y autoritaria y en un modelo de desarrollo
que no ofrece opciones de vida dignas a amplios sectores de la población, sobre
todo a aquellos vinculados al mundo rural y agrario y a los sectores más
marginales de las ciudades.
Seguir considerando la realidad nacional en términos de simple amenaza
terrorista es tal vez el mayor obstáculo al que se enfrenta la sociedad
colombiana para salir de la larga encrucijada de la guerra.
De acuerdo con el excelente trabajo de Alberto Yepes sobre conflictos globales y
poder mafioso en Colombia, la sociedad toda está siendo victimizada a causa de
un clima persistente de violaciones masivas y sistemáticas de los derechos
humanos y del derecho internacional humanitario.
Y por una casi absoluta impunidad que se ha agravado en los últimos años con el
ascenso de una mafia narcotraficante y paramilitar que, con el pretexto de
combatir a las guerrillas, se consolidó como poder local y regional, ejerció el
terror de manera sistemática sobre la población y practicó el despojo masivo de
bienes y tierras a la población.
Una terrorífica mafia narco paramilitar -dice el mismo estudio- que ha cometido
unas 3.500 masacres entre 1982 y 2005 –desde las convivir hasta la Seguridad
democrática-, desaparecido a más de 15.000 colombianos(as) que sepultó en unas
4.000 fosas comunes, y ha asesinado a más de 1.700 indígenas, 2.571
sindicalistas y cerca de 5.000 dirigentes políticos de izquierda democrática.
Cuatro millones de desplazados y seis y medio millones de hectáreas de tierra,
despojadas violentamente a los campesinos de Colombia, es el inventario que el
modelo de los señores de la guerra le dejan al país.
Mientras el régimen mafioso les entrega el ramo de olvido de una ley de justicia
y paz que beneficia y perdona a los victimarios y prolonga la angustia de las
víctimas, encarcela, acosa y deslegitima a los actores democráticos que buscamos
la salida incruenta a la prolongada confrontación.
En este magnifico libro, Jorge Enrique nos narra los pormenores de los juicios
públicos en la Corte de Justicia en Washington, el inhumano presidio, los
testimonios falsos de testigos prevaricadores y cargos inventados.
Pero también nos traduce el admirable ejemplo de un hombre de hierro, que tiene
la moral en alto, la energía juvenil de un combatiente por la libertad y los
ojos abiertos hacia el futuro de Colombia.
Yo, al igual que Martin Luther King tengo un sueño: el de que pronto superemos
esta noche larga y tortuosa, con una alborada luminosa de paz. Que los hombres y
mujeres que hoy están obligados a combatir desde los riscos insurgentes,
empujados por un modelo de desigualdades y de injusticias, regresen pronto a la
civilidad donde tendremos un Estado y un gobierno que les ofrece garantías y
oportunidades democráticas.
El trabajo de Jorge Enrique Botero, "Simón Trinidad, el hombre de hierro", tiene
derecho propio, por sus méritos estéticos y su fiel registro de los hechos a un
lugar de preeminencia en la historiografía colombiana. Es un libro que tiene en
sus entrañas la huella indiscutible del valor de un gran periodista que lucha
por la emancipación y la verdad.
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