Los Guanches eran los aborígenes de Canarias, y entre ellos había sus "reyes" que se llamaban (en Tenerife) Menceyes, la historia hace alusión a la Conquista de Tenerife por los españoles del Adelantado
Fdez de Lugo.


El Mecey de Tenerife se llamaba Beneharo "el Mencey que se volvió loco", cuando la conquista por Lugo que vino acompañado de Guanarteme (un convicto de la isla de Tamarant ("Gran" Canaria para los chovinistas).


Esta pieza pertenece a la obra llamada "La Cantata del Mencey loco", por lo que les recomiendo que le echen un vistazo. Lo que está en ROJO es el grito desesperado de Beneharo en lengua aborigen.
 

 

 

Con los gritos guanches de Guañoth, Achamán (¡Socórreme, Dios!), culmina este pasaje de forma triste y dramática.



El nombre de la hija de Beneharo titula el siguiente pasaje, concebido por malagueñas, ese hondo canto canario que deriva del fandango andaluz y que hoy cuenta con perfiles propios y diferenciados. Obsérvese que el solista encaja a la perfección los seis versos del motivo, cuando lo usual es que las coplas de malagueñas estén formadas por cuatro o cinco. Está clara la influencia de Antonio de Viana en esta concepción que hace Gil-Roldán del personaje femenino, cuya visión idílica queda bruscamente truncada por la aparición del conquistador. Nuevamente el narrador y el coro dan noticia de la llegada de Lugo y de sus inmediatas consecuencias. A la voz recitadora le corresponde casi siempre el papel de testigo que narra en tiempo presente mientras el coro repite el leitmotiv de La Cantata con la intención de subrayar los más inmediatos resultados del enfrentamiento. Con los gritos guanches de Guañoth, Achamán (¡Socórreme, Dios!), culmina este pasaje de forma triste y dramática.

 

Y cuentan que en esas luchas
con caudillos y piratas,
amazona singular,
al frente de su mesnada
arrogante se batía
la princesa Guacimara.

Y cuentan que era tan bella,
y cuentan que era tan brava,
y cuentan que tal hechizo
escondía en su mirada,
que más de un aventurero
quedó en las playas de Añaza,
cuando no herido del cuerpo,
herida de amor su alma.

Entonces,
entonces llegó el de Lugo,
y tras el primer esfuerzo
ineficaz que le trajo
la derrota de Acentejo,
armado en la Tamarant
con Guanarteme en converso,
volvió a la carga, y los guanches
a su empuje sucumbieron.

Ya la libertad perdida,
ya derrotado el empeño,
ya homenaje de adhesión
rinde a Lugo, el tinerfeño.
Ya no más luchar de frente
cara a cara y pecho a pecho,
ya el banote se quebró
del alcarabuzazo al fuego.
Ya la libertad perdida,
ya derrotado el empeño,
¡era para enloquecer
de horror y remordimiento!

Beneharo enloqueció,
arrojó diadema y cetro,
y vagando por las cumbres,
anduvo de cerro en cerro,
espantando a los rebaños
con sus profundos lamentos,
gritos de rabia y dolor,
imprecaciones al cielo,
que en sus alas recogían
las águilas y los cuervos.

¡Guañoth!
¡Achamán!

¡Guañoth!, ¡Achamán!, gritaba...
¡Achamán!, repetía el eco
de los profundos barrancos
repercutiendo en los senos...

¡Guañoth!


El himno de Canarias;  no sólo es un canto de amor a nuestra tierra...