No es un circo, es una canallada generalizada, de cuya situación los médicos son cómplices*: agricultura muerta, sanidad donde los pacientes se mueren en las listas de espera, macro cárcel en la zona más poblada de la Isla Tamarant, terceras pista de aterrizaje etc. etc. y no es que los "gobernantes" estén en el limbo, es que están corruptos hasta la medula...
*3.000 euros todos los meses son buenas razones para vivir la buena vida y no molestarse.
Tamarant
El Servicio Canario de
Salud, agente privatizador
Modus operandi
Ramón Afonso
26-05-2008
Consejera de sanidad del PP
fascista
En la investigación criminalística conocer el
característico modo de actuar del delincuente es de vital importancia; analizar
los esquemas intelectuales puestos en liza, la información disponible, las
estrategias y los medios utilizados junto al manejo de las técnicas de
investigación resultarán cruciales a la hora de conocer el quién, el cómo, el
cuándo, el donde y el porqué del hecho delictivo. De esta manera la policía
puede reconocer el trabajo impecable de un profesional, la chapuza del ratero de
medio pelo, los despistes del principiante, incluso al veterano maestro que deja
pistas de pipiolo para confundir al investigador; distingue al asesino en serie
del asesino múltiple - desajustes psicopatológicos mediante-, diferencia al
asesino a sueldo de aquellos con motivaciones ideológicas o políticas; al
elegante y nada violento ladrón de guante blanco de granujas de cuello y
alzacuello de ese mismo color –el ecónomo que invirtió en Gescartera, los
Mario Conde, De la Rosa o Prado y Colón de Carvajal- por cierto,
casi todos amigos del Rey de España…Bueno, ya decía Lucky Luciano, y de eso
sabía un rato, “detrás de una gran fortuna hay siempre un crimen”.
En Canarias, los políticos instalados en los sucesivos gobiernos, cabildos y
ayuntamientos en su incesante lucha contra lo comunal, lo colectivo, lo público,
han generado todo tipo de estrategias si bien, y dependiendo de los servicios
públicos de que se trate, su modus operandi va evolucionando aunque el objetivo
sea el mismo siempre: expropiar lo público en beneficio de lo privado, de sus
amos putativos. La
R.I.C. –Reserva de Inversiones de Canarias- se eleva como la madre de
todas las injusticias que impregnan en cascada toda la administración al
descapitalizar, vía impago de impuestos, las arcas públicas obligándolas a la
iniquidad de los impuestos indirectos. Encima, una vez limitados los recursos,
las políticas sociales son su primera víctima al priorizar el gasto con espurias
intenciones, algunos ejemplos: crean una innecesaria y costosa policía
autonómica, mientras reeditan cada año un escandaloso fracaso social en la
educación a la vez que le niegan la homologación salarial a un profesorado que
desde hace trece años espera el cumplimiento de una ley del Parlamento de
Canarias, entregan la Universidad y el conocimiento a los intereses
empresariales al abrazar alborozados el Plan Bolonia.
Masacran ecosistemas protegidos por leyes que se incumple
sistemáticamente (LIC Sebadales del sur –Puerto de Granadilla-).
Privatizan el agua (ENMASA) y la franja litoral para hoteles y puertos
deportivos mientras destruyen, en ese mismo espacio costero, asentamientos
populares históricos de gran interés etnográfico como Cho Vito. Con su
mercantilización, el proceso de privatización de la sanidad canaria goza de una
salud de hierro, mientras lo parámetros de calidad de la sanidad en Canarias
están en caída libre desde hace años; la externalización de los servicios, como
les gusta ladinamente calificar este atraco, supone que más del 35 % de los
recursos público estén gestionados por empresas privadas. El modus operandi de
la derivación de pacientes a clínicas y empresas privadas de análisis y
radiodiagnóstico merece que nos detengamos un momento pues ejerce un papel
central en la estrategia privatizadora.
Les propongo que investiguemos un caso real. Todo comienza en noviembre de 2007,
por entonces una mujer -llamémosla Dolores- sale contrariada del despacho de su
médica porque esta la deriva al endocrinólogo por posibles problemas con su
tiroides. Cuatro meses después acude a su cita con el especialista en el CAE del
Servicio Canario de Salud (SCS) de Tomé Cano en Santa Cruz de Tenerife. La
endocrinóloga le pide una ecografía del tiroides y una analítica. En ese mismo
centro consigue su cita para la ecografía, el 11 de febrero de 2008, ya cuatro
meses le parecen poca espera. Unos días después Dolores vuelve a su centro de
salud a pedir la siguiente cita en la que el especialista verá las pruebas y
hará el diagnóstico, y le dan para el 11 de febrero de 2009. “Más de un año para
que me vuelva a ver el especialista”, piensa amargamente, de paso le comunican
que la ecografía no le va a servir y que para la analítica no le podían dar
fecha por no estar abierta aún la agenda del 2009…que volviera el año que viene.
Pues a esperar.
Un buen día de abril de 2008 estaba Dolores viendo la telenovela de la tarde
cuando suena el teléfono y una amable voz le comunica el adelanto de su
ecografía nada menos que 12 días, que se la harían en Consultas Externas de
Scanners Canarias en la calle Alfonso Soriano Frade. Sorprendida, pregunta
ingenuamente si se habían trasladado los servicios de radiología del CAE de Tomé
Cano, pero la extrañada voz era la del otro lado del teléfono que contesta “no,
Scanners Canarias es una empresa privada a la que el SCS está derivando
pacientes con la intención de aliviar las listas de espera”. Dolores, más
aturdida ahora por no entender que una empresa privada tuviera acceso a sus
datos personales sin su autorización, pregunta cómo es posible que le hagan el
“favor” de adelantarle la ecografía unos días si la cita con el endocrino es
para febrero de 2009. “Hágase la ecografía que luego ya se verá”, fue la
respuesta.
Ante este confuso panorama, Dolores decide ir a su centro de salud a que le
expliquen; allí le dicen que todas las pruebas caducan a los tres meses, así que
anulan la ecografía concertada y la convocan para una semana antes de la cita
con el especialista, el 3 de febrero de 2009. Indignada, decide presentar una
reclamación al Servicio Canario de Salud por lo que creía no sólo una
vulneración del derecho a la privacidad de sus datos, sino una dilapidación del
dinero público al programar costosas pruebas que no van a poder ser útiles pues
tienen un periodo de caducidad. El 20 de mayo, Dolores recibe una carta de una
subdirectora médica del Servicio Canario de Salud lamentando “las molestias que
se le han podido ocasionar al dar traslado de su prueba diagnóstica a un centro
concertado”. Después de justificar las “derivaciones de forma puntual y siempre
buscando responder con prontitud a la demanda asistencial de los usuarios” a la
empresa privada por la saturación del servicio de radiodiagnóstico, añade: “Una
vez realizada la ecografía (en Consultas Externas Scanners Canarias) puede
contactar con el Servicio de Atención al Usuario del CAE J. Rumeu (C/ Tomé Cano)
para intentar agilizar la cita con endocrinología”. Fin del relato.
Mientras la empresa privada está en su papel de ganar dinero -la enfermedad
parece ser un buen negocio- el Servicio Canario de Salud actúa de mamporrero del
capital privado falseando la situación de saturación del servicio de
radiodiagnóstico público, cuando realmente el déficit es de especialistas y
concretamente, como se ha visto estos días en Lanzarote, en endocrinología.
¿Cómo es posible que desde el SCS se aconseje a Dolores a realizar la prueba en
Scanners Canarias con tanta antelación y, encima, con la esperanza de así poder
adelantar puestos adulterando aún más las listas de espera? Además, si lo que
buscan es agilizar las listas de espera ¿por qué no le adelantan la hora con el
endocrinólogo? Así se puede entender lo que quería decir la Consejera de
Sanidad, Mercedes Roldós, cuando afirmó " No voy a tener complejos en
usar la sanidad concertada", la terapia para superar sus taras sicológicas nos
cuestan 233 millones de € este año y mientras tanto se cierran centros de salud,
se infrautilizan quirófanos y servicios, en definitiva, se deteriora
intencionadamente la sanidad pública.
Este modus operandi no responde a criterios de planificación, eficacia, calidad
o transparencia en la gestión pública, lo cierto es que tiene muchas similitudes
con la manera de actuar de algunos mangantes de cuello blanco, lo triste es que
actúan con la misma impunidad.