Los canarios hemos pagado un alto impuesto de sangre...
Venimos de lejos. Somos habitantes de las islas aisladas perdidas en medio del
océano. Cuentan que ellas los trajeron los dioses terribles, y después nos
olvidaran. Durante siglos hemos sido invadidos, saqueados, vendidos como
esclavos. Hemos pagado un
alto impuesto de
sangre, el tributo del miedo, la tasa del olvido.
Hemos exportado vino, azúcar, mujeres, hombres. Nunca pensamiento, ni versos, ni
doctrinas. A nuestras playas tienen arribado fanáticos, piratas, exiliados,
traficantes, científicos, comerciantes, asesinos. Por nuestra espalda ha pasado
abundante historia. Se fueron aunque. Nosotros propios tenemos partido.
Diciéndonos todo eso. Sabemos que nos reconocen como los eternamente vencidos.
Los perpetuamente envueltos en pesadumbre y en tristeza. Aparentamos estar
perdidos. Los figurantes estáticos en una postal turística. Los receptores de
todas las filosofías, de todas las mercancías.
Pero prevalecemos. Mantenernos en pie, erguidos. Somos los supervivientes. Los
obstinados. Las falacias en las que baten las ondas del mundo. Atrás de la capa
de mago y de saudade, tenemos la fortaleza de los irreductibles. La ironía de
los que persisten.
Pasan las tempestades. Pasan el mar, los hombres, los tiempos. Y nosotros
permanecemos. A veces respiramos a la medias. Otras veces soñamos despertados. O
nos asalta la desesperación las rajadas. Pero llevamos siglos contemplando el
mundo. Aprendemos. Me los Interpreta. Desciframos. Intuimos. Concebimos.
Sabemos. Nos sabemos.
Venimos de una larga geografía. Venimos de edades pasadas. Vamos lejos. Hablamos
suavemente. Sonreímos. Los visitantes vienen y van, pero no aprenden, pues sólo
nos miran como exóticos. Nosotros, sin embargo, conocemos los matices. Una vez
que hemos importado todo, nada nos sorprende totalmente. Y sin embargo, estamos
siempre dispuestos a la maravilla.
Cuando miramos para el mar sabemos que es algo más del que el mar y que, sin
embargo, es sólo el mar. Cuando miramos para las montañas, es cómo se nos
miráramos, pues formamos parte de ellas. Cuando miramos unos para los otros, nos
reconocemos en un pequeño gesto, en un ápice. Precisamente porque conocemos los
matices.
Algunos de nosotros trazan extrañas señales en papeles, cuentan historias del
corazón, vuelos del alma, viajes extraordinarios. Porque también nos enamoran
las palabras. Las medimos, las sopesamos. Y estas gentes tienen escrito poemas,
novelas, cuentos. Han diseñado el mapa del tesoro de nuestra sabiduría.
Pero este tesoro aún no fue encontrado. Las islas que han sabido mezclar en la
argamassa del hombre las historias y conocimiento de los cinco continentes y los
siete océanos del tercer planeta a partir del sol, permanecen perdidas,
invisibles para los hombres apresurados que viene y van por el grande bazar del
mundo.
Pasan a nuestro lado, y sólo vienen islas, playas, sol, palmeras. Aún no han
comprendido. Pero somos pacientes. Somos bondadosos. Y, por eso, vamos a llegar
de un golpe la historia. Vamos a hacernos visibles. Vamos a enseñar a los
hombres el camino a las islas, la ruta de la sabiduría. No dejaremos que
continúen perdidos.
Y haremos a nuestra manera (una vez que apreciamos especialmente los matices).
En esto están nuestras mujeres. Nuestros hombres. Nuestra poesía. En pie sobre
estas rocas, rodeados de distancia de ironía, estamos ajenos, los macaronésicos,
los isleños. He aquí que existimos. Venimos de lejos. De muy lejos.
Canarias, laboratorio experimental “ No lo digan más claro que ya lo sabemos ”
50 familias por cada mil toneladas de comercio. Los canarios no tienen ningún privilegio, son utilizados como mercancía, como bestias de carga por los depredadores españoles. No parten, la miseria a la que están sometidos en su tierra les obliga a partir. Se trata de echarles de su tierra, de desarraigarlos, para que no cuestionen al invasor y explotarles de forma brutal en los cañaverales...