Le acusa de presuntos nuevos delitos que suma a la acusación anterior de "homicidio imprudente, asesinato, golpismo, malversación de fondos públicos, corrupción generalizada, terrorismo de Estado…"
El coronel Amadeo Martínez Inglés acusa al rey de entregar vergonzosamente a Marruecos el pueblo saharaui
Amadeo Martínez Inglés ha enviado un segundo escrito al Presidente del Congreso
acusando al rey Juan Carlos de nuevos presuntos y graves delitos que se suman a
los que ya mencionó el coronel del ejército español en una carta anterior a José
Bono y a Zapatero.
AL EXCMO SR. PRESIDENTE DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS DE LAS CORTES ESPAÑOLAS
Don
Amadeo Martínez Inglés, coronel del Ejército, escritor e historiador militar, se
dirige por segunda vez a VE y a la Cámara que preside con arreglo a lo que
dispone el artículo 77.1 de la Constitución española manifestándole lo
siguiente:
Con fecha 4 de abril del presente año, y de acuerdo a lo establecido en el
artículo 77.1 de la Carta Magna española, elevé a su autoridad un escrito en el
que le solicitaba la creación de una Comisión de Investigación parlamentaria
que, conforme a lo señalado en el artículo 76.1 de ese mismo texto legal,
procediera de inmediato a estudiar e investigar los presuntos delitos cometidos
por el rey Juan Carlos, tanto en su juventud como en su ya largo reinado, y de
los que existen abundantes indicios racionales en las exhaustivas y complejas
investigaciones que como historiador militar me he permitido realizar a lo largo
de los últimos veinticinco años. Presuntos delitos que le especificaba con todo
detalle en el mencionado documento: homicidio imprudente, asesinato, golpismo,
malversación de fondos públicos, corrupción generalizada, terrorismo de Estado…
Han pasado seis largos meses desde que le remití el escrito y VE, obviamente, no
se ha molestado siquiera en acusar recibo del mismo. Puesto a analizar tamaña
falta de profesionalidad, dejación de sus responsabilidades como máximo
representante del pueblo soberano y auténtica falta de respeto hacia un
ciudadano español que cree desenvolverse en un Estado de derecho y paga
religiosamente sus impuestos (una parte alícuota de los cuales va directamente
al bolsillo de su excelencia), sólo llego a atisbar tres posibles causas del
desafuero institucional cometido por VE contra mi persona. Son las siguientes:
1ª.- Quizá esté equivocado y mis denuncias contra el rey Juan Carlos: asesinato,
golpismo, malversación de fondos reservados, terrorismo de Estado, corrupción…no
tengan la suficiente enjundia (política, jurídica, social…) como para que el
Congreso de los Diputados, máximo órgano representativo del pueblo español, se
vea impelido a investigarlos y, en consecuencia, su excelentísima persona urgida
a mover de una vez su estúpido trasero.
2ª.- Pudiera ser también que el estado anímico de su honorable persona, señor
Bono, no sea el mejor de los posibles después de su heroica decisión de congelar
los emolumentos de todas las señorías que en esa Cámara calientan banco tres
días a la semana. Con lo que el sueldo mensual de su presidente, el de su
excelencia (mensual, no anual como es muy frecuente entre los ciudadanos
españoles) deberá seguir siendo durante todo el año de crisis de 2009 de unos
15.000 euros. Desde luego, con esos ingresos puede resultar hasta comprensible
su absentismo laboral…
3ª.- O tal vez la razón suprema de su falta de educación, señor Bono, tenga algo
que ver con el miedo de su señoría excelentísima a que, si se crea la Comisión
de Investigación solicitada, se le caigan definitivamente los palos del sombrajo
a este Régimen benefactor y singular levantado con tanto esfuerzo por el
franquismo para que nada cambiara de verdad en este país tras la muerte del
dictador y VE se quede a la intemperie y sin ese modesto sueldo a que me refería
en el apartado anterior.
De todas formas, señor Bono, por una u otras razones, usted no ha cumplido con
sus deberes como presidente del Congreso de los Diputados. Yo le remití mi
solicitud sobre la base de un derecho constitucional (artículo 77.1) y de ese
derecho como ciudadano español se desprende una obligación por su parte: la de
acusar recibo de la misma y tramitarla con arreglo a las normas pertinentes de
actuación parlamentaria. Porque si usted no cumple con su obligación como
presidente de esa Cámara, alegando cortedad en el sueldo o alguna otra razón que
se me escapa, yo me quedo sin derecho, sin Comisión de Investigación y sin
Constitución que valga. Y lo que es todavía peor: los españoles (empezando por
usted) se van a quedar en la inopia para siempre en relación con las perrerías
cometidas durante su ya largo reinado por el último de los Borbones.
Y ahora paso al meollo del presente escrito, es decir, a contarle algunas cosas
muy graves, muy graves, muy graves… gravísimas ¡como no! del actual rey de
España, Juan Carlos I de Borbón. Más que nada para que tome buena nota de ellas,
añadiéndolas en lugar preferente al inventario de presuntos delitos que ya le he
remitido y que deberá ser estudiado, cuando a usted le venga bien, por la
todavía nonata Comisión de Investigación Borbónica Española (CIBE)
Me estoy refiriendo en concreto, señor Bono, a tres nuevos, espeluznantes,
bochornosos, repugnantes… delitos, que ni la historia ni los ciudadanos
españoles conocen todavía en toda su profunda dimensión (algunos historiadores,
obviamente, estamos en ello) cometidos en los últimos meses del año 1975 por el
entonces príncipe de España, justo cuando desempeñaba la Jefatura del Estado de
una forma interina pero con todos los poderes del dictador en la mano. Presuntos
delitos que de entrada podríamos catalogar, hasta que la citada Comisión
parlamentaria pueda pronunciarse, como de alta traición, cobardía ante el
enemigo y genocidio. Sí, sí, no se me ponga nervioso, señor Bono, que enseguida
paso a informarle largo y tendido sobre el asqueroso hecho político que acoge
estas figuras delictivas de Juan Carlos I, que para eso soy historiador militar
y, modestia aparte, creo que de todo esto sé un poquito, lo justo quizá para
despertar su mente y la de algunos miles de ciudadanos españoles.
Y le voy a exponer el asunto, en principio, señor presidente, de una forma
extractada y casi telegráfica (aunque creo que muy comprensible para usted, que
me imagino tiene cierta culturilla histórica, y para el lector medio) pues no
querría bajo ninguna circunstancia que este escrito se convirtiera, por mor de
mi incontinencia profesional, en una larga y tediosa lección magistral de
historia de España. Eso lo dejo, si a vuecencia le parece bien, para deleite de
las señorías a las que les corresponda un día poner en su sitio, de una vez por
todas, a este Borbón de medio pelo salido de las cloacas del franquismo que ha
tomado la jefatura del Estado español como su finca particular y su saneado
negocio.
El hecho histórico a que me refiero, señor Bono, no es otro que el de la
vergonzosa entrega a Marruecos, en noviembre de 1975, de nada menos que 200.000
kms cuadrados del llamado Sahara español (provincia africana según Franco,
territorio bajo administración española según la ONU) por miedo a tener que
enfrentar una guerra con ese país (que había organizado una marcha “pacífica” de
300.000 ciudadanos marroquíes y nos amenazaba con la invasión pura y dura) y
tras un pacto secreto entre el jefe de Estado español en funciones en aquellos
dramáticos momentos (el príncipe Juan Carlos de Borbón), la CIA y el
Departamento de Estado norteamericano (Kissinger). Pacto por el cual el heredero
de Franco se quitaba de en medio una muy probable guerra colonial con nuestro
vecino del sur (que podía poner en grave peligro su ansiada corona) y recibía
además el inmenso apoyo político yanqui para estabilizar su tambaleante Régimen.
A cambio, claro está, de traicionar con nocturnidad y alevosía, como ha sido
práctica habitual en él, al pueblo español (ajeno a todo como siempre), a sus
Fuerzas Armadas (que a pesar de su abandono operativo y escasez de medios
estaban dispuestas a sacrificarse por defender el honor de España y la legalidad
internacional), y del que cualquier juez imparcial pediría responsabilidades al
jefe del Estado español por cómplice y colaborador necesario) y a la ONU (que
había decretado a través de su Tribunal Internacional de Justicia y de su
resolución 380 la ilegalidad de la acción unilateral de Marruecos y el derecho
del pueblo saharaui a la autodeterminación).
Empecemos, pues, presidente, y que nadie desdeñe el asunto como lejano en el
tiempo o meramente historicista pues estamos hablando de hechos gravísimos
cometidos en su día por el actual jefe del Estado español, como son los
presuntos delitos de “alta traición a la nación española” tras la acción
consumada y no debatida en sus órganos institucionales de la entrega a una
potencia invasora de una parte importantísima del territorio nacional sin
intentar defenderlo siquiera y tras un pacto secreto con el propio enemigo y su
socio geoestratégico; de “cobardía ante el enemigo” por parte del jefe del
Estado español en funciones de comandante en jefe del Ejército que entrega sin
combatir una parte substancial del territorio nacional tras un pacto secreto con
el enemigo; y de “genocidio” contra el pueblo saharaui, en grado de colaboración
necesaria con el ejecutor directo del mismo (el sátrapa marroquí), al haber
puesto bajo la bota de su Ejército, totalmente desarmados, a los 30.000
habitantes de la antigua provincia española, a los que debería haber defendido
con arreglo al Derecho Internacional y a los derechos humanos más fundamentales.
Repasemos, pues, esos lamentables hechos, próximo a cumplirse su 33 aniversario:
21 de agosto de 1975
El departamento de Estado norteamericano da luz verde a un proyecto estratégico
secreto de la CIA, financiado por Arabia Saudí, para arrebatar la antigua
provincia del Sahara (270.000 Kms cuadrados) a España. Un territorio vital desde
el punto geoestratégico, rico en fosfatos, hierro, petróleo y gas, que EE.UU. no
está dispuesto a dejar en manos de España dada la situación en que se encuentra
el régimen franquista. El plan consiste en invadir la zona mediante una marcha
“pacífica” de unos 300.000 ciudadanos marroquíes (Marcha Verde), que se harían
pasar por antiguos habitantes de la zona.
6 de octubre de 1975
El servicio de Inteligencia del Ejército español informa a Franco, ya muy
enfermo, de los planes de EE.UU. en relación con el Sahara.
16 de octubre de 1975
La Marcha Verde es anunciada por Hasan II, al mismo tiempo que el Tribunal
Internacional de Justicia de la ONU rechaza las pretensiones de Maruecos sobre
ese territorio.
20 de octubre de 1975
Franco empeora ostensiblemente. Sufre un nuevo ataque al corazón.
21 de octubre de 1975
El príncipe Juan Carlos de Borbón, heredero del dictador, se niega a aceptar la
jefatura del Estado con carácter interino. Quiere plenos poderes para poder
actuar en el Sahara.
22 de octubre de 1975
El presidente del Gobierno español, Arias Navarro, con conocimiento de Franco,
manda a Solís a Rabat para tratar de parar el órdago marroquí prometiendo
negociaciones sobre el tema en cuanto la situación del dictador mejore.
26 de octubre de 1975
Comienza la Marcha Verde en territorio marroquí. Toda la planificación operativa
y la organización logística han corrido a cargo de técnicos norteamericanos.
30 de octubre de 1975
Juan Carlos de Borbón se hace cargo de la jefatura del Estado español (artículo
11 de la ley Orgánica del Estado). Está muy preocupado por la situación en el
Sahara pues tiene muy presente el caso portugués. No quiere que la situación le
desborde.
31 de octubre de 1975
El príncipe preside un Consejo de Ministros en La Zarzuela. Cuestión
prioritaria: el Sahara. Asiste invitado el jefe del Estado Mayor del Ejército,
Carlos Fernández Vallespín. Juan Carlos manifiesta su férrea determinación de
ponerse al frente de la situación. Sin embargo, no les dice a los reunidos que
él ya ha enviado a su hombre de confianza, Manuel Prado y Colón de Carvajal, a
Washington, para solicitar la ayuda de Henry Kissinger. Es consciente de que una
guerra colonial con Marruecos en aquellos momentos podría precipitar los
acontecimientos al estilo de lo acaecido en Portugal y que podría perder su
corona antes de ceñirla.
El secretario de Estado norteamericano acepta la mediación solicitada por el
nuevo jefe del Estado español, intercede ante Hassan II y en las siguientes
horas se pergeña un pacto secreto por el que Juan Carlos se compromete a
entregar el Sahara español a Marruecos (vistiendo el muñeco de la rendición con
unas amañadas conversaciones políticas en Madrid), a cambio del total apoyo
político americano en su próxima andadura como rey de España.
2 de noviembre de 1975
Juan Carlos de Borbón visita las tropas destacadas en El Aaiun en un viaje
sorpresa. Está en tratos secretos con los americanos para la entrega del
territorio, pero no tiene ningún reparo en escenificar un “teatrillo castrense”
con los militares (a los que traicionará en las siguientes horas igual que al
pueblo español, a los saharauis y a la propia ONU) echando mano de la extensa
parafernalia castrense propia de estos actos: formación solemne, desfile, honor
a los muertos, recepción en el Casino Militar… En este centro, en el curso de
una bien regada copa de vino español, hasta se permite el lujo de representar el
papel de un moderno “Escipión El Africano a la española”, diciéndoles a los
oficiales de las tropas allí destacadas: “España no dará un paso atrás, cumplirá
todos sus compromisos, respetará el derecho de los saharauis a ser libres” y
también, hinchando el pecho y subiendo la barbilla: “No dudéis que vuestro
comandante en jefe estará aquí, con todos vosotros, en cuanto suene el primer
disparo”
¡La cara de este hombre es de cemento! (Nota del autor)
6 de noviembre de 1975
La Marcha Verde invade la antigua provincia africana española. En virtud del
pacto secreto (alta traición) entre Kissinger, Hassan II y el flamante nuevo
jefe del Estado español (el viejo se está muriendo en el hospital hecho un
guiñapo entre monitores y sondas) los campos de minas de la frontera han sido
levantados y los legionarios españoles prudentemente retirados. España hasta se
permite la desvergüenza de enviar al ministro de la Presidencia para que gire
una visita de cortesía a los campamentos marroquíes. La ONU, incómoda y sin
saber de qué va la cosa, urge a Hassan II a retirarse y a respetar la legalidad
internacional. España mira para otro lado ¡bastante tiene el principito con
asegurar su corona! y el tirano alauí no hace el menor caso.
9 de noviembre de 1975
Hassan II da por alcanzados todos sus objetivos en el Sahara y en espera de las
conversaciones de Madrid (ya tiene asegurada su presa) retira los campamentos de
la Marcha Verde a Tarfaya. Argelia protesta y retira su embajador en Rabat. Los
polisarios, traicionados por España, se aprestan a la lucha.
12 de noviembre de 1975
Comienza la Conferencia de Madrid entre España, Marruecos y Mauritania, con
EE.UU. de mandamás en la sombra.
14 de noviembre de 1975
Declaración de Madrid sobre el Sahara. Se entrega a Marruecos toda la parte
norte de la antigua provincia española: 200.000 Kms cuadrados de gran
importancia geoestratégica, muy ricos en toda clase de minerales, gas y petróleo
(descubierto por petrolíferas yanquis y en reserva estratégica). A Mauritania
(que los abandonará enseguida en beneficio de su poderoso vecino del norte) se
le transfieren 70.000 Kms cuadrados del sur, los más pobres e improductivos. Las
Cortes y el pueblo español no saben nada del asunto. Todo se ha tejido entre
bastidores, con la CIA, el departamento de Estado norteamericano y los servicios
secretos marroquíes como maestros de una ceremonia bochornosa en la que el
príncipe Juan Carlos ha movido sus hilos a través de sus validos y hombres de
confianza: Armada, Mondéjar, Torcuato Fernández Miranda… mientras el Gobierno
del anonadado Arias Navarro, con Franco moribundo y su porvenir político en el
alero, se ha limitado a ejercer de convidado de piedra en la mayor vergüenza
política y militar de España en toda su historia. Porque sí, efectivamente, este
país, después de su flash imperial, ha padecido en diferentes épocas derrotas
sin cuento, descalabros memorables y renuncios espectaculares, pero nunca jamás
había traicionado de una forma tan perversa a sus propios ciudadanos (los
saharauis lo eran en 1975), se había humillado de tal manera ante un pueblo más
débil que él pactando en secreto su rendición, y abandonado cobardemente el
campo de batalla sin pegar un solo tiro y después de entregar a su envalentonado
enemigo acuartelamientos, armas y bagajes.
Una vergüenza histórica sin paliativos, a cargar ¡como no! en el “debe” de un
príncipe sin principios morales de ninguna clase, cargado de ambición, bufón de
un dictador sin escrúpulos, ansioso de poner sobre su cabeza los ridículos
oropeles de una corona trasnochada y profanada hasta la saciedad en el pasado
por reyes despreciables de su propia dinastía, y que se permitió el lujo de
vender a su propio país, a su pueblo, a la sacrificada minoría étnica que, bajo
nuestras leyes y nuestra protección, creyó en la promesas de España y en ser
libres algún día.
De todo esto que le cuento, señor Bono, poca información han recibido durante
nuestra sacrosanta transición tanto el pueblo español como su clase política.
Había que preservar, así lo estipula la Constitución franquista del 78, la
imagen del rey que iba a salvarnos a todos y a traernos los derechos y
libertades conculcados durante décadas por su amo y señor.
Termino, señor presidente del Congreso de los Diputados, y recuerde: alta
traición, cobardía ante el enemigo y genocidio. ¡Casi nada! ¿No le parece a su
excelencia que quizá esa Comisión de Investigación que tanto pavor le produce
debería comenzar su trabajo analizando tan escalofriantes delitos?
Reciba, señor presidente del Congreso de los Diputados, un afectuoso saludo
Firmo el presente escrito en Alcalá de Henares a 8 de octubre de 2008
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El pueblo Canario también está siendo traicionado
Coronel Amadeo Martínez, le felicito por su Art. No está mal recordar la
historia, lo grave es cuando se escribe del pasado y no del presente. Espero que
pronto analice la situación similar por la que transitan las Islas Canarias,
pues aquí hay en marcha otra confabulación en la que al menos se le está
entregando las aguas jurisdiccionales de Canarias a Marruecos, donde se cree que
hay grandes reservas petrolíferas.
Es más, esta oligarquía corrupta que nos domina ha evadido miles de millones de
euros de los impuestos públicos, a través de la
R.I.C. y otros mecanismos así a Marruecos, destruyendo intencionadamente
lo poco que nos quedaba, la agricultura, cuando el sector primario debería ser
el más cuidado, pues estamos hablando de la alimentación.
¿Y qué alternativa nos ofrecen? dos macro cárceles una en “Gran” Canaria y otra
en Fuerteventura.
Otro soldado que fue traicionado en el Sahara
Tamarant