LA INTERVENCIÓN ES UN HECHO
Carlos Enrique Dallmeier
He recibido numerosos correos que tratan de los ataques verbales entre Venezuela
y Estados Unidos. Para mí toda esa discusión es elusiva del aspecto real: el
petróleo.
LA FRÍA REALIDAD
Para entender esto no hay que ser un genio. Es muy sencillo.
1) Venezuela tiene importantes reservas probadas de petróleo (más de 75.000
millones de barriles, más las que hay en el Golfo de Venezuela) y nuestro pueblo
ha decidido, en referéndum, que las mismas sean propiedad inalienable del
país...
2) Estados Unidos tiene un consumo creciente de petróleo que ha pasado de 17,2
millones de barriles de petróleo en 1993 a más de 20 millones de barriles de
petróleo diarios en el 2003.
3) La producción petrolera de Estados Unidos está decreciendo. Pasó de 8,5
millones de barriles diarios en 1993 a sólo 7,5 millones de barriles diarios en
2003.
4) Las reservas probadas de su gran suplidor, México, que produce casi 4
millones de barriles diarios, han disminuido peligrosamente de 49.900 millones
de barriles en 1983 a sólo ¡16.000 millones de barriles en el 2003!.
5) Las reservas probadas de Estados Unidos se agotan. Han pasado de cerca de 40
mil millones de barriles en los años 80 a 30.700 millones de barriles en 2003.
Nota: Cifras están tomadas del reporte anual de British Petroleum y pueden
consultarse en www.bp.com
Es decir, Estados Unidos cada día que pasa consume más, produce menos y tiene
menos reservas de petróleo. Y su gran tragedia es que no puede disminuir el
consumo de petróleo, porque enfriaría su economía, lo que traería apareado el
derrumbe de su poder hegemónico mundial, ya que el mismo está basado en su gran
capacidad de compra de productos de países que, gracias a eso, hoy están bajo su
órbita, pero que una disminución de la producción industrial norteamericana por
un uso más racional del petróleo, mermaría su capacidad de compra, con lo que
perdería buena parte de su ascendiente sobre esos países.
Lo anterior explica el dominio neo-colonial que tiene USA en Centroamérica, en
los que esos países dependen de los bananos, del turismo y del café que los
norteamericanos le compren. También explica la insistencia del plan de
dominación neoliberal en convertir a los países de la región en países netamente
exportadores, para poder tenerlos bajo su control. En este plan Estados Unidos
no está sólo. Lo acompaña la Unión Europea.
Ejemplo de cómo esa estrategia ha influido en renombrados académicos, tanto
nacionales como internacionales, y que, estamos seguros, actúan de buena fe, lo
observamos en los estudios de Michael Porter acerca de la competencia en el
mercado internacional y su famoso “diamante”, o los escritos del Dr. Antonio
Francés, el cual, p. Ej. define la competitividad como “la capacidad de un
sector para colocar exitosamente sus productos en el mercado internacional en
condiciones de libre competencia” SIC. (Revista Debates IESA, vol. VII, nro. 4,
pág. 74). De donde se desprende que nuestras empresa sólo serán exitosas si se
dedican fundamentalmente al mercado externo.
Pero lo que sí es cierto, es que, con conocimiento o sin él, la política
soberana de los pueblos venezolanos y bolivianos de conservar el control de las
riquezas energéticas, atenta directamente contra el tuétano del plan de
dominación imperial, cosa que la dirigencia norteamericana buscará impedir a
cualquier costo. No son conchas de ajo lo que se juega.
Si para mantener ese chantaje económico ha tomado cualquier clase de medidas
desesperadas, desde invadir Irak, hasta tener un déficit brutal de más de
600.000 millones de dólares con el que mantiene su alta capacidad de compra,
sosteniendo así las economías de los países controlados por ellos, no tengo la
más mínima duda de cual será su acción en Venezuela.
Pero esta situación revela dos cosas muy importantes: 1) Ese modelo de
dominación está prácticamente muerto, ya que es insostenible, y es sólo cuestión
de tiempo antes que se derrumbe, y 2) que la tesis de la multipolaridad, pensada
por unos cuantos “ideólogos” trasnochados del cono sur, no es viable, y que por
cierto, en el caso de Venezuela significaría un auténtico suicidio como nación.
De eso hablaremos en otra oportunidad.
GUERRA AVISADA NO MATA SOLDADO
A la luz fría de estos datos una intervención parece inevitable, y los
venezolanos vamos a tener que amarrarnos los pantalones e internalizar esa
realidad. No hay otra. Mientras más rápido entendamos esto, mejor. Hay que
bajarse de la nube de que con argumentos y gestos de buena voluntad se podrá
impedir. No debe cometerse el error de Sadam, quien, según lo declaró su hija,
no creía en la invasión.
Ahora, el hecho que Estados Unidos intervenga, no quiere decir que triunfarán.
Más bien, estoy convencido que pueden salir derrotados si se cuenta con una
infantería masiva, de al menos 500.000 efectivos entrenados y equipados, más un
gran arsenal de mísiles anti-tanque y anti-helicópteros. Esto último es vital,
porque si se neutralizan esos dos elementos, todo quedaría reducido, en lo
fundamental, a una lucha de infantería, posicional o móvil, en donde no valen ni
bombas inteligentes, ni portaviones, ni mísiles Tomahawk, ni guerra electrónica
y es allí donde tenemos todas las de ganar.
La guerra asimétrica, no es una simple guerra de guerrillas, sino un paso entre
ésta última y la guerra de posición. De donde es vital que el país cuente desde
ya una gran fuerza de efectivos, que combine una estructura vertical para
combates masivos cuerpo a cuerpo, con una flexibilidad tal, que le permitan a
decenas de miles de escuadras actuar efectivamente en forma independiente, con
armamento, equipos de comunicación, explosivos, logística alimenticia y de
sanidad adecuados.
Por supuesto que en esta tarea se deben integrar todos los venezolanos patriotas
y progresistas y no sólo chavistas o militantes de partidos de gobierno. La
patria es de todos.
Lamentablemente, a pesar de que en el discurso el gobierno de Chávez pareciera
estar claro, en la práctica no noto ningún avance en ese sentido. Hay que
recordar que la guerra es como el juego de ajedrez, en donde la combinación de
fuerza, espacio y tiempo son fundamentales, y me parece que estamos perdiendo un
tiempo muy valioso.
Pero el peligro más grande para nuestra soberanía es la conducta de la quinta
columna de la dirección opositora, que actúa bajo las tesis obsoletas de la
llamada Doctrina Betancourt.
PERO, ¿QUÉ ES LA DOCTRINA BETANCOURT?
Nació en la década de los treinta como una salida al estancamiento que tenían
los sectores progresistas de Venezuela en alcanzar la democracia y el progreso.
En efecto, Betancourt se dio cuenta que estos sectores atacaban a la vez al
régimen dictatorial de Juan Vicente Gómez y al gobierno de Estados Unidos que lo
mantenía, y que así, al unir a enemigos tan poderosos era imposible acceder al
poder. Ante lo cual propuso la política de “divide y vencerás”, centrando la
lucha en contra únicamente de los gobiernos despóticos locales y se le
garantizase a los Estados Unidos, no sólo la protección local de sus intereses,
sino el apoyo a nivel internacional, a cambio de tener la libertad de llevar
adelante las reformas sociales en lo interno sin interferencias.
Esta estrategia, que parecía muy inteligente, fue apoyada en su momento por lo
más granado de la dirigencia política e intelectual del país.
Fiel a este compromiso los gobiernos de AD y de COPEI mantuvieron esa línea en
los 40 años que duraron en el poder, apoyando la política exterior
norteamericana en todo, Desde la expulsión de Cuba de la OEA, hasta, como se
reveló recientemente, servir de perros de presa en contra del gobierno de Jagan
en la vecina Guyana, pasando por la aplicación sin ninguna discusión del plan de
dominación neoliberal en los gobiernos de Carlos Andrés y de Caldera,
convirtiendo de hecho a esa Doctrina en un instrumento de vasallaje rastrero.
Dada la mediocridad de la dirigencia opositora de presentar nuevas tesis
políticas adaptadas a las nuevas realidades, ha optado por continuar apegada a
la Doctrina Betancourt. Es decir, apoyar a Estados Unidos en todo, con la idea
de disfrutar a cambio el poder local. De allí que ahora, ante una muy fuerte de
Estado Unidos, esta dirigencia vendepatria ha comenzado a “calentar la calle”.
Lo triste es que esos infelices no han caído en cuenta que ya a Estados Unidos
no le interesa la Doctrina Betancourt, sino gobiernos títeres, sin mayor
capacidad de decisión.
Por eso he bautizado a TODA esta dirigencia opositora como fascista, terrorista
y vendepatria, porque al reconocer su incapacidad de dirigir al movimiento
opositor en el país y entregarle el testigo a la CIA, enajenaron su
independencia política y se plegaron a todas las estrategias y acciones que los
orates del norte planificaron. De allí que apoyaron locuras como el golpe, el
paro, la guarimba, los paramilitares, y ahora, el magnicidio y la invasión.
A su vez, me da pena ajena ver a tantos dirigentes gubernamentales de buena fe
hablar de una oposición democrática y una golpista. No hay tal cosa. Hay una
sola oposición que aplica la Doctrina Betancourt como catecismo de su accionar
político.
Bajo este análisis es que se entiende también la conducta de esa llamada
“izquierda”, dirigida por una caterva de ancianos decrépitos, que se ubica en la
oposición y que comulga con esa doctrina. Ellos no repudian las invasiones, las
violaciones y los asesinatos del imperio. Es la única “izquierda” en el mundo y
en la historia de la humanidad que no se ha opuesto al imperialismo y que no
defiende la soberanía de su país. Miseria de individuos que alguna vez
escribieron sesudos libros contestatarios, cantaron canciones anti-imperio, y
caricaturizaron al sistema, para terminar como escorias de la política y de la
historia.
EL CAMINO
Como dijo el célebre personaje de Shakespeare, atormentado ante una realidad que
le exigía decisiones, el asunto es “Ser o no ser”. O nos preparamos para las
nuevas realidades y a su vez se derrotan las ideas rastreras de la Doctrina
Betancourt, o nuestro pueblo pasará muchas penurias. En ese aspecto es vital una
amplia y eficaz política comunicacional. Los dirigentes progresistas y
nacionalistas tienen la palabra. Sobre ellos recae esta enorme responsabilidad
histórica.