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Ya veíamos en otra ocasión el uso del colage que hacía José Hierro. También lo emplea Ángela Reyes, p.e., cuando evoca a Carlos Murciano:
... que tanto puede una mujer que ríe
como lluvia que el fuego desvanece
Cuando dice
Nos llamarán a todos,
subiremos desnudos de memoria
a ser de nuevo parte de la tierra
no puedo por menos de recordar aquella entrañable viñeta del genial Quino, el padre de Mafalda, en que aparece una pareja de ancianos muy viejecitos, muy arrugaditos y consumidos, cada uno en su sillón, frente a frente ; él, tomando la mano de ella le dice: "No vayas a ofenderte, Elcira, pero ¿nosotros éramos amigos, parientes, esposos, o qué ?"
Nos llegaba la voz de sus zapatos.
"Viene padre" decían las paredes.
¿No tenían también un mensaje las palabras impronunciadas de Tacones lejanos de Almodóvar ?

La palabra es lo que marca la diferencia con todo lo demás. Lo recordábamos hace poco trayendo a colación el Evangelio de S. Juan a propósito de unos versos de José Hierro. Y la palabra poética de Ángela Reyes nos lo demuestra:

¿En qué lugar del vértigo
nos vino la palabra
moviendo tempestades?
Es decir, la palabra, lo primero. Pero, ¿Y el final ? Ángela Reyes hace como esos directores de cine que guionizan varios finales para la película a fin de poder decidir mejor. En este caso, un final nihilista:
... que solamente soy
puñados de vacío,
la eterna oscuridad que abarca el cero.
Como para Ángela Reyes no hay fronteras ni temáticas ni expresivas, veamos cómo aborda lo amatorio, lo sensual, el erotismo ... Pues de forma desbordada, realista, delicada ...
Cuando la voz del deseo depositas
sobre la luz pajiza del quinqué,
tu cuerpo me parece nuevo mundo
en vísperas de paz.
O esto otro que nos deja leer asimismo en su poema Presencia:
Mía será la menta de tu piel,
el asalto continuo de tu carne a mi carne
y en la luna vencida de tus ojos
me verán incendiada,
abierta como puente que su río
espera que penetre desbordado.
Llama la atención cómo Ángela Reyes administra la métrica al servicio de la musicalidad. No sólo en la décima: usa el octosílabo también en poemas estróficos no rimados a los que puede animar de un tempo como de "adagio":
Aquí vine yo otra vez.
O alguien me contó la historia
de este temblor de penumbras
en la casa soterrado.
Emplea también el magnífico juego musical de eptasílabos y endecasílabos tan del gusto de Antonio Machado:
Si mañana descalzo viene el tiempo
y ocupa mi lugar,
subiré cauce arriba
a morirme despacio
en el cono mortal de tu memoria.
La muerte olvidada es el segundo libro de poemas de Ángela Reyes ; son poemas sin título dedicados a Aixa, mujer saharaui que da pie al canto a la lucha por la identidad de un pueblo olvidado en su vida y en su muerte. Algunos poemas podrían llevar títulos como estos: Razzia de violación. La partida de los somatenes. Enterrar a sus muertos. El Aiun se queda sin hombres. La miliciana Aixa se va a la guerra, etc.

Una guerra muy particular, pues tal vez te enfrentará con un enemigo bueno, de manera que la poetisa puede llegar a decir:

La guerra es un insomnio permanente.
La historia de unos hombres
que nunca conocieron el oficio del odio.
Aquella seña de identidad del pueblo saharaui está expresada con precisión y contenida belleza en estos versos:
Siempre hubo una sombra en el barranco
sorprendiendo con lánguida tristeza
y haciendo suyo
el corazón ensombrecido de este pueblo.
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