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La actitud de Wittgenstein frente al lenguaje es clara: debemos superar el embrujamiento que sentimos ante lo que pensamos es la visión única, verdadera, del mismo. Lo que no puede decirse es más importante que lo que puede decirse. ¿No es, pues, la poesía, añadiría yo, la que viene a resolver la dificultad que ello entraña? Hay que delimitar el campo de lo decible, continua Wittgenstein porque entonces lo indecible queda liberado; con ello se sientan las bases para liberar la personalidad del hombre. De todo esto a la teoría freudiana del inconsciente hay sólo un paso. Tal vez esa corta distancia se pueda explicar por la amistad que tuvieron los dos sabios judíos vieneses. Desde aquí quiero pasar a hacer un breve repaso a los contenidos de Encarnación Huerta. Ya que acabamos de recordar a Freud, veamos dos poemas oníricos. Estalagmitas fantasmas empieza así:
Me he dormido en un lecho de estalagmitas.
El sudor de la roca me brinda su apoyo
delicado e hiriente
y desliza sollozos en mi carne.
En Isla de cal nos dice al principio:
A través de la yema de mis dedos
presionando la sien a media noche,
veo bostezo de nudos
y herrumbre de mástiles.
y al fin:
Historia tatuada en bosque astuto,
¿encontrarás intérprete?
Este último poema es para diván de psicoanalista, en cambio, en Ponle barrotes a tus sueños, la poetisa nos aconseja huir de las ensoñaciones para no enloquecer con la realidad:
Cuando los sueños te acosan y te cercan
emergen buzos asombrados.
..........
Pon enrejadas puertas a los sueños,
aunque sangren tus pies y cante el alba.
En Las gaviotas picaron en mis versos Encarnación Huerta nos describe con elegancia y maestría una parcela de realidad íntima tal como puede presentarse a cualquier poeta: en trance de escribir un poema de amor, es distraída por una bandada de gaviotas
El aroma de peces derramado
en las azules aguas del poema
despertó el nido de las aves.
Mi lágrima era vino en el vaso del tiempo del libro Mis naipes en otoño es un poema autobiográfico que comienza:
Entonces yo tenía pocos años,
no conocía noches de noviembre.
y termina:
mi garganta es un cráter extinguido
y en mis ojos hay sed de algún océano.
Su preocupación por el más allá es una constante en la obra de Encarnación Huerta:
Luces tenues que oscilan,
¿daréis brillo al mañana sin aliento?
............
la eternidad cantaba su promesa.
............
Se hace intenso en mi otoño
el beso de la tierra,
su relámpago eterno que anidará en mi carne,
El desgarro de la ausencia y la añoranza de querer volverse a ver a cuatro ojos queda plasmado con tremendo vigor en estos versos de Donde se anudan siempre (Mis naipes en otoño):
El musical cuarteto de los ojos
evocados, nos preludia un concierto.
............
En soledad desgarro
los telones que cubren
                    las ausencias.
El amor impregna en gran medida la poesía de Encarnación Huerta, pero hay un poema de amor en su libro El teclado de Lázaro que merece una mención especial:
Cómo decirte
amigo que compartes
este valle de penas incendiadas.
...........
y cómo entenderás
que cuando estallo en besos
toda me doy,
en comunión vertida,
y que ésta puede ser,
              tan sólo ésta,
                       la primera razón que me sostiene.
A caballo entre el amor y la pena de ausencia se sitúa este clásico soneto que encontramos en Amor, vivo en tu lluvia (un cuarteto de muestra):
Se quedó mi alegría prisionera.
Me resigné a vestir sonrisa triste
desde que en estos ojos me pusiste
la sombra de tu duda sin espera.
La poesía de contenido urbano tiene asimismo su asiento en El teclado de Lázaro:
Soy trovadora ardiente en mi ciudad.
Pregono los hallazgos de un tesoro
en cada morador.
...........
Vértigo que transforma mi ciudad
                    en pájaro de luz
                                y que me arrastra.
Y el canto a la vida, a la que la poetisa se aferra con fuerza:
Quisiera detener el calendario,
y que no se volara de repente
la página postrera
                 hacia la mar.
Contrasta una obra tan elaborada, de la mano de una poetisa tan laboriosa, con su poema Magnífico sería, del libro Desde que Adán lloró, que es un canto al dolce far niente:
Magnífico sería
con los brazos cruzados
abrazar madreselvas
y en pose horizontal
traducir los lenguajes en las llamas.
Habrá que interpretarlo como el deseo de Encarnación Huerta de que quienes no tienen más remedio que pasar por el duro trabajo para subsistir, pudieran disfrutar, como el poeta, con
... esparcir lentamente los prodigios
de originales pensamientos.
Y para terminar, esta gema greguera que encontramos en el penúltimo libro Des-concierto:
Los púrpuras y verdes
son odres recostados
en las manos del día,
vibrando entre sus lumbres prenacientes.
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