CAPRICHOS ingenieros
Jesús de la Peña Hernández


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UN PROBLEMA DE GEOMETRÍA

Hace ya bastantes años que vengo colaborando con SECOT (Seniors Españoles para la Cooperación Técnica). Constituimos una Asociación sin ánimo de lucro integrada por jubilados que ponemos nuestra experiencia a disposición de quien nos pida algún tipo de apoyo.

Especialmente los jóvenes emprendedores acuden a nosotros a sabiendas de que SECOT cuenta con un plantel de profesionales de lo más variopinto. Siempre hay disponible algún abogado, economista, hombre de la banca o de la administración, ingeniero, periodista, contable, profesor, etc. etc.

En la Delegación de Madrid publicamos regularmente un Boletín de cuya maquetación me ocupo, además de tener asignadas algunas páginas fijas. Esto último se debe a que hubo un periodista, responsable a la sazón de dicho Boletín, que en un rapto de optimismo mal calculado me asignó ese papel para que mezclara en él lo serio y el humor.

Con estos antecedentes me voy a permitir copiar un problema tal como lo planteaba en el No 17 del Boletín SECOTMADRID bajo el epígrafe de NEURONALIA, para concluir con su solución. El tal problema me lo había propuesto poco antes un colega ingeniero. Como no fui capaz de resolverlo a la antigua, no paré hasta lograrlo aplicando las nuevas tecnologías. Estas sirven también para este tipo de cosas. Conviene que lo sepa el que cree que las Nuevas Tecnologías sólo sirven para llamar por teléfono a la cuñada y decirla que la está llamando.

NEURONALIA

Vamos a ver cómo están las neuronas "de ciencias" (abstenerse las "de letras": nuestro seguro no cubre esta contingencia).

Dado un punto A, según la figura, obtener el ángulo alfa que haga que la recta por A determine entre las otras dos rectas por O un segmento BC de longitud conocida.
Los datos son, pues, OA, la longitud BC, la pendiente de OB y la de OC. La incógnita es alfa.

Cuando nuestras neuronas eran jóvenes había, como ahora, dos formas de resolverlo: una geométrica (de feliz idea, vedada a los infelices, como ahora). La otra, analítica, conducía a una ecuación de solución imposible.
La diferencia es que hoy, esa misma ecuación imposible se resuelve en un abrir y cerrar de ojos con un programa, p.e. de quick basic. Lo que hace el programa (que puede diseñar uno mismo) es iterar soluciones mediante bucles lógicos hasta conseguir que la igualdad de la ecuación (que nunca será tal igualdad) se acerque a serlo con la aproximación que queramos. Si exigimos una resolución de segundos para el ángulo α, el programa tendrá 37 sentencias activas; si nos conformamos con resolución de minutos, esas sentencias se reducen a 32. Haced la prueba, viejecitos, y luego nos lo contáis.

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