
No se tomó
Zamora en una hora. Quizá tampoco en otra. Allá se la columbra al otro lado del
Duero, levantada de piedra cárdena y cenicienta sobre los choperales y las
tejas de los Barrios Bajos y las murallas medio arroñadas, dándole el sol de
Poniente en las pizarras de las torres y en las cristalerías de los miradores
por donde se asoman los amores desconocidos de los desterrados. Es largo, dicen
algunos, el camino de Zamora, midiendo no se sabe con qué leguas la largura; y
hasta se preguntan si camino dé ida o si de vuelta, si ruta recta o circular o
parabólica. Es largo, dicen: parece que debe pasar a través de vastas selvas de
imbecilidad edificada, por encima de altos escombros de cosas, al parecer, tan
indestructibles como el cemento armado, la chatarra de los coches, las lagunas
negras de gasolina y las montañas de bolsas y tubos y tripas de materias
plásticas inmortales. Así es que ante la visión de esta apocalipsis de la
necedad de velocidad progresivamente acelerada un escalofrío de urgencia recorre
sus espinazos. Se olvidan de que la rebelión zamorana es contra el Tiempo
mismo; y si la guerra .contra el Tiempo en el tiempo tiene que moverse, ello es
algo así como que el combate del durmiente contra su sueño se desarrolla entre
las sábanas de su cama; pero los ensueños conservadores del sueño se las
convierten en mares y montañas, y todo allí dura istantes o dura años
indiferentemente, y sólo el despertar denuncia la vanidad de aquellas
duraciones, para hacerle recaer en la duración real, que sólo otro despertar
podría a su vez denunciar como vano ensueño. Así la rebelión no dura ni poco ni
mucho, ni tarda ni se adelanta, justamente porque el que dura y el que progresa
es, como se sabe, ei Mundo enemigo contra el que ella se levanta; y sólo a los
más vendidos de los militantes se les puede ocurrir colocar y planear los
movimientos revolucionarios sobre el tiempo, como si el Tiempo no fuera
reaccionario por esencia. Tienen ellos prisa por conquistar el Poder y la
Justicia; como si la sola visión de los innumerables muertos que enterrados
yacen desterrados de Zamora no les revelara una injusticia que ninguna Justicia
en el tiempo puede curar jamás. Ellos querrían reducirlo todo a Historia, para
que, pasando cosas, no pase nunca nada. Pero no vosotros: si vosotros sois
también de la Historia, como todo el mundo, no así vuestros amores. Vuestro
saber y vuestra conciencia no son más que las armas con que el odio florece en
vosotros, y no pueden aplicarse sino al Mundo enemigo contra el que se levanta;
pero no a Zamora, a la que no se sabe sí se va o se vuelve, si se llega o no,
y justamente su añoranza vive de su no saber, y el no saber es toda su
esperanza.
LA COMUNA SE PROPONE RECAPITULAR SOBRE
LA HISTORIA DE ESTOS AÑOS ÚLTIMOS
En todo caso,
como quiera que las cosas siguen cambiando desesperadamente, para poder seguir
lo mismo, y que los corazones de la gente siguen ensartados, como ristras de
ajos palpitantes, en la cadena de la fe en el Tiempo, les ha parecido aquí a
algunos que, pasados dos años: desde la fundación de la comuna, se imponía
hacer, como se suele, una reconsideración; y no por cierto sobre la propia
situación o marcha de la comuna: ella ni avanza ni retrocede, ni crece ni
mengua, ni marcha ni se está quieta; y además sus actividades, por razones
elementales de clandestinidad y de prudencia policíaca, no pueden sino seguir
sumidas bajo el velo del secreto: la consigna de clandestinidad, que domina
todo partido revolucionario y es eficaz istrumento de su asimilación a la Policía
de la que pretende defenderlo, la comuna no la desoye, sino .que la lleva hasta
sus últimas consecuencias: que nadie conozca su organización y sus
actividades, ni menos que nadie los propios participantes de la comuna. Habrá
de tratarse pues más bien de una recapitulación sobre las formas y maneras que
el resto del Mundo, contra el que ella como flor del odio crece, ha ido y va
tomando con el tiempo.
ELLA MISMA, POR EL HECHO DE NO SER LO
OUE ES ESTA FUERA DE LA HISTORIA
Y que nadie
nos tache de presunción o de idealidad porque así tan netamente separemos la
comuna de lo demás del mundo y en tanto que condenamos las naciones a la
Historia, queramos sacarla de la Historia a la comuna antinacionalista: pues
esa fortuna en efecto, se la ha ganado
ella por las propias condiciones de su costitución y funcionamiento, expuestas
en su día en el “Manifiesto”: por su falta de límites y definición, de actos de
inscripción o de pertenencia, las cuales le permiten no ser lo que es Esta rosa queríamos dejar, al repartir a los
otros este comunicado sobre la tumba de una que fue más o menos participante de
la comuna y que ha muerto estos días en una carretera de tres pistas de la
pobre Francia, llevando su
bicicleta de la mano, atropellada
frívolamente por un modelo utilitario. Y si es así que las rosas se amustian
todas, tanto las llamadas naturales como también las eternizadas por el arte,
una hay que nunca se marchita, y es la que no es rosa.
PRIMERA VISION DEL MUNDO: EL ESTADO
PROGRESA EN DUREZA
Animados
pues con esta confianza, que sólo la desesperación más cuidadosa nos permite,
examinamos el Mundo brevemente desde lo alto de la añoranza del campanario de
la torre de Santiago de Zamora; y ve aquí lo que vemos. Por los catalejos de
algunos b primero que se ve es que el Orden acrecienta de día en día su
presión y su violencia, hasta el punto de que muchos gritan al fascismo: pues
no sólo ya los estados imperialistas y socialistas sirio igualmente los estados
democráticos y liberales, como solían llamarlos, se ven obligados cada vez más
a desenmascararse y el miedo de verse descubierto le hace al Estado gastar cada
vez más fuerza en proteger la evidencia de su debilidad.
SEGUNDA VISION: EL ESTADO PROGRESA EN
ESTUPIDEZ
Pero otros
lo que divisan ante todo es un aumento estraordinario de la memez y la grisura
en la administración de la Nueva Sociedad por todas partes; la extrema mediocridad
de los gobernantes “occidentales” (mera contrapartida y complemento de los
restos de culto apoteósico a lo Mao y a lo Castro en otros sitios) se les
aparece como símbolo al fin y al cabo de los nuevos modos de miseria y de la
cara baratura de la vida entera en los países progresados: así como el
continuo aumento de poder de los negociantes se acompaña en ellos de una creciente
grosería en sus procedimientos y pérdida de la ingeniosidad de los mercaderes
de antaño, así el Poder mismo, vendido por entero a los negociantes, no puede
sino estar hecho a la medida de esos embrutecidos nietos de los burgueses, y
el Estado es ya por doquier (incluso allí donde sin más ha sustituido, por
revolución, a los negociantes) un Estado de mercachifles de medias de nilón y
de petróleo. Y en cuanto al resto de la población, aquello que antaño se decía
el pueblo, apenas hace falta ya describirlo aparte; pues con decir que ellos
son los clientes de tales comerciantes y los contribuyentes de tales
administradores, ya se ha dicho bastante por el momento.
DEL TERROR DE LA ESTUPIDEZ: EL MACHO DE
LA MANTIS RELIGIOSA Y LA CARA DEL CONDUCTOR DE AUTOMÓVIL
Y en efecto,
por vistoso que sea el terror de la violencia declarada, con sus bombardeos y
sus fusilamientos y sus carromatos de Policía, los corazones se estremecen
sobre todo a la visión de la faz de la trágica idiotez que gobierna todo y que
indiferentemente produce bombas o lavadoras, tanques o cochecitos individuales;
al modo que en la imaginación del coito de la mantis no es tanto lo que aterra
las mandíbulas de la hembra comiéndose el abdomen del macho, sino la
persistencia con que él sigue comiendo en torno yerbas con que alimentar el abdomen
que Ella tiene medio devorado; y así como no es la peste y el ruido del
Progreso la parte más espantable del automóvil, sino la cara del conductor,
llena de aquella seriedad desconsoladora del que cree que está yendo a alguna
parte.
TERCERA VISION DEL MUNDO: EL ESTADO
PROGRESA EN DESORDEN POR VÍA DE RACIONALIZACIÓN
Pero aún hay
otros terceros que lo que ven en la actual historia del Poder es justamente el
caos y el desorden: como si el Estado estuviera ahora viviendo sólo de la
corrupción, de la inseguridad, del cambio perpetuo y acelerado. Oponen éstos,
en efecto, la inestabilidad de los Estados actuales al buen asiento y relativa
solidez de los pasados; toman nota dé la ansiosa necesidad que todos ellos
sienten de hacerse cargo de todas las modas de cada año y de cada mes,
pretendiendo usarlas para su propia sustentación; y no pueden menos de ver
que, así como los géneros que los Estados producen suelen ser cada vez más
efímeros y más incapaces de disfrute repetido (en tanto que, por el contrario,
los cadáveres y basuras de esos géneros tienden hacia la inmortalidad) así los
propios Estados productores parecen perderse en una fiebre de inestabilidad y
de reproducción en cientos de nuevos Estatículos, aunque esa fiebre sirva para
proporcionarle al Estado el único modo de subsistencia acorde con los tiempos.
Y como nota importante nos hacen ver esos observadores que esa apariencia
Caótica de los Estados de hoy en día la consiguen ellos precisamente por medio
de un proceso de racionalización y perfección del ordenamiento: cada alto
funcionario que inventa un nuevo impreso que rellenar para facilitar los
trámites o cada empresario que alquila una nueva máquina ordenadora para
atender como Dios manda a su contabilidad están de hecho contribuyendo a la
confusión y el caos administrativo; pero con todo, su fe en el proyecto de
racionalización, aunque dé como fruto inmediato un aumento de la barahúnda,
está en definitiva justificada: pues lo que importaba costa de lo que sea, es
que el Estado mantenga su razón de ser: y si para subsistir requiere la
asimilación del caos mismo, no por ello va el Señor a arredrarse ante el
proyecto (acaso en otras tales se ha visto ya el Señor), y el desorden establecido,
como llamaban al Orden los personalistas, no dejará de seguirse arrancando
todas las caretas que haga falta, sabiendo que el propio proceso de desenmascaramiento
sucesivo y acelerado puede también usarse como máscara del Orden que es la
máscara del caos.
EL CLAMOR DE APOCALIPSIS V LA PROMOCIÓN
POLÍTICA DE LOS PROFETAS
Ello no
quita para que muchos de los observadores, ante esta visión de la confusión
dinámica de los Estados, al ver las carreteras tragándose los pueblos, los
peces ahogándose en gasolina, los sagrados bosques atiborrados de botellas
blandas, la pedantería atómica que, al no poderse emplear en una guerra lo
bastante total para sus necesidades, produce en la paz idénticos efectos que
en la guerra, clamen a la Apocalipsis, al Armagedón y a la Fin del Mundo para
dentro de veinte o treinta años. En efecto, ¿cómo no ver con algún terror que,
en el momento que hasta los restos de Naturaleza Exterior no son más que
reservas señaladas con el cartel de ‘Naturaleza’, la bola está literalmente convertida
en Hombre, cosa que amenaza la esencia misma de ese Hombre, que en oposición a
dicha bola se había costituido? Y es en esto acaso lo más notable es que la
relación entre los profetas y la política parece ciertamente haber cambiado, y
así como hace unos pocos años los clamores ecológicos y antipolutivos y la
defensa de la Naturaleza por su enemigo nato, el Hombre, eran cosas más bien,
por así decir, de vegetarianos y desdeñadas por los políticos serios que estaban
en el Poder o que iban a tomarLo, apenas hoy en día pueden los políticos serios
echar a broma los clamores de los profetas. La protesta ecológica se ha ganado
su puesto en la militancia contra el Orden junto a la económica, ya
tradicionalmente venerable.
PERO POR SI ACASO, A PESAR DE TODO, NO
PASARÁ NADA
Pero con
todo eso, los más o menos miembros de la comuna desconfían sobre todo del
Tiempo y de la Historia: ¿cómo pues van a creer ellos en el Juicio Final, si ni
siquiera en la propia muerte pueden creer ellos? Así que, aun comprendiendo los
terrores y las angustias que los tiempos pueden infundir en los corazones de
cualesquiera más o menos miembros de la comuna antinacionalista - en vista dé lo
cual justamente se han sentido inclinados a distribuir entre ellos este
comunicado urgente -, no por ello piensan que haya que ceder a la prisa y a la
dinámica del Orden enemigo que El suele imbuir en los propios militantes
contra el
Orden (por no hablar de aquéllos otros que, huyendo de toda prisa, han
desertado de la política, así como también de la Ciencia misma, y por los
caminos del humo y del Oriente han vuelto a caer en las redes de la Religión);
no pués ceder en todo caso a esa dinámica del terror y de la prisa, sino más
bien, aprovechándose de los restos de cazurrería y desconfianza provinciana que
no pueden menos de quedarles a los más o menos zamoranos, andar con tiento, no
vaya a ser que, después de todo, no pase nada.
LA URGENCIA DE NO TENER PRISA.- LA
ETERNIDAD DE
DIOS, ESTADO Y BJEN POR MEDIO
DE LA PRODUCCIÓN Y CONSUMO DE LOS BIENES
Lo
que se reconoce como urgente es más que nada no tener prisa, pararse un poco a
recibir algo de calma y de sosiego. Y así, entre las diversas visiones de esta
Paz en que se pudre el Mundo, concertarse más o menos en la más metafísica y
desengañada: a saber, que ese Mundo, cuanto más deprisa se mueve, más revela su
condición de Estado; porque es que Dios, que es el ser de iodo lo que es lo que
es, sigue reinando siempre, y su reino en este mundo se Hamo en el lenguaje de
las artes políticas Estado. Ahora bien, la estabilidad del Estado se funda en
la fe en el Bien, o séase lo contrario del mal; pero, así como el Uno, siendo
esencialmente mentiroso, sólo podía presentarse en realidad bajo la forma de
los muchos, así la fe en el Bien necesita como su condición primera la
Producción de bienes; de donde el Trabajo que engendra el Tiempo, y en moneda
de tiempo se le cuenta y se le paga. En fin, la Producción de bienes requiere
naturalmente el Consumo de los bienes: pues si los bienes no se consumieran,
¿para qué iban a producirse?; pero si no se produjeran, ¿para qué iban a
consumirse? Ahora bien, si lo Bueno no se consumiera y se rompiera y se
aniquilara y se multiplicara y se reprodujera, ¿cómo habría muchos? Y sin
muchos ¿cómo Uno? Y sin Uno ¿cómo se pretendería siquiera que siguiera
habiendo... no digo ya España ni Estado, sino hasta Yo mismo, que sólo
consumiendo y consumiéndome puedo mantenerme eternamente el mismo y demostrar
que soy el que soy, como decía el Otro?
EN QUÉ COSAS NO CONFIA LA COMUNA. PRIMER ARTÍCULO DE SU FALTA DE FE: NO CREER
EN EL USO DE LAS ARMAS DEL ESTADO CONTRA EL ESTADO
Frente al
cual estado de cosas, los más o menos participantes de la comuna no confían
ciertamente en apoyo ni solución alguna; pero es preciso que antes que nada
digan en cuáles no confían. No confían, por decirlo de una vez, en ninguna de
las cosas que evidentemente sirven para sostener al Estado contra el que la comuna
se levanta. Esto es, que tal vez el artículo primero de la falta de fe de la comuna
sería el de “No creer en la independencia de los medios y los fines”: no creer
que con las armas que el Estado fabrica para sus fines y con las ideas o
nociones que para sus fines El maneja se pueda hacer nada en contra del Estado,
sino que los fines son parte de la esencia de los medios, y que, no creyendo en
modo alguno en que haya fines, resulta que los medios y los medios de los
medios y de los medios es todo lo que hay - fuera de la ideología del Estado.
NO CREE LA COMUNA EN LA VIOLENCIA NI EN LA NO-VIOLENCIA
NI EN LOS APARATOS DEL
PROGRESO NI EN LA TÉCNICA NI EN LA HISTORIA NI EN LA CIENCIA.- EL SABER
COMO FE
Así, ni cree
la comuna en la violencia (lo cual no quiere decir que crea en la
no-violencia), puesto que la violencia es patrimonio del Estado, ni cree en los
procedimientos pacíficos, porque ellos también desde el momento que la Paz es
la Guerra, al servicio del Estado están; y renuncia a la televisión y al
automóvil y a la ametralladora y a todos los inventos que, nacidos ya en la
segunda parte del Siglo del Progreso, no nacían ya cubriendo necesidades
anteriores, sino reproduciendo maquinalmente el esquema de creación de los
inventos más antiguos, nacidos, según se dice, para cubrir necesidades; ni cree
tampoco en la Técnica en general, pero tampoco cree en la Naturaleza (pues que
desde el comienzo de la Historia la supuesta Naturaleza es ya una Natura Prima,
metida dentro de la Segunda), ni cree en la Historia, por supuesto, (tanto
menos desde que ha visto que la más lúcida de las críticas del alma del
Estado, de su Dinero, se ha venido pleando
por haber mantenido
su fe en la Historia), pero tampoco cree en la Ciencia, negándose a hacer la
separación, todavía habitual incluso entre los más agudos de los
revolucionarios, entre Ciencia y Técnica, ya que no sólo es que la Ciencia esté
declaradamente vendida como técnica al Estado y al Comercio, sino que como
Ciencia directamente, por sus propias nociones y creencias, aprovecha, en
funciones de Religión, a la actividad productiva y opresiva del Estado. De modo
que dicho se está que, no creyendo en la Ciencia, no cree en la Fe: bien recuerda
ella como esto del “creer” en surgió en nuestro mundo precisamente en la
primera palabra del CREDO de Nicea, donde la mera confianza, que es lo que
anteriormente proclamaba la palabra, se convertía en este nuevo modo de saber
que se llamó creencia.
TAMPOCO CREE EN "MÍ
MISMO". DE LA PLASTICIDAD DE LA
PERSONA
Ahora
bien, si se niega a la Fe en cualquiera de las caras del Señor, no puede menos
de negarse a la Fe en la probablemente última y primera de sus caras, en Mí
mismo. Así que, habiendo cada uno de los que han discutido estas cuestiones y
los que redactan el comunicado perdido la fe y veneración debida a cada uno de
nosotros mismos, no ha de extrañaros a vosotros, oh más o menos cofrades que lo
leyereis, que el comunicado falte igualmente al respeto y a la confianza en la
persona de cada uno de vosotros mismos, y que así Me tratemos y nos trate Yo
como si se tratara de una istitución, la istitución del Uno; indisolublemente
ligada con las de la Pareja, la Familia, el Estado, el Dinero, y el Poder, y
que no haya inconveniente en analizar las istancias más íntimas de la Voluntad
de cada uno sobre la misma mesa que las istituciones industriales o gubernamentales.
Después de que las propagandas electorales y las agencias publicitarias han
demostrado en vivo hasta la saciedad cómo las reacciones más sentimentales y
espontáneas de las almas eran maravillosamente plásticas y se prestaban a todos
los procesos de fabricación, manipulación y caldeamiento, no faltaba más sino
que aquí anduviera uno creyendo en dicha alma como una istancia sagrada e
inviolable, según justamente la propaganda democrática y las sectas religiosas
o las campañas de venta de productos les recomiendan creer a sus clientes.
¿QUÉ HACER ENTONCES?
Es lo cierto
sin embargo que las almas, más o menos inseguras, de los más o menos miembros
de la comuna se quedan con esto por lo menos sin saber qué hacer, esto es,
pensando siempre que hay que hacer algo, y por tanto pidiendo desesperadamente,
o por lo menos anhelando en lo más hondo, istrucciones, consejos, sugerencias,
algunas normas con que llenar el vacío de la vida y ordenar el caos y tener un
mínimo de algo a que atenerse.
LA COMUNA, POR DEFINICIÓN, NO PUEDE DAR ÓRDENES
NI CONSEJOS NI SIQUIERA NEGATIVOS
No puede ciertamente la comuna ponerse a
impartir órdenes del día ni siquiera sugerencias o recomendaciones de ninguna
especie: no puede, en efecto, imitar tampoco en esto al Orden contra el que
ella se levanta: es el Estado el que da leyes; son las agencias de publicidad
las que dictan sugerencias por vías subcoscientes a los corazones; y si Ellos
son los que lo hacen y se definen por hacerlo, esta comuna, que por definición
no es Ellos, no puede so pretexto de urgencia ni peligro alguno ponerse a hacer
lo que Ellos hacen, para ser en consecuencia Ellos. Y no sólo no puede
proporcionarnos istrucciones positivas,
recomendar HACER TAL COSA
sino
que tampoco negativas, puesto que, en el acto de
recomendar NO HACER TAL COSA,
el
NO HACER queda inmediatamente, por obra de la propia recomendación,
convertido en un NO-HACER, o sea en una mera modalidad de HACER, a
la manera que el Señor mismo nos ordenaba, por ejemplo, no hurtar. Así que a
la comuna no le es dado sino dejar que la postura de la negación se adelante a
la oración principal y afecte a su propia actividad recomendatoria, y así tan
solamente
no recomendar HACER TAL COSA.
Es el Orden el que da órdenes; y a la
comuna misma se las daría, si ella se dejara, y le daría justamente y sobre
todo la de dar órdenes; la comuna pues, al negarse a darlas, se está negando a
la que el Orden le quiere dar.
POR FORTUNA, EL ENEMIGO ESTA ORDENADO Y
DA ORDENES: EL ES NUESTRO GUIA. LA COMUNA SE LIMITA A NO SABER QUE HAYA DE
HACERSE LO QUE ÉL MANDA
Y
quedaríamos por tanto sin guía y sin norte alguno, si no fuera que el enemigo
mismo, el Orden que negamos, es nuestro sólo guía y nuestro norte. Si el
Enemigo no diera órdenes, ¿qué iba a hacer entonces la comuna? ¿Quién ordenaría
entonces sus actividades? Por fortuna el Enemigo no puede menos de estar dando
órdenes continuamente, órdenes positivas o prohibiciones —es lo mismo-, órdenes
explícitas o sugerencias por la puerta de atrás que Freud denominara lo subcosciente
de las almas, pero en todo caso, órdenes incesantemente: pues el hecho de que
lo que es sea lo que es eternamente se realiza necesariamente en forma de un
hacerse ser a cada momento. Y es así que, en estas condiciones, las actividades
y las tácticas de la comuna tienen ya en principio sus esquemas y normas
suficientemente claros y precisos: es el Orden mismo el que se los marca con
sus propias disposiciones. Pues la comuna, como nada sabe, nada sabe de lo que
hay que hacer; pero lo que sí sabe es que no hay que hacer lo que el Orden
manda que se haga; o para ser más modesta por lo menos no sabe que haya que
hacer lo que el Orden mande. De manera que toda su estrategia se resume en
permanecer recalcitrantemente sorda a las órdenes del Enemigo.
ACUSACIONES DE PESIMISMO Y DE OPTIMISMO
QUE SOBRE TAL ACTITUD PUDIERAN RECAER
Puede que
algunos digan que esta actitud es extremadamente pesimista, como que parte de
una dogmática desconfianza de que haya nada bueno, o por lo menos contradictorio,
o por lo menos indiferente, en las disposiciones que el Mundo nos imparte, y
que es una ciega desobediencia ésta de no obedecer a nada que se nos ordene por
el solo hecho de que se nos ordene. Otros, por el contrario, tacharán a la
comuna de ilusoria y optimista, en tanto que parece ella confiar, a pesar de
todo, en que se pueden realmente desobedecer las órdenes del Mundo y levantarse
realmente contra el Orden establecido, como si no se viera que nosotros todos y
la comuna misma estamos necesariamente incluidos en ese Orden, y por tanto las
más radicales de las rebeliones y las negaciones no pueden menos de ser
asimiladas y entrar a formar parte de la evolución del Orden total mismo, que
es la manera de su eterna sustentación.
LA COMUNA, NO SABIENDO SI PUEDE O NO, SE
PONE A NO OBEDECER POR SI ACASO SE PUDIERA. DE CÓMO ASÍ UNO SE LO JUEGA
TODO Y
DE CUÁN POCO ES LO QUE SE JUEGA
Pero
probablemente lo que pasa es que los unos y los otros son los mismos, los que
la acusen de pesimismo los mismos que la acusan de optimismo, pues que los
unos y los otros no presentan sino dos modos, aparentemente opuestos, de
obedecer y de someterse. La comuna, en cambio, por el hecho de no ser lo que
es, no puede ser ni pesimista ni optimista: lo que a ella le pasa es que, no
conociendo el Todo, ni creyendo que pueda conocerse, no sabe que sea posible
desobedecer las órdenes del Señor, pero asimismo no sabe que no sea posible
desobedecerlas; y es en virtud de ese su no saber como se pone a desobedecer,
por si acaso resulta que se puede. Con lo cual ciertamente se está jugando a
esa ventura desconocida todo lo que tiene para jugarse; y a lo mejor resulta
que el Señor es verdaderamente total y omnipotente, y que toda su rebelión no
ha sido sino obediencia; pero también a lo mejor no. Y en todo caso, ¿no es una
miserable avaricia la de temer jugarse lo que se tiene, cuando se ve que lo que
se tiene y lo único que da el Señor por paga de la obediencia no es sino la
propia muerte, con las mentiras necesarias para hacérnosla tragar sin que nos
demos demasiado cuenta? ¿Qué tiene pues que perder uno, para que así tema
jugárselo aunque sea a la más incierta y desconocida de las cartas? De una vida
que en verdad es una muerte ¿qué otro mejor uso cabe sino dedicarla a negar la
muerte? Con un alma que no está costruida más que de verdades mentirosas ¿qué
mejor otra cosa podría hacerse sino consumirla en el intento de denuncia -aun
arriesgándose a que sea un intento vano- de su propia mentira costitutiva?
LA URGENCIA DE PARARSE A NO OBEDECER EN EL
PRESENTE TRANCE.- FIN DEL COMUNICADO: DESCUBRIR COMO ORDEN DEL ESTADO LO QUE
APARECE COMO NATURAL O VOLUNTARIO
La claridad
pues y la racionalidad del combate de la comuna contra el Estado consisten
pites en la claridad y racionalidad de las órdenes que el Estado nos imparte. Y
en un trance como el presente, en que la impresión que el Mundo quiere darnos
(una más, acaso la última, de las epifanías del Señor) es la del Progreso
irresistible hacia el Juicio Final, como la barquilla que en vano remeje con
los remos al borde ya de la caída de la azuda, en este trance justamente lo más
urgente —más urgente que cualesquiera negocios o guerras o revoluciones— es el
pararse a no obedecer o a tratar de no obedecer las órdenes del Estado. Y es a
esto, oh más o menos amigos y cofrades, a lo que va seguramente el presente
comunicado. Pero no ciertamente a mandaros que no obedezcáis Sus órdenes (pues
eso sería daros una orden, que la comuna no puede dar), sino sencillamente a
ayudar a que sus órdenes se vean y se sientan como órdenes. Pues las órdenes
del Mundo todos las obedecen, pero no todos las oyen: que es que muchas veces
no se presentan como leyes de los Estados ni siquiera como voces de los
sargentos de sus tecnocracias, sino que pasan como lo Natural, como aquello
que ni siquiera hace falta decir que se haga, porque sin más se hace, porque
así es Ello; o pasan también como espontaneidad, esto es, como el impulso
íntimo y propio de cada uno que le hace moverse al cumplimiento de su voluntad,
como estando en ello el cumplimiento de sí mismo.
DE LOS DOS CONCILIÁBULOS EN QUE SE
ORIGINO EL PRESENTE COMUNICADO
Parece pues
preciso, para que los más o menos miembros de la comuna puedan desobedecer las
órdenes, que esa Naturaleza y esa Voluntad se desnuden y se manifiesten como lo
que son, como órdenes del Estado. Y a eso era a lo que unos quince o veinte de
los más o menos miembros nos hemos los pasados días congregado en dos sesiones
(siendo los participantes en cada una de ambas más o menos los mismos, pero no
los mismos enteramente) y a eso es a lo que este comunicado se os distribuye
urgentemente. Sólo que ya se comprende que, siendo las órdenes que se reciben
tan frecuentes y numerosas y aparentemente distintas, era forzoso elegir entre
ellas las más imperiosas y apremiantes, como que ésas serán las que más urgente
sea reconocer como tales órdenes, para que ese reconocimiento permita el
intentar desobedecerlas.
¿CUALES SON LAS ORDENES MAS
APREMIANTES?. -RESPUESTAS CONTRADICTORIAS: LA DE HACER Y HACERSE; LA DE
DESHACER Y DESHACERSE
Pues bien,
al preguntarnos entre nosotros cuáles eran las órdenes más apremiantes que se
recibían, nos encontrábamos en una tesitura a no poder más entrecruzada y
contradictoria: pues los unos decían que “Hacer cosas”, y los otros que
“Deshacerlas”; los unos que “Socializarnos y masificarnos hasta la amalgama integral",
los otros que “Dispersarnos y separarnos cada uno hasta la soledad individual
más desamparada”; los unos que “hacerse uno mismo, y producirse y definirse como
ser, y ser uno el que uno es”, los otros, al revés, que “Deshacerse uno, y
consumirse y quemarse aceleradamente y desintegrarse”. Así que de primeras no
se veía entre esas evidentes órdenes de creación y de destrucción, de
producción y de consumo, cuál era la más verdadera de las dos y la que primero
procedía denunciar entre los más o menos miembros de la comuna zamorana; hasta
que poco a poco se iba viendo cómo probablemente lo que pasaba era que ambas
órdenes, las dos fundamentales y primeras, no eran sino dos caras de una misma
orden: a saber, la una (la de “Hacer” y “Hacerse”) la cara eterna, y la otra
(la de “Deshacer” y “Deshacerse”) la cara actual y de hoy en día. Considerando
entonces que la relación entre lo eterno y lo actual del Estado es tal que sus
formas actuales no son sino la revelación de las eternas, en tanto que a su vez
la eternidad del Estado no tiene otra forma que su perpetua desintegración en
actualidades, parece que, si por un lado un comunicado urgente como éste no
puede dedicarse sino a la denuncia de las órdenes más presentes y actuales, no
puede por otro lado hacerlo sin rememorar al mismo tiempo las órdenes eternas,
que son el revés y fundamento de las otras.
CÓMO ALGUNOS DE LOS MAS O MENOS
PARTICIPANTES EXPLICABAN
LA GRAN PRESIÓN Y FACILIDADES
QUE LE OFRECE A UNO EL MUNDO PARA SER EL QUE ES
Es así que
parte de los más o menos participantes (y en especial la parte, por así decir,
de más mediada juventud, la que suele estar entre los veinte y los treinta, es
decir en el segundo trance de definición del propio ser, tan definitivo que
sólo el tercero, el de la tumba, es más definitivo todavía) eran especialmente
sensibles a la orden acuciante de la definición de sí mismo, y aun sugerían que
no sólo por el propio trance de sus edades, sino por el trance público del
Mundo, era hoy esa orden particularmente imperiosa y apremiante para cada uno:
pues si en otros tiempos era, al parecer, relativamente fácil quedarse
marginado y hacerse un extravagante, más o menos eximido de las normas de
situación social y de las notas distintivas de la identidad personal, hoy en
día se volvía la cosa tanto más difícil cuanto que era más fácil: cuanto que
es más amplia la capacidad y comprensión del Orden para incluir en sí los modos
de ser más variados y originales: de manera que se puede ya fácilmente ser,
por ejemplo, loco, anarquista, homosexual o sádico y hasta perverso-polimorfo,
sin que en rigor haga falta, como antaño, verse recluido en una cárcel, manicomio,
correccional o casa de infamia para que esos modos de ser le permitan a uno su
armónica integración en el sistema, y casi ni aun siquiera una condenación muy
vehemente ni rigurosa por las bocas de la Fama, sino que todas esas anomalías
se van ganando su puesto como modos de ser entre los otros, con la sola condición
de que se avenga cada uno de ellos a presentarse como la manera de ser uno el
que uno es. Y así es que al infeliz mozuelo que entra en el Mundo, a la par que
en él el Mundo entra, le es cada vez más difícil librarse de producir con su
materia un elemento de la Nueva Sociedad, siempre sumiso al Orden, incluso por
medio de las más insumisas de las producciones.
LA NECESIDAD DE LA PRODUCCIÓN Y LA
PRODUCCIÓN ESENCIAL DE LOS SUJETOS
Pero, en
efecto, de lo que se trata con todo esto es de la más elemental de las
necesidades que el Orden padece y nos hace padecer a todos: la de producir.
Pues sólo por un lado la obligación de producir consiste en la relación del
productor con el producto, en el sentido de que el uno produzca al otro: una
cara más profunda del proceso está en el hecho de que es el producto el que
hace al productor ser lo que es; y si puede ser importante que el obrero siga
produciendo automóviles o el profesor materias de aprendizaje, más lo es sin
duda que el automóvil o las enseñanzas definan al obrero como obrero y al
profesor como profesor. De tal manera que incluso actividades aparentemente
vacías de producto, como pueden ser las de delirar, mendigar, gritar “El Poder
para el pueblo”, dormir bajo los puentes o emplear determinadas técnicas de
jodienda, todo ello puede sin embargo costituir un producto valuable en el
Mercado y aceptable para el Señor como paga para que le deje a uno seguir
viviendo, en cuanto que baste para costituir este producto esencial para la
marcha y la subsistencia del Estado que se llama la Persona.
LA ORDEN CONTRADICTORIA DE CONSUMIRSE
Pero he aquí
que, en aparente contradicción con esto (aunque aparentes son las
contradicciones todas, pues que toda apariencia es contradictoria), junto a la
orden eterna que mi corazón recibe de que yo, sea como sea, sea el que soy,
parece que lo propio de estos tiempos es impartirme la orden de deshacerme y
consumirme, o por mejor decir, de despilfarrarme.
INTENTO DE PRECISAR EL USO QUE DEL TERMINO
DESPILFARRO SE HACE EN EL PRESENTE COMUNICADO, POR OPOSICIÓN AL MERO CONSUMO
Decimos bien
"despilfarrar": porque es que el otro término, consumo, que
es el que la moda ha impuesto para aludir a la modalidad de ser de la Nueva
Sociedad, resulta todavía oscuro y engañoso; y lo resulta sobre todo porque,
en tanto que con el verbo despilfarrar el nombre propiamente importante
es el del Objeto (“Se despilfarran bienes”), con el verbo consumir el
nombre importante es el del Sujeto (“Consumo yo” o “Consumen los habitantes de
España”), que propiamente se puede desdoblar en un Dativo (“Consumo para mí” o
“para mí consumo”. “Consumen
para ellos”), cosa que evidentemente no puede hacerse con el verbo despilfarrar.
Y se hace demasiado honor al cliente de nuestros mercados cuando se le
llama consumidor, cuando lo único que se le exige es que sea uno (entre otros
muchos) de los implementos de despilfarro de los bienes, necesario, al parecer,
de todo punto hoy día para el mantenimiento de este Orden. Y sin embargo, ello
no quita para que la hipócrita atribución de subjetividad que todavía late en
el término de consumidor sea esencial para que el Individuo siga
operando debidamente como utensilio de despilfarro. Pero el proceso de
depreciación de la Persona que en el proceso de despilfarración se incluye (y
luego se manifiesta en el despilfarro de las personas mismas) está justamente
fundado en la depreciación (y en cierto modo anulación) de las cosas y bienes
que su despilfarro exige.
LA DIFERENCIA NO SE FUNDA EN LA
OPOSICIÓN ENTRE 'NECESARIO' Y 'NO NECESARIO'.-
ANULACIÓN DE LA NOCIÓN DE NECESIDAD
Pero con
todo y con eso, no vaya a ser que algunos tengáis la querencia de comprender
demasiado pronto, conviene anotar aquí que con esta distinción entre 'consumir'
y 'despilfarrar' no se trata desde luego de que por 'consumo' entendamos
'consumo de los bienes necesarios para uno' y por 'despilfarro' algo como un
'consumo de bienes innecesario'. Apañados, en efecto, andábamos como
pretendiéramos establecer ninguna distinción entre lo que sea innecesario o
necesario para uno, después de que el Comercio ha demostrado contundentemente
con los hechos hasta qué punto las necesidades de los clientes son una cuantía
que, como la tripa de Jorge, se estira y se encoge a voluntad —es un decir— de
los productores y hace tanto tiempo que las empresas se ocupan mucho menos de
crear bienes que de crear necesidades. Ni hay superfluidad alguna que no sea
necesaria para la Persona ni se ve ya tampoco en dónde podrían estar sus
necesidades naturales y primarias. Por más doloroso que a la almita de cada uno
le resulte, son los técnicos del Mercado los que revelan al mundo la plástica
verdad del alma y sus impulsos; y probablemente el sitio donde el clarividente
análisis histórico-materialista comenzaba a fallar era aquél en que mantenía
como real la oposición de la oferta con la demanda, cuya realidad como función
más bien de la oferta (función ésta a su vez de la necesidad, no del
capitalista, sino del Capital) la historia posterior al historicismo tan
brillantemente ha demostrado. Se necesita lo que el Dinero quiere que se
necesite; y si el viejo mercader tenía todavía que inclinarse ante los gustos y
caprichos de sus clientes, ventoleras que no se sabía de qué rumbo de la rosa
provenían, hoy el odre de Eolo está en las manos del Estado negociante, y lo
primero que el Nuevo Mercader les suministra a sus clientes son sus gustos y
caprichos.
DEFINICIÓN DE ‘DESPILFARRO’ COMO CONSUMO
DE CONSUMO; COSIFICACION DEL PROCESO Y ANIQUILACIÓN DE LA COSA
Nada pues en
el fondo de las almas, nada en la oposición entre lo necesario y lo
innecesario, que pudiera servirnos para distinguir entre esta nueva orden de
despilfarrar que el Orden nos imparte de aquélla de consumir para la propia subsistencia
de uno que nos impartía y nos sigue impartiendo siempre; sino más bien algo como
lo siguiente: que en esto, como en otros muchos procesos sustitutivos de la
vida, lo que diferencia una nueva táctica del Dominio consiste en que el
proceso mismo se ha materializado (que el verbo se hace astracto verbal y el
astracto nombre sustantivo), y así materializado, llega a convertirse en el
objeto de sí mismo; es decir que, para el presente caso, en el proceso de
consumir bienes lo que pasa es que es el consumir, y no los bienes, lo que de
nombre astracto, ‘el consumo’, pasa a ser el verdadero objeto del proceso, y
la nueva situación puede formularse abreviadamente como ‘consumir consumo’. El
consumo de consumo no es, en efecto, ninguna sutileza retórica, sino un hecho
cotidiano: cualquiera que haya sufrido la desgracia de tener que acompañar a
una señora de compras en un supermercado ha tenido ocasión a costa, suya de
comprobar la perfecta indiferencia de los productos o paquetes objeto de las
adquisiciones, pero la vehemente necesidad de practicar aquellas compras
fueran cuales fueran los productos que les servían de pretexto, como que en
realidad lo que allí se estaba comprando no eran ya los productos, sino por medio
de ellos la compra misma y la necesaria participación en la fiesta y la pasión
vertiginosa del supermercado. Es al fin lo mismo, por supuesto, que se da en
la otra cara del proceso, en la producción, donde hoy evidentemente lo que se
produce son productos y no otra cosa, y las fábricas o empresas lo que tienen
que producir, por medio de las cosas, no es nada más que producción. Pero
seguramente no podría imaginarse cómo la producción iba a seguir este camino
del vaciamiento de sus materias o materialización de sus actividades si la demanda,
el reino de la supuesta Necesidad, no le ofreciera el terreno para ello,
convirtiéndose en demanda de consumo de consumiciones, necesidad de
necesidades, amor, no de nada ni de nadie, sino de amor.
RAIGAMBRE DE ESTE PROCESO
EN LOS ORÍGENES DEL CAPITALISMO
Se sabe
ciertamente que este proceso de eliminación de los objetos, o dicho de otro
modo, de astracción de las materias y materialización de los astractos, no es
otro que el de la creación y desarrollo del Dinero propiamente dicho, nombre
común de las cosas todas y realización física de la astracción gramatical; y es
así que, desde los arranques del capitalismo antiguo, la necesidad de no
respetar la vida de las cosas más allá de la cuenta, la necesidad de
deshacerse de lo usado prontamente y remplazado por otra cosa nueva
equivalente, se sentía ya como el imperativo esencial para la vitalidad y
proliferación de capitales: "Vende", recomienda Catón el Censor, el
viejo romano, al nuevo posesor del fitndus que ha de ser el fundamento
de la Economía "vende el carro viejo, el buey viejo, vende el esclavo
viejo".
PERO EL DESPILFARRO PERTENECE A LAS
FORMAS MAS NUEVAS DEL DINERO.- DE COMO INCLUSO EL EGOÍSMO BURGUÉS SE HA
REDUCIDO A CONDICIÓN DE PRETEXTO
Pero en un trance como al que asistimos,
en que el Dinero mismo, suficientemente materializado, está siendo substituido
por la Fe o Crédito de sí mismo, en que los Bancos producen multitud de entes astractos,
tan materiales ya como el hierro, las naranjas a las locomotoras, y que lo
mismo que se compra compra y se vende venta, así también se ahorra ahorro y se
gasta gasto, se acreditan deudas y se deben créditos, resulta tal vez más que
nada urgente tratar de describir con precisión las nuevas formas de dinero que
alimentan la Nueva Sociedad, el Alma Nueva y las nuevas formas del Poder y del
Orden. Y en tal intento, tratamos aquí de precisar el sentido de esa nueva
orden de despilfarrar, como ley para todos y cada uno de dedicarse a suprimir
las cosas sin aprovecharse ni disfrutar de ellas, aunque todavía bajo pretexto
de provecho y de disfrute. Pues en efecto, aquello que bajo los regímenes
burgueses y puritanos se apreciaba y se condenaba —la utilidad para uno y el
placer de uno— bajo nombre de egoísmo, del que las proclamaciones nobles
-religiosas o humanitarias- y altruistas funcionaban como cobertura, está
ahora a su vez ese egoísmo convertido en cobertura y mero pretexto de la operación
de destrucción continua que es fundamento de la estructura del Orden todo.
LA BASURA ESENCIAL DE NUESTRO MUNDO COMO
REDUCCIÓN ULTIMA DE LA MATERIA A LA ASTRACCIÓN
La verdadera
última realidad es la Basura: tirar a la basura todo, lo más rápido posible,
es la orden más imperiosa que actualmente recibimos, y contribuir al montón de
las inmundicias es la contribución esencial de los súbditos del Mundo. Y es así
como el más preclaro acaso de los descubrimientos teóricos de Freud, la
identidad entre la mierda y el dinero, alcanza ahora su realización práctica,
en cuanto todos los objetos del Mundo, digeridos y trocados en dinero todos
indiferentemente, vienen a encontrar su último destino y justificación en ser
elementos del basurero en que la Nueva Sociedad convierte las tierras y los
mares: una basura, es cierto, menos orgánica y menos viva que la mierda primitiva,
en la cual la humana misma era casi semejante todavía a la del burro
maravilloso que cagaba doblas de oro; pero ello no es sino natural, considerado
aquel proceso de astracción por el que la digestión de las cosas ha pasado. Los
cementerios de cadáveres de automóviles que invaden las reservas de naturaleza
no son, a decir verdad, muy diferentes de las aglomeraciones de automóviles
vivos que atascan las ciudades: pero ese espectáculo de la muerte de los coches
no hace sino revelar el carácter fúnebre de los coches vivos, su carácter de
féretros ambulantes de la estupidez humana, que acaso entre el ruido y los
semáforos podía pasar desapercibido. Y aún la misma indestructibilidad y
eternidad práctica
que los apocalípticos atribuyen a las materias plásticas invasoras y a la
radioactividad de las deyecciones de las fábricas de átomos para la Paz no son
sino manifestación de la naturaleza de materia astracta (ya como materia
aristotélica, ya como átomos democritanos) que en esos últimos residuos de las
cosas se realizan.
¿POR QUE HABLAR DEL DESPILFARRO DE LAS
COSAS Y NO MAS BIEN DEL DE LAS PERSONAS?
Puede que,
así elucidado un tanto el sentido de la orden actual de despilfarrar que todos
recibimos, consideréis algunos de vosotros que hemos hablado más de la cuenta
acerca de cosas, mercancías y basuras, y acerca de la anulación de los
objetos, cuando acaso os sentís por vuestra parte más bien tentados, en todo
caso, a despotricar contra el despilfarro de personas (sea por las matanzas de
Indochina o de las autorrutas finisemanales, sea por la masificación creciente
de los ciudadanos, sea por la progresiva cosificación, como se dice, de las
personas en las relaciones personales, incluso las amorosas) y, más que hablar
de la merdificación de los objetos, hablar de la objetivización de los sujetos
y del despilfarro, en el sentido arriba indicado, de subjetividad.
LOS HOMBRES APRENDEN SUS RELACIONES
PERSONALES EN SUS RELACIONES CON LAS COSAS. GLOSA DE LA VISION DE MARX
Y puede que
alguna razón tengan en eso vuestros corazones; pero no podéis tampoco olvidar
vosotros que, por más actuales que sean los procesos que padecemos, no por eso
dejan de ser eternos y los mismos. Pues bien, de siempre viene sucediendo que
los modos de relación de los hombres entre sí los han aprendido los hombres y
los han ejercitado en la manera de su trato con las cosas; y aunque bien
gustemos hoy en día de referir los puntos en que “la Historia ha quitado la
razón a Marx”, justamente en las partes de la teoría que se sometían a la
visión historicista de la Historia, no vamos a olvidar tampoco que nunca puede
la Historia refutar aquélla parte del razonamiento que, no siendo histórica, no
estaba condenada a comprobarse en la continuación del Tiempo; y entre ello
sobre todo la preclara descripción de cómo, al convertirse los modos de
producción artesanales (en que todavía se daba una relación entre el hombre y
la cosa, que mutuamente se hacían ser lo que eran) en los modos capitalistas,
donde la relación de hombre y cosa ha desaparecido, en cuanto que la cosa
verdadera es el Trabajo mismo, medida única del valor de las cosas todas, en
el mismo acto el hombre desaparecía al desaparecer su trato con la cosa, y al
trocarse él en mera cantidad de horas de trabajo, era el hombre, bajo forma de
obrero capitalista, el que venía a ocupar la función de cosa y mercancía para
el Hombre del Capital, Hombre que era en realidad el propio Dinero, definitivamente
personificado.
EL DESPILFARRO DE COSAS. FUNDAMENTO
DEL DESPILFARRO DE PERSONAS
Si de siempre
pues se viene verificando que las relaciones entre personas vivas se aprenden
y fundamentan en la relación de las personas con las cosas muertas, poco puede
extrañaros que, aun para tratar del despilfarro de personas que hoy el Orden
nos impone, hayamos tratado ante todo del despilfarro de las cosas: pues en
éste está fundamentado y diseñado el otro.
DESPILFARRO DE PERSONAS: LA
PROLIFERACIÓN DE LOS TRATOS HUMANOS Y SU COMPATIBILIDAD CON EL AISLAMIENTO: DESPILFARRO
Y MISERIA COMO DOS CARAS DE LO MISMO
¿Cuáles son,
en efecto, las manifestaciones más dolorosas y sangrientas con que se siente al
Estado impartir por doquiera la orden urgente del despilfarro de personas? Una
de ellas es la multiplicación desordenada, la tremenda frecuencia y renovación
continua de las relaciones humanas de toda clase. Acaso alguno de vosotros se
escandalice leyendo esto, cuando siente el agravio de su corazón, que
justamente se conduele de lo contrario, del aislamiento de los individuos o de
los núcleos familiares, de la mutua incomunicación, como suele decirse, y de la
miseria en fin de las relaciones entre personas a que a veces nos sentimos más
que nunca condenados. Pero eso sería olvidar la ley esencial del Mundo, de que
el haz y el envés, siendo opuestos y justamente por serlo, costituyen la moneda
única, y que no hay uno que pueda imponerse sino como contradicción de dos.
También, por cierto, el despilfarro de las cosas, de que habíamos hablado
antes, no costituye en modo alguno riqueza ni abundancia, sino precisamente la
nueva forma de miseria correspondiente a la Nueva Sociedad: mirad las casas,
las comidas, las vestimentas de los obreros, de los pequeños, medios y hasta
grandes cuadros en que se ha descompuesto la vieja burguesía: y fácilmente
veréis cómo esas máquinas infatigables de consumo de toda la cantidad de bienes
que el Progreso pone a su alcance están muy lejos de alcanzar los niveles de
bienestar, acomodo, desahogo, riqueza y abundancia, no digo ya de los viejos
burgueses, pero ni aun de los pequeños propietarios campesinos. Esa evidencia
puede que os ayude a ver no sólo la identidad, sino la mutua compatibilidad
entre miseria y despilfarro. Y esa misma visión será la que os muestre el modo
de identidad entre el despilfarro y la miseria de las relaciones personales en
la Nueva Sociedad.
PARÉNTESIS PARA EXPLICAR QUE NO SE TRATA
AQUÍ DE LA CONTRAPOSICIÓN ENTRE CALIDAD Y CANTIDAD
Un punto,
sin embargo, querríamos antes de seguir precisar en esto: que es que es ya
vieja entre nosotros la querella contra la cantidad y a favor de la calidad, y
puede ser que, llevados de la facilidad, nos dejáramos venir a interpretar lo
que aquí se dice en el sentido de que la abundancia cuantitativa se acompaña,
muy lógicamente, de miseria cualitativa. Pero mucha mala fe tendría en las astracciones
aristotélicas el que con esto se contestase; porque lo cierto es que, en la
medida, por ejemplo, que puede uno recordar el placer de los abrazos amorosos,
no puede decir que sintiera mucho sino en cuanto bueno, ni buen placer más que
en cuanto mucho: y asimismo la miseria erótica no reconoce medida ni de
cantidad ni de calidad, sino que su escasez está en su insipidez, y es en ella
lo malo lo mismo que lo poco. Así que, según este modelo, tiene que
despreciarse en todo la oposición entre riqueza cuantitativa y cualitativa. Y
por otra parte, si es cierto que durante dos o tres decenios, sobre todo los de
la posguerra, la merma de calidad de los productos era evidente por doquiera,
cierto es que luego la Competencia ha puesto en su lugar las cosas, y aunque
bien querrían los productos hacerse vender por medio de engaños superficiales
de presentación o vana propaganda, la Competencia llega también a verse
obligada a acudir —entre los otros elementos de la falsificación propagandística-
a jugar con la verdad de la calidad de los productos; y juzgados con los
criterios que se dicen objetivos, muchos de los productos del Mercado (es
cierto que en general los caros, pero esto es lo de menos) no sólo han crecido
enormemente en abundancia y disponibilidad masiva, sino también alcanzado
niveles de calidad muy superiores incluso a la de los productos de la
preguerra: no todos ciertamente, pero una parte de nuestras sábanas, camisas,
naranjas, leche, corderos, faisanes, vino, máquinas fotográficas, películas en
colores o revistas ilustradas han alcanzado una perfección o mantenido una
calidad y gusto que hubieran dejado admirativas o por lo menos satisfechas a
nuestras abuelas si pudieran estar en situación de compararlos.
VUELTA AL DESPILFARRO Y MISERIA DE LAS
RELACIONES HUMANAS.- LA PROFUSIÓN DEL MERCADO ERÓTICO Y EL ESCASO AUMENTO DE
RIQUEZA QUE PARECE TRAER CONSIGO
Nos
desentendemos pues de la cuestión de la calidad de los productos, y lo mismo si
son buenos que si son malos, tornamos a insistir en que la orden de nuestro
Mundo consiste pura y simplemente en despilfarrar, en el sentido arriba
indicado de que las acciones mismas del consumo están materializadas y son
ellas las que sustituyen a los objetos; y también por ende, indiferentemente,
a los sujetos. En efecto, parece que la relativa facilidad y frecuencia de los
tratos amorosos, al menos entre una considerable parte privilegiada de la Nueva
Sociedad, no trae consigo aquélla situación gozosa, ni de hambre ni de
saciedad, aquélla llenura, por así decir, al mismo tiempo que alacridad, de las
manos y de los ojos, aquello en fin que uno tendería a reconocer como signo y
fruto de las riquezas amorosas. Y cuando uno considera la enorme profusión de
productos eróticos, increíbles aún para un mísero adolescente de hace unos
veinte años, que hoy el Mercado pone al alcance de casi todos, no puede uno
menos de pensar que, si esa profusión no hace sin embargo una riqueza, ello
debe de consistir de algún modo en el carácter de objetos de despilfarro que por ejemplo,
esas mujeres y muchachas, sean de goma o de papel o de celuloide o sean de
carne y hueso, muestran tener necesariamente; esto es, que tampoco ellas, como
tampoco los demás productos, parecen soportar la costumbre y con la costumbre el
conocimiento hasta la medula de los huesos, el enamoramiento, la conservación,
la simpatía y el cariño, por acumular unos cuantos astractos que quizá puedan
despertar alguna sugerencia de aquello sensitivo que en esa profusión de
amores y placeres falta. Y a bien que no es la calidad de las compañeras o
compañeros de amores lo que puede echarse de menos, ni en salud o hermosura, ni
tampoco, en muchos casos, en cuanto a la inteligencia y limpieza de intenciones
ni en cuanto a buena disposición erótica y amistosa de los unos y las otras.
SON LOS PROCESOS ERÓTICOS MISMOS LOS QUE SE
CONVIERTEN EN OBJETO Y SUSTITUYEN A LOS OBJETOS DEL AMOR
Mas bien
parece pues que son los actos mismos del amor y la amistad los que han crecido
en importancia y materialidad en tanta medida como era preciso para anular el
aumento de la abundancia, la disponibilidad y la calidad misma; es decir que,
así las acciones declaradamente sexuales (o sea pornográficas) como las uniones
amorosas, más o menos efímeras, como también los ajuntamientos de pandillas y
amistades o comunas, se han hecho ellas, las acciones mismas, tan importantes
para la vida (como que dicha vida se reduce más que nunca a la necesidad de
consumir acciones, de hacer algo o de que le pase a uno algo, sea lo que sea)
que los sujetos participantes con uno en las acciones o los tratos eróticos y
amistosos o comunitarios quedan, al igual que los objetos del Mercado,
anulados y suprimidos casi por entero, en tanto que los actos mismos (el acto
mismo de reunirse; el joder mismo o, mejor dicho, con esa locución que se
vuelve, al mirarla serenamente, tan tremendamente lúcida- el “hacer el amor”
mismo, el mismo viajar juntos, así sea en viajes geográficos como etéreos) se
nos han hecho tan materiales que literalmente los vemos con los ojos de la cara
o de la imaginación, los palpamos con nuestras manos, los metemos entre
nuestras piernas.
EJEMPLO SOBRE EL OTRO SEXO. LA CONDENA
AL ORGASMO NO ELIMINA LA CONDENA A LA POSESIÓN
Puede que la
relación aquí entre la orden eterna y la actual del Mundo se perciba más
claramente en el caso de nuestras hermanas del otro sexo, en la medida que
nuestra triste limitación al sexo de acá nos permite sin embargo la
observación: pues eternamente estaban ellas condenadas a realizarse y salvar su
alma por medio de la posesión, la pareja y el matrimonio o sus sustitutos: pero
actualmente, sin dejar por ello de estar condenadas a lo mismo, están también
condenadas a realizarse y salvarse en el orgasmo (la obsesión de la frigidez se
ha vuelto en ellas tan notable como la de impotencia entre la clase masculina),
y hasta qué punto la realización del orgasmo mismo (o si no, la de otros actos
bien configurados, como el acostarse juntos, el tener juntos un niño o
cualquier otra de las acciones eróticas autopoéticas) sea ya más carnal, visible
y palpable que las carnes y los huesos del propio partenaire de las
acciones, aquí lo dejo para que lo digan ellas.
PARÉNTESIS EN QUE SE ACLARA QUE NO HAY
RAZÓN PARA
NO TRATAR EN EL MISMO PLANO
LOS PROCESOS ERÓTICOS Y LOS ECONÓMICOS
Ni vaya
tampoco en éste punto alguno ni alguna de los más o menos partícipes en la
comuna a escandalizarse ni amoscarse porque, al denunciar la orden de
despilfarro, equiparemos tan rápida y descaradamente las actividades de
compraventa y las amorosas. Pues esa oposición, que todavía quiere seguirse
manteniendo, entre los dos bienes supremos que (después de la salud) la
coplilla dice, entre Dinero y Amor, y por tanto entre cuestiones económicas y
morales, está esperando urgentemente su crítica y su confusión. Ni hay nada en
los procesos eróticos humanos que no tenga una naturaleza económica ni nada en
los procesos industriales y comerciales que no sea cuestión de Amor.
EJEMPLIFICACION
DE LA CONFUSIÓN ENTRE LO UNO Y LO OTRO CON
LA HISTORIA DE LA MINIFALDA
Y EL COLLANT.
Así -por
poner un ejemplo un tanto frívolo, pero elocuente-, cabe sospechar todavía que
el invento déla minifalda fuera fruto de un descuido del Orden, quiero decir
algo de carácter revolucionario (como el más o menos contemporáneo
pronunciamiento de los estudiantes), y ello por la doble cara: que,
correspondientemente a como ponía quizá en peligro el sistema de la represión
erótica (más que nada por las posibilidades que simbólicamente habría para la
jodienda en pie, esto es, sin proyecto, pacto ni preparativo; lo cual se
manifestaba también en una especie de liberación de las piernas femeninas,
que, por el sentido de la represión tradicional del sexo, se habían venido a
convertir en el órgano más elocuente de la inteligencia femenina; sin que por
ello deje de advertirse un elemento reaccionario que se daba posiblemente en la
minifalda, en el hecho de que falsificaba con cierta hipocresía la largura de
las piernas, forma de la aspiración femenina a la liberación y la inteligencia),
correspondientemente costituía un atentado contra los intereses de la
Industria, no ya por el ahorro de tela y supresión de un gasto considerable
(que no bastaba con llegar a vender tan cara una minifalda como una falda
larga, ya que lo que le importa al Orden es el despilfarro del tejido mismo),
sino sobre todo por el hundimiento con que amenazaba a una gran parte de la
importantísima industria de las medias. Pues bien, he aquí como los
procedimientos por los que el Orden ha reaccionado contra ese supuesto peligro
son asimismo reaccionarios simultáneamente en los dos terrenos: en efecto, el
primer intento, un tanto burdo, fue, como recordáis, el de la maxifalda, que,
así como descaradamente invitaba al despilfarro de tela compensatorio, así
imponía descaradamente un corte feo, militar y refrigerativo; pero el
dispositivo más definitivo y hábil de reacción (justamente, como suele
suceder, por vía de asimilación) ha sido luego el de las mallas o collants: dispositivo
con el cual si por un lado se anulaba el posible peligro de liberación erótica
de la minifalda (pues nada más antierótico que esas extensiones telarañosas de
nilón con sus oquedades en las corvas y la entrepierna, que alejan de los ojos
el amor, que sólo vive de la confusión de la vista con el tacto en el
presentimiento de la piel, y correlativamente aplastan aquel símbolo de
disponibilidad y ausencia de premeditación que analizábamos: pues el
despojamiento de una malla exige mucho más trabajo y futurificación que ni la
más arcaica de las bragas), por el otro lado y correspondientemente aportaba a
la amenazada industria de las medias un mercado de tan vastos horizontes y
unos cauces de despilfarro de tejido como ni los más audaces, de los capitanes
de empresa hubieran osado imaginar tres años antes. Así que espero que no haga
falta más ejemplo para mostrar la indisoluble congruencia y propiamente
identificación entre las apariciones amorosas y las dineradas de los procesos
de superproducción o despilfarro.
EL DESPILFARRO ERÓTICO NO ES SINO EL
ASPECTO MÁS
BRILLANTE DEL DESPILFARRO
EN LAS RELACIONES HUMANAS EN GENERAL
Pero a su
vez, si al hablar de la manifestación del despilfarro como despilfarro de
personas, nos referíamos arriba primariamente al despilfarro en las relaciones
eróticas, no era sino porque estas parecen ser las primarias y más claras de
todas las amorosas y amistosas; pero, por supuesto, el mismo proceso vemos
aparecer en todas, y en todas es la orden de despilfarrar la primera que oímos
entre las órdenes actuales del Estado.
DESPILFARRO POR LA GUERRA, Y COMO LOS
INTERESES ECONÓMICOS, CAUSAS
ANTAÑO RECUBIERTAS POR PRETEXTOS IDEALES, PASAN A SER A SU VEZ PRETEXTOS
No vamos a
poner, por ejemplo, aquí el acento en el despilfarro de personas en las guerras,
las guerras marginales, pero necesarias, que sostienen esta Paz nuestra; y si
no vamos a ponerlo mayormente, ello es porque ya los más políticos y militantes
de nuestros amigos lo ponen demasiado: “demasiado” en el sentido de que ello
puede llevar a reincidir, por el propio pacifismo, en la función misma que esas
guerras tienen en nuestra Paz: a saber, la de recordarnos continuamente que la
Guerra existe, y que por tanto esto que tenemos debe llamarse Paz. Nos
limitaremos pues a poner de relieve lo más actual que nos parece haber en el
despilfarro de personas en estas guerras nuestras: a saber, que al volverse
sumamente tenues y ridículos los pretextos tradicionales de la Guerra, como la
Patria, las Fronteras, el Rey, la Cruz, la Civilización o la Revolución
armada, se ha ido descubriendo impudorosamente la maquinaria económica de las
guerras; y ya, desde que Tucídides denunciaba la venganza del rapto de Helena
como pretexto y los intereses comerciales de Occidente en Oriente como causa
verdadera, a tanto ha llegado la trasformación de la mentira de los tiempos que
los intereses económicos se muestran patentes y casi declarados (pues, si las
gentes o la prensa vulgarizatoria de sus ideas hablan respectivamente del tigre
de papel moneda del capitalismo imperialista por un lado y por el otro de la
amenaza de la libre concurrencia de las privadas iniciativas que se llama
socialismo o comunismo, los dirigentes mismos o —mejor— los técnicos de la
Administración apenas disimulan al tratar entre ellos las cifras de los
cálculos económicos que obligan a la guerra aquí y a la paz allá), pero, al
hacerse declarados y patentes, los intereses económicos se convierten por lo
mismo en mera prófasis y pretexto, y la seriedad y pedantería de los
tecnócratas sirve igual que la mitología patriótica para cobertura de otras
terceras causas más profundas.
PARÉNTESIS: LOS HOMBRES DE ESTADO
SON INCOSCIENTES DE ESTA
TRAMA.-NECESARIA
FE DE LOS CRIMINALES DE ESTADO
No que digamos —entiéndase bien — que
Ellos mismos sean coscientes de esa trama: por el contrario, no creen los más o
menos partícipes de la comuna que haya habido nunca príncipes maquiavélicos
fuera del libro de Maquiavelo; que, lejos de ello, el Emperador es el primero
en creer en el Imperio. Por ejemplo, aquél, con justicia admirado hasta la
identificación por los locos de manicomio, que ante el espectáculo del mondongo
de cadáveres franceses después de la batalla, comentaba "Esto con una
noche de París queda reparado", creía en Francia más que nadie, y hasta,
si me apuráis, en la preservación de las conquistas de la Revolución Francesa.
Y sincero sin duda era en su fe en la España Una Grande y Libre incluso un
dictador de segunda mano como don Francisco Franco, y sincero ya hasta la
medula de los huesos Adolfo Hitler. Y así también creyentes en la expansión, el
Progreso, el nivel de vida, y sobre todo en las estadísticas de sus técnicos,
estos modestos tiranos de la Nueva Sociedad. No hay, en efecto, crimen sin
justificación; y esto es más que en sitio ninguno cierto para los
multitudinarios crímenes de Estado. La fe y la estupidez de las poblaciones
sólo quedan condignamente superadas por la fe y estupidez de sus dirigentes.
Para poder despilfarrar vidas humanas la Estadística tiene previamente que reducirlas
a masa y número de almas; pero la operación estadística convierte en primer
lugar al estadista en la más ciega y obediente de las piezas de la computadora.
LA NECESIDAD DE GASTAR
COMO FUNDAMENTO DE LA GUERRA
Mas en fin, ¿qué nos importan aquí las
almitas de los administradores? Son las órdenes de la Administración misma las
que aquí tratamos de desentrañar, y entre ellas la orden actual del despilfarro
de personas que bajo pretextos económicos nos imparte. Pues si bien el
estudiante de Economía menos avezado descubre hoy fácilmente la irracionalidad
y la locura de las cuentas y presupuestos de las empresas, o privadas o
estatales, ello no quita para que esas cuentas funcionen como las motivaciones
serias y racionales de las operaciones bélicas de despilfarro. En efecto, no
se trata ya con nuestras guerras de ganar (ni tierras los Estados ni riquezas
los negociantes), sino de gastar, y es el gastar por sí mismo lo que sostiene
la marcha de la máquina económica (las ganancias de los negociantes no son ya
más que el cebo para hacerles colaborar en el proceso) y por tanto sostienen
los Estados. Así, cerrando el ciclo, tornan nuestras guerras en lo más
progresado a lo más arcaico, y éstas, en que se trata de consumir hombres y
herramientas por la pura necesidad de consumirlos, se parecen de algún modo a
aquéllas primitivas de que se nos habla, en que la Guerra, aun antes de ser
rapiña, era deporte y sacrificio necesario.
IDENTIDAD DEL GASTO DE MATERIALES Y DEL
GASTO DE HOMBRES
Que el despilfarro haya de ser pues
indiferentemente de personas o de máquinas, municiones y vestimentas, no es
sino lo más lógico: pues los hombres capaces de costruir continuamente
aviones cada vez más caros y bombas
exquisitas y depósitos de gasolina con la sola finalidad de destruirlos (y
mejor cuanto más deprisa) no pueden ser sino hombres cuya propia razón de ser
esté en su propia destrucción, y más vivientes cuanto más aceleradamente se
consuman.
LA MANIFESTACIÓN DE LA NECESIDAD DEL
DESPILFARRO EN FORMA DE VOLUNTAD INDIVIDUAL; POR EJEMPLO, EN LA PRODUCCIÓN DE
NIÑOS
Ahora bien, que, una vez sustituidas las
antiguas cosas por su contabilidad, se creen cosas que ya desde el principio no
tienen otra esencia que la de elementos de contabilidad, y que así, sometidos
los hombres a sus propias leyes económicas, pueda el Estado tranquilamente
procrearlos, almacenarlos y gastarlos (ya sea en guerras, ya por otras vías de
despilfarro, como las autopistas finisemanales) como procedimiento de mantener
su propia subsistencia, puede todavía comprenderse bien, y hasta resultar un
tanto trivial el horror de comprenderlo. Pero más interesante aún es contemplar
el horror en su istancia individual; esto es, ver cómo el Estado para trasmitir
su orden de despilfarro de personas utiliza como especial aparato receptor el
corazoncito y la voluntad de las personas mismas. Pues, así en la fabricación
como en el almacenaje y en el gasto de personas, no es la Ley del Orden
impuesta desde fuera y por la fuerza lo que más importa aquí denunciar entre
los más o menos partícipes de la comuna, sino la Ley manifestándose como
Voluntad individual: es cada mujer (o cada pareja) la que, pese a la evidencia
de que lo único que puede ya parir son fetos para alimentar las mandíbulas de
Moloch, sigue sintiendo un ansia viva y ternísima de maternidad y sintiendo la
necesidad de tener un hijo "para realizarse" ella misma, para dar un
sentido y un fin a su propia vida.
ALUSIÓN DE PASADA A LA TRAMPA EN QUE A
ESTE RESPECTO CAEN LOS MOVIMIENTOS DE LIBERACIÓN DE LA MUJER
Y por cierto
que esta necesidad de la Mujer no sólo la respeta ya la Sociedad adulta y
reaccionaria, sino que – ay - la
respetan incluso todavía los Movimientos de Liberación de la Mujer, que
reivindican ese derecho de cada una a decidir el cuándo y el cómo tener un hijo
como uno de sus puntos principales, viniendo, por ciega fidelidad al principio
de liberar a la Mujer del Hombre, a revelar la trampa general en que esos
Movimientos caen al olvidar que a la Mujer no se la libera del Hombre liberándola
simplemente del varón, sino simultáneamente de la Mujer, puesto que el Hombre
está desde el principio de la Historia costituido en dos. Bien seria de desear
que el nombre mismo de los Movimientos se liberara y precisara por lo pronto en
el sentido de traducirse como “Liberación de las mujeres de la Mujer”.
LA MANIFESTACIÓN DE LA NECESIDAD DE
DESPILFARRO COMO VOLUNTAD INDIVIDUAL EN EL ALMACENAJE DE PERSONAS Y EN SU
DESTRUCCIÓN.- LA MUERTE COMO
REALIZACIÓN DE UNO MISMO
Y lo mismo
que decimos de la producción, lo mismo en cuanto al almacenaje del personal:
sólo aparentemente impone desde fuera el Estado las obligaciones del Documento
de Identidad, de colocación laboral o de domicilio: porque esas obligaciones
las siente ya el individuo mismo, como sustento de la seguridad de su propio
ser, en lo más íntimo de sus entrañas. Y lo mismo, en fin, en cuanto al gasto
de las personas en la guerra: cuanto más los viejos mitos patrióticos se
vuelven ridículos y vanos y el ir a la guerra se siente menos como un deber
sagrado que exige mi sacrificio en aras de algo que vale más que yo, tanto más
el ir a la guerra recobra su puro sentido de “realización de mí mismo”, y voy a
la guerra, no ciertamente ya como Mambrú, pero sí para ser más hombre; de
manera que, según la Nueva Sociedad esté en cada región del planeta más o
menos establecida, la Guerra funciona con motivaciones más patrióticas y
arcaicas o más personales y actuales; y así por ejemplo, en la Indochina, si
los amarillos se baten y se dejan espachurrar todavía en nombre de la Independencia
y aun, si me apuráis, la Revolución, del otro lado los soldados americanos son
cada vez más puros mercenarios de una legión de celuloide y aluminio, cada vez
más puros “novios de la Muerte”, para quienes la soldada esencial que paga el
peligro de su vida no es otra sino la muerte misma, que los “realiza” como
hombres, esto es, como elementos de la máquina económica del despilfarro.
VUELTA
A LA PAZ.- LAS FACILIDADES DEL TRATO ENTRE LOS MUCHACHOS Y LA DEMOCRATIZACIÓN DEL TRATO ENTRE LOS FUNCIONARIOS
Sin embargo,
acaso sea de más momento seguir descubriendo la misma orden en las istituciones
y relaciones humanas de la Paz. Pues aquí la facilidad y la abundancia de las
relaciones en nuestro mundo es una evidencia no sólo clara, sino agobiante:
nunca, en efecto, la confianza y la familiaridad se han podido establecer a
tan barato precio entre las gentes; no sólo entre las bandas de muchachos se dá
que todos más o menos son previamente amigos aun antes de conocerse, y que, caigas
en Amsterdam, en Los Angeles o en Colombo, vas a encontrarte sin más
presentación rodeado del calor de la familiaridad y la confianza, sino que aun
las gentes corrientes de la calle se abordan ya a las primeras de cambio, se
disputan como matrimonios viejos o se comprenden como compadres de bautismo con
una facilidad y multiplicidad que hubiera escandalizado a nuestras abuelas, que
se esforzaban todavía en inculcarnos a nosotros, últimos retoños de las
pequeñas burguesías, aquéllas que se llamaban reglas de urbanidad. Y más aún:
que el trato mismo entre los varios grados de las escalas jerárquicas de
funcionarios o de técnicos se ha vuelto tan extremadamente “democrático” en el
sentido que se entiende hoy el vocablo, que las primeras palabras de un Presidente
o de un Rector serán siempre para pedir que se le apee del tratamiento, y lo
más formal que se atreverá a poner por encabezamiento de un oficio a sus subordinados
será algo así como “Querido compañero, me gustaría que volviésemos a considerar
entre nosotros cuál será el mejor modo de aplicar la reciente disposición del
Ministerio... “.
LA TÉCNICA DE RELACIONES HUMANAS COMO MUESTRA
DE LA COSIFICAC1ON DE LA RELACIÓN Y SUPRESIÓN DE LOS OBJETOS
Pero la
expresión más avanzada y nítida del proceso se dá sin duda con la creación de
los Técnicos en Relaciones Humanas que por doquier florecen en las empresas y
en los departamentos estatales. Pues aquí se palpa bien hasta qué punto no es
ya que las personas sean contadas como productos, sino que es la relación misma
entre las personas la que, materializada, ha venido a ser el producto y la cosa
verdadera; que en el trato con determinados prójimos o clientes, al paso que
los prójimos o clientes desaparecen como entes en sí, para convertirse en
meras circunstancias o puntos de apoyo de las líneas de relación, la relación
adquiere una entidad visible y principal, y es la relación lo que se busca y se
valora, lo que se compra y vende, lo que costituye riqueza y alimenta vida.
DE CÓMO LA MATERIALIZACIÓN DE LOS ASTRACTOS
SE ALIMENTA DE UN ENORME CONSUMO DE MATERIAL HUMANO
Así se dan
las condiciones de despilfarro que definimos por el punto en que los verbos
(tales, en este caso, como “tratar”, “entrevistarse”, “conferenciar”,
“acostarse con” “almorzar con” y similares) se trasforman en sustantivos. Y si
la plasticidad humana se ha puesto de relieve en el hecho de que la mayoría de
los hombres y mujeres sigan siendo capaces de sentir por esos entes astractos
los mismos goces que antaño con las mujeres y los hombres de carne y hueso, al
mismo tiempo la materialidad y sustancia de las relaciones exige sostenerse y
alimentarse por medio de cantidades enormes y desconsideradas de caras y de
voces, de carne y de hueso humano.
COMPARACIÓN DEL AMOR POSESIVO Y DEL
DESPILFARRO DE TRATOS COMO DOS CARAS DEL PROCESO DE MUERTE DEL AMOR EN LA ASTRACCIÓN
Pues, así
como en el tipo tradicional del Amor posesivo las gracias y favores, los besos
y los actos de amistad del Amado único necesitaban una renovación continua y además
al fin inútil, ya que todos los actos y placeres quedaban anulados y vacíos
para quien en verdad no quería esos actos de El, sino que lo quería a El mismo,
por manera inversa y complementaria cuando es el acto del trato mismo lo que se
quiere, toda la continua renovación de cuerpos sucesivos no bastará jamás a
satisfacer la necesidad de materialidad de la pasión astracta. Dos modos
extremos de matar por vía de astracción el posible buen amor entre las gentes,
que ambos por los demás se presentan hoy en día, como cara eterna y actual de
la misma orden.
ADVERTENCIA SOBRE COMO EL MÉTODO CONTRA EL
DESPILFARRO HA DE SER EL ODIO
Y EL ANÁLISIS DE LA ASTRACCIÓN Y COMO EN CAMBIO LA
EXALTACIÓN POSITIVA DE CUERPO, PLACER O SEXO PUEDE SER SUMAMENTE
IMPERTINENTE
Cómo
la indudable abundancia y relativa facilidad de las relaciones amorosas y
amistosas en nuestros días ha podido venir a dar, no en riqueza sin tasa, como
el deseo desearía, sino más bien en disipación, como la Moral quiere, y por
ende en nuevos modos de miseria, es una paradoja de la que sólo el análisis más
astracto del proceso de despilfarro puede aspirar a dar cuenta, como que su
objeto consiste justamente en la materialidad de las astracciones; y así, como
solamente se habla de lo que se odia, es el análisis encarnizado y destructivo
de las astracciones materializadas lo único que acaso pudiera venir a ser ayuda
y aliento para la resurrección del cuerpo y el placer desconocido, en tanto
que toda proclamación y propugnación directa del Placer, de la Materia, del
Sexo, de la Jouissance o del santo Body no puede menos de venir a
dar en contribución a la riqueza de astracciones y a la astracción de la
riqueza: una manifestación más del odio a la riqueza y al placer desconocidos
que costituye la esencia de la Economía y de la Moral del Orden. Por poner un
ejemplo de los mil que podríamos con sólo salir un momento a la puerta a
pescarlos por las calles de este bendito Barrio, “You don't have a body: you
are a body” decía alguna especie de chamán norteamericano -no sé si de la línea
de W. Reich- en la película yugoeslava de “Les mystéres de l'orga[ni]sme”
estrenada aquí en París el 21 de Junio, sin que en su corazón latiera por asomo
la sospecha de que la esencia y la propiedad son la misma cosa, y que si, en
efecto, el hecho de poseer yo un cuerpo lo anulaba y convertía en mero esclavo
y herramienta de mi ser yo el que soy, asimismo igualmente, si soy yo el que
soy un cuerpo, dado que yo soy el que soy, ¿qué otra cosa va a ser el pobre
cuerpo sino yo mismo?, sólida astracción que sirva a consolidar al Sujeto
objetivado y al Estado en el que vive.
COMO LA ORDEN DE DESPILFARRO SE PRESENTA
TAMBIÉN EN LAS COFRADÍAS TRASHUMANTES DE FUMADORES DE JACHIS Y EN LOS ENSAYOS
DE VIDA COMUNITARIA CAMPESINA
Porque -ay-
es lo cierto que habrá que confesar que la evidencia de cómo en la gente se ha
sustituido el amor de las personas (como el disfrute de las cosas) por el amor
del amor de las personas (y el disfrute del disfrute de las cosas) no sólo se
la encuentra uno en las esferas tecnocráticas de las Public Relations ni
en los grises habitantes de los bloques suburbanos, sino también a su manera
entre las hordas multicolores de estos jóvenes recalcitrantes, residuos más o
menos de los hippies y los estudiantes revoltosos de hace unos pocos
años, entre los cuales probablemente habrán de contarse por ahora la mayoría de
los más o menos participantes en la comuna antinacionalista. Y si echamos una
mirada, ya sea a las cambiantes, improvisadas y trashumantes cofradías de
consumidores de jachis, ya sea a las pacientes colectividades experimentales,
agrícolas o urbanas, de los nuevos modos de vida comunitaria, lo que mayormente
se nos ofrece son otras modalidades del imperativo de despilfarro: pues si de
un lado es evidente entre ellos la gran abundancia de los bienes y los frutos
terrestres más de veras deseables, abundancia de compañía, de relativa
fraternidad, de amores asequibles y con medios trampa, de viajes por las
ciudades más hechiceras en unos casos o de común trato con valles, islas o
bosques deleitosos en los otros, abundancia en fin de tiempo libre para
quienes han sacudido las cadenas del Trabajo formal y serio, también parece por
otro lado que el hecho de que todo ello no venga a dar en una riqueza y alegría
tan sustanciosas y palpables como uno esperaría sólo aparentemente se deja
explicar porque esas bandas y hordas sean marginales y mal vistas de la
Sociedad Adulta y vayan por ende cargadas con una condenación que, si no se
manifiesta como persecución abierta, florece dentro como amargura de las
propias almas; no, que también, por el contrario, hay que contar con que las
cofradías y comunidades están a su modo igualmente sometidas a las leyes
generales del Estado y a su modo acatan las órdenes del Orden general: esto es,
que también ellos saben lo que desean antes de desearlo, y por tanto,
más o menos expresamente (que eso no importa tanto), lo que persiguen son astracciones
tales como 'Comunidad' 'Amor', 'Paz', 'Fraternidad', 'Placer', 'Naturaleza',
'Londres', 'Katmandú', 'Vida'; y claro está que el resultado habrá de ser no
sólo que hasta esas mismas hordas acaben rápidamente plagadas de ideología de
sí mismas, sino que desde el primer momento queden condenadas, para alimentar
el vacío insaciable de las astracciones materializadas, a gastar y arrojar
cuanto antes a la basura series interminables de ciudades y regiones, de
experiencias concretas y de amistades y relaciones amorosas de los más variados
tipos, pero cuyos múltiples colores se anulan todos en su condición de ejemplos
de la Nada que es el verdadero objeto de sus anhelos.
APOSTROFE A LOS POSIBLES LECTORES SOBRE
CÓMO EN EL DESEO DE AMADAS O MERCANCÍAS LO ÚNICO QUE DESEAN ES LA NADA
REPRESENTADA POR LAS FORMAS MAS ACTUALES DE DINERO
No
es, en efecto, que se tiren pronto a la basura las amadas que no nos dan mucha
riqueza ni placeres, sino que más bien acaso no nos dan riqueza ni placeres
porque están previamente destinadas a tirarse muy pronto a la basura. “Tirar a
la basura” quiere decir acelerar las metamorfosis del Dinero: en los ojos
traen escrito ellas su destino, y es el temblor de esa evidencia de la nada lo
que sustituye en vosotros al enamoramiento, para el que ya no tenéis apenas
tiempo. Y a recibir esa orden del despilfarro de personas bien se os ha
preparado ya desde la infancia, cuando se os habituaba a desear, no ya las
mercancías de los barquilleros y los tiovivos, como antaño, por ansia de las
cuales pedíais vuestras perras los domingos, sino desear directamente, tomando
como pretexto cualesquiera mercancías, las perras en sí mismas y el acto mismo
de gastarlas; ¿qué más natural sino que, un paso más adelante ahora en la
evolución del Capital, no sepáis desear otra cosa sino estas últimas formas de
Dinero (y no ya mercancías) que son las personas y los tratos con las personas?
Y COMO SIN EMBARGO ES NECESARIO QUE
SIGAN CREYENDO EN SU GUSTO PERSONAL Y SU CAPRICHO, COMO ELEMENTO ESENCIAL DEL
PROCESO DE DESPILFARRO
Y sin
embargo, para no ahogaros en el horror de la evidencia de vuestra propia
participación en la Economía del Despilfarro, tendréis —ay— que seguir creyendo
que todos esos gestos y continuas actividades de gasto de lugares o de amigos
no obedecen más que a vuestro propio gusto y capricho y necesidades personales,
sin reconocer jamás en esa presión del vacío interno la necesidad económica y
las órdenes del Estado; pues, si no lo creyerais y os engañarais, ¿adonde
irían a parar vuestras propias almitas de cada uno? Y ¿adonde iría a parar
entonces el Orden todo? Pero ahí está justamente el punto del proceso: que la
medida en que vuestro más personal capricho coincide con las leyes del Estado
es la que mide vuestra propia trasformación en piezas subjetivas de la máquina
objetiva del Despilfarro, las cuales a su vez, en la medida que pueden servir
para gastar otras personas, en la misma medida se hacen personas aptas para el
consumo de las otras.
EXAMEN DEL DESPILFARRO DE PERSONAS A TRAVÉS DEL
USO DE LAS DROGAS MÁGICAS. -
DESCRIPCIÓN DEL SUNTUOSO REGALO QUE PARECÍAN APORTAR LAS DROGAS
PSICODELICAS
Puede, con
todo, que esta orden del despilfarro de personas entre las gentes de estas
cofradías, más que mirada directamente, sea visible en la observación del trato
con esa clase de productos que tan íntimas relaciones guardan con el trato
mismo entre las personas, en cuanto que se presentan con una función
ejemplarmente ambigua, siendo esos productos medios para el cultivo del trato
personal no menos que los tratos personales medios para el cultivo de los productos:
me refiero a las drogas maravillosas. Pues aquí los avatares de estos últimos
años parecen ofrecernos un esquema bastante nítido del mecanismo. En efecto,
sobre el campo abonado de las fumandas fraternales del jachis la marijuana y
otras hierbas, el descubrimiento y la propagación de ese suntuoso regalo de los
dioses que se llamaba el ácido lisérgico parecía que debía ser una riqueza tan clara
y tan palpable que los corazones tenían fiesta y alimento para largo: pues sin
duda que no se habían sentido nunca, por lo menos tan barato, delicias tan sin
tasa y tan variadas como aquéllas, un placer al mismo tiempo de tan profundo
reposo y tan vivida exaltación, las gracias y materialidad, de los ensueños en
medio de la más lúcida conciencia; y aún más, que se anulaba allí la división
habitual entre tacto y visión, y según la lógica del buen amor, lo que tenía de
placer tenía de enseñanza, y era un istruir deleitando hasta tal punto que en
los propios tapices de gemas y de flores, en los propios alcázares de música y
los vegetativos collares de palabras multicolores podías estar aprendiendo la
vanidad del Tielmpo, la relatividad de la lógica habitual, la verdad o la mentira
de tu muerte (según que fuera un viaje malo o bueno) y tantas otras evidencias inestimables;
y encima todavía, que, suprimiéndose en la vida cotidiana la alternancia y
oposición entre el cansancio y el descanso, no sólo era aquéllo más vida que el
más mórbido de los pecados imaginables, sino que salías de ello sin pecado ni
penitencia, sin resaca ni fatiga, sino que era ello una bendición de salud para
los miembros y las entrañas.
COMO ESE DON SE HA DESPRECIADO, NO TANTO POR
REDUCCIÓN A HABITO, SINO POR SUMISIÓN A LA NOCIÓN DE SUPERACIÓN CON
LA ASTRACCIÓN 'DROGA'
Y EL PASO A LAS DROGAS HEROICAS TRADICIONALES
Pues bien,
¿qué se ha hecho a estas fechas con aquel regalo? No es ya que el tesoro se
haya despilfarrado por el procedimiento habitual de sustitución del gozo por el
vicio (como la repetición del cigarrillo se hace tanto más necesaria cuanto
menos se disfruta de cada uno, y el deseo del concreto 'un cigarrillo' queda
superado por la voluntad del astracto 'el cigarrillo', que se llama necesidad
y que, como astracto, no sabe ni huele a nada ni le hace falta) lo cual
ciertamente se ha dado también con el ácido lisérgico, y en muchos sujetos la
frecuencia de los viajes era ya una evidencia de que cada vez se viajaba menos
para cualquiera que, habiendo disfrutado de un par de ellos, sentía bien que el
deseo y disposición del cuerpo para un nuevo viaje no se recrea de la noche a
la mañana, en primer lugar porque la riqueza misma del experimento
le dejaba a uno en estado de gracia para mucho tiempo después de la
experiencia; pero lo más notable en esta historia contemporánea de las drogas
es que la bendición y peligro de placer verdadero y gratuito que en ese regalo
había se ha eliminado sobre todo por sometimiento a la idea de superación (la
del “más blanco todavía”) tomada de los procesos comerciales: en efecto, lo que
han hecho muchos de los afortunados usuarios del mágico producto es dejar que
la idea astracta de ‘drogarse’ se sobreponga a todas las visiones más
palpables, y en consecuencia se han colocado con estúpida docilidad en el
esquema de escalada con que la Sociedad Adulta asimilaba el vicio de la droga,
y accediendo a creer que, en efecto, eran drogas' en astracto y productos del
mismo orden el ácido lisérgico que el opio o que la morfina o que los jarabes
de codeína o que cualquier cosa que pudiera llamarse droga , no sólo se sentían
obligados a creer que daban “un paso más allá” del ácido lisérgico con
productos de efectos tan pobres grises y modorros en comparación como el éter,
el viejo opio y sus similares, sino que en especial tenían que “superar” el
ácido por el paso a la inyección de las miserables drogas heroicas y fatales
del tráfico tradicional como la morfina, la heroína y demás orgasmos de
jeringa.
COMO LA ANULACIÓN POR ASTRACCIÓN DE LAS
RIQUEZAS PSICODELICAS SE REVELA EN EL CARÁCTER ASTRACTO DE LA EXPERIENCIA DE
LAS DROGAS HEROICAS, COMO INTIMACIÓN DE MUERTE
Y nótese
todavía que el proceso de sumisión consiste, por supuesto, en la sustitución
de la experiencia viva por la práctica del astracto verbal ‘drogarse’, con lo
cual, de paso que se suprime el placer y se le reconvierte en pecado —con sus
penitencias de dolores, horrores y peligro—, se elimina el peligro de novedad,
de placer y de riqueza, que la destilación del peyotel podía presentar
verdaderamente para el Orden, que no puede consentir placer gratuito ni
riqueza alguna: pero ese proceso está representado en la naturaleza misma de
las experiencias que los pinchazos de las drogas heroicas proporcionan: pues,
lejos de las riquezas palpables suntuosas y duraderas, lejos de la abundancia
de visiones y descubrimientos metafísicos, el efecto del pinchazo se
caracteriza por
ser una experiencia casi en estado puro, una experiencia que se acerca a no ser
estrictamente experiencia de nada, sino de sí misma: un flash, como dicen, de
una intensidad momentánea bárbara y fascista, seguido de un bienestar y
calorcillo, más bien vacío y anestésico, que bien podría interpretarse como
mero agradecimiento del pobre cuerpo por seguir vivo después de aquéllo; pero
lo esencial está en el flash mismo: esa sensación de sensación extrema
y pura, ese relámpago sin visión, se acerca a ser la mirada cegadora del Dios
de los Ejércitos, tiene todo su atractivo en la intimación de muerte repentina
que contiene (no olvidéis que de todo fascismo “Viva la muerte” es la voz de orden),
y vendría a ser, si ello fuera posible, la expresión material de la Astracción,
la que el Orden usa como arma para matar progresivamente todas las
posibilidades de placer y vida. Con que así, si consideráis que eso es lo que
muchos se han visto forzados, por sumisión a la Economía dominante y
congruentemente estúpida fe en la propia voluntad, a poner en línea con y
superación de los goces y riquezas que venía acaso el ácido lisérgico a
traernos, tal vez entendáis más claro el sentido de la orden y el proceso de
despilfarro a que este comunicado se dedica.
PASO A LA MANIFESTACIÓN DEL DESPILFARRO DE PERSONAS
COMO EXPLOSIÓN DEMOGRAFICA.-
DE COMO LA MENTIRA DE SER MUCHOS CON QUE EL SER ÚNICO SE
RECUBRE, CUANTO MAS
CORRE PELIGRO DE DESCUBRIRSE,
MAS ACELERA LA MULTIPLICACIÓN
Aunque, a
decir verdad, parece que, en cuanto a despilfarro de personas se refiere,
ningún síntoma podría ser tan claro ni expresión tan elocuente de la Orden
como el propio fenómeno de la explosión demográfica, que así llaman los
técnicos, tan característico de esta nuestra actualidad. Pues se diría que ese
proceso de multiplicación acelerada es como el fari fiendo en que el
despilfarro de la mercancía personal se manifiesta. Es en efecto aquí evidente
que, si ya desde el principio de la Historia el proceso de muerte sucesiva y trasmisión
de la antorcha de la vida de generación en generación era un mecanismo
esencial para evitar que viviera nadie y para que la vida se redujera a la
sobrevivencia de la esperanza de la vida, esto es, al Futuro, ahora, cuando
después de materializado el Movimiento se ha materializado la Velocidad y está
en trance de materializarse la Aceleración, ya la multiplicación desesperada
del número de vidas destinadas a la subsistencia de la Esperanza implica
ciertamente, por un lado, la extrema tenuidad de la mentira del Sujeto y de la
Persona y revela su condición de mero pretexto para el sostenimiento del
Sistema; pero la propia aceleración de la velocidad del movimiento del proceso
dice bien, por otro lado, cómo la mentira real del ser muchos, con que el Ser
tiene que presentarse, cuando no son ya los unos, sino los muchos, los que se
hacen muchos, se vuelve una mentira cada vez más trasparente, cuyo peligro de
revelación por tanto torna a su vez a acelerar la velocidad de la multiplicación.
Así el Globo Terráqueo, recubierta totalmente su redondez por la pululación de
la muchedumbre de humanidades, aspira contradictoriamente a ser El mismo el
cuerpo redondo y único de la sola Humanidad.
CUAN CONGRUENTE ES QUE LOS
REPRESENTANTES DEL SISTEMA, CONTRA LA APARENTE FACILIDAD TÉCNICA, IMPIDAN QUE
SE HAGA NADA PARA DETENER LA MULTIPLICACIÓN
Es, por
tanto, lógico y congruente que todas las principales istancias del Sistema que
representan el interés del Ser mismo en que la verdad de la mentira siga oculta
y siga floreciendo en realidades la mentira de su Verdad manifiesten el más
decidido empeño en que no se haga, para atajar el apocalíptico despilfarro de
personas y torcer las curvas de las estadísticas de la superpoblación del
Globo, nada de todo aquello que aparentemente seria tan hacedero (realizarán en
cambio maniobras de diversión típicamente ilusorias, como la sugerencia, con
la conquista de la Luna, de glóbulos suburbanos que puedan aliviar el problema,
al modo que pretenden aliviarlo las ciudades satélites de las urbes), nada, por
ejemplo, como la práctica costante de la contracepción, pese a las facilidades
que la Técnica parecía acaso por descuido haber proporcionado.
EL INTERÉS NACIONAL Y EL INTERÉS
PERSONAL COLABORANDO ESTRECHAMENTE EN LA REPRODUCCIÓN
Y así, entre
esas istancias representantes del Sistema no pueden menos de aparecer en
primera fila el Interés Nacional y, paradójicamente, colaborando estrechamente
con él, el Interés Personal: si el Estado, en efecto, necesita el número de
almas para sostenerse, el Individuo necesita los hijos para realizarse: la
tiránica vaciedad del nombre del Estado sólo por la devoración continua de
carne y sangre humana puede mantenerse, y su hambre insaciable de súbditos o
sujetos es la revelación de su vacío; pero asimismo el vacío de vida de la
Persona sólo con la generación del heredero se oculta y se sustenta, y la
delicia imaginativa de mezclar los propios cromosomas con los del Amado, la
carga seria y responsable del embarazo, el tormento dulcísimo del parto, la ansiosa
expectativa del nuevo Rey de la Casa, los trabajos absorbentes de la
preparación del nido, la multiplicación consiguiente de las ocasiones de
consumir consumo, las preocupaciones inagotables de la crianza y la educación,
las satisfacciones o los amargos desengaños de los hijos ya mayores, y hasta el
consuelo impenitente del desengaño de los hijos por medio de los nietos, son
entretenimiento que todavía no ha encontrado rival para disimular el abismático
bostezo del aburrimiento de la vida de los condenados a la Muerte y al Futuro.
Cuando no se sabe qué hacer, ¿qué cosa más natural que hacer un hijo?
EL CASO DE LA IGLESIA: COMO LOS MOTIVOS
RELIGIOSOS SON COBERTURA DE OTROS ESTATALES, QUE A SU VEZ SON COBERTURA DE
OTROS MAS PROFUNDAMENTE RELIGIOSOS
Y en fin, en
cuanto al caso típico de la Iglesia Católica y las decisiones papales en
contra del empleo de los contraceptivos, merecen también acaso dentro de su
inopia y su ilusoriedad, un punto de atención: pues aparentemente lo que pasa
es que la Iglesia enarbola razones de principio religioso (ya se sabe cuan
fácil le sería presentar razones religiosas para lo contrario: para eso doctores
tiene) a fin de recubrir motivos más reales, y al fin y al cabo bien visibles,
en los cuales la Iglesia se comporta simplemente como uno cualquiera de los
Estados, y la necesidad de acelerar la producción de feligreses y asegurarse
abundante pretexto carnal para su subsistencia se explica que sea bien
acuciante para un Estado que se ve pasar por un trance nada próspero; pero a
su vez, inversamente, estos motivos estatales y políticos son en verdad recubrimiento
de una más profunda causa religiosa: se trata, en verdad, de defender la orden
del Señor que señaló el comienzo de la Historia con el “Multiplicaos”, y que,
siendo una orden eterna, toma ahora la forma más apremiante y presurosa de “Acelerad
vuestra multiplicación: despilfarraos”: sólo así, en efecto, la verdad de la
mentira del Señor conserva la esperanza de seguir oculta, y con ello
permitiendo la subsistencia de la Iglesia Católica y los demás Estados y del
Estado todo.
PASA EL COMUNICADO AL TERCER ASPECTO: LA
ORDEN DE DESPILFARRO COMO DESPILFARRO DE MI MISMO
Pero, en
fin, entre tanto, una vez que ya el comunicado se ha explayado un tanto en
comentar la Orden bajo sus manifestaciones de despilfarro de cosas y de
despilfarro de personas, es inevitable que pasemos a cerrar el triángulo,
trinidad o círculo dialéctico, refiriéndonos a la Orden como intimación de
despilfarro de Mí mismo. En efecto, si los modos del trato con las cosas no pueden
menos de reflejarse en los del trato con las personas, por la doble ilación que
más arriba se os ponía de relieve, a su vez los modos del trato con las
personas, dado que el Estado necesita y exige la sumisión a la convención
paradójica de que los otros son también Yo (o también Yoes, o "tienen
también alma") y de que Yo soy uno de ellos —según más que ninguno el
Orden Democrático requiere— tienen que arrastrar consigo modos correspondientes
de trato de Mí Conmigo mismo. Y el mismo Orden que acaso en otros tiempos te
ordenaba el ahorro de las riquezas o la fidelidad a un matrimonio y ahora con
igual razón y fe te ordena despilfarrar a toda prisa mercancías y relaciones
públicas o privadas, ése mismo te ordena necesariamente quemarte y disiparte,
después de haberte ordenado y al mismo tiempo que sigue ordenándote conservar
tu propio Ser y reforzar la seguridad de la fe en tí mismo.
EL CASO DEL AUTOHOLOCAUSTO DE MUCHACHOS
POR EL FUEGO; PROTESTA CONTRA EL ORDEN Y OBEDIENCIA AL ORDEN
La relación
dialéctica inexorable entre el despilfarro de los otros y de lo otro con el
despilfarro de Mí mismo parece que se manifestaba, por ejemplo, y se nos escribía
con caracteres rutilantes en aquel hecho (que ejemplarmente quedaba a medio
camino entre la sección de SUCESOS y la de POLÍTICA de los periódicos) de que,
hace dos años y el pasado, una serie de muchachos de nuestras ciudades se
rociaran de gasolina y se condenaran a la hoguera, dejando por lo general
declaraciones de cómo la noción de las matanzas indochinas o la miseria
millonaria del Tercer Mundo que se llama les resultaban de todo punto
insoportables. Así la orden de quemarse, que de tan diversos modos están en
sentido figurado obedeciendo muchos de los muchachos de nuestro mundo, se
expresaba allí por medio del sentido propio de la misma. Y en el
ejemplo asimismo se revelaba bien el mecanismo paradójico de esta orden del
despilfarro de Mí mismo: pues el acto de la propia disipación o quema tiene
subjetivamente el sentido de una protesta, repulsa y contestación del Orden que
Me ahoga; pero con ese acto al mismo tiempo estoy objetivamente cumpliendo Yo
también la orden del despilfarro en general de todo; y es así como rebelándome
obedezco y es mi obediencia la forma de mi rebelión.
COMPARACIÓN CON EL CASO DEL SUICIDIO EN GENERAL.-
LA QUEMA DE LA PERSONA COMO
REVELACIÓN DE LA MODALIDAD INCENDIARIA DE DIOS Y DEL ESTADO
Se trata en
último término, desde luego, del mismo movimiento contradictorio con que tan
lúcidamente se describe el suicidio en los versos de Lucrecio como un
movimiento de huida hacia aquéllo de lo que huyo
(“Y aun a menudo a tal punto, por miedo
a la muerte, a la vida
odio le cogen tal y a ver la luz los
humanos
que ellos mismos se dan con amargo pecho
la muerte,
ya olvidados
que fuente a sus cuitas era ese miedo”),
sólo que además aquí era el miedo a la
Muerte comunal y pública lo que se manifestaba como imposibilidad de la vida
individual; y mi propia incapacidad de soportar el crimen del Estado Me declara
solidario con el Estado y responsable de su crimen: juez, acusador, verdugo y
reo todo en uno; víctima y sacerdote y divinidad también. Pero, en todo caso,
es esta modalidad de ser caótica y llameante que hoy el Mundo parece tomar para
sustentarse la que se revela en el caos del Alma más cosciente y en la quema
del propio cuerpo. Y aun puede decirse que todo suicidio tiene algo del de
Eróstrato, y que el muchacho que se abrasa en la plaza pública puede abrasar su
cuerpo (que para eso es suyo, el pobre), pero no su Nombre o Ser o Alma, que
por el contrario sale del incendio entero y renovado como el ave fénix, y el
quemarse es sencillamente uno de los modos de que un joven dispone para
consolidar su personalidad y, como se dice, realizarse; pero, al quemarse,
quema el Templo, y con ello no se nos revela sino la verdad del caos y el
incendio universal, que no son más que recursos extremos de confirmación de
Dios y del Estado.
LISTA DE ALGUNOS OTROS COMPORTAMIENTOS
QUE REVELAN LA NECESIDAD DE DESPILFARRO DE LA SALUD EL CUERPO O LOS PLACERES
No hace
falta, sin embargo, centrarse en el caso del auto-holocausto para presenciar la
operación de la orden de despilfarro manifestándose como despilfarro de Mí
mismo: basta con parar mientes un poco en el comportamiento diario de muchos de
nuestros amigos y jóvenes parientes para descubrir numerosos símbolos del
menosprecio, a menudo ostentatorio, y del descuido y el destrozo de la propia
salud, del propio cuerpo y sus placeres. Queden aquí mencionados a título de
ejemplo:
a)
la creciente fiebre motociclística;
b)
la tendencia a consumir sin pausa las clases más viles y pestilentes de
tabaco;
c) la adopción gustosa de prácticas
sexuales contrasensuales, esto es, vejatorias o denigratorias del placer y el
cuerpo;
d)
la admiración por formas de canción y danza violentas y chirriantes;
e)
la proliferación de las sectas de barbarie urbana que consagran lo que
anteayer se llamaba en español gamberro;
f) la preferencia por modos de acción política
sangrientos, furibundos y matones.
LA MOTOCICLETA COMO REBELIÓN Y SUMISIÓN
AL ORDEN DEL AUTOMÓVIL
En (a) se
muestra bien cómo la rebelión ante una de las manifestaciones más
insoportables del Orden Nuevo, la imposición del ruido, la estupidez y la
pestilencia del automóvil, se retuerce sobre sí misma, por vía del mecanismo
que puede llamarse masoquista o simplemente penitente, como asunción desafiante
del ruido, la pestilencia y la estupidez por cuenta propia y en grados más
extremos y gratuitos (¿no notáis con qué gratuidad descarada se maneja
especialmente el ruido del escape muchas veces?) por medio de la motocicleta,
individual o de pareja; y nótese que el desafío al Mundo con la moto toma más
que nada la forma simbólica de desafío al viento, y el alma del joven
motorista se siente sobre todo llena de libertad. Que sea pues la moto el istrumento
de obediencia desesperada o de obediente rebelión al Orden y a su ley de
despilfarro se deja bien entender, y cuando una de las películas más honradas
que se vieron estos años, la titulada Jinete fácil, presentaba la
cabalgada mecánica hacia ninguna parte, pero hasta el sacrificio en la
explosión y el fuego, la misma falta de intención de la película dejaba bien
al descubierto la intención de las motocicletas mismas.
LA FUMANDA PESTILENTE Y SIN PLACER COMO
REACCIÓN Y OBEDIENCIA DESESPERADA A LA ORDEN DE DESPILFARRO DE TIEMPO
El punto (b) tiene una especial relación
con la cuestión del Tiempo: sabemos que la costumbre de fumar en sí misma representa
el procedimiento por excelencia que se había procurado el Mundo desde que se
hizo redondo, para llenar el Tiempo hasta sus últimos rincones, de modo que no
quede espacio vacío alguno en que no se esté haciendo algo (pues fumar es
también hacer algo, quizá el mínimo de acción que basta y asimismo los que
fuman mientras hacen otras cosas no hacen con ello sino mostrar la insuficiencia
de las otras cosas para llenar el Tiempo, y que así se aleje sin fin el peligro
de que uno se abandonara al mero placer y dolce far niente, al olvido y
a la vaga reflexión acaso: el humo llena el vacío, y así la falta del humo se
aparece como el bostezo del caos mismo: “y mientras fumo, /mi vida no consumo”
creo que decía aquel cuplé, y diciendo verdad a su manera, en cuanto que en
efecto no la consumo, sino solamente la despilfarro. Pues bien, la percepción
de esta condena al Tiempo que el fumar ratificaba parece que es la que
desencadena entre los muchachos y muchachas esas formas de fumar violentas y
despiadadas, con sus dos aspectos: el de fumar con una prisa particularmente
desesperada y el de fumar tabacos que por su acritud y pestilencia excluyan tajantemente
toda sospecha de placer en el fumar: así la rebelión contra la orden toma la
forma de la obediencia exagerada y furibunda, y el joven ansia aniquilar sus
problemáticas posibilidades de vida en una acción de desafío y sumisión
desesperada.
LA SEXUALIDAD VIOLENTA Y DENIGRANTE COMO
RENOVACIÓN DEL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA Y REDUCCIÓN DEL AMOR AL ORDEN
En cuanto al
fenómeno (c) que, con ligeras variantes en los países más o menos latinos o más
o menos nórdicos, os es dable observar (exhibición en las revistas
pornográficas y las sex-shops de aspectos no sólo sangrientos y sádicos,
sino rebuscadamente coprolátricos y vomitivos; preferencia por las groserías de
palabra y obra en el trato amoroso de los muchachos a las muchachas y también
de éstas a aquéllos; en fin, el propio empleo masoquístico de vocablos esencialmente
denigratorios, ya de los cultismos de médicos y -comadronas, ya del vocabulario
de chulos y encargadas), se os aparece sin más evidente como otra
manifestación de igual proceso: la imposibilitación del buen amor que el Orden
necesariamente exige, cuando ya no puede manifestarse como prohibición, se
manifiesta como incitación al despilfarro de los dones (convirtiendo, entre
otras cosas, las posibilidades del buen amor en actos y energías, ya que no
genéticas, por lo menos sexuales), incitación que las dulces y amargas crías
del Hombre, ya que no pueden reconocerla como tal y resistirle, al menos la
obedecen con toda la acritud y la violencia y así el amor, que era acaso
amenazante y destructivo para el propio ser, pero dulce, reposado
y alentador para el cuerpo y para la
vida, vuelve a tomar la forma masoquista y penitente que el Orden quiere, donde
no de ser, sino de cuerpo y vida es el amor desprecio y aniquilación.
LA ROTURA DEL RITMO Y LA MELODÍA COMO
FORMA DE PROTESTA CONTRA EL ORDEN QUE, VOLVIÉNDOSE SOBRE EL CUERPO REBELDE,
CONFIRMA EL ORDEN
También en
(d) encontramos un buen ejemplo del retorcimiento de la rebelión sobre la
carne del rebelde: pues si bien la danza y la canción han sido desde el
principio ambiguas, en cuanto que la dulzura y gracia de la melodía y la
numerosidad de gestos y de pasos no podían alcanzar lo más hondo del corazón
sin ser al mismo tiempo un desgarramiento de sus telas (y el logro más
penetrante del placer del arte era un alumbramiento de las lágrimas, cuando la
música, al evocarles a los desterrados el paraíso, les evoca su destierro),
ahora todavía, cuando se menosprecia violentamente la dulzura de las cadencias
y la harmonía de los gestos, lo que se hace ciertamente es rechazar aquella
ambigüedad, que se tiene ya por engañosa, pero el prisionero que se da de
cabezazos, más o menos rítmicos a arrítmicos, contra las paredes de su celda
colabora con la prisión no menos que el otro que, vilmente adaptado, canta de
atardecida como el pájaro al son del martillo con que el guardián pasa
comprobando la integridad de los barrotes; sólo que ya se ve que, según con
ello castiga más bien su propio cuerpo que no los muros, así con ello refuerza
su propio ser de prisionero al mismo tiempo que el Orden carcelero todo.
EL NUEVO GAMBERRO (COMPLEMENTARIO DEL
NUEVO ANACORETA) CONFIRMA EL ORDEN AL DAR RAZÓN A SUS GUARDIANES Y AL
DESPILFARRAR SU PROPIO CUERPO
Con el punto
(e) tocamos una de las nuevas modalidades que actualmente toma o acentúa la
Nueva Sociedad para la administración de los grupos marginados que se dice:
siempre fueron los vagabundos gente más bien pacífica, aunque por otro lado ya
se cuidaran bien las madres de alimentar en las imaginaciones de sus niños la
figura del gitano o del buhonero armados de cuchillo y con el cuévano macabro;
pero en nuestros días, cuando los grupos marginados pasaban de ser minorías
relativamente exiguas y recluidas a convertirse en vastas minorías indefinidas
y descentradas, parece como si esa doble cara del vagabundo tradicional se
hubiera encarnado en dos especies de sectas complementarias: de un lado los hippies
o similares, esencialmente pacifistas y con una querencia más o menos
decidida hacia los campos y la naturaleza, del otro los gamberros o teddy-boys
o chulos ‘nueva sociedad’ que en sus formas más recientes retrataba St.
Kubrick con tanto desgarro en su Naranja Mecánica, esencialmente
inseparables de la metrópoli y sus suburbios, y que proclaman con sonrisa
sardónica el cultivo de los crímenes como el solo deporte con alguna posibilidad
de matar el aburrimiento. Pues bien, no creo que haga falta insistir mucho en
cómo en ambos lados se practica el compromiso con el Orden y la obediencia a
sus imperativos: los nuevos anacoretas consiguen un relativo consentimiento al
precio justamente de quitarse de en medio, esto es, de evadirse de los centros
letales de la maquinaria del Orden Nuevo, en tanto que sus hermanos, los nuevos
apaches y nietos de Monipodio, colaboran con el Orden activamente, ante todo
sirviendo para dar razón a los lobos guardianes del Orden Público, al
ratificar con su vida - recibiendo a cambio la confirmación de su ser y
personalidad - la imagen macabra de los marginados que las Madres de la Patria
imprimían en los tiernos cerebros de sus niños, pero colaboran también con El
al mismo tiempo por medio de la aniquilación misma de sus posibilidades de
cuerpo y vida, con la eliminación, por la pistola, el penal o simplemente la
catalogación de algunas de las manos y corazones en cuya rebeldía y desesperación
podía poner uno razonablemente las mejores esperanzas.
LAS NUEVAS FORMAS DE MILITANCIA POLÍTICA
VIOLENTA COMO ULTIMO EJEMPLO DE COLABORACIÓN DE LA REBELDÍA CON EL ORDEN POR
MEDIO DE LA REALIZACIÓN PERSONAL EN LA MUERTE
En fin, por
lo que toca el punto (f), por dicho se da entre los más o menos miembros de la
comuna antinacionalista que, en la rebelión contra el Violencia Estatuida, así
como no se cree en las virtudes de la no-violencia, así tampoco se cree en las
virtudes de la violencia: propios y privativos del Tirano y de la Ley son la porra y el
fusil y la justificación de los medios por los fines, y no se cree que pueda el
tiranicida heredar las armas y copiar los medios del Tirano, como que en esos
medios suyos están sus fines ínsitos y están sus armas preñadas de tiranía.
Pero lo más notable en las nuevas apariciones, a que aludíamos, de las formas
furibundas y matonas de la lucha entre una parte de los militantes (que se
complementan harmoniosamente con la otra parte: los que con una fe aún más
asombrosa siguen todavía camino de tomar el Poder por medio de las elecciones
o de la ocupación progresiva de los puestos de la Administración) está en la
manifestación del mecanismo que a lo largo de este comunicado venimos
denunciando: la materialización de las astracciones como proceso de despilfarro: los rebeldes, en efecto, forzados en
principio por el Poder a la adopción, para la lucha contra el Poder, de los
métodos militares, legionarios, policíacos, fascistas, despiadados, fanáticos
y matones, característicos del Poder, en una segunda fase, estrujados ya sus
corazoncitos sangrantes por la supuesta necesidad de la adopción de dichos
métodos, adquirida ya la facies de mostrenca dureza y frialdad de los propios
esbirros del Tirano, seguros en fin de la justificación final de todo, van
perdiendo la noción y sentimiento de la libertad aquella desconocida por cuyo
enamoramiento se rebelaban, en la medida justamente en que conservan la Libertad
o la Justicia o cualquier otro nombre como proclamación vacía y justificatoria,
y cobrando, en cambio, el gusto masoquista y penitente por la crueldad misma y
el peligro mortal de las acciones de la militancia; y es así como, en tanto
que en la proclamación se sigue luchando y muriendo por la Causa, en la
práctica se lucha por la Lucha y se muere por la Muerte. De lo cual el Estado
saca un beneficio doble: de una parte, consigue unos enemigos comprensibles
para El, a la altura de Su propia dureza y estupidez congénita, pero
suficientes para mantener en movimiento y en progreso Sus órganos de represión
y promover la propia evolución que asegure Su subsistencia, mientras machaca,
de otra parte, aquellos cuerpos y vidas que eran acaso algunos de los brotes
más pujantes de la desesperación. Y congruentemente, el propio militante, al
alcanzar la exaltación extrema de su ser (pocos títulos de personalidad más
altos que la palma del martirio), despilfarra ipso jacto, según la
intimación del Orden, su cuerpecito rebelde y su vida desesperada.
ADVERTENCIA DE QUE EL PRESENTE
COMUNICADO NO
IMPARTE LA ORDEN DE DESOBEDECER, SINO QUE DESCRIBE LAS ORDENES QUE SE RECIBEN
Bien, y con
esto aquí tenéis enumerados unos cuantos ejemplos de cómo el Estado imparte y
cómo se obedece en nuestros días la orden esencial del despilfarro de las
cosas, de las personas y de Mí mismo. Quede para vosotros, los más o menos
cofrades que leyereis el comunicado, corregir algunas de las lecturas de la
Realidad que aquí se hacen y prolongar con más y más ejemplos la evidencia de
la misma orden. Pero que no queden en todo caso malentendidos entre nosotros:
aquí no se os dice “No hagáis tal y tal cosa, no despilfarréis, ahorrad, sed
cariñosos, cuidaos bien”, sino que se os dice solamente “Ya veis, eso es lo que
se nos manda: Despilfarrad, gastad en vano y a troche moche los dones y los
donadores, quemaos vosotros mismos pronto y sin más ni más”. Ahora, lo que
hagáis o dejéis de hacer, eso es, como suele decirse, cuenta vuestra.
Y DE COMO LOS PROCESOS CONSERVADORES Y LOS
DESPILFARRATORIOS NO SON MAS QUE DOS CARAS DE LA SUSTENTACIÓN DEL ORDEN
Bien os costa a vosotros más o menos que
no está la comuna en contra del barullo caótico porque esté a favor de la
estabilidad y de la calma, sino simplemente porque está contra el Estado, y la
estabilidad del Estado se sostiene también por el caótico barullo de Sus istituciones
y la istitucionalización del caos mismo; ni está la comuna contra el
despilfarro porque esté a favor de la mezquindad y la miseria, sino porque
está a favor de la riqueza sin tasa y siente que las nuevas formas de miseria
de la Nueva Sociedad se alimentan esencialmente por los procesos de
despilfarración aquí descritos; ni está ella en contra de la proliferación de
los tratos eróticos y humanos porque esté a favor de la continencia ni la
fidelidad de la Moral, como se dice, superada, sino porque se levanta la
comuna en la añoranza del buen amor y siente en la pululación de sexos y de public
relations el modo de superación de la vieja Moral por la nueva para
mantenimiento de la eterna, esto es, de la condena del buen amor a la
imposibilidad o por lo menos a la penitencia; ni está, en fin, la comuna en
contra del desgarrado y el perdido
porque esté a favor del cauto y el asentado, sino porque reconoce tras de los
dos, dos caras de lo mismo: y esto no sólo n el sentido de que le diga la
experiencia que es, en el tiempo, justamente el más perdido el que a la vuelta
de la esquina suele convertirse en el más ganado para el Orden y, asentada la
cabeza, costituir el puntal más firme del Reino del Señor, sino también en el sentido
de que la Metafísica le dice que esa metamorfosis no es más que la revelación
histórica de la identidad entre ambas caras, que, si el que se quema, en caso
de salvarse de la quema, vuelve con una fe restaurada a servir a la costrucción
del Orden, está ya, cuando no se salva y se quema hasta lo último, trabajando
con ello mismo en la misma obra social y en la salvación por ende de la propia
alma.
PERO SOLO EN UNA ARCADIA DONDE LOS MANDAMIENTOS NO FUESEN
NECESARIOS PODRIAN
TAL VEZ CANTARSE MANDAMIENTOS
Y sin
embargo, no puede la comuna, por su propia falta de esencia y definición,
impartiros a este propósito mandamiento ni consejo alguno. Que es que además,
por otra parte, ¿cómo podría ella, aunque quisiera, atentar así contra el espíritu
democrático de los tiempos y sobre todo contra el dogma de la libertad individual?
No es como si estuviéramos en los montes de la Arcadia, pastores de ciervos
libres, cazadores de nubes innumerables, moradores de grutas y cabañas costruidas
por mero juego y por teatro, tan juiciosamente locos todos ellos y en tan bien
organizada desorganización que ni siquiera se distinguen claramente de la otra
gente de los montes, como los faunos amamantados por lobas blancas y las hadas
melias que viven miles de años, nacidas de los fresnos, y están todos ellos entre
los hombres y los hombres entre ellos. Porque entonces, donde no hay ni
personas propiamente dichas ni gobiernos democráticos, allí sí que podrían
oírse consejos y disuasiones, innecesarios por otra parte y gratuitos cono un
cantar.
CÓMO LAS NINFAS MELÍAS CANTAN A LOS
NIETOS DE LAS ENCINAS DESANIMÁNDOLES DE TIRAR NADA A LA BASURA, POR EL HECHO DE
QUE NADA SABEN
Son allí las
ninfas de los fresnos las que suelen salirles a los caminos a los jóvenes cuando
vuelven por entre los matorrales de zarzamoras o los rodean cuando se sientan
en los claros de los bosques alrededor de hogueras de tomillo seco; y allí les
cantan ellas a los jóvenes sus canciones de leyes sin sentido y sus consejos musicales,
y les dicen: “Vosotros, onagros blancos, oseznos en dos patas, crías de la
noche, ¿adonde vais corriendo? ¿para qué dios quemáis los montes? Ah, no
tiréis, juventud incauta, no tiréis a los barrancos los huesos de las liebres
ni a los vientos las hojas lisas de los plátanos. ¿Creéis vosotros que, porque
ya los habéis usado, para nada sirven? ¿Qué sabéis si serán broches de las
melenas de los labradores? ¿Qué sabéis si en ellas estarán escritos los versos
de las profecías de la Sibila? Guardad, oh, guardad los papeles amarillentos,
atesorad las semillas negras de las amapolas. Porque poco sabéis o tal vez
nada. Vosotros que buscáis los vados de los arroyos, vosotros que sacudís de
cerro en cerro las antorchas de pino resinoso, ¿para qué les ponéis letreros a
las caras de la gente? ¿a qué bueno encendéis amores que devoran las carnes
como leña? Ah, no mudéis, aguiluchos colorados, no mudéis tan rápido de brazos
en el corro que rueda bajo la luna, ni tan barato vendáis los ojos de las
amigas en ¡as ferias. ¿Creéis que, porque sean muchos los albañiles de vuestra
casa, van por eso a dejar de ser uno solo? ¿Qué sabéis vosotros de las alcas
que hay en las bodegas de los corazones? ¿Qué sabéis si medio cariño no será a
lo mejor más grande que un amor entero? No riñáis, oh no, con los amigos
viejos, no atiborréis las hojas de marfil de señas en las agendas. Porque poco
sabéis, o quizá nada. Vosotros, frioleros de frío en el meollo de los huesos,
vosotros, acongojados de la hora última del reloj de las estrellas, ¿qué prisa
es ésa que os hiela? ¿a qué torcéis los labios para decir palabras como todo
y nada? Ah, pródiga avaricia, no, no regaléis a los pordioseros
vuestras camisas sudorosas ni a la tierra los rizos cenicientos de la barba de
siete años. ¿Creéis por ventura que un cuerpo de desengaño se cose a máquina o
se suelda con sopletes? ¿Qué sabéis vosotros para qué sirven las herramientas
del dios de las fraguas de bajo tierra? ¿Qué sabéis lo que se está haciendo ni
dejándose de hacer con vosotros mismos? Trataos, oh, trataos sin saña y casi
con dulzura, como a las
novias tontas que bien se quieren; durad, oh, durad, para lo que sea, sobre los
tiempos, testarudamente como el asno que no hay modo de sacar de los sembrados.
Porque poco y mal sabéis de lo que ha pasado, y de lo que podrá pasar,
seguramente nada”.
QUE NI SIQUIERA PUEDE LA COMUNA, SO PENA
DE QUEDAR DEFINIDA, RECOMENDAR AHORRAR EL ODIO Y ATESORAR LA DESESPERACIÓN
Así es como
les cantan, o más o menos, las hijas de los fresnos a los nietos de las encimas
de la Arcadia. Pero aquí nosotros, entre los más o menos miembros de la comuna
antinacionalista zamorana, no podremos decirnos nunca cosas por el estilo.
Porque imaginaos nada más que nos dijéramos “Ahorrad el odio, atesorad la
desesperación”, y que nos preguntáramos “¿Para qué?”, y que nos respondiéramos
“No se sabe”, y que nos replicáramos “Pues entonces?”, y que nos contestáramos
“Pues por eso”: ¿qué creéis entonces que pasaría? Pues ya veis: que con esa sola
regla de conducta ya quedaría de algún modo definida la comuna zamorana, cuya
vida estaba sólo en su indefinición, cuya sola ley era el olvido de las leyes,
cuya sola táctica y estructura eran las tácticas y la estructura del Orden
enemigo. Así que no podemos deciros que hagáis nada, ni siquiera, por cierto,
pensando lo que pensamos de la voluntad, deciros que hagáis lo que os de la
gana, eso tampoco.
VOTOS DE RIQUEZA Y DE GRATITUD PARA LOS MAS O
MENOS PARTICIPANTES DE LA COMUNA
Conque,
quedando de este modo prohibidas del presente comunicado las frases en modo
imperativo, no nos quedan más que, a lo sumo, las del optativo, y así con ellas
desearos que se os llene la casa de riqueza, que no paguéis ni tiempo ni
trabajo por los amores y placeres, y que sigáis tan sanos y tan buenos como
para nosotros mismos lo deseamos.
En París, de Junio a Octubre de 1972