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Conversando con Agustín García Calvo: "No se
puede de verdad manejar la lengua: el pueblo está siempre
vivo."
por Rosario González Galicia
Hace pocas semanas nos reunimos
con Agustín García Calvo1:
filólogo, latinista, profesor, articulista, traductor,
poeta, maestro y, sobre todo, boca por donde el pueblo
habla. Y con él conversamos sobre lengua y pueblo, sobre
Realidad y Cultura, sobre enseñanza y poesía. Conversamos,
en resumidas cuentas, sobre la vida.
Aquí os traemos el resultado, lo más fidedigno posible,
de nuestra honda conversación. Incluso, por parecernos
útiles, hemos mantenido (poniéndolos entre paréntesis)
comentarios accesorios, que la propia conversación a su paso
iba haciendo aparecer, o indicaciones del mecanismo mismo de
la grabación.
(Babab: Mira, he traído esto.
Agustín García Calvo: ¿Qué has traído?
Babab: Es lo del libro. Lo de Lalia. El epigrama
en griego que viene ahí.
A. G. C.: ¡Ah, sí!
Babab: Es que te voy a preguntar lo primero sobre
esto. Entonces, a lo mejor quieres tú decir la versión
en español. O... Yo la voy a copiar... Hombre, allí, en
la entrevista, no la puede oír la gente...
A. G. C.: No. Más bien lo que yo podría hacer era
leer la versión en griego, que es la que está, en fin,
en música.
Babab: Claro, si quieres...
A. G. C.: La versión en español no la hice así.
Si quieres hacer eso, lo que podemos hacer es que tú
lees en español dos versos y yo leo los dos versos en
griego. Y tú sigues. De dos en dos.
Babab: Es que forma parte de la primera pregunta.
Babab: Bueno, ¿empezamos?
Babab: Venga, sí, empezamos.
Babab 2*:
La grabadora funciona bien. Tú procura hablar un poco
alto cuando hagas las preguntas, porque la tienes más
lejos.
Babab: De acuerdo. Vamos allá.)
Babab: En un libro tuyo de hace unos 30 años,
titulado Lalia: ensayos de estudio lingüístico de la
Sociedad, ponías, a modo de presentación, un epigrama
griego que -por lo que allí dices- aparecía escrito sobre la
puerta del centro de estudio libre de filología que funcionó
algunos años en la Facultad de Letras de Sevilla.
(Babab: La versión en español
dice así. Si quieres podemos ir mezclando.
A. G. C.: Podemos hacer como te he dicho; vas
haciendo dos versos en español...
Babab: Lo que pasa es que no los tengo aquí
apuntados. Los dos primeros sí que los tengo. Tenemos
que leerlos tú y yo de la misma hoja, ¿de acuerdo?
-Para mayor comodidad del lector, ponemos seguidas cada
una de las versiones.-)
[Haz click
aquí para leer los textos]
Babab: En ese hermoso epigrama se alude a la doble
cara, a la aparente contradicción que subyace en la lengua:
que, por un lado, es ella la que, dejada libre, cuando es
común y no tiene dueño, nos descubre los engaños de que está
hecha la Realidad; pero que, por el otro, utilizada por los
hombres, por los individuos, utilizada como un instrumento
más al servicio del Poder y del Dinero (y, como se puede
constatar en muchos ejemplos, uno de los instrumentos más
eficaces), forma, teje los diversos engaños que componen la
Realidad.
¿Podrías aquí aclarar una vez más eso que llevas muchos años
aclarando: qué es eso de la lengua? ¿Y eso otro que tanto
tiene que ver con lo anterior, pero que constantemente
tratas de deslindar, denunciando la gran confusión reinante:
que la lengua no es Cultura?
La lengua sigue siendo, por debajo, común, de
nadie; ajena, por tanto, también, al Dinero. La razón
común, la lengua común, no se compra ni se vende. Es la
única cosa no natural que se nos da gratuitamente.
A. G. C.2:
Sí. Esas cosas, más o menos, las seguí diciendo. Supongo que
cada vez las he dicho un poco menos mal. Y tal vez lo que
nos toca ahora es perfilar esas formulaciones algo. Hace
mucho que no me gusta ya hablar de los hombres, y mucho
menos de 'el Hombre'. Sí se habla de que la lengua, que es
lo mismo que la razón -en griego no se distingue lo uno de
lo otro-, sí se dice que la lengua, o razón, está sometida a
un servicio que la degrada. No se puede decir que sean los
hombres simplemente o el Individuo; es el Poder en astracto,
y el Capital, es el Estado, cualquiera de las formas de
aparición de Dios, la que de alguna manera puede cargar con
la culpa de ese sometimiento, de esa servilidad. Es así como
la lengua se convierte en una lengua idiomática, es decir,
privada, particular, en lugar de ser lo que era, lo que
sigue siendo por debajo: común, de nadie; ajena, por tanto,
también, al Dinero. Las cosas que se fabrican con ella
(visiones del Mundo, Cultura, Literatura y demás), ésas se
compran y se venden. Todos los días lo vemos hasta qué punto
a través de los Medios y de la Comunicación en general se
venden y se compran cada vez más, pero la razón común, la
lengua común no se compra ni se vende. Y ya ves que hasta
las lenguas idiomáticas, los idiomas -con los que tenemos
que contar, porque es la única manera en que la lengua común
se nos aparece, a través de idiomas-, aun ésos a los niños
se les dan de balde, nadie manda en ellos en principio;
mientras que en la Cultura y, por tanto, en la Escritura, en
la Ortografía, ahí los Señores, es decir, los criados del
Capital y del Estado, pueden mandar, y mandan, y ahí
introducir todas las falsedades, arbitrariedades, que
desfiguran la lengua. Pero la lengua de por sí se le ha dado
ya a cualquiera gratis, y es la única cosa que, siendo como
es, no natural (en el sentido en que la Ciencia trata lo
natural), sino artificiosa, artificial, la única cosa que,
siendo una máquina, se nos da gratuitamente, a pesar de
todo, y por debajo de toda la compraventa que Estado y
Capital se traen.
(Babab: Sí, sobre esto de la
gratuidad luego hay alguna otra cosa aquí. Volveremos un
poco a ello.)
Babab: De todo el aparato de la lengua (su
estructura con sus elementos y sus reglas) vienes afirmando
-y con razón- que es sólo en la capa más superficial (la del
vocabulario semántico), la más cercana a la conciencia del
hablante (o incluso plenamente instalada en la conciencia),
donde puede actuar o influir la Cultura. Pero ¿no te parece
que a veces, en los últimos tiempos, también la Cultura está
actuando sobre capas mucho más profundas, como, por ejemplo,
en el género -asunto que, por cierto, tan de moda está y
sobre el que todo el mundo opina-? Por ejemplo, hace unos 4
años (pero los ejemplos se pueden multiplicar) le oí decir
en la televisión a una periodista de esas que llaman de
prensa "rosa" o "del corazón" el sintagma "directoras
generalas", y no hablaba en broma. Claro que, probablemente,
en este caso hay que pensar que se trata de una persona
culta, y que a nadie del común se le ocurriría decir
semejante cosa. Porque, si un día oímos decir a la gente,
como si fuese lo normal, "agua corrienta" o "luna
menguanta", por ejemplo, entonces, apaga y vámonos: entonces
es que ya la Cultura nos ha devorado las entrañas.
Tú, ¿cómo ves esto?
La gente habla así de bien porque no sabe lo
que hace cuando habla. La lengua, de verdad, funciona
por debajo de la conciencia. Los únicos sitios donde el
Poder puede mandar sobre la lengua son los
superficiales.
A. G. C.: Bueno, ya lo has dicho, lo principal,
casi todo. Voy a intentar decirlo de una manera todavía más
sencilla, más clara. La lengua, de verdad, funciona por
debajo de la conciencia. La lengua no se sabe, en el sentido
del saber científico, personal o cosciente. La gente habla
así de bien porque no sabe lo que hace cuando habla; y,
justamente cuando empieza a saber lo que hace, y trata de
meter la conciencia y la nariz en la lengua, es cuando la
estropea. La condición es lo que he llamado hace ya muchos
años "subcosciente", en el sentido freudiano, es decir, la
región adonde van a parar las cosas que se olvidan para
poder hacerlas bien, es decir, que siguen por debajo
funcionando, pero que no están ya sujetas al saber, a la
conciencia. De manera que ahí está la diferencia esencial,
porque, en cambio, las cosas de la Cultura, la Escritura
misma, son coscientes, están sometidas a un arbitraje
voluntario; y, aunque ocasionalmente puedan también las
producciones artísticas (tocar un piano, bailar una danza)
llegar a hacerse automáticas, es decir, aprovecharse de ese
subcosciente, que la lengua ha creado la primera, sin
embargo, están mucho más cerca de conciencia y se prestan
más a manejos de un tipo o de otro. Tus ejemplos no son
tampoco muy profundos en la lengua. Efectivamente, como has
dicho, los únicos sitios donde el Poder puede mandar -y
estropear- sobre la lengua son los superficiales, es decir,
los cercanos a conciencia. Y, por tanto, lo que la gente o
un particular cualquiera puede decir cuando le preguntan por
su lengua o por una lengua, pues... siempre está entendiendo
o el tonillo de las frases -lo que llaman mal llamado
acento- o las palabras de significado, el vocabulario, por
no decir los Nombres Propios, es decir, las cosas que menos
pertenecen a la máquina de la lengua, que están mucho más
por fuera. La distinción de género gramatical, sobre la que
tanto se han debatido, muy mal, muy torpemente, los
feministas, no consiste, ni mucho menos, en lo que ellos
creen. Por un lado, no es efectivamente un fenómeno muy
general, muy profundo. Hay muchas lenguas que no tienen
género gramatical; y ni siquiera este error de los
feministas, entre otros, se ha parado ante la costatación de
que el inglés mismo, la lengua dominante de nuestro mundo,
casi no tiene ninguno, porque ahí ha quedado reducido el
género a los deícticos personales, a 'he', 'she', ambos
frente a 'it', y nada más, y nada más; y no hay distinción,
ni para nombres de personas ni de animales ni nada. Lo cual
demuestra que ya de por sí es un fenómeno idiomático y no
muy profundo. Pero, además, tampoco consiste en un artilugio
desarrollado para hacer distinción de sexo. Hay otro motor
mucho más profundo, que es la necesidad de la clasificación.
El vocabulario, el vocabulario de palabras de significado,
es inmenso, en cualquier lengua, y sobre todo es infinito,
en el sentido de que continuamente están entrando y saliendo
ítems, y, por tanto, nunca puede haber un diccionario
completo, nunca se puede contar; a diferencia de todos los
artilugios gramaticales de verdad, que son en número finito
y están bien ordenados. Pero el vocabulario semántico, que,
después de todo, es la Realidad misma -la Realidad
naturalmente de cada tribu, de cada idioma-, ése es
intratable por su propia infinitud; y todas las lenguas
intentan de una manera o de otra reducir esa molestia de la
infinitud por medio de una clasificación. Entonces,
encontramos clasificaciones de los tipos más raros en
lenguas estrañas; por ejemplo, oímos hablar de lenguas en
que los nombres de cosas están clasificados entre nombres de
cosas alargadas y nombres de cosas redondas...
(Babab 2: Huy eso, ¿no?)
... y cualquier otro medio de clasificación. Y, bueno,
naturalmente, para lo que más sirve en una lengua como el
español el género gramatical es justamente para eso, para
producir distinciones, que a lo mejor usamos para distinguir
entre un 'pozo' y una 'poza', un 'puchero' y una 'puchera',
e infinidad de ítems que desde luego no tienen que ver nada
con el sexo.
(Babab 2: ¿Qué es una
'puchera'?
A. G. C.: La 'puchera' se suele decir para un
guiso en algunas de las regiones.)
Por todas partes hay infinidad, vamos. Se pueden estar
creando constantemente.
(Babab: Hay una obra de
éste..., de Pereda, ¿no?, La puchera, que alude a un
guiso santanderino.
A. G. C.: Santanderino, esacto. Pero, vamos, no
hace falta acudir a regionalismos, porque esto está por
todas partes. Es como 'charco', 'charca', y demás.)
Es el uso principal que se hace de eso del género
gramatical, que está respondiendo a esa necesidad de
diversificación y clasificación al mismo tiempo.
(Babab: Sí, por tamaños. Como,
por ejemplo, cosas como cacharros nuevos: 'aspirador',
'aspiradora'... O sea, que muchas veces se clasifican
por el tamaño.
A. G. C.: Sí, sí, sí. Muchas veces se hace así, o
por lo que sea.)
El caso es que el ligar eso, o más bien reducirlo, a la
distinción entre hombres y mujeres es un error demasiado
claro para molestarse siquiera en denunciarlo; sin embargo,
persistente. Y esa persistencia tal vez merece un punto de
atención, porque ahí se revela justamente que los que se
dedican a esas especulaciones sobre género y relación con el
sexo y demás no entienden nada de lo que es la lengua,
porque justamente creen que la lengua se refiere a esas
cositas superficiales de cómo es el tratamiento que se debe
dar al Director o la Directora, y si hay alguna ofensa -más
respecto a las mujeres- en que se diga Catedrática, o, si
por el contrario, es una ofensa llamarlas Catedráticos y
decirla Catedrático...; tonterías por el estilo, y cosas
puramente de Sociedad y de Cultura. No tienen ni idea de lo
que es la lengua. Y el error político de actitudes como ésas
es que justamente se pierden, se pierden con esas
menudencias y superficialidades, se pierden la lengua misma,
que es el sitio donde el pueblo, sin distinción de sexos, se
levanta contra el Poder establecido.
Babab: En los tiempos que llevamos aquí (y más en
otras partes) bajo el Régimen Democrático, se ha producido,
más que en otras épocas, el fenómeno de una especie de
fascinación, encumbramiento y ensalzamiento de la lengua,
como si, en cada país, nación, región en particular, se
tratase de la joya de la corona que es preciso guardar bajo
siete llaves o tener bien protegida en la caja fuerte del
Banco Nacional. Quiero decir que se toma a la lengua por
bandera de identidades nacionales y se la defiende, se la
protege, se la cuida, se la mima, y también se la utiliza
como instrumento de ataque contra otras lenguas, entendidas
como competidoras. Sobre este fenómeno se observa por todas
partes el afán de Gobiernos, Asociaciones, Partidos
Políticos, etc. de protección de las lenguas minoritarias,
en paralelo a la protección de especies animales en
extinción, como si guardando a las lenguas en la Escuela,
las Instituciones, los Libros se tratase de salvar su vida.
¿Qué consideraciones puedes hacernos respecto a estas cosas?
La lengua de verdad no pertenece a la
Realidad. El Poder no puede manejar la lengua porque
empieza por no poder entenderla. Los Ejecutivos de la
Cultura no pueden entender la lengua.
A. G. C.: Bueno, en primer lugar, que también en
este caso has dicho prácticamente todo lo que hay que decir,
y lo has dicho bastante bien, como en las ocasiones
anteriores. De manera que apenas puedo hacer más que apuntar
en alguno de los puntos, es decir, volver sobre todo sobre
lo que al principio hemos dicho de la condición de lo
idiomático.
(Babab: Eso es importante,
sí.)
Es esta condición la que confunde la lengua de verdad,
que es la razón común, con una lengua determinada. Hay que
hacer costar que la lengua común, la lengua de verdad, ésa
no pertenece a la Realidad, y, por tanto, nosotros no
podemos captarla ni oírla. Solamente podemos, a través de
las diferencias idiomáticas entre unas lenguas y otras,
reconocer algo que es común a cualquiera de ellas, una
especie de gramática común que subyace a las lenguas
particulares. Pero la lengua común, lo mismo que la razón,
no pertenece a la Realidad. Es decir, si puede hablar de la
Realidad, es justamente porque está fuera.
(Babab: Ya, ya.)
Esto conviene que quede bien claro. Bueno, sobre eso está
basada la confusión, a la que ya he dedicado... Entonces, la
lengua viene a convertirse en una lengua determinada, en un
idioma, y el idioma es, hasta cierto punto, manejable y
utilizable para las cosas que has dicho de una manera
bastante clara. 'Idioma', en su etimología misma, que es la
misma de la palabra 'idiota', quiere decir eso: privado,
particular; se opone a público y común. Y eso lo mismo puede
referirse a un idioma, tomado como lengua nacional, que al
idioma particular o, como se dice en la jerga de los
lingüistas, al idiolecto de una persona deteminada. Esas
particularidades, esas diferencias que separan a cada idioma
de lo que puede ser común a todos ellos son justamente las
que el Poder puede utilizar desde Arriba, por lo menos hasta
cierto punto, bastante, bastante para hacer sangrar a lo que
nos quede de pueblo, al sentir esa utilización y la
falsificación que con ella está implícita. Desde luego no
puede el Poder, de verdad, manejar la lengua, la lengua que
viene de abajo, la lengua del pueblo, que no existe, porque
el Poder empieza por no poder entenderla; y, entonces, sus
organismos representativos, los Jefes, los Ejecutivos, los
Ejecutivos de la Cultura en especial, Académicos, Profesores
y demás, no pueden entender la lengua. Tienen que
confundirla con otras cosas que ellos pueden entender. Es
muy raro que hasta incluso un gramático o un lingüista sea
capaz de desprenderse lo bastante de esta tendencia como
para reconocer de verdad lo que está latiendo de común en
cada lengua particular, debajo de cada lengua particular.
Así que lo que manejan es lo que pueden entender. ¿Qué
pueden entender? No pueden entender la lengua, pero pueden
entender la Escritura. Entonces hacen las pifias que sabemos
que el Poder ha hecho con la Escritura, desde siglos,
especialmente en las culturas más desarrolladas. No hay una
ortografía más traidora y más desastrosa que la del Inglés o
el Francés o, en menor grado, el Español. Pero es una
perpetua traición a la lengua hablada; una perpetua traición
a los fonemas, a las prosodias y a todo lo que en la máquina
de la lengua viva está sonando, si se pudiera oír.
(Babab 2: Y el lenguaje
periodístico también, ¿no?.
A. G. C.: Empieza por ahí.
Babab 2: En general.)
Primero esa traición. Luego, naturalmente, ¿qué más
pueden entender, aparte de la Escritura, es decir, de
imponer una manera de escritura que traiciona a la lengua?
Pues pueden entender esa parte superficial que hemos dicho,
es decir, el vocabulario, el vocabulario, incluido hasta el
uso de los Nombres Propios; y ahí pueden imponer leyes, ahí
pueden imponer leyes. Es muy ridículo, pero significativo,
en el caso de los nacionalismos lingüísticos, que en todos
estos decenios están manteniéndose en esa lucha, que una de
las cosas en la que empezaron por fijarse los nacionalistas
eran los Nombres Propios, que ni siquiera pertenecen a una
lengua.
(Babab: Eso es.)
Es decir, que habría que suponer que decir 'Londres' o
decir 'París' es una especie de castellanismo que les
imponemos a los nombres verdaderos de las ciudades; y que lo
mismo que eso hacemos cuando decimos 'Lérida' o cosas por el
estilo. Eso prueba hasta qué punto llega el desconocimiento,
la ignorancia, pero ignorancia siempre revestida, de un
saber falso, del que estos nacionalismos se sirven. Se
ocupan justamente de las cosas que menos pertenecen a la
lengua. ¿Cómo van a ocuparse de la gramática de la verdadera
lengua, si ésa ni siquiera pueden entenderla? No pueden
entrar más adentro de esas cosas, y las manejan.
Bueno. Sin embargo, como antes decías, lo que puede hacer
de mal sobre la lengua es lo bastante importante para que el
pueblo sangre, porque pueden, efectivamente, por medio de la
Escuela, es decir, a través siempre de la Escritura, o de
los otros Medios, que son simplemente la escritura
desarrollada, vamos -no vamos a distinguir ahora entre la
escritura, en el sentido más tradicional y viejo, y las
imágenes de la Televisión o el uso de los Medios, como la
Internet o los Ordenadores en general-. Por medio de, a
través de lo que no es la lengua, sino escritura, con todos
esos desarrollos que hemos dicho, pueden llegar
efectivamente a establecer una cierta uniformidad, que no es
natural, ni mucho menos. Las lenguas en un vasto ámbito
nunca son uniformes, en el estado natural. Pueden llegar a
imponer una cierta uniformidad por medio de la Escuela, que
llegue justamente hasta las fronteras que se desee que
llegue..., a las fronteras de los Estados. Y con esa
unificación, efectivamente, producir la impresión de que la
lengua es toda una, en todo el ámbito del Estado. Y
naturalmente, junto con eso, pues esforzarse por practicar
todos los vicios de purismo y cosas por el estilo de cada
lengua, que son todo actuaciones típicas de quien no
entiende lo que es lengua.
Tengo que volver sobre el principio. Sin embargo, no hay
que olvidar que nunca en la Historia la lengua, de verdad,
ha aparecido; siempre ha aparecido en forma de diversidades.
Esta actuación desde Arriba, este manejo desde Arriba a
través de la Escritura y la Escuela siempre, lo que hace es
convertir esas diversidades, continuas, de valle a valle, de
río a río, en una situación supuestamente natural,
convertirlas en diversidades que abarquen grandes espacios
idiomáticos, uniformados, como el Poder lo necesita: no es
más que eso. A lo más que puede llegar el Poder es a
maravillas como la resurrección de una lengua muerta...
(Babab: Eso te iba a preguntar
después. Precisamente.
A. G. C.: Te lo ahorras, te lo ahorras ya.
Babab 2: Te lo ahorras.)
como lo que hace unos 50 años se logró, generalmente a
través de la Escuela, a través de las escuelas y de la
escritura, cuando la fundación del Estado de Israel; y
hazañas cercanas, como, efectivamente, no voy a decir la
resurrección, pero desde luego sí la elección de un dialecto
para la unificación, que se ha practicado con el vasco, a
través de las ikastolas, y de la escritura y literatura
también. Hasta ahí pueden llegar. De manera que ésta es la
contradicción: no se puede de verdad manejar la lengua, el
pueblo está siempre vivo -dicho de otra manera-. No se puede
de verdad manejar la lengua. Pero se puede hacer mucho malo
sobre ella a través de la Escritura y de la Cultura en
general. Y eso es lo que hemos descrito entre tú y yo un
poco.
Babab: De todas maneras, aunque ya has aludido
bastante a ello y quizá no haga falta mayor respuesta, voy a
hacerte la siguiente pregunta, por si acaso alguna cosa...
Que es así.
Relacionado con lo anterior, encontramos un caso muy
llamativo y paradigmático: el "rescate" del hebreo a partir
de la escritura, especialmente a partir de los textos
sagrados; o sea, su puesta en marcha como lengua común de
los judíos, que, además de reunirse, tras la diáspora, en la
patria que consideran común allá por 1948, vuelven los ojos
a la lengua escrita de sus antepasados y la convierten en su
seña de identidad por antonomasia.
En el caso de España, algo parecido ha ocurrido con la
creación del "batúa", a partir de las muy variadas y
diferentes hablas locales vascuences. Este "batúa" o "común"
es una lengua que se crea artificialmente en laboratorio
hace aproximadamente un siglo, cuyo impulso y expansión se
fomenta desde el inicio de nuestra Democracia, y que hoy día
supone una de las partidas en que más gasta el Gobierno
Vasco.
¿Te parecen casos semejantes? ¿Encuentras que estos
fenómenos se producen por la misma causa? ¿O encuentras que
obedecen a causas y orígenes muy distintos?
Y tal vez no tengas mucho más que añadir que lo que has
dicho antes. Pero, por si quieres decir algo al respecto.
A. G. C.: Sí, efectivamente, yo he dicho ya
bastante, y tú también; especialmente respecto al caso del
vasco unificado, tú también has dicho más de lo que yo había
dicho. Así que, quede ahí. Únicamente respecto al hebreo,
tengo que recordar que efectivamente lo decisivo fue la
creación del Estado, es decir -esto es importante-, del
Estado de Israel. Porque hasta entonces, efectivamente, el
hebreo siempre ha estado, más o menos, resucitado como
lengua ritual y como lengua artística; por ejemplo en la
Edad Media, y especialmente entre los judíos andalusíes,
hubo un florecimiento de una poesía en hebreo que, más o
menos, imitaba a la poesía en árabe y que se hacía sobre una
lengua que no se hablaba desde muchos siglos antes, porque
el hebreo ya en tiempos de Jesucristo no se hablaba.
Jesucristo hablaba más o menos el arameo -como tú sabes- y
el hebreo había quedado reducido a lengua del rito sobre
todo. Pero las comunidades judías, en la diáspora, en la
dispersión, habían desarrollado otras formas, es decir,
adoptando y a veces hablando, las lenguas de los sitios en
donde unos y otros habían caído, sobre todo con el caso del
yiddish y con el caso del ladino, de los judíos españoles.
De manera que la hazaña de mantener el hebreo en vida era
secular, pero se le había mantenido como restringido, en
usos rituales o poéticos, de la misma manera que en el siglo
pasado todavía se hacía de una forma más o menos habitual
poesía en latín y griego -como, por ejemplo, el epigrama que
hemos dicho antes-. Pero la resurrección de esta lengua a
partir de la escritura se produce definitivamente por ese
motivo que hay que entender como fundador, como motor: la
creación del Estado de Israel.
Babab: Hace pocos días en una conferencia que
pronunciaste en Madrid, que, más que conferencia, fue dejar
hablar a los muertos, a esos que siguen aquí con nosotros, y
hacer viva de nuevo su palabra, te referiste al famoso y muy
conocido dicho latino Verba uolant, scripta manent3,
no precisamente para admitirlo, sino justamente para todo lo
contrario, para negarlo. Y ahí nos contaste la anécdota de
que tu maestro Antonio Tovar había creado a modo de
pentámetro, para contradecir al consabido dicho, otro que
decía algo así (corrígeme si me equivoco): Mortua scripta
manent, uiua uerba uolant. Todo esto lo contabas para
decirnos que la palabra está viva, que la palabra, además de
decir (y más principalmente), hace; cosa sobre la que
volveremos a tratar al hablar de poesía.
¿Quieres, sobre esto, hacer una mayor explanación?
A los niños, en las escuelas, se les hace
perder el tiempo con cosas inútiles, pero no se les hace
leer en voz alta ni aprender de memoria poesías.
A. G. C.: Sí, el pentámetro de Tovar..., puede que
no lo recuerde del todo bien, pero me parece que era
Mortua scripta manent, uiuida uerba uolant.
(Babab: Ah, claro. Así tiene
que ser. Ahora sí sale el pentámetro. A mí me faltaba
una sílaba para el dáctilo, porque confundí uiuida
con uiua.)
Sí, allí, en esa actuación lo que hice fue del revés de
lo que se suele: es decir, sacar de la letra, de la
escritura, la palabra, hacer hablar a esos muertos vivos. Y,
entonces, volver a decir; decir la oración de Safó o las
cuestiones de Física, de átomos y todo eso que Lucrecio nos
presenta en sus versos. O sea, hacer viva la palabra. Por
todas partes se mata a la palabra. Todos sabemos, por
ejemplo, lo que pasa con los niños: a los niños no se les
hace leer, en voz alta -que es lo que es leer-. Se les
entretiene, se les hace perder el tiempo en las escuelas con
todo tipo de cosas inútiles, que no sirven para nada. Y,
claro, ocupando tanto tiempo en eso, nunca se encuentra
tiempo para leer. Tampoco se aprenden de memoria poesías
-como se hacía en los tiempos de los abuelos en las
escuelas-. Ni leen en voz alta ni aprenden de memoria. Ésa
es una de las maneras de matar y tener a buen recaudo la
palabra. En esa actuación a la que te referías -como en
tantas otras- lo que trataba de hacer era justamente lo
contrario: traer a la vida la palabra de esos muertos que
siguen vivos, que siguen aquí con nosotros.
Babab: Poesía es un caso de lenguaje -esto es lo
primero que das como axioma cuando tratas de ella-. Por otra
parte -como veíamos en la pregunta anterior respecto a la
palabra-, la poesía, más que decir, hace: eso, además, nos
lo revela bien la raíz griega de esta palabra: el verbo
'poiéo' significa "hacer" y el sustantivo 'poíesis',
"acción".
¿Podrías explicar, para los que no conozcan tu afirmación
primera, qué caso de lenguaje es la poesía? ¿Y cuáles son
los otros casos de lenguaje? ¿Tiene sentido todavía hoy la
poesía en relación con lo que nos dice su raíz griega?
La poesía hace: hiere los corazones, toca los
corazones de la gente. El poeta la deja hablar, para que
haga lo que también a él le ha hecho. El poeta no
escribe, inventa.
A. G. C.: Bueno. Lo primero que hay que decir es
que no es que yo ponga como axioma eso de que poesía es un
caso de lenguaje, porque no se trata de un axioma. Lo que
hago es decir lo evidente, que es, justamente, lo que no se
dice. Porque de poesía se dice de todo, cualquier cosa,
cuando se lanzan a hablar de ella, pero nadie empieza
diciendo lo más sencillo y evidente: que es un caso de
lenguaje. Y sí, efectivamente, hay que decir que es acción,
que hace; pero no tanto utilizando o yendo al verbo 'poiéo',
que, más bien, tiene el sentido de "costruir", de
"costrucción", ...
(Babab: Ah, sí, claro, ese
verbo tiene más ese sentido.)
... sino yéndonos más bien a 'prátto', a 'práxis', que es
más precisamente la raíz de "acción". La poesía hace: hiere
los corazones, toca los corazones de la gente. El poeta la
deja hablar, para que haga lo que también a él le ha hecho.
Y esto ocurre todavía de vez en cuando. No olvidemos una
cosa: cuando hablo de poesía me refiero tanto a la del tipo
de la canción, la más lírica, como también a la dramática o
a las diversas manifestaciones épicas. Porque una cosa es
básica y fundamental para que haya poesía; una cosa es
imprescindible: el ritmo, que es eso, bastante misterioso,
que anda por debajo de la lengua misma, sobre lo que luego
se acopla la propia lengua. Sin ritmo no hay poesía; porque
poesía no son todas esas cosas que andan por ahí convertidas
en Literatura y que ni siquieran tienen las técnicas o las
artes básicas de la poesía. Rara, muy rara vez se hace
poesía; se llama poesía cada vez más a otra cosa que no es
ella, que no tiene ritmo ni medida ni música y que anda
metida en el cajón de la Literatura. Pero todavía de vez en
cuando se hace poesía; y no sólo la hace de manera más o
menos espontánea gente inculta, a la que le sale así como
sin querer; también los cultos, gentes cultas, a veces dejan
hablar a la poesía por su boca. El poeta no escribe,
inventa.
Babab: Has dicho antes que ya no te parece bien ni
apropiado hablar de los hombres, y menos del Hombre. Y,
entonces, quizá la pregunta que te voy a hacer ya sobre.
Pero, de todos modos, ahí va.
En la tertulia política que llevas unos años convocando en
el Ateneo de Madrid ha salido a relucir el problema de qué
significa ser 'hombre'. Y allí se ha aludido a que quizá la
nota más caracterizadora (o por lo menos una de las
imprescindibles) del ser humano sea la de que viene dotado
con la capacidad para el lenguaje, la de que nace con el
regalo de la lengua.
¿Te parece esto verdaderamente definitivo para caracterizar
al 'hombre'? ¿Es esto más exacto que la vieja definición de
'hombre' como "animal racional" o la aristotélica de
'hombre' como "animal político"? ¿No es, por otra parte,
verdad que estas tres características están íntimamente
relacionadas?
Los hombres, y más el Hombre, no tienen
importancia.
A. G. C.: Bueno. La tertulia política que hace
cinco años convoqué en el Ateneo ha seguido haciéndose, no
porque yo siga convocándola ni porque me afane en
mantenerla, sino porque la gente ha seguido acudiendo y
reuniéndose. Y de esta manera ha seguido la cosa. Claro, no
parecía lo más adecuado que quien la había convocado al
principio abandonara. Así que, así llevamos cinco años ya.
Bueno. A veces, sobre todo entre los que se van incorporando
nuevos, sale eso, ese asunto del Hombre, pero, en fin, es
algo sobre lo que generalmente pasamos un poco por encima y
dejamos de lado, porque los hombres, y más el Hombre, no
importan, no tienen importancia. Y preferimos tratar de
otras cosas que sí la tengan, cosas que duelen más, más
hondas, que tocan más al pueblo, a lo que quede por ahí de
pueblo. Pero de lo que dices, de la relación entre esas
definiciones que has señalado, lo has dicho bastante bien.
En aquellos años de los pronunciamientos estudiantiles, en
un Gaudeamus que escribí por entonces, una de las
tantas veces que caí en los calabozos de la Puerta del Sol,
pues allí, en vez de todos los "¡viva!" que aparecen en el
Gaudeamus tradicional, los sustituía por "¡muera!". Y
allí, sobre el Hombre, aparecía lo siguiente, si puedo
acordarme bien: Vivat vita hominum, / si quid erit tale;
("Viva la vida del hombre, cualquier cosa que tal sea;")
/ sin minus, vel pereat / et ad umbras transeat / animal
rationale. ("pero, si no, que muera y se vaya a las
sombras ese animal racional."). Sí, tienes razón en unir
esas características que has dicho: no hay que olvidar -como
ya he dicho- que lengua es razón, que la lengua es lo mismo
que la razón.
·················································
Maestro no es tanto el que tiene muchos conocimientos y
saberes, que los tiene, sin duda. Mucho más importante que
eso, y decisivo: es el que abre los ojos a alumnos y
discípulos ante las maravillas que tienen delante; y es el
que, por haber transitado por vías muertas, por callejones
muy trillados pero sin salida, de donde ha tenido que hacer
el esfuerzo de regresar para volver a empezar por otro lado,
les evita el suplicio de inútiles y aburridos tránsitos y
los lleva, dejándolos libres, hasta un campo ancho, donde
hagan camino al andar -remedando la frase de Antonio
Machado-, donde puedan hacer lo que no está hecho. En todos
los sentidos señalados Agustín García Calvo es un maestro.
Yo soy una entre tantos a quien le ha cabido en suerte poder
participar y disfrutar de su magisterio. Hoy de nuevo,
gracias a esta conversación, me he reencontrado con el
maestro. Deseo que a los que lean les llegue, aunque no sea
más que a través de la letra, lo que de vida está latiendo
en lo que les muestro.
__________________
Notas:
1. Agustín
García Calvo nació en Zamora (España) en 1926.
Catedrático de Latín de Instituto de Enseñanza Media,
primero, y, después, de Universidad. La última en la que
impartió durante muchos cursos diversas disciplinas
relacionadas con la lengua latina (Métrica Latina,
Comentario de Textos Latinos, Fonología y Morfología
Latinas, etc.) ha sido la Universidad Complutense de
Madrid. Estando ya impartiendo clases en esta última, a
mediados de los sesenta, el Régimen Franquista le
desposeyó de su Cátedra por haber encabezado los
pronunciamientos estudiantiles de entonces; marchó a
París, donde siguió haciendo estudios relacionados con
la lengua, que produjeron excelentes frutos; al cabo de
unos diez años, con el cambio al Régimen Democrático en
España, se le restituyó en su Cátedra y siguió dando
clases en Madrid hasta su jubilación hace pocos años.
Ha realizado estudios en indoeuropeo, latín, griego
antiguo, castellano medieval, español actual, lengua.
También ha indagado en otros campos, como el de la
psicología, las matemáticas o la física. Ha publicado
muchos y variados libros en diversas editoriales,
destacando entre ellas la editorial Lucina, donde se
puede encontrar la mayor parte de su producción. Por
señalar sólo algunos ejemplos, citaremos los títulos
siguientes: Lalia: ensayos de estudio lingüístico de
la Sociedad, Del ritmo del lenguaje, Del lenguaje,
Historia contra tradición: tradición contra Historia,
¿Qué coños?: 5 cuentos y una charla, Contra la Pareja,
Contra el Hombre, Contra el Tiempo. Ha hecho
traducciones de latín (Virgilio, Lucrecio), griego ( Ilíada,
presocráticos, Aristófanes), inglés (Shakespeare);
ediciones de textos antiguos de autores griegos y
latinos (Heraclito, Lucrecio) y de textos medievales
castellanos ( Proverbios morales de Sem Tob). Ha
colaborado en distintos periódicos españoles durante las
tres últimas décadas y participado en programas de
radio. Es un excelente poeta en español (Canciones y
soliloquios, etc.) y un recitador extraodinario (docenas
de veces hemos podido deleitarnos con sus recitales de
poesía en aulas universitarias y en salas de variopintas
instituciones). Ha pronunciado cientos de conferencias y
se ha reunido en amenísima conversación con adolescentes
de Institutos y jóvenes universitarios o con gentes no
pertenecientes a la órbita estudiantil. Ha recibido
premios y laureles, de los que debemos destacar el
Premio Nacional de Ensayo de 1990 por su obra
Hablando de lo que habla y el Premio Nacional de
Teatro (en el apartado de Literatura Dramática) de 1999
por Baraja del rey don Pedro. En muchas ocasiones
ha dirigido tertulias, en las que entre todos los
asistentes se intenta descubrir y denunciar los engaños
de que está formada la Realidad. Actualmente se mantiene
una tertulia en el Ateneo de Madrid, que, convocada en
un principio por Agustín García Calvo, ya lleva cinco
años de camino.
2. En las
respuestas de Agustín García Calvo, transcribimos sus
palabras respetando sus habituales usos ortográficos
3. Del
famosísimo dicho latino Verba uolant, scripta manent
("Las palabras vuelan, lo escrito perdura"), el maestro
Antonio Tovar hizo una versión con la que decía justo lo
contrario, en forma de pentámetro: Mortua scripta
manent, uiuida uerba uolant, que viene a decir: "Lo
escrito perdura muerto, las palabras vuelan llenas de
vida".
*. Con
Babab 2 señalamos las intervenciones de M. Ángeles
Vázquez, que también participó en esta conversación con
Agustín García Calvo.
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