“AUTOR    ANÓNIMO”                                                                                                                                                                                                                                Granada.   6-7  Junio  2002

 

 

 

  Lo primero es una crítica respecto a lo que bajo ese título (“oralidad, tradición”, etc.) se hace o casi inevitablemente se hace...La crítica de que se hable de cosas como oralidad o tradición, de lenguaje culto evidentemente, o sea, escritura, mientras que lo que viene de abajo, del pueblo, de la tradición sin nombre, es la lengua viva, está mucho más allá, muy por fuera de todas las escrituras. Este es el gran peligro en el que casi inevitablemente tenemos que caer al tratar en culto acerca de estas cosas que se oponen a la Cultura y que están por debajo de ella trasformándolas en elementos de esta Cultura dominante, casi la convertiremos en lo que en decenios pasados llamaban “folclore” o ahora “oralidad” o cosas así, que son conceptos, que pertenecen al lenguaje de los cultos.

   Esta es la labor funesta que ofrece cualquier bienintencionado tratamiento, recogida, apreciación, estudio de los restos de producciones orales, de producciones populares.  (v. semejanza de esa labor funesta con por ejemplo... lo de “cuidar la naturaleza” que si hay que andar cuidándola, ya se ve lo que se hace con ello: ya es aquello que no era)

En general, tanto en el caso de lo del pueblo como en el de natura, de lo que se trata es de que reducimos lo que no existe a existencia, de manera que así se aclara un poco el sentido de esa labor funesta de la que os hablo.

 

Os hablo pués como se ve por el título de “autor anónimo”, que también ser puede decir con una coma: “Autor, anónimo” o incluso “Autor: anónimo”. Efectivamente, lo anónimo, aunque tenga que decirlo con este término culto, el anonimato,  lo sin nombre, es autor, es verdaderamente (o sea, no realmente) creador, porque la intervención del Nombre Propio de las personas como representantes de esa realidad es siempre un estorbo para que pueda decirse, hacerse, cantarse algo que valga la pena.

  

   En cualquier producción, por ejemplo musical o poética, la intervención del nombre propio de los autores, del autor, contribuye habitualmente a ... La firma acaba por comerse al cuadro y esto se puede aplicar también a lo que más de cerca nos toca: el poeta se come a la poesía; la poesía queda reducida, por un lado, entre otras cosas, a la Historia de la Literatura que le meten desde pequeños a los niños, y por otro lado a los derechos de autor que se manejan tan prósperamente ... Los derechos de autor, como cualquier cosa que toque el Dinero son muerte. El Dinero es muerte porque la muerte es siempre futura. El dinero también y en ese sentido queda claro en qué sentido el autor personal, la personalidad,  es siempre un estorbo. Es así como podemos decir que el anonimato es creador.

 

La manía de la creación y de la espresión: eso es lo que esencialmente padecéis bajo nuestro Régimen. Este Régimen que padecemos (que en verdad es el único:  los demás sólo los padecemos en Historia...), el único, en el que están todos los demás, (porque otra de las cosas que sirve de ejemplo, lo de la pluralidad cultural...cualesquiera restos que queden están sometidos a la única Cultura, que es la nuestra, la que ha venido a ocupar el mundo, y ahí tenéis otro ejemplo  de como esto viene también a contribuir a la inclusión, a la muerte de lo que podía haber de vivo, de pueblo, eso que no existe... El pueblo no tiene patria, y por tanto la “pluralidad cultural” es una manera de reducir todo a la Cultura dominante...)

 

   En esta Cultura dominante, en este Régimen, lo que vale es el individuo personal. La Democracia desarrollada está fundada en la fe en el individuo. El individuo es el rey y no es ninguna casualidad que el chisme más inútil de todos y el estorbo principal que padecemos en nuestro mundo sea el auto-móvil porque es el verdadero representante de las poblaciones bajo el Régimen, y el que va dentro forma parte como mero mecanismo de lo mismo en la medida en que es también un automóvil él, el que sabe adónde va, qué compra, qué vota: tiene un gusto, tiene una opinión personal. Así es un súbdito ideal para el Régimen, porque el Régimen está fundado en la idea de que cada uno crea que sabe lo que hace: adónde va, qué compra, qué vota y de esa manera se consigue que cada uno obedeciendo, la mayoría de súbditos obedezcan al Régimen. El particular es, etimológicamente, idiota y por tanto se trata de que las mayorías  estén hechas de estos idiotas para que la idiocia sea aplastante.

 

   Entre esas apariciones de le fe fundamental, de la creencia en el individuo personal, está ese asunto de la creatividad, de la espresión y la libertad de espresión. Efectivamente, estas son unas de las libertades más ilustres del Régimen, porque, si se confía en que la mayoría sea idiota, cuanto más se espresen, más barullo, y por lo tanto menos peligro de que se escape alguna voz que venga de abajo...

 

[Escurso sobre Dios creador y la creación de la luz: la luz que ve es la que no se ve.]

 

  Lo que os propongo es que la gracia está en dejar al pueblo, a lo desconocido, que hable, que haga, de forma que ya se ve cómo todas las pretensiones de creación están en contra de esto. Ya casi no se encuentra a nadie que sea capaz de repetir literalmente unos versos que ha oído en algún sitio...[v. los pedagogos contra la memoria.]

 

  Es preciso ser creativo. Los niños necesitan ser creativos y cualquiera tiene que serlo, y  a ello se les invita, por ejemplo en un absurdo eximio se les invita a jugar: ¿como puede ser un juego una cosa que los padres o los maestros mandan? Por el hecho mismo de ser una istrucción desde arriba ya no hay juego. Y, luego, no ya los poetas de la literatura esa de la que hablo, ni los creadores de pensamientos, sino cualquiera: por ejemplo, si un director de escena, un director de Teatro o de cine hace un Hamlet, hace su Hamlet, tiene que ser creativo, tiene que ser creador, si no a dónde vamos a parar.

 

   La personalidad privada es una plaga por una razón que creo que se entiende muy claramente: la diferencia personal, que nos distingue a unos de otros como personas, cada uno con su Documento de Identidad, ¿en qué consiste? Consiste en la fealdad.  Porque ¿cómo pueden distinguirse unas caras de otras sino por defectos, por vicios, por manchas? Si no fuera por la fealdad no habría diferencias y, entonces, siendo todos perfectamente guapos, ..., como no el mismo sino con eso a la que aludo muchas veces con la palabra ‘común’: ese perder todos absolutamente su fealdad, sería perder sus rasgos personales. Al ser de veras guapos, seríamos el mismo ... De verdad, en un sentido profundo es así... lo que somos como personas, lo mismo que tenemos que ser español o funcionarios u otras formas de fealdad por el estilo... sino de verdad, por debajo de todo eso.

 

     Alguien puede, en el tratamiento de las producciones anónimas, desmandadas, echar de menos algo de orden. Efectivamente. Cuando uno produce algo que valga de verdad la pena, es que le sale de eso a lo que he aludido como común, que viene de abajo, de lo que nos queda de pueblo que se está volviendo en contra de su persona. Uno acierta porque no quiere: se acierta cuando uno no quiere: uno acierta –si es que acierta- cuando no es Uno.  (v. alusión al implemento impersonal ‘se)

 

   Se acierta precisamente porque uno se ha quitado del medio, porque uno no cuenta. Se acierta cuando no se quiere, como dice la copla: “encuentro lo que no busco”. Esa es la condición de lo que podría ser una ¿?actividad?? de veras, y respecto a ella uno puede ponerse a pensar en eso de la ordenación, del orden, porque cómo puede haber una ..., producción musical si no es con orden. Nada de lo que digo está negándolo: en la medida en que aprenda a quitarme del medio, cuanto más me dejo hablar sin saber cómo ni por dónde, más ordenadas me salen las cosas. No tengo más que despreocuparme para que las cosas me salgan ordenadas. Si intento preparar un orden por mi cuenta y todo eso, entonces ya se ve a dónde se va  a parar, a qué desconcierto, a qué verdaderos desórdenes se puede llegar.


   No hay por qué preocuparse por eso, pués, pero esto nos plantea la cuestión entre la verdadera producción anónima, la técnica, que evidentemente es una cuestión de técnica, de espertos, de forma que una vez contrapuestas debidamente una cosa y la otra, tengo que hablar un poco también de su relación mutua.

 

   Hay, por parte de la persona individual, una  posibilidad de aprendizaje y de manejo técnico que en definitiva va dirigida hacia eso que he dicho: a saber dejarse hablar, de forma que no cante Fulano, sino que se cante y como esto así espontáneamente no se hace, porque de todas maneras uno está condenado a la realidad, y por tanto a ..., y a la creencia en sí mismo... hay por tanto que aprender en contra de uno mismo, ...y eso es técnica...[v. las Musas, las verdaderas, por debajo de uno mismo] Esa técnica de aprender de verdad a reconocer el latido de ... de desprenderse de los engaños de la realidad.

   Así establecen relaciones entre uno y otro y en los dos sentidos, porque así vivimos desde que tenemos recuerdo, por procesos en los cuales seda lo uno y lo otro. En producciones de autor, en producciones personales se puede a recoger lo que queda de vivo entre la gente..(eso que queda y se manifiesta y se resiste, aunque mezclado con lo existente, a existir)

 

Hay producciones de autor, venidas de arriba, de la Literatura, de la música culta, que pueden recoger eso que nos queda de sano y empezar, con suerte, a trasformarlo y con suerte mejorarlo también. Os voy a dar un ejemplo de la relación. El ejemplo es el  romance del enamorado y la Muerte que sabemos que procede de unos versos de Juan del Encina, literarios, escritos, pero que se han olvidado, viniendo a dar, al cabo de estos pocos siglos, una creación con variantes, por infidelidad al original (que puede ser desastrosa, pero puede ser en casos maravillosa).  [Os la doy con una música que también es anónima]

 

 

 

Yo me estaba reposando

anoche, como solía.

no sé qué sueño soñaba

que los ojos se me abrían.

 
Ví entrar señora tan blanca,
muy más que la nieve fría:
-”¿Por dónde has entrado amor,

por dónde has entrado vida?”

 

Cerradas están las puertas,
ventanas y celosías:
-”No soy el amor, que soy
 la muerte que Dios te envía.”

-”¡Oh muerte tan rigorosa
déjame vivir un día!”,
-”Un día no puedo darte.
Un hora tienes de vida.”

 
Muy de prisa se levanta,
mas de prisa se vestía
ya se va para la calle
en donde su amor vivía.

 
-”Ábreme la puerta blanca,
ábreme la puerta niña”,
-”La puerta cómo he de abrirte
si no es la hora convenida.

 
 Ni fue mi padre a palacio,
ni está mi madre dormida”.
-“Si no me abres esta noche
ya nunca más me abrirías.

La muerte me anda buscando,
junto a tí vida sería.”
-“Vete bajo el mirador
donde bordaba y cosía.

 
Te echaré cordel de seda
para que subas arriba,
 si la seda no alcanzare
mis trenzas añadiría.”


 Ya trepa por el cordel

hacia la alta barandilla.

Cuando cerca va llegando

cruza el aire una cuchilla.

 

La fina seda se rompe,
la muerte que allí venía:
-“¡Vamos, el enamorado,
 la hora ya está cumplida!”

 

 

   Otro caso algo distinto de la relación. Puede conservársenos, por vía literaria, lo que fue producción popular, anónima en otros tiempos, pero que recogieron los libros y hasta los manuales de literatura, mientras que, por ejemplo, en alguno de los casos, la música se pierde. En este romance que os voy a dar ahora, uno de los más conocidos, yo no sé literalmente de quién es la música o musiquilla que canto al afeitarme delante del espejo. Me he acostumbrado a canturrearlo con esta música, y por tanto no estoy seguro de si alguna vez he oído una música parecida o de si se me ha ocurrido, lo cual no es ninguna maravilla con tal de que uno se quite un poco de enmedio, aunque sólo sea por el pretesto de tenerse que ver la cara al afeitarse.

Esta es una cuestión técnica que hay que tocar de pasada. Uno de los esperimentos a los que más me dedico es al de la música ex lingua. Es decir, el pensamiento es que las melodías gramaticales de la lengua hablada, las melodías acentuales y sintácticas, pueden desarrollar por un mero procedimiento de ordenación, de afinamiento, según las reglas de una escala determinada una melodía,  y esto me ha pasado muchas veces a mí mismo y por tanto ya no estoy seguro de hasta qué punto es algo que me ha surgido de la propia recitación del romance, o la he oído..., es el Romance del Prisionero...

 

 

Que por Mayo era por Mayo

cuando faze la calor,

cuando los trigos encañan

y están las zarzas en flor,

 

cuando canta la calandria

y responde el ruiseñor,

cuando los enamorados

van a buscar a  su amor.

 

Si no yo, triste, cuitado,

que yago en esta prisión,

sin saber cuándo es de día

ni cuando las noches son

 

si no es por una avecita

que canta al salir el sol.

Matómela un ballestero,

Dios le dé mal galardón.

 

  Esta es otra forma de relación en la que quería parar mientes sobre todo con respecto a esa técnica de cómo la música de verdad útil puede surgir de esa música desafinada que hay en el uso gramatical de las melodías de la lengua hablada, por no hablar del ritmo, que es otra cosa mucho más íntima y directa.

 

  Otra situación de relación o transición entre lo uno y lo otro que os quiero citar con un nuevo ejemplo es la situación en que la trasmisión, que es siempre rota, por supuesto (los romances, baladas y canciones viven solamente en variantes, unas acertadas, otras desastrosas, en un pueblo se cantan de una manera y en otro de otra, y el acierto es -como antes he dicho- sólo cuando se quitan los estorbos, cuando no se quiere), pero no solo eso, sino que a veces la memoria de los cantantes falla, sobre todo cuando sucede bajo este Régimen nuestro que, como resultante de la Democracia desarrollada ha tratado de acabar con los restos de tradición de cantar o de recitar (v. los auriculares y tragar bazofia, pero cantar nada de nada)) ni, por supuesto esta función a la que me estoy dedicando de “contar cantando” que es la propia de romances o baladas. Así es que, ya desde comienzos del siglo pasado por lo menos, estas tradiciones de romances y de baladas, aquí, en Europa, en América, se perdían, y no quedaban más que en restos, justamente en la medida en que empezaban a registrarse. De manera que en estas condiciones es natural que en los pocos que sigan manteniendo la tradición las versiones que se recojan sean incompletas, de modo que esta es una de las posibles relaciones entre la técnica de espertos y eso otro cuyo aprecio estoy demostrando más que en palabras, en acto. A esta labor, que se puede decir es imitar al pueblo, a la que me dediqué con este libro de máximo atrevimiento que reúne 37 ensayos (el Ramo de Romances y Baladas)... pues os voy a dar una muestra de esta labor de imitar, desprenderse de la cultura de uno y aprender cómo suenan las cosas por abajo. Con motivo de un romance en versos de siete sílabas que se ha trasmitido a trozos, con una música, eso sí, que yo se la escuché a Antonio Mairena y los hermanos Toronjos...

 


 

 

Los caminos inciertos,

con nieve y viento frío,

camina un pobre anciano

muy triste y afligido.

 

¡Gloria!

 

En una mula trae

una mujer encinta

que en medio del viaje

le aprietan ya los días.

 

¡Gloria!

Y a su bendita madre

¡Victoria!

¡Gloria al recién nacido!

¡Gloria!

 

Han llegado a un mesón,

han pedido posada,

y el mesonero ingrato

iba y se la negaba.

 

¡Gloria!

 

Si traes la bolsa llena

toda la casa es tuya,

pero si no la traes,

no hay posada ninguna.

 

¡Gloria!

Y a su bendita madre

¡Victoria!

¡Gloria al recién nacido!

¡Gloria!

 

Por detrás del mesón

sin tranco está la cuadra.

Allí se han acogido

del muerdo de la escarcha.

 

¡Gloria!

 

A un lado había un buey,

del otro está la mula,

en medio de la noche

vino la criatura.

 

¡Gloria!

Y a su bendita madre

¡Victoria!

¡Gloria al recién nacido!

¡Gloria!

 

La cuna se la han hecho

con paja en un pesebre.

Las bestias con sus cuerpos

lo tienen bien caliente.

 

¡Gloria!

 

Al filo de la aurora

al mesón han llamado

a golpes de espingarda

centuria de romanos.

 

¡Gloria!

Y a su bendita madre

¡Victoria!

¡Gloria al recién nacido!

¡Gloria!

 

En nombre del Señor

la casa se te toma.

Ya estás desalojando,

cuartel para la tropa.

 

¡Gloria!

 

Suplica el mesonero

con las manos arriba:

“¡No me toméis la casa

que me buscáis la ruina!”

 

¡Gloria!

Y a su bendita madre

¡Victoria!

¡Gloria al recién nacido!

¡Gloria!

 

El centurión responde:

“Es la ley de la guerra.

Aquí han de aposentarse

los soldados del Cesar.”

 

¡Gloria!

 

Ya suena la posada

de botas y latines,

el niño en el pesebre

de pronto se sonríe.

 

¡Gloria!

Y a su bendita madre

¡Victoria!

¡Gloria al recién nacido!

¡Gloria!


 

 

 

Termino con un último ejemplo, otro romance, el de Don Romualdo el capataz.

 

De siesta se levantaba

Don Romualdo el capataz.

Va a ver a los leñadores

cuánto corta cada cual.

 

¡Ay, mía, mía, soledad!

 

...