“Contra el 98”

 

COLEGIO UNIVERSITARIO ZAMORA 29/1/98

 

 

 

Los que habéis hablado conmigo alguna vez que otra ya habéis por lo menos medio entendido en qué sentido esta charla se titula “Contra el 98”. De todas formas, quiero que esto quede bien claro: se está aquí luchando este rato contra el 98 y su celebración simplemente como un ejemplo (eximio, desde luego) de celebración: de literatos, de poetas, de filósofos, da igual. El caso es celebrar. La cuestión se dice en estas pocas palabras: celebrando matan.

   Celebrando matan. Hay siempre algún peligro de que hasta en un libro (que ya es difícil) sea de poesías o sea de pensamiento quede algo vivo, algo de lo que pueda salir una voz viva, que os hable al corazón y a la razón al mismo tiempo. Esto es sumamente raro, pero siempre puede ser. Hay un peligro por tanto de descubrimiento de la mentira de la Realidad, esa que os venden todos los días y que os esplican cómo es por si no estabais enterados. Hay un peligro de que se descubra algo de la mentira de la Realidad y entonces se trata de conjurar ese peligro. En otros tiempos, en los antiguos regímenes, se practicaban cosas de las que habéis oído hablar, como la censura, pero en el régimen que hoy padecemos, el más perfecto de todos los regímenes, la Democracia desarrollada, esto evidentemente no se lleva. Se lleva más bien un procedimiento como el de la asimilación de todo lo que les echen, y uno de los procedimientos de asimilación es este de celebrar sean centenarios o cincuentenarios o cualquier otra puñete que se les ocurra. Porque de esa manera se conjura el peligro de que nadie  pueda ni leer, ni entender, ni sentir. De eso es de lo que se trataba, porque el poder consiste en una administración de muerte. No les hace falta fabricarla: desde que de pequeñitos os han informado: ‘Tienes que morirte mañana’, ya estáis costituidos en esa fe, ya lo sabéis. Y a partir de esa idea se desarrollan todas las demás ideas: no hace falta inventarla cada vez, pero hace falta administrarla, y ese régimen que hoy padecemos es el más perfecto de los regímenes de administración de muerte. Y resulta que en este régimen el más poderoso de todos los ministerios con mucho es el de la Cultura, el de la Educación y la Cultura y todo lo demás con los órganos educativos de los que evidentemente está la televisión a la cabeza de todos. Los órganos, istituciones, de formación de masas. De manera que yo creo que se va entendiendo bastante bien cómo siendo este de la administración de muerte el fin del poder, se trata de evitar  que a pesar de todo quede algo de vivo, de pueblo, de sentimiento, de razón, y que algo de eso  aunque sea un poquito pueda trasparecer a través de las letras de los libros y a través del polvo de las bibliotecas. Una de las maneras más eficaces de conseguirlo es esto: celebrando. ¿Cómo es que celebrando por ejemplo a los hombres del noventaiocho o a cualquiera otro de los personajes que se les ocurra se conjura el peligro de que nadie los lea, los oiga, los entienda, o sienta nada? Yo creo que casi no hace falta decíroslo, lo vais entendiendo: Se trata de reducir todo a Historia. Esta misma época en que estamos aquí, esta tarde, esta noche, en que estamos intentando luchar contra esto, todo el afán de los medios de formación de masas va a ser convertirlo lo más rápidamente posible en Historia. Un rato entre los ratos, una época entre las épocas. A esta labor desde luego de una manera eximia se dedica la televisión, que es el ejemplo supremo de los órganos educativos de las poblaciones. En otras palabras, de formación de masas. Entonces por un lado os presentan peliculones, noticiarios de otras épocas, de otros regímenes, que no son este que estamos padeciendo, y se os hace creer en ellos, en la esistencia en cierto modo de Tutancamen, de Cleopatra, de Napoleón. Esto es muy importante, porque si consiguen que creáis eso, entonces el paso siguiente ya casi está dado: entonces esta época en que vosotros estáis es también una época, y como en las épocas los únicos que viven son Tutancamen, Napoleón y Cleopatra, es decir, solamente viven los muertos, entonces por consiguiente en esta época también los que viven están muertos, y como de lo que se trata es de conseguir que estéis lo más perfectamente muertos posible, y cuanto más rápido, mejor, entonces ya veis que el truco está a la mano y funciona sin más. Así con los hombres del noventaiocho: si se consigue que se les convierta en un capítulo de la Historia de España, de la Historia de la Literatura, de la Historia de la Filosofía, ya todo está conseguido. Ya nunca va a enterarse nadie de lo que decían y dicen, y siguen diciendo: en este caso, como mucho de ello sigue estando vivo: siguen diciendo. Pero se va a intentar que no se oiga. Entonces ahí tenéis vuestros órganos educativos, inferiores a la televisión pero también eficaces: las escuelas, los istitutos, las universidades, donde a vosotros o a vuestros hijos o sobrinos se les echará encima desde muy pronto grandes balumbas de Historia de la Literatura o Historia de la Filosofía. Se confía en que de todos esos nombres y todas esas fechas la inmensa mayoría va a ser inerte, porque entre los muertos pasa como entre los vivos: la mayoría son idiotas, y en esto se funda el régimen que padecemos, que es la Democracia. Confía ciegamente en que la mayoría son idiotas, y por tanto luego no hay más que dar un pasito para hacer pasar por el truco del paso al límite la mayoría por todos y ya está. Se confía que la mayoría son idiotas y así funciona el poder. Pues entre los muertos no creáis que pasa ninguna cosa distinta: también la mayoría son idiotas. Y se sabe por lo bajo que todos los literatos y los filósofos y toda la demás carga que a vuestros hijos, sobrinos o a vosotros mismos os echan encima es una carga de pura idiocia. Pero como entre ello va mezclado algo de eso que todavía de vez en cuando está vivo, por este procedimiento la Educación consigue que ni os enteréis. Estáis tan hartos, tan aburridos de tragar nombres y fechas que cómo vais apenas más que por una casualidad casi milagrosa a leer de veras algo y a sentir algo de lo que leéis y a dejar que vuestra razón siga en marcha por fuerza de aquello que habéis leído: es casi imposible. De eso es de lo que se trata y ese es el truco al que entre otras cosas obedecen las celebraciones.

 ¿Cómo se produce la reducción a Historia en este caso? Pues ya, aunque estamos nada más en Enero, seguramente ya desde el año pasado empecéis a estar hartos de saberlo. Es decir: Os hablarán de cómo el título, “98”, está ligado con el último suspiro del Imperio español, con la derrota de Cuba, con el desastre consiguiente y todo eso, o os hablarán de Cánovas, de sus esfuerzos para la restauración, de los otros que se oponían entre los políticos de entonces, os hablarán del desastre mismo de Cuba: en Cuba estuvo mi abuelo Víctor yo creo que como sargento de caballería en aquel entonces, de forma que os lo digo para que veáis de qué maneras distintas se puede considerar la cosa porque en eso no voy a insistir ahora: por allí debía andar mi abuelo Víctor de sargento de caballería. Entonces el “98” está justificado y se supone que los hombres a los que se encierra bajo el título van a estar muy caracterizados por esa última derrota del Imperio español, por la tristeza y el desastre consiguiente, y no dejarán de decírseos cosas más o menos estúpidas a propósito de esta caracterización de aquellos hombres.  De aquellos hombres algunos de ellos de vez en cuando tienen la culpa ya, porque ellos también andaban muy preocupados con el asunto de España y cosas de esas. No es esa parte de sus escritos lo que más os va a revivir ni mucho menos, pero desde luego la cosa se ha engordado mucho desde entonces y se trata de que efectivamente, si a unos hombres personalmente se les caracteriza de esa manera o de otra y se les liga con un momento histórico crucial, decisivo como el 1898, entonces eso va a procurar que los escritos que han dejado, en los cuales, vuelvo a deciros, hay algo que sigue estando vivo, estorbado por esa visión de las personas y por su caracterización, sea muy difícil que se oiga, que se vuelva a leer, a sentir, que os vuelva a hacer razonar. De qué ha servido (me pregunto a este propósito y reincidiendo yo mismo pero sólo por un momento en el hablar de historia) que terminara hace un siglo aquel funesto, aquel tristísimo Imperio español, aquel que tanto mató de pueblo, que tanto impidió que el pueblo hablara y cantara durante siglos. De qué sirvió que con la derrota de Cuba terminara de una vez para siempre ¡Bendito sea! el funesto Imperio español para que después, al cabo de unos pocos avatares: que si un limpio y bienintencionado intento de República, una guerra civil, hayamos venido a caer en esto que hoy padecemos: el Imperio peor de todos los Imperios, el Imperio del Régimen del Bienestar. Es una tristeza que os querría comunicar por un momento para indicaros la vanidad de los avatares históricos.

  De qué ha servido: desde aquel desengaño último ligado con lo de Cuba parece que había surgido efectivamente una cierta clarividencia. Había por lo menos un desembarazo de toda la carga que hasta entonces había durado de la vieja forma del Estado español. Había un cierto desembarazo, una cierta liberación, y por tanto una cierta clarividencia. Bien pronto se ha encargado la continuación de la Historia de intentar anularlo. Y si algo de aquello quedaba vivo a través los escritos, pues ya veis, las conmemoraciones y todo el Imperio de la Cultura que hoy padecemos se está encargando de anularlo, aplastarlo, para que tampoco os diga nada, para que tampoco os venga  a descubrir ninguna cosa. Contra la Historia, que es tan esencial para vuestra fe en la realidad, está el recuerdo vivo, el que yo he empezado a hacer asomar al conmemorar a mi abuelo Víctor  de sargento de caballería en el desastre de Cuba. Contra la Historia está el recuerdo vivo, es todo lo contrario, son como si fueran dos formas de memoria de las cuales la una mata a la otra. La Historia es la memoria de las fotos (“No hay vacaciones sin kodak” como sabéis ya desde hace setenta años) y esa memoria está destinada a matar a la otra. La otra memoria es una reviviscencia, de vez en cuando nos viene, nos viene un recuerdo, y ese recuerdo es un temblor, es un sentimiento que es de ahora mismo, que es parte de la vida, que es vida. Ese es el recuerdo que la Historia trata de matar. A estos hombres que quieren acabar de matar para vosotros bajo título de “98” yo los leí, los sentí, gracias a (otro recuerdo) la biblioteca de mi padre, la rica biblioteca de mi padre en la que yo al principio me colaba porque tenía una edad indebida para leer las cosas que en aquel entonces me leía ya y después seguí frecuentando. Mi padre, con el que me ligo con un recuerdo vivo, estaba a su vez ligado con ellos, era un acompañante, o como se dice ahora un fan sobre todo de D. Miguel de Unamuno a quien acompañó en alguna escursión a las ruinas del monasterio de La Granja de Moreruela de donde él era nacido, y desde luego en su biblioteca estaban los libros de todos estos: no faltaba nada. Yo tenía allí un pasto abundante a lo largo de todos aquellos años. Mi adolescencia, por lo menos, se ha alimentado, primordialmente, de los libros de unos cuantos de estos hombres a los que quieren matar para vosotros. Si estoy aquí hablando contra el 98 es precisamente por esto. Si me hubieran sido indiferentes tal vez no habría aceptado la amable invitación. Pero es que mi adolescencia se ha alimentado de libros de muchos de ellos. Tanto es así que cuando a los diecisiete años me fui de aquí a estudiar a Salamanca, donde ya hacía bastantes que no estaba D. Miguel de Unamuno, mi fervor se tradujo entre otras cosas en este soneto que solía recitarle a la efigie en bronce que por mano de Victorio Macho ha quedado desde entonces al subir las escalinatas del Palacio de Anaya.  (Es una retórica adolescente, perdonad, pero para nuestros fines de hoy tal vez no importe demasiado).

 

 Yo quisiera ser Dios, y en lo divino

saciar tu corazón tan fuerte y bueno;

dejar leer a tu mirar sereno

el libro sin portadas del destino.

 

 Mejor quisiera yo ser peregrino 

del mundo, si pudiera aquí en tu seno

mi frente reclinar y hacer ameno,

con tu amigable charla, mi camino.

 

 Pero era, Don Miguel, cuando se abría

mi alma a este mundo cuyo amor persigo,

tu voz, silencio, y tú, memoria mía.

 

 Y pues sé que jamás tu pecho amigo

latirá junto al mío un solo día,

yo quisiera ser Dios y estar contigo.

 

 

En aquel entonces, en los años en que mi padre iba reuniendo su biblioteca, venían cayendo libros, escrituras nuevas, de un tono distinto. Venían cayendo sobre todo (no sé si aquí la geografía tiene algo que decir) desde la periferia, desde los diversos puntos de la periferia sobre Madrid y sobre este rincón de Zamora, sobre el centro. Venían cayendo ya algunos de los que supongo que no incluyen en la lista de los muertos del noventaiocho, algunos más viejos como Clarín, o Pereda, o Rosalía, o Verdaguer, o Galdós, de tan diferentes puntos de la periferia. Y luego estos de los que quedan incluidos bajo el título. Allí venían a caer también D. Pío Baroja, con aquella admirable castidad y un poco de brutalidad incluso en la escritura que tanto le hacía penetrar, tan vivamente, en los corazones de la gente, lo mismo que fueran los de alrededor de las panaderías semisubterráneas del Madrid de su tiempo, que cuando eran los vascos de su tierra, que cuando eran los hombres del mar, y estaba también Azorín, que no se si me acuerdo bien al pensar que es el primer culpable de esto del 98 (probablemente fue él el que sacó el título y trató de organizar el grupo en forma de generación): pero en todo caso también de él, también de Azorín me alimenté en aquellos años. Recuerdo especialmente entre sus esquisitas novelas una que creo que se llama Don Juan, que tiene esta especial habilidad de que presenta la figura de Don Juan en hueco: habla de todo lo demás, de todos los alrededores de Don Juan, y este queda representado de esta eficaz manera. Lo cito como un rasgo de técnica ingeniosa más que nada. Me alimentaba también (siguiendo todavía con la narrativa que es de lo primero que quería haceros recordación) con las de Gabriel Miró, que supongo que incluyen en el grupo. Aquel al mismo tiempo deleite de ojos y oídos, y a través del deleite inteligencia: con El obispo leproso, con Los huertos de levante, y estaban también allí, se habían venido acumulando otros muchos menores que no me avergüenzo de recordar, pero que eran de la edad: supongo que, por ejemplo, al estremeño Felipe Trigo nadie se le ocurrirá mencionarlo, pero de mis lecturas semipornográficas era desde luego también de las predilectas, y la forma en que la erótica barata le alimentaba a uno en años tan decisivos tiene también su importancia y tampoco quiero dejarlo de lado a este librepensador y un poco erotómano que también formaba parte del grupo, y por no perder el hilo de la narrativa, de este género, el único género que ha acabado por ser de verdad un género que se vende, que no es adorno cultural sino que se vende, por seguir un poco todavía con la novela y el cuento vienen algunos de los más jóvenes que ya no incluirán en la generación, pero que para mí estaban mezclados con los otros en esta biblioteca que estoy conmemorando. Allí estaban también aquellos ilustres gallegos: Don Wenceslao Fernández Flórez, con sus cuentos tan graciosos y a veces penetrantes: aquel comandante que tenía un especial empeño en sentarse en su sillón para verle las piernas a la criada que estaba tendiendo la ropa en el balcón de enfrente. Ese es su estilo. O Don Julio Camba: más fino, tal vez, aunque más perezoso, con aquel besugo que en el escaparate del restaurante lo saludaban al pasar algunos y ¿Por qué? Pues es que ya es un viejo conocido mío, estaba aquí desde hace siete días y lo he vuelto a encontrar. O cuando hablaba del rosbif inglés con su poco de grasa y su poco de torrado también tal como le pedía al camarero inglés de aquel entonces que se lo sirviera. O cuando hablaba de los alemanes y decía a propósito de otras cosas: “Es que para que puedan entenderlo hay que ponérselo muy complicado porque si no, no entienden”. Bueno. Por citar algunas de las agudezas de estos menores que quería también conmemorar. Pero dejo ya la novela. No la desprecio. Me he alimentado de eso. Después tal vez no he sido un lector de novelas, por lo menos de novelas en nuestra lengua, pero en mi adolescencia sí, y como aquí lo que estoy haciendo esta tarde es comunicaros un poco de mi recordación en contra de la conmemoración pues tenía que seguir esta línea.

   Pero luego hay más allá. Más allá de la novela tenemos que pasar a esas otras formas de ejercicio lingüístico: la poesía por un lado, la razón más o menos desmandada, el razonamiento, por el otro lado. Tengo que hacer un paréntesis para recordar que en la conmemoración tal vez se olvida que venían cosas no sólo de la periferia de la península, sino de más allá del charco, y esto entre los poetas es notable: venían cosas de Nervo, de Gabriela Mistral, de quien he aprendido tanto entre los poetas de esta época en cuanto a maneras de imitar el lenguaje del pueblo, y Juana Ibarbourou, y Victoria Ocampo, las otras mujeres algo más jóvenes que las del 98 pero conocidas de ellos, y Lugones, y, mucho menos conocido, Horacio Rega Molina entre los argentinos, y estaba sobre todo Rubén, naturalmente, de cuya relación con Machado, con Unamuno y los demás tenéis seguramente noticia. De Rubén no voy más que a recordar estos pocos versos:

 

Saluda al sol, araña, no seas rencorosa.

Da tus gracias a Dios, oh sapo, pues que eres.

El peludo cangrejo tiene espinas de rosa

y los moluscos reminiscencias de mujeres.

Saber ser lo que sois, enigmas, siendo formas,

Dejadles la responsabilidad a las normas

que a su vez la enviarán al Todopoderoso.

Toca, grillo, a la luz de la luna; y dance el oso.

 

 

Estos, que eran de los que recordaba ahora y que me parecía que tocaban un poco al espíritu de los otros hombres de los que estoy haciendo, en contra de la conmemoración, recordación.

  Valle-Inclán. Es casi incontable lo que a D. Ramón María del Valle-Inclán le deben aquellos años y también años posteriores míos. En el ejercicio del teatro, donde es de lo muy poco que me merecía la pena intentar una y otra vez representar: las pequeñas piezas del tipo de Ligazón, de La cabeza del bautista, que recientemente he procurado que la gente del teatro de “La Abadía” volviera a sacar a escena, y Los cuernos de D. Friolera. De entre lo de teatro de la época es lo único que sigue estando perfectamente vivo. No me atrevería a decir tanto de La Lola se va a los puertos y los otros dramas de los Machado que no dejan de tener  a pesar de todo su gracia, pero la técnica de Valle-Inclán para dejar mover a sus títeres o a sus muñecos, esa es verdaderamente única y envidiable. Luego también, narrativa: Caricaturas de la corte de Isabel II y Viva mi dueño y todas las novelas de aquella serie que algunos de vosotros se habrá vuelto a deleitar en oír, porque tampoco pasan por ellas los años a pesar de la Cultura, y sus ensayos en la lírica de los que traigo también un ejemplo, el de La rosa del sanatorio:

 

Bajo la sensación   del   cloroformo,

me hacen temblar con alarido interno

la luz de acuario de un jardín moderno

y el amarillo olor del iodoformo.     

Cubista, futurista y estridente,

por el caos febril de la modorra,

huelo la sensación que al fin se borra,

 verde mosca zumbándome en la frente.

Pasa mis nervios con gozoso frío

el arco del látigo violín,

de un si bemol el transparente pío tiembla en la luz acuaria del jardín

y va mi barca por el ancho río

que separa un confín de otro confín.

 

  Con motivo de esta evocación del hospital y de la muerte, tengo que haceros costar que ya comprenderéis los estudiosos de literatura que estos versos pertenecen a la última época de estos hombres, a los años veintitantos, pero no conviene olvidar que todos ellos vivieron los años, que habían dejado una huella patente, de los ismos, de los futurismos y todo los demás, las pretendidas revoluciones de la poesía que después han quedado reducidas en general a la tristeza consiguiente. Pero, en fin, no tenían menos aliento de revolución. Revolución dentro de las letras contra  las letras (más o menos bien dirigida, es otra cosa).

  No quiero dejaros de recordar también (porque me importa mucho en los intentos que una y otra vez renuevo de imitar la voz anónima, la voz del pueblo, en canciones, romances, en lo que sea) a Manuel Machado, que lo intentó sobre todo con el cante andaluz y con el cante jondo adoptando la forma de muchas de sus coplas. Con el régimen que actualmente padecemos, la Democracia Desarrollada, con su fe en el individuo personal, que se empezó a establecer a principios de siglo en Norteamérica y en Europa, en ese momento murió la poesía anónima: la balada, el romance, la canción. Esto es muy significativo para que entendáis bien cómo la Democracia es la muerte del pueblo. Esto os revela bien en el orden de la poesía, no es ninguna coincidencia, que en la medida en que el régimen democrático se establecía como supremo por doquiera, en la misma medida iban desapareciendo las ricas tradiciones de poesía popular, anónima, cantada, recitada.   

 Manuel Machado lo intentó una y otra vez y él dice algo de lo que intentaron en estos versos:

 

Cuando la gente ignore

que ha estado en el papel.

y el que lo cante llore

como si fuera de él,

copla de mis amores,

cantar de mis dolores,

entonces tu serás

la copla verdadera,

la alondra mañanera

que lejos volarás                                 

y en labios de cualquiera

de mí te olvidarás.  

 

Era, como veis, aunque nada más fuera por momentos, sensible, a esta enemistad total entre la poesía de veras y la persona. La poesía nunca puede ser personal. La persona es la condenación de la poesía. Si algunas me salen bien, las que me salen bien es porque me he quitado de en medio, entonces ha hablado por mi boca el que sabe, que es el pueblo, el lenguaje corriente. Lo que él dice: un yo cualquiera. Que puede tomar como suya, porque no es de nadie, una copla, una canción cualquiera. En cambio las malas, esas son mías, todas, personales. Esta es la cuestión que aquí está apuntando. Y, bueno, parece que hasta tuvo suerte, porque yo por lo menos he oído que al menos una de sus coplas se ha cantado y se ha seguido cantando entre los tonadilleros y entre los cantaores de cante jondo:

 

                       Mi calle ya no es tu calle ,

                       que es una calle cualquiera

                       camino de cualquier parte.

 

Esta, sabemos que es de él porque está impresa, pero desde luego, yo a la primera noticia que tuve la recibí como él quiere, como anónima, olvidada de su nombre.

  Podría seguir con algunos de los un poco más jóvenes. Quiero derciros una cosa que a lo mejor os sorprende. D. Juan Ramón Jiménez, que era más joven que ellos pero que tenía también muy estrecha relación, en sus primeros tiempos produjo cosas como esta que os voy a leer, lo cual es muy notable, porque después al cabo de los años le dieron el Premio Nóbel de Literatura. Creo que puedo decir tranquilamente que es el único al que la pasó semejante cosa de todos los hombres a los que estoy conmemorando. Alguno a lo mejor más entendido me corrige, pero yo creo que fue el primero al que le pasó semejante accidente. Empezó siendo esto, un poeta o literato al que se le da un Premio Nóbel y apenas hace falta deciros que los premios literarios son una consagración de la falta de peligro de la poesía a la que coronan, o de la investigación de medicina o física, o de cualquier cosa a la que coronen, y cuanto más alto el premio, más claro. No en vano ya veis que el Estado y la Banca en el Estado del desarrollo por todas partes producen premios para la poesía, para la investigación, para cualquier cosa. Bien saben ellos lo que se hacen. Bien saben cómo esto corresponde a la administración de muerte. Bueno, pues el pobre D. Ramón acabó por pasar por esa coronación, pero de jovencito decía cosas como estas:

 

 

 

 

Tú, Señor, que de tierra me has creado,

¿ por qué me has de volver a sucia tierra?

¿ por qué me has de matar? ¡Yo amo la guerra!

¡No quiero ser tan pronto derrotado!

 

 Mi pensamiento busca el ignorado

palacio en donde la Verdad se encierra,

y a conseguir esa Verdad se aferra,

y gime y se revuelve encadenado...

 

 Yo creo en Tí: más, abre mis prisiones;

deja que siempre vague por el mundo;

deja que libre vuele al fin de mi mente...

 

 ¿Han de servir mis blancas ilusiones

para comida del gusano inmundo?

¡No me importa luchar eternamente!

 

 

Aunque os parezca mentira este era Juan Ramón Jiménez. Así pueden las personas, según se van haciendo, convertirse en algo hasta contrario de sí mismos.

  Es hora yo creo después de esto de que nos centremos en las obras de poesía y de razón al mismo tiempo que entre todas para mí han sido un sustento, y lo siguen siendo, a lo largo de toda mi vida, que son las que figuran más que nada a nombre de D. Miguel de Unamuno y de D. Antonio Machado. Ya he hecho algunas recordaciones a través de mi padre de D. Miguel de Unamuno. La verdad es que era un hombre que hacía muchas cosas: aparte de estar hablando costantemente estaba también escribiendo mucho al parecer, pero hay que decir que casi todo lo hacía bien, hasta la narrativa, hasta las novelas y los cuentos, y en cuanto a versos se pasó la vida escribiendo versos casi como a diario. Se han ido publicando y apenas han dado abasto a publicar todos, porque la producción poética de Unamuno es, entre otras cosas, inmensa, y no voy a decir que acierte en todos ni en la mayoría. Para Unamuno como para todos los demás resulta siempre que la mayoría es mala, la Ley democrática. La he referido a las poblaciones:  la mayoría es idiota, en esto se confía, y lo podemos referir a los versos, hasta a los de Unamuno. Pero muchos de cuando en cuando cómo dejan a través de algún resquicio surgir esa voz viva, esos incontables versos. Que alternaban con los escritos, polémicos, vehementes, con una retórica que tal vez a nosotros nos parece que peca (en el sentido táctico y político), peca en esceso de vehemencia, pero que desde luego cuando nos llegaba a nosotros, a mí y a mis amigos a los quince o a los dieciséis años, nos llegaba verdaderamente muy adentro, y nos descubría mucho de la falsedad reinante. Y con La agonía del cristianismo y las demás obras de pensamiento y en prosa, alternaba ese torrente costante de versos. Os voy a recordar tres.  Estos dos los hemos estado usando este año pasado en la ocupación del Cuartel Viriato, en el intento de la Escuela de sabiduría popular, y algunos de los que nos acompañan esta tarde, que han sido de los que han estado costantemente en el cuartel, los tendrán no sólo recordados sino tal vez sabidos de memoria (fijaros qué rareza es esta: saber de memoria, aprenderse de memoria las poesías. Una cosa que tampoco se hace. Que está también contra el orden establecido. Ni siquiera las canciones se aprenden de memoria, cuanto más las poesías. Es la otra memoria, ya comprendéis, no es la de la conmemoración histórica). Estos dos a los que me refiero son de los que publicó en Andanzas y visiones españolas con motivo precisamente de esa visita a las ruinas del monasterio de Moreruela.  En el estudio o ensayo que destina  a este viaje hay cuatro sonetos de los cuales os doy estos dos. Uno en el que el monje que él entre las ruinas se imagina le habla a Dios (entiéndase lo que se quiera bajo la palabra) y el otro en que Dios (entiéndase lo que se quiera bajo  la palabra)  le habla al monje:

 

                           Déjame que en tu seno me zambulla

                         donde no hay tempestades; como esponja

habrá en Tí de empaparse mi alma, monja

que en el cuerpo su celda se encapulla.

  Mientras Satán sobre este mar aúlla

al husmo de almas con que henchir su lonja,

más dulce aquí que zumo de toronja

me es tu agua, Señor. Ni me aturulla

  el vaivén de su mundo, ya que dentro

vivo de mi, viviendo en tu bautismo;

sólo perdido en Tí es como me encuentro;

  no me poseo sino aquí, en tu abismo,

que envolviéndome todo, eres mi centro,

pues eres Tú más yo que soy yo mismo.

 

Y aquí Dios, sea quien sea, le habla:

               

                           Si me buscas es porque me encontraste

-mi Dios me dice-. Yo soy tu vacío;

mientras no llegue al mar no pára el río

ni hay otra muerte que a su afán le baste.

  Aunque esa busca tu razón desgaste,

ni un punto la abandones, hijo mío,

pues que soy Yo quien con mi mano guío

tus pasos en el coso por que entraste.

  Detrás de ti te llevo a darme cara,

y eres tú quien te tapas para verme;

pero sigue, que el río al cabo pára;

  cuando te vuelvas, ya de vida inerme,

hacia lo que antes de ser tú pasara,

descubrirás lo que en la vela hoy duerme.

 

El otro que os quería recordar, perdonadme o que me perdone yo a mí mismo incidir un poco en la cuestión bibliográfica, son realmente los últimos versos que escribió de su mano. En esa lucha casi diaria con la poesía, del lenguaje contra la Realidad. Porque las fechaba, y esa está fechada el 28 día de Inocentes de Diciembre de 1936. Y bien que os habrán contado que fue el 31 de ese año, del primer año de la Guerra Civil, cuando dejó de respirar D. Miguel de Unamuno. Estos son pués los versos del día 28:

 

                       Morir soñando, sí; más, si se sueña

                      morir, la muerte sueña: una ventana

                      hacia el vacío. No soñar, nirvana.

                      Del tiempo al fin la eternidad se adueña.

 Vivir el día de hoy bajo la enseña

del ayer deshaciéndose en mañana,

vivir encadenado a la desgana,

¿es acaso vivir? Y esto ¿qué enseña?

 Soñar la muerte ¿no es matar el sueño?

Vivir el sueño ¿no es matar la vida?

¿A qué, al poner en ello tanto empeño,

 aprender lo que al punto al fin se olvida,

escudriñando el implacable ceño,

cielo desierto del eterno dueño?

 

Estas eran algunas de las rememoraciones incontables (no acabaría ni en esta noche ni en el año noventaiocho que conmemora el otro noventaiocho) que al nombre de D. Miguel de Unamuno me surgían, y paso ahora a las que me surgen al sonar, una vez más, el nombre de D. Antonio Machado, que sabía jugar tan bien con el género de la copla: sus Proverbios morales, y con los pronombres personales:

 

Con el tú de mi canción

no te aludo, compañero:

ese tú soy yo. 

 

Entre otros muchos que sin duda recordaréis. Mi padre se los sabía todos de memoria y cuando yo tenía veinte años competíamos ya a ver quién era capaz de recordarlos con mas esactitud, toda la serie de los Proverbios morales de D. Antonio Machado. Fue él, desde luego, el que, sin necesidad de curiosear yo en la biblioteca, me introdujo en la tentación de entender y sentir lo que en los versos de Machado sonaba. De él quería también traeros algunos. Os daré por ejemplo este soneto de los últimos tiempos que se llama Guerra de amor :

 

  El tiempo que la barba me platea,

cavó mis ojos y agrandó mi frente,

va siendo en el recuerdo trasparente,

y cuanto más al fondo, más clarea.

                           Miedo infantil, amor adolescente,

¡cómo esta luz de otoño os hermosea!

¡agrios caminos de la vida fea,

que también os doráis al sol poniente!

 ¡Cómo en la fuente donde el agua mora

resalta en piedra una leyenda escrita:

al ábaco del tiempo falta un hora!

 ¡Y cómo aquella ausencia en una cita,

bajo los olmos que noviembre dora,

del fondo del recuerdo resucita!

 

 

Después de que lo hayáis oído y salgáis de aquí con la tentación de aprendéroslo de memoria igualmente, para dormiros de vez en cuando al són de los versos, que es una de las formas de utilización práctica que puede tener la poesía y que desde luego os recomiendo, después de que la habéis oído quería aprovechar también para un par de reflexiones: “Del fondo del recuerdo resucita”. Esto viene a tocar lo que está siendo un poco como el hilo, el leit motiv de esta charla, el recuerdo contra la conmemoración, contra la Historia, esta memoria viva. Y además en este caso lo que del fondo del recuerdo resucita es aquella ausencia en una cita. Lo que recuerda, lo que le viene al pensamiento, al corazón, es un hueco, una falta, es una que no ha ido, que no ha estado donde debía estar. Esta herida de una ausencia en los años lejanos pero que revive en la recordación es lo que el soneto trataba de deciros.

 No voy a insistir mucho más. Hay algunos sonetos que también han llegado bajo su nombre que en el Cuartel Viriato hemos usado una y otra vez, en la Escuela popular de sabiduría, pero como quiero dejaros un rato para que podáis decirme las cosas que os vengan a las mientes, a propósito de lo que sea, voy a recordaros una cosa que los amigos que me han acompañado en el Cuartel Viriato también recuerdan bien, que fue la manera en que fabriqué un soneto utilizando tres versos sueltos que nos habían llegado entre los no publicados de los tiempos de Soledades y que una vez que tardaba en dormirme, le estaba dando vueltas a otras cosas, usando muchas veces (no es que me suceda con frecuencia lo del insomnio) los versos para dormirme, y esa noche  estos tres versos que algunos de los amigos que nos acompañan en el cuartel me había recordado el día anterior o pocos días antes, me vinieron a la memoria y me parecieron que eran el último terceto de un soneto que Machado no había llegado a escribir. Los tres versos dicen:

 

O que yo pueda asesinar un día

en mi alma, al despertar, esa persona

que me hizo el mundo mientras yo dormía.

 

Son tres versos que se habían conservado sueltos. Entonces me empeñé en la duermivela en eso, y me vino ya un soneto entero:

 

 "¡Ah, ya no puedo más!" Cuando esto digo,

cansado de la guerra  que en mi pecho

muevo contra mí mismo, doy por hecho

que soy yo el que no puede y el que sigo.

  Pero  ¡acabe el papel! Con mi enemigo

vivir no puedo bajo el mismo techo,

este cielo de pega que sospecho

   que él cerró para aquí morir conmigo.

  O que alguien me arranque esta corona

que me pusieron cuando yo crecía

y ya contra las sienes se me encona,

  o que yo pueda asesinar un día

en mi alma, al despertar, esa persona

que me hizo el mundo mientras yo dormía.

 

Ese era el homenaje de medio dormido que en aquella ocasión dediqué a la sombra siempre viva de D. Antonio Machado. Poesía que también en él alternaba con la razón incluso en prosa. Quiero recordar que cuando yo caí en Sevilla a fines del cincuentaiocho resulta que entonces el Régimen se ve que no estaba bien establecido todavía porque no había tantas celebraciones, no había tanto registro glorificador de la Literatura, y entre otras cosas nadie había leído prácticamente el Juan de Mairena de D. Antonio Machado, uno de esos libros en prosa donde uno de los personajes que a él le salían, Abel Martín, Meneses con su máquina de trovar o Juan de Mairena, había escrito y publicado pocos meses antes de empezar la Guerra Civil, en el treintaiséis. Me costaba que no había empezado la conmemoración porque si entonces Machado padecía alguna muerte, era en todo caso una muerte semejante a la del corriente de los mortales, a la de por ejemplo su joven esposa primera en Soria, cuya tumba fui a visitar, acompañado de la que era entonces mi mujer también, pocos años antes de eso y en Soria nadie se acordaba de D. Antonio Machado, y costó mucho trabajo encontrar un sepulturero viejo que nos indicara donde estaba la tumba de Leonor. Hasta tal punto no había empezado todavía el aparato de la celebración y la conmemoración. Pues no mucho después, cuando caí en Sevilla nadie en este mundo al parecer leía el Juan de Mairena, pero hubo la suerte de que se descubrió que en la rebotica o bodega de una de las librerías viejas de Sevilla habían quedado enterrados con motivo de la Guerra Civil un par de cientos de ejemplares del Juan de Mairena, entonces ese fue el libro, materialmente ese, que usamos para unas cuantas sesiones de discusión de muchas de las partes del libro, empezando por la primera que muchos de vosotros, ahora sí, recordaréis:

   Agamenón: La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero.

   El porquero:  No me convence.

 

Y todo el resto de esta retórica y sofística de la que ya no sólo en mi adolescencia, sino mucho después me he seguido alimentando y sustentando. Nunca tngáis miedo, entre paréntesis, de imitar a alguien que de verdad lo merece. Las artes se hacen así: se empieza imitando a alguien en quien alguien siente que hay maestría. No hay miedo de perder la originalidad. Probablemente todas las cosas que por mi parte he venido haciendo tanto en canciones y versos como en otros géneros no se parecen nada en estilo ni a Unamuno ni a Machado, pero yo me he alimentado de ellos. He tenido la suerte de seguir en esto, esto a lo que la Cultura tanto se opone, que es recibir, hacerlo suyo, aquello que no es de nadie, que es lo único que vale, lo que no es personal, y después de ahí, dejar a ver si uno aprende a quitarse por lo menos de vez en cuando de en medio y le sale alguna cosa que a su vez valga la pena. Era un paréntesis sobre técnica poética y sofística, de manera que para quien pueda recoger esta recomendación táctica: poesía lo mismo que razón, los versos como los que habéis oído o los sofismas y discusiones del Juan de Mairena, son dos modos de acción lingüística, de acción: el hablar es hacer. Cuando el hablar es de verdad, es hacer. Cuando el hablar no es de verdad pues sirve para después llegar a conclusiones en la reunión del claustro de profesores, en la reunión de directivos del consorcio bancario, en la reunión de ejecutivos de tal empresa, y llegar a conclusiones para pasarlas a la práctica, pero cuando es hablar de verdad, no hace falta nada de eso. El hablar es hacer, por sí y en el momento. Y maneras tan distintas de acción como son estas a las que aludimos con poesía y con razonamiento, sin embargo, por diferentes que sean sus técnicas tienen esto de común, que al principio os decía: descubrir la mentira de la realidad. Tanto la poesía cuando acierta como la lógica o el razonamiento cuando aciertan, lo que están haciendo ahora mismo, es eso: descubrir la mentira de la realidad, y eso es una acción.

 

 Vuelvo al principio pués: es ese peligro de tal descubrimiento el que la Cultura organizada al servicio del Estado y del Dinero trata de conjurar, y trata de conjurarlo lo mismo mediante  los Planes de estudio: hay un Ministro que sabe todo lo que se tiene que saber durante ese año. Imaginaos. Cuando las cosas son así, cuando se pueden hacer Planes de estudio, qué podéis esperar que a los pobres chicos y chicas les surja a lo largo de todo el año si ya sin estudiar, allá arriba se sabía qué es lo que se tenían que aprender. Y no digamos de la televisión, que se dedica a la labor que al principio conmemoré de hacer Historia hasta del momento mismo en que la estáis viendo: matar vuestras vidas de la manera más inmediata, y se procura de maneras más esplendorosas por medio de conmemoraciones como la presente en la cual me he metido de la manera que habéis visto o más bien oído.

 Os estoy invitando a que acabéis por tanto de una vez.. Acabad de una vez con vuestros libros de testo. De literatura, de filosofía y de paso todo lo demás, que no se va a perder nada. Los que estáis condenados a ser profesores acabad con todos los planes de estudio que os lluevan desde arriba y hacer como si no os llovieran. Dedicaos a leer en voz alta y hacer aprender de memoria a los chicos y a las chicas que os toquen todo lo que podáis. Todo lo contrario de lo que os manden. Acabad con la Cultura, porque, como he tratado de sugeriros, hay otras cosas que merecen la pena incluso a través de las letras, y de lo que se trata es de que en lugar de dejarlas someterse a la organización de la Cultura, se usen, se aprendan de memoria, se canten, se repitan. Se usen, que es lo que no quieren que hagáis, que uséis. Porque el Régimen se funda, el Dinero funciona sobre la producción de inutilidades, la producción de cosas que sólo sirven para venderse y comprarse. La Cultura se vende y se compra, por eso os estoy hablando en contra de Ella, si la cultura fuera ajena al Dinero no os hablaría. Pero el lenguaje no es la cultura, y el lenguaje de vez en cuando hasta a través de unos pocos muertos que siguen vivos os puede seguir hablando, ahora mismo. El lenguaje no es la cultura, ese no se compra ni se vende, es la única cosa gratuita que se le da a cualquiera, sin distinción, de clase, de sexo ni nada. El lenguaje corriente y moliente. La cultura, sí. La cultura se compra y se vende. Y adquirir cultura y dotarse de un título ya se sabe que vale mucho, para trepar por la pirámide. Contra ello os digo usar, usar, usar.  Y nada, aprovechad que hay, hasta en vuestra misma lengua, unos cuantos muertos que en contra de la mayoría de los muertos y los vivos pues siguen estando vivos y os pueden estar hablando en poesía o en razón en cualquier momento. Esto es lo que quería deciros.

 

---------------------  DISCUSIÓN CON EL  PÚBLICO   -----------------------

 

- 1ª Voz.- Me ha venido a la cabeza aquella celebración de D. Miguel de Unamuno en la que estaba presente,  aquel episodio de la vida de Miguel de Unamuno en el que Millán Astray gritó “viva la muerte, abajo la inteligencia” y tuvo consecuencias favorables para la gente.  Entonces quería preguntarte si tú no entiendes que a veces en las celebraciones puede haber alguna fisura que abra algún camino para que la gente vea o veamos algo más allá o en contra de.

 

-A.G.C.- Si. Claro. Apenas tengo que deciros que yo estoy aquí porque pienso ser alguna de esas fisuras, si no, no estaría. Si yo no hubiera visto alguna posibilidad de tal cosa, pues no estaría aquí. El aparato nunca está perfectamente cerrado. Este es el aliento que el pueblo tiene. El Poder se dedica a la administración de muerte, pero en contra de lo que Ellos os proclaman todos los días, eso no es ni mucho menos seguro y fatal: hay siempre fisuras, hay siempre resquebrajaduras. Es por ellas por las únicas por las que, como el propio pueblo dice, de vez en cuando “se respira por la herida”. Se puede respirar por la herida. Un respirar por la herida es lo que yo he intentado aquí los ratos que me he dejado hablar, aparte de los otros ratos en que os he estado haciendo revivir algunos versos de esta gente. Pero ilusiones, tampoco. Esta misma celebración es lo bastante potente para que , primero: muchos de los que habéis estado presentes, la mayoría (la mayoría es así, en esto se funda la Democracia) a pesar de todo seguís esforzándoos por tomároslo como una conferencia cultural como las otras, y decir: qué ideas, que cosas tan originales ha dicho este hombre y tal, o incluso hasta: con cuánto sentimiento ha hablado, como las beatas decían “qué bien habla el padre Rodriguez” cuando salían de la función, de manera que esa es una actitud que para la mayoría es casi inevitable. Es muy difícil dejarse herir, es muy difícil, de manera que aunque yo piense que esto puede suceder, desde luego no me hago ilusiones respecto a lo mayoritario de la cosa. El éxito es de la mayoría, ya se sabe, y el poder se funda en la mayoría, y luego, muchos de los que estáis asistiendo habitualmente a las otras partes de la celebración, estáis un poco condenados a meter esto en el cuadro, y desde luego, para qué vamos a engañarnos, trataréis de olvidaros lo más pronto posible de lo que os pueda herir, porque es que la personita de uno es así, tiene que cuidarse, y si le dicen cosas peligrosas lo que tiene que hacer es olvidarlas cuanto antes, no sea que le vayan a hacer daño, porque efectivamente descubrir la mentira de la realidad implica a la realidad personal de cada uno, no se puede evitar. De manera que la tendencia a que cuando salgáis de aquí y os vayáis a casa o a tomar un chato o incluso hasta a ver la televisión haber qué ha pasado, porque todo puede suceder. Seréis capaces algunos de vosotros por lo menos de cometer esa villanía acostumbrada una vez más: creer que pasan cosas y que la televisión puede deciros cosas que pasan de verdad en lugar de dedicarse a hacer historia de todo lo que pasa y matarlo inmediatamente. Cuando vayáis a eso o a donde vayáis, o a sitios menos serviles, lo normal es que tendáis a liberaros de una manera o de otra, encuadrando , tratando de entender las cosas que habéis oído como de Fulano de tal, lo mismo que se os quiere hacer que para que no sintáis, como yo he intentado haceros sentir, versos de Machado o de Unamuno, se os dice que son de Unamuno, que son de Machado y por tanto que ya pueden estudiarse como producciones personales.

Así es, desde luego, sin ilusiones, pero es evidente que la Realidad no está nunca perfecta, y que el Poder por tanto nunca está del todo seguro. El razonamiento es muy claro: si no, no nos lo tendrían que predicar todos los días. Que falta haría que el padre le diera un pescozón al rapaz y le dijera: “Esa es la Realidad, muchacho”, que cuando se mira quiere decir “es el Dinero”, el Dinero es la realidad de las realidades. ¿Qué falta le haría que le diera ese pescozón y que se lo dijera si de por sí la realidad fuera la realidad y se impusiera por sus propias fuerzas? No puede ser. Hay algo ahí que no marcha. Y para qué os tenían que estar contando todos los días por televisión y otros sitios cómo es la realidad si estuviera ya firme y segura. este es un aliento también para la rebelión. Este mismo hecho de que tengan que reafirmarla todos los días es una sugerencia de que no está nunca perfectamente hecha. Así que, sin necesidad de desilusiones, efectivamente hay siempre fisuras, resquebrajaduras, en la Relidad y en la persona de uno mismo, gracias a lo cual puede en lugar de hablar él, por casualidad, dejar que a través de él, de su boca o de su mano, hable alguien que no es él.

 

-2ª Voz.- A mí no me parece como ha dicho usted que la persona es la negación de la poesía, cuando ha escrito usted ese bello libro que se titula Relato de Amor.

-A.G.C.- Pues nada, a lo mejor ese libro te puede parecer que es personal y como autobiográfico, pero es una apariencia falsa de la cual el propio poema puede ser culpable. Pero ni yo soy la primera persona que habla en parte del libro, ni tampoco mi padre real a quien he conmemorado aquí de otra manera es el que emplea la primera persona en otra parte del libro. No puede ser así. Si, como sospecho por lo que dices, has encontrado que la endecha esa te dice algo es gracias a que no es personal. A que no es personal, es decir, que las personas, esas dos y otras de las que aparecen, aparecen simplemente como pretestos lejanos. Hay una ispiración en la realidad. Se parte de la realidad, en poesía y en todo lo demás. La ispiración tiene que venir de ahí. ¿No he dicho que la función es descubrir la falsedad de la realidad? esto quiere decir que hay que partir de ella. Lo que pasa es que la literatura inerte, la filosofía inerte, la ciencia inerte y conforme, lo que hace es que la da por sabida, inmutable, establecida, y en cambio hay otra forma que no es así.

-Voz 2ª- Pero yo me refiero a que el libro tiene autor, que es usted.

-AGC-  Todos los que he sacado, y el pecado es múltiple, aunque tardé mucho en incidir en ese pecado, porque (a mis cuarenta) ya entonces la avalancha cultural era aterradora, sin embargo de entonces para acá, es verdad, he incidido en el pecado algo así como cincuenta veces. Es una cosa que cualquiera de los editores y libreros te dirá: Si no, no se vende. Si lo publicas anónimo como alguna vez publiqué alguna de las cosas, pues no se vende. De forma que es un caso de ten con ten y transigencia. Algún tiempo incluso publicaba artículos en los diarios, que es peor todavía, que es todavía más pecado. No he llegado nunca a caer en el pecado de acceder a ir a la tele pero a publicar artículos en los grandes diarios, sí. Y, bueno, qué os voy a recomendar especialmente a los que os encontréis en trances semejantes.  En estas cuestiones no hay más que ten con ten, es un cálculo económico. Tu no quieres ocultarte ni hacer el anacoreta. No quieres encerrarte en tu casa porque no crees en la persona individual. Crees más bien o tienes confianza en el público, en la gente, por tanto sigues pensando que a la gente hay que llegarle, entonces la cuanta es esta: ¿Cuánto pago metiendo mi persona y mi nombre por medio? ¿Cuánto pago en cuanto a sumisión y servicio para conseguir eso? ¿Cuánto probablemente gano?

-Voz 2ª- Perdone que le interrumpa. La ciscustancia viene de que usted ha dicho que la persona del autor mata la poesía. Entonces parece que es por tanto la auténtica poesía una poesía  anónima. Yo lo he entendido así al menos. Entonces, a mí me parece muy bien. Incluso agradezco muchísimo y se lo agradezco a usted ahora personalmente, que usted haya escrito ese libro. Yo no veo tal muerte en la persona como matador de la poesía.

 

-AGC- Pues sí. Sí lo hay. Es que entonces yo no sé. Sí respondí en lo que te estaba diciendo. Es que a lo mejor como me he puesto a hablar de economía con motivo del nombre te has creido que no estaba respondiendo, pero sí estaba respondiendo. La persona es lo que dice el documento de identidad. Es,  en definitiva, sumisión, es en definitiva Dinero. Es necesariamente idiota en cuanto personal. Y ya he dicho que el Régimen más perfecto de todos, el que hoy padecemos, se funda en esto, se funda en la persona individual, en que esté convencido de ello. Te desanimo, os desanimo de tener la menor confianza en que de ahí pueda salir nada bueno, nada verdadero. La persona es una muerte de la peosía, una muerte de la razón, lo mismo que he dicho que la Democracia, en general, es una muerte del pueblo, lo mismo. Es enteramente paralelo. Lo único que hay es que no estamos nunca bien hechos del todo. Nunca cada uno está bien hecho del todo, lo mismo que el Régimen no está bien hecho del todo, de manera que todo lo que valga en el Relato de amor  o en cualquier otro sitio es lo que precisamente no ha salido de la persona. ¿Por qué el lenguaje en cambio no es personal? El lenguaje es común, y los sentimientos son comunes, y hay una razón común que no son ideas de las personas, y cuando eso acierta a hablar pues entonces llega al corazón y a la razón, y en cambio, lo que sale como espresión de la persona no vale nada, no sirve más que para hecer cultura en el mejor de los casos. es una distinción que he tratado de mostrar en diferentes puntos y que yo creo bastante clara, no sé cómo más te lo podría hacer ver... por eso te decía la cuestión económica.

-Voz 2ª- No lo entiendo. siento decírselo. Y no es por...

-AGC- No. Tal vez merezca la pena que intentes por cuarta vez decirme qué es lo que querías decir. A ver...

-Voz 2º- Yo he empezado agradeciédole que usted escribiera...

-AGC-  Sí. Bien. Yo también a mi vez te agradezco, pero ¿qué es lo que quieres decir en defensa de la persona?

-Voz 2ª- No veo porque usted que ha escrito ese libro tiene que renunciar a él en el sentido en que dice que la persona, el autor mata la poesía. No lo entiendo. Usted da esplicaciones económicas. Yo no le estoy hablando de esplicaciones económicas ni de teorías políticas ni sociales.

-AGC- La única relación de mí, personalmente, es decir, como Don Agustinito García, o peor todavía con el Doctor García Calvo, lo que diga el documento de identidad, mi única relación con ese libro y con todo lo demás es la económica, lo mismo que lo de los  artículos del País, porque una persona no tiene más que relaciones económicas. Una persona es un estorbo, una persona es Dinero. Y está costituida como tal. Y si no fuera así, no habría ni siquiera documentos de identidad, ni te podrían contar. estás personalmente contado.

-Voz 2ª- Si usted sigue hablando así, con todos los respetos le mando a hacer puñetas.

-AGC- Con todos los respetos me da igual, pero en cambio dí de una vez qué es lo que quieres decir en defensa de la persona.

-Voz 2ª- Que me esplique usted por qué...

-AGC-  Bueno. Yo te lo esplico, pero como, por lo visto, no entiendes.

-Voz2ª- Pero por qué me ha hablado usted de los asuntos económicos y que la única razón que tiene usted es la razón económica. Entonces yo he entendido absolutamente mal el libro.

-AGC- ¿Qué tiene que ver el libro? Se trata de lo que estamos diciendo ahora. ¿Qué tiene que ver el libro?

Mira. Al ver que efectivamente tenías una resistencia que alguno más tendrá, y por eso sigo hablando, a establecer esta oposición entre decir verdad, descubrir la falsedad de la realidad, en poesía,  o en razonamiento,  y la persona individual, como he visto que tenía esta resistencia, le he atacado por donde se me ha ocurrido. Primero qué he dicho: los personajes que parecen autobiográficos, no lo son, después te he dicho, en cuanto a que figure el nombre de autor, esto se debe a una razón puramente económica, y ya no sé qué más decirte, pero desde luego, si tienes que defender a la persona individual como capaz de producir poesía o razón, hazlo.

-Voz 2ª- Claro. Las razones que me da usted son económicas, también me importan una puñeta.

-AGC- No. Ahora se trata de que intentes, puesto que parece que en contra de mi manera de hablar, estás defendiendo la posibilidad de que una persona individual, en poesía o razonando, diga algo que no sea sumiso, que sea descubrimiento de la verdad, pues dí en qué te fundas para creer semejante cosa.

-Voz 2ª- Pues en qué me voy a fundar. En que he leido tu  libro  y en que a mí me ha producido un sentimiento y nada más.

-AGC- Y ¿por qué no te fías un poquito por lo menos cuando te digo que lo que te ha producido de bueno es lo que no tiene de personal? ¿Por qué te cuesta tanto trabajo?

-Voz 2ª- Es que no lo comprendo...

-AGC-  Comprender, entender sí, porque yo hablo muy claro. Lo que tienes es una resistencia a admitirlo.

De todas formas esta tendencia a pensar que de verdad un poeta, un lógico, es autor, creador de lo que dice, está muy estendida. Precisamente de qué os he estado hablando: se mata lo que puedan tener los versos o las razones de Machado o de Unamuno  precisamente diciendo que son de Unamuno o de Machado, con lo cual ya quedan despachadas y aptas para entrar en las listas de Literatura o de Filosofía. Os he estado diciendo esto todo el rato. Y os he recordado que efectivamente esa fe en la persona es la que sostiene a este Régimen, al que he llamado muerte del pueblo. Yo comprendo que esta resistencia a reconocer, esta tendencia  a seguir pensando en la persona como creadora, como capaz de decir algo bueno, es muy fuerte, lo comprendo. ya con la hora que es no me siento con muchos ánimos para intentar derrocarla más. Pero desde luego os pido que recordéis todo lo que he dicho en este sentido. La contraposición es muy verdadera. Una persona en cuanto persona no hace más que, ni dice más que lo que le mandan: van a votar, y votan, van a comprar, y compran.

-Voz 2ª- ¿Escribió el libro porque le mandaron?

-AGC- ...

 

-Voz 3ª- Era sólo para recordar, no conmemorar, aquí a la Escuela de sabiduría popular, la cual tengo que  agradecer, aparte de a Juan de Mairena a Agustín García Calvo por participar en ella, que sigue todavía por lo menos medio viva, y que ha recibido recientemente el aviso ya definitivo del ayuntamineto de Zamora de que salgamos todos antes del final del mes que viene. Todos los ocupantes del Cuartel Viriato incluida la Escuela de sabiduría popular, porque parece ser que no le interesa al menos al Ayuntamiento por lo menos tanto como la futura Universidad o lo que sea que están montando ahí para despilfarrar 5.000 millones de pesetas. Eso para el que no lo sepa o...

-AGC-   Sí. Yo me acabo de enterar también, aunque sabía que estaba rondando. Es una buena ocasión. La Futura Universidad con repartición de alguna escuelita que otra  y que se le dice a los comerciantes que va a mover mucho capital en la localidad se contrapone de una manera muy clara a lo que allí los ocupas estábamos haciendo, concretamente en las discusiones de la Escuela de sabiduría popular. Tenéis una cosa relativamente palpable, bien a la mano. Sería muy deseable que muchos de vosotros para el día ese 27  estuvierais en la Escuela aunque nada más fuera como asistentes provisionales para que tuvieran que ser muchos a los que el poder se viera obligado a echarnos fuera para empezar a gastarse los 5.000 millones en adecentar el local para otras dedicaciones de las que están mandadas y les gustan. Sería muy deseable. Lo recojo casi como una invitación.