La osadía de la ignorancia.
Tomo para mi este título del artículo que el pasado domingo publica Arturo Pérez Reverte en el semanal XLSemanal, que se entrega con numerosos periódicos.
Y es que el título me ha encantado, por ser una verdad como un templo babilónico: la ignorancia es muy osada. Y en educación mucho, pero mucho... ¿Cuantos hablan de educación y pedagogía sin haber dado una clase o haberlo hecho hace años?
El caso es que el artículo de Pérez Reverte arremete contra ese feminismo radical, y por radical casi ridículo, que nos obliga a "inventar" un lenguaje políticamente correcto.
Entresaco unos párrafos:
...el uso genérico del masculino gramatical tiene que ver con el criterio básico de cualquier lengua: economía y simplificación. O sea, obtener la máxima comunicación con el menor esfuerzo posible, no diciendo con cuatro palabras lo que puede resumirse en dos. Ésa es la razón de que, en los sustantivos que designan seres animados, el uso masculino designe también a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos. Si decimos los hombres prehistóricos se vestían con pieles de animales o en mi barrio hay muchos gatos, de las referencias no quedan excluidas, obviamente, ni las mujeres prehistóricas ni las gatas.
Eso, que el lenguaje no es en sí machista ni feminista: lo son las personas y el uso que hacen del mismo.
Pero todo eso, que es razonable y figura en la respuesta de la Real Academia, no coincide con los deseos e intenciones de la directora del Instituto Andaluz de la Mujer, doña Soledad Ruiz. Al conocer el informe, la señora Ruiz se quejó amarga y públicamente.
Nos puede pasar a nosotros, y en general es frecuente: preguntar al experto y luego no hacerle ni caso, pues la respuesta no es la deseada. Os suena eso de consultar a los profesionales de la educación de cara a la próxima y a otras reformas educativas... ¿para qué nos consultan?
La lengua española, desde Homero, Séneca o Ben Cuzmán hasta Cela y Delibes, pasando por Berceo, Cervantes, Quevedo o Valle Inclán, no es algo que se improvise o se cambie en cuatro años, sino un largo proceso cultural cuajado durante siglos, donde ningún imbécil analfabeto –o analfabeta– tiene nada que decir al hilo de intereses políticos coyunturales.
Ni la lengua española (perdón, castellana) ni la educación que se pretende "seria", deben ser objeto de situaciones partidistas y coyunturales. No deben ser objeto de mercadeo de votos.
Pero me temo que tenemos el país que nos merecemos y los políticos que votamos no son sino un triste reflejo de la sociedad a la que pertenecemos.
(No está mal después de casi quince días de silencio "bloguero")
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