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Bajó la luz vestida de ángel.
Recogió sus alas
y se quedó de pie ante mi tienda
sobre la arena.
Me miró hasta las entrañas.
Me dijo:
Por favor, no te pares.
Te lo ruego.
Te lo suplico.
Sigue andando,
aunque sea con paso cansado
por la arena.
No dejes de caminar
y buscar.
Sigue andando, vamos.
Te lo suplico.
Yo tu amigo.
Si te ofrecen posada, no aceptes.
Te la ofrecerán los besos rojos
y las noches
calientes del hogar.
Te la ofrecerán los sacristanes
que viven del altar
y de
los dioses.
Te la ofrecerán los nuevos bonzos
de la revolución
fabricada
de antemano.
Te señalarán en el mapa
el lugar exacto del refugio
y el camino para llegar a él.
No los creas ni
los escuches.
El refugio es la muerte.
Se pasa
bien la primera noche
pero luego se asfixian
las ilusiones.
Camina sin detenerte.
No te acuestes ni en la arena
y pasa
de largo por la puerta de la posada
sin mirar.
¡No te pares ni te sientes!
Que los músculos se
endurecen
y los huesos se pegan unos a otros.
Cuesta levantarse
y empezar a andar
otra vez.
(Su voz era roja de fuego
y daba calor.
Pero en aquel instante
tomo color de penumbra
como la tristeza).
¡Ay, cuanto ex-combatiente tendido en la arena,
junto
al oasis,
bajo la tienda!
La elegante tienda de los hijos,
de la mujer,
de la iglesia,
del compromiso,
de la contemplación,
de la lucha revolucionaria!
Se mueven pero no caminan.
Hace tiempo que se asentaron....
¡Ex-combatientes!
¿Te asentarás también tú?
(Me traspasó los ojos con sus ojos.
Sentí su fuego
en mis venas
cuando se encendió otra vez su boca
como
una aurora polar).
Camina, sigue caminando,
aunque sea con paso cansado.
No te
asientes en iglesias, familias ni partidos.
No aceptes casas ni
posadas.
Tu casa es la arena
y los amigos de la caravana.
Camina
con tus amigos.
No te separes de ellos
aunque te parezcan pequeños
y hasta mezquinos.
¡Se fiel a tus amigos!
Con ellos tendrás
futuro.
El futuro no es de las iglesias
ni de las sectas
ni de los
partidos.
El futuro no tiene casa
ni tempos
ni tiendas.
Al futuro nadie
te lleva
si no vas tú.
El futuro es para los peregrinos
del Futuro.
Mar Rojo - Francisco Loidi
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