|
Muchas personas experimentan un notable
cambio en su pensamiento en determinados momentos de su vida. Descubren una
nueva faceta de la realidad, y esto provoca un cambio en las claves con las que
estaban interpretando esa realidad: un descubrimiento nos hace sustituir viejas
claves por otras más acertadas.
Sucede, por ejemplo, cuando una persona sufre
un accidente grave, o afronta una crisis que amenaza cambiar seriamente su vida,
o pasa por la prueba de la enfermedad y del dolor, y de pronto ve sus
prioridades bajo una luz diferente. O cuando comienza a ejercer determinadas
responsabilidades, o asume un nuevo papel en su vida, como el de esposo o
esposa, padre o madre, y entonces se produce un cambio de su modo de ver las
cosas.
Si en nuestra vida queremos realizar pequeños
cambios, puede que nos baste con esforzarnos un poco más en mejorar nuestra
conducta y luchar contra nuestros defectos, pero si aspiramos a un cambio
importante, es preciso cambiar nuestro modo de ver las cosas.
Un ejemplo. Piensa por un momento -recomienda
Stephen Covey- en tus bodas de plata, o en tus bodas de oro. Piensa en la
despedida en tu trabajo cuando llegue tu jubilación. Visualízalo con riqueza de
detalles. Piensa en los sentimientos y emociones que te embargarán en ese
momento. ¿Cuál será tu balance de todos esos años de matrimonio o de trabajo?
¿Cuál quieres ahora que sea el balance que hagas entonces?
Otro ejemplo. Piensa en que te enteras ahora
mismo de que te quedan sólo tres meses de vida. Visualiza mentalmente qué
harías. Es probable que, de pronto, todo aparezca con una perspectiva diferente.
Es probable que afloren a la superficie ciertos valores que quizá antes apenas
habías tenido en cuenta.
Quizá veas entonces de modo distinto la
relación con tus padres o con tus hijos, o plantees de modo distinto el
matrimonio, o la relación con tus compañeros de trabajo. Quizá te parezcan
fútiles cosas que hace un momento considerabas muy importantes.
Está claro que la vida no puede plantearse
cada día como si te quedaran tres meses de vida, por supuesto. Pero ese
ejercicio mental nos puede ayudar a pensar en cosas en las que habitualmente no
pensamos, a reflexionar sobre los principios que rigen nuestra vida, a
identificar mejor lo que realmente importa.
La vida nos va cargando día a día de rutinas,
de adherencias que van entorpeciendo nuestra marcha. A veces hay que pararse y
ver qué es lo que queremos, no dar por bueno sin más nuestro status quo, no
seguir sumisamente la inercia de todo lo que hemos hecho hasta entonces,
repensar las cosas a fondo. No podemos olvidar que esos valores y principios son
la trama que da consistencia al tejido de nuestra vida y, por tanto, son nuestro
mayor tesoro (además, casi lo único que tenemos a salvo de robos, incendios,
quiebras o descensos bursátiles).
Melody Beattie |