| |
Los hindúes han creado una encantadora imagen para
describir la relación entre Dios y su Creación.
Dios «danza» su Creación.
Él es su bailarín; su Creación es la danza.
La danza es diferente del bailarín; y, sin embargo, no tiene existencia
posible con independencia de Él.
No es algo que se pueda encerrar en una caja y llevárselo a casa.
En el momento en que el bailarín se detiene, la danza deja de existir.
En su búsqueda de Dios (o el Despertar o la Iluminación), el hombre
piensa demasiado, reflexiona demasiado, habla demasiado. Incluso cuando
contempla esa danza que llamamos Creación, está todo el tiempo pensando,
hablando (consigo mismo o con los demás), reflexionando, analizando,
filosofando. Palabras, palabras, palabras… Ruido, ruido, ruido…
Guarda silencio y mira la danza.
Sencillamente, mira: una estrella, una flor, una hoja marchita, un
pájaro, una piedra…
Cualquier fragmento de la danza sirve.
Mira. Escucha. Huele. Toca. Saborea.
Y seguramente no tardarás en verle a él, al Bailarín en persona.
Anthony de Mello
«El canto del pájaro»
|
|