¡LIBERTAD,LIBERTAD,LIBERTAD!

 

 

Esta es la historia de un loro que desde hacía un buen número de años vivía enjaulado. Su propietario era un solitario anciano a quien hacía compañía.

Cierto día el anciano invitó a un amigo a su casa para deleitarse con un sabroso té de Cachemira. Los dos hombres pasaron al salón donde, cerca de la ventana y en su jaula, estaba el loro. Se encontraban tomando el té, cuando el pájaro comenzó a gritar insistente y vehementemente:
¡LIBERTAD, LIBERTAD, LIBERTAD!...

No cesaba de pedir libertad. Durante todo el tiempo en que estuvo el invitado, el animal no dejó de reclamar libertad. Hasta tal punto era desgarradora su solicitud, que el invitado se sintió muy apenado y ni siquiera pudo terminar de saborear su taza.

Estaba saliendo por la puerta y el loro seguía gritando: ¡LIBERTAD, LIBERTAD, LIBERTAD!...

Pasaron dos días. El invitado no podía dejar de pensar con compasión en el loro. Tanto le atribulaba el estado del animalillo que decidió que era necesario ponerlo en libertad. Tramó un plan. Sabía cuando dejaba el anciano su casa para ir a efectuar compras. Iba a aprovechar esa ausencia y a liberar al pobre pájaro.

Un día después, el invitado se apostó cerca de la casa del anciano y, en cuanto lo vio salir, corrió hacia la casa, abrió la puerta con una ganzúa y entró en el salón, donde el loro seguía gritando:
¡LIBERTAD, LIBERTAD, LIBERTAD!...

Al invitado se le partió el corazón.¿Quién no hubiera sentido compasión por el animalito?.Presto, se acercó a la jaula y abrió la puertecilla de la misma. Entonces el pájaro aterrado, se lanzó al lado opuesto de la jaula y se aferró con su pico y uñas a los barrotes de la jaula, negándose a abandonarla; el loro seguía gritando:
¡LIBERTAD, LIBERTAD, LIBERTAD!...

 

Anónimo

 
 
 
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