Acabas de cometer un error, y empiezas a esperar una
gran represión, un gran dolor, un gran sermón, una gran culpabilidad, y en
realidad nada de eso te pasa, pero tu ya estas a la defensiva o esperando el
golpe final.Acabas de terminar bien las
cosas, pero luego... empiezas a esperar una gran represión, un gran dolor, un
gran sermón, una gran culpabilidad, o mejor dicho suenan palabras en ti algo así
como "pero mejor hubiese hecho así, o mejor le hubiese quitado esto, o mejor
hubiese dicho eso, etc.". Pero si te das cuenta en los dos casos, igual estás de
insatisfecho, cuando cometes error y cuando no también lo estás.
"Si se castiga a un niño por cometer un error, o
se le ridiculiza, humilla o reprende - o si uno de los padres se dirige a él en
forma impaciente y le dice: - <<quita, déjame hacerlo a mí>>- éste no puede
sentirse libre para luchar y aprender. Se sabotea un proceso natural de
crecimiento. (...) Un niño que no se siente aceptado por sus padres si comete un
error puede aprender a practicar el rechazo de sí mismo en respuesta a los
errores." (N. Branden).
Pero es que a veces nos perturba tanto el error,
que el ver a un colaborador o hijo cometiendo un error, evocamos a esa gran
perturbación y como una manera de impotencia o desfogue, perdemos el control y
arremetemos contra ellos como una manera desperada de parar o evitar el error.
Pero seguro que ya empezarás a culparlo a tus
padres o tutores, pero te pregunto: ¿sabes como lo trataron a ellos ante un
error sus padres?, ¿un error en su vida significaba la vida o la muerte?
Esta última pregunta se da en casos cuando se
vive en condiciones económicas adveras o pobres, donde un error del día
significa entre el comer un plato de alimento o no.
Pero ahora en la actualidad en tu caso,
honestamente ¿un error es más que tus ganas de vivir o de aprender?