Algún amigo me comentó haber leído en un libro,
que somos un mundo de vencedores. El argumento está basado en que entre los
varios millones de espermatozoides que compitieron con nosotros para fecundar el
óvulo de nuestra madre, solo nosotros, los que hemos tenido la fortuna de nacer,
fuimos los vencedores.
Según he leído en otro artículo, el conteo de
espermatozoides en una eyaculación de un hombre puede variar desde 20 millones a
150 millones de espermatozoides.
La concepción y el hecho de haber nacido en esa cópula, desde el punto de vista
estadístico se convierte así en un evento poco probable, con una probabilidad
simple estimada de 1/85.000.000 o lo que es lo mismo 0.000001166 % de
probabilidad. Ni siquiera alcanza a ser del 1 %.
Como ingeniero y al haber estudiado algo de
estadística se que nuestro nacimiento fue un evento que resultó a nuestro favor
con una probabilidad incluso muy inferior a la que he citado.
En realidad un hombre sexualmente activo
difícilmente copula una sola vez en la vida, y si dividimos esta probabilidad
entre el número de cópulas de nuestro padre, la posibilidad de haber nacido se
reduce mucho mas.
A su vez, el óvulo fecundado que nos dio a la
vida, no es el único que una mujer expulsa en el momento de la fecundación. Así
que la probabilidad anteriormente indicada se reduce aún más.
Pero cada lote de espermatozoides pudo haberse
combinado con un óvulo diferente y la probabilidad ya no es tan simple y el
problema se vuelve complejo. Pero si nuestro padre y nuestra madre no se
hubieran conocido, no estaríamos vivos.
Y si consideramos que si nuestros abuelos,
bisabuelos y todas las generaciones anteriores hasta llegar a los primeros
pobladores del planeta, no se hubieran conocido, no estaríamos vivos, nos damos
cuenta que esta probabilidad es infinitamente inferior.
No alcanzo a imaginar cuantos ceros tendría este
numero, pero si puedo afirmar que esta probabilidad es prácticamente nula, muy
cercana a cero. Y aún así tuvimos la fortuna de nacer.
No acostumbro a comprar lotería, pero cuando la
he comprado lo he hecho con el convencimiento de que ganarla tiene una
probabilidad muchos millones de veces superiores a la lotería que ya me gané: La
vida.
Por eso, cuida tu vida, y dale gracias a Dios por
haberte regalado ese precioso don, protege la vida de tus semejantes porque cada
vida es un milagro hecho realidad. Disfruta tu vida y procura hacer en ella lo
que haz considerado importante , no vale la pena desperdiciar tan precioso don.